miércoles, 13 de febrero de 2013

ILLUMINATÍ y MASONERÍA
. ¿Cuál es la Realidad?

Masonería e Illuminati son dos organizaciones distintas, lo cierto es
que existen paralelismos, por ejemplo en idea de los rituales
iniciáticos que conformaban el escalafón jerárquico en ambas
sociedades. Como es sabido, los Illuminati eran unos anticlericales
radicales y deseaban acabar con las realezas europeas. Los masones
eran como hoy defensores de la fraternidad humana y, aunque estaban en
contra del dogmatismo en todos sus aspectos, no querían un cambio
violento ni en el orden político ni en el religioso. A pesar de estas
diferencias, ambas órdenes bebían de fuentes de pensamiento clásico
esotérico,
concretamente del pitagorismo y del culto a la abstracción de un Dios
Genérico para cualquier religión, denominado Geómetra o Arquitecto

La Masonería nace como un movimiento que surge de las distintas
corrientes ideológicas de las mayores civilizaciones antiguas: Egipto,
Grecia, Caldea … Adam Weishaupt quedó fascinado por una de estas: el
pitagorismo esotérico . Fundada por el matemático griego Pitágoras ,
que basaba en desarrollarlo todo a través de las matemáticas y
afirmaba que solamente mediante el conocimiento se conseguía la pureza
del espíritu. Unos planteamientos que encajaban a la perfección con la
ideología ultra-racionalista tanto de, los masones como de los
Illuminati. La otra fuente de inspiración fue el Zoroastrismo; que
también daba mucha importancia al desarrollo de la mente racional y
que tuvo una gran expansión a principios de nuestra civilización , a
tal punto que llegó a contender seriamente con el cristianismo. La
competencia por el poder de ambas doctrinas resultó tan fuerte que
algunos elementos de esta religión tuvieron que ser adoptados por la
Iglesia Cristiana. Los Illuminati nacieron con un muy ambicioso
programa, pero en sus primeros momentos tuvieron serios problemas para
atraer seguidores. Ante este panorama tan poco alentador , en 1780,
Weishaupt decidió recurrir a la ayuda de Adolph Franz Friedrich
Ludwid, barón de Knigge, un destacado franc-masón alemán que había
demostrado cierto interés por la nueva orden de los Illuminati . Este
noble otorgó a los Illuminati de estatutos y de grados iniciáticos
para atraer a nuevos adeptos. Entonces la nueva estructura de los
Illuminati era prácticamente una copia vil y grosera de la de las
logias masónicas: trece pasos ritualísticos que representaban las
etapas que debían recorrer los aspirantes hasta alcanzar la plenitud
esencial y de conocimiento. El éxito repentino de este organigrama
cuasi- masónico significó para los Illuminati dejar de ser unos pocos
centenares para contar entre 2.000 y 3.000 adeptos. Luego se
extendieron por diversos países europeos, como Dinamarca, Austria,
España, Inglaterra, Suecia, Polonia, Italia y Rusia, hasta llegar a
los Estados Unidos. Los nuevos reclutas eran estudiantes, abogados,
pequeños burgueses, catedráticos de las universidades e incluso
miembros de la nobleza, como el duque de Brunswick. También destacaron
algunas figuras destacadas , como los escritores Goethe y Herder. Otro
de los factores que fomentan la distanciación entre los Illuminati y
los masones deriva de la orden que Weishaupt dio a sus seguidores para
que se infiltraran en las logias francmasónicas con el objetivo de
llegar a controlarlas, cosa que le fue imposible, cuando Weishaupt se
dio cuenta ya los Francmasones controlaban a los Illuminati por
completo. Ya los masones desenmascararon hábilmente en 1777 la
perfidia de los Illuminati, aunque algunos permanecieron en las logias
y sus planteamientos extremistas provocaron que los sectores más
conservadores vieran a los Illuminati como peligrosos agentes
revolucionarios. TODO SE TERMINÓ En el año 1783, los Illumínati habían
expandido fugazmente sus actividades. Aunque parecía que vivían su
momento de esplendor y gloria , no estaban en situación de iniciar una
insurrección por toda Europa. Pero más que la falta de adeptos para
lograr sus nefastos propósitos, fueron las trifulcas internas y el
freno impuesto por las autoridades masónicas las que iban a
desencadenar una profunda crisis de la que la orden ya no se
recuperaría jamás. Adam Weishaupt envidiaba la poderosa influencia que
había conseguido el Francmasón Adolph Franz Friedrich Ludwid barón de
Knigge al reformar la organización. El enfrentamiento entre ambos no
tardó en surgir y el aristócrata masón abandonó a los Illumínati,
harto del carácter tiránico e irascible del bávaro Weishaupt, que
quería controlar despóticamente todo lo que sucedía en la orden. Esta
disputa ayudó a minarla y destruirla definitivamente. A esto, las
autoridades eclesiásticas y civiles de Baviera decidieron actuar
contra los Illuminati. El duque Karl Theodore, alarmado por las
tendencias agitadoras de la orden, promulgó, a partir de 1784, una
serie de edictos contra los Illuminati que cada vez eran más duras.
Dicha normativa prohibía cualquier orden que no se hubiese formado
bajo expresa autorización del Estado Germano; se amenazaba con la
pérdida de sus cargos a aquellos funcionaríos que fueran adeptos, e
inclusive el último edicto lanzado contra la orden en agosto de 1787
castigaba a los Illuminatí con la pena de muerte. La Iglesia Católica
tomó, asimismo, sus propias providencias. El papa Pío VI inhabilitó
las actividades de los Illuminati en dos cartas dirigidas al obispo de
Freising. La Inquisición, animada entonces por los ataques del abad
Braudel, uno de los escritores más contrarios a las sociedades
secretas Illuminati , colaboró de buen grado con las autoridades
bávaras en la persecución de los seguidores de Weishaupt. Todas estas
medidas debilitaron apresuradamente a los Illuminati. El golpe de
gracia llegó en octubre de 1786, cuando la Policía arrestó a uno de
los dirigentes más importantes, Xavier Zwack. En el posterior registro
de sus casas, las autoridades encontraron mucha documentación sobre la
orden, y listas de nombres de sus adeptos, lo que permitió acabar con
lo poco que quedaba de ella. A finales de ese mismo año, los
Illuminati habían dejado de operar para siempre. De forma irónica ,
este postrero golpe, que aseguró a las autoridades el éxito
definitivo, también ayudo para aumentar hasta hoy la leyenda de la
orden . Los sectores más moderados de aquella época y los modernos
investigadores quedan horrorizados por los planes de Weishaupt y sus
locos seguidores, por lo que hasta el día de hoy, muchos ven la mano
oculta de la organización tras las revoluciones que se desatarían en
Europa en aquella remota época, hasta ver su influencia en las guerras
del mundo actual. Ante el acoso de las autoridades, Weishaupt tuvo que
exiliarse. En 1787 se instaló en la ciudad de Gotha (Alemania), donde
abandonó sus deseos de instaurar un Gobierno Mundial y una Religión
universal que destruyera el absolutismo político y el dogmatismo
religioso, suprimiendo fronteras y acabando para siempre con las para
él decadentes religiones . El profesor bávaro pasó sus últimos días
escribiendo interesantes tratados de filosofía. Murió el i8 de
noviembre de 1830. Los Illuminati habían pasado definitivamente a la
historia. Y si algo queda de los Illuminati, se encuentra resguardo
exclusivamente dentro de algunas pocas y exclusivas Logias Masónicas
del presente, bajo estricta observación, tal cual un potente virus
(ideológico ) dentro de un Laboratorio de seguridad.
 Byan Amaya de SaintClear