martes, 12 de febrero de 2013

LA PLOMADA


Por Iván Herrera Michel

Para los obreros europeos de la construcción del siglo XVII, una plomada consistía en una pieza de plomo, o en su defecto de una aleación de este metal, de conformación troncocónica o cilíndrica colgada verticalmente de una cuerda de algodón trenzado, que servía para verificar la rectitud de un muro y se utilizaba cada vez que se levantaban cinco o seis hiladas de piedras.

Junto con el nivel y la escuadra, la plomada era uno de los tres instrumentos de control más importante que acompañaba al albañil a lo largo de su carrera. No era una herramienta de construcción como la llana, ni una de preparación como el cincel y el mazo, ni tampoco una de diseño como el compás.

En materia Masónica, al igual que en la construcción de un muro, la plomada no interviene al principio del trabajo sino cuando ya va adelantado y se usa para ir verificando si posee la rectitud correcta, con el fin de corregir las desviaciones o errores que pudieren haberse presentado en el avance de la obra.

Suspendida en el centro de la Logia, la plomada desciende simbólicamente en el hemisferio septentrional desde la Estrella Polar. Es decir, desde el Polo Norte celeste . O desde el Polo Sur celeste en el hemisferio meridional, determinado a partir de la Cruz del Sur.  Que son puntos imaginarios alrededor de los cuales parece que giraran las estrellas de este a oeste para un observador ubicado en la superficie del planeta debido al movimiento de rotación. Ellos servían a los navegantes como “puntos fijos” a la hora de comprobar su posición.

De la misma manera, la plomada y la cuerda que la sostiene ayudan al Masón a ubicar su lugar en relación con el eje central Masónico y los polos de moralidad que deben guiar su acción, sus palabras y sus pensamientos. De allí derivan expresiones tales como “Estar a Plomo” o “Aplomar”, que son de común uso en la cotidianidad de las Logias para manifestar que una situación está orientada al deber ser o conforme con las obligaciones contraídas.

La cuerda descendente de la plomada simboliza la relación y los deberes que asume un Masón con el Taller, con su conciencia moral y con la sociedad en general, así como la alianza de su pensamiento con sus actos, por lo que es afortunado que en las Logias se encuentre ubicada frente a todos los asistentes, sin importar cargos ni Grados, para recordar con su verticalidad inmóvil que continuamente se deben revisar los trabajos para detectar los errores en la construcción que partiendo del universo de las ideas gobierna la acción planeada.

Por su lado, el plomo suspendido de la bóveda estrellada simboliza al hombre en la búsqueda de un devenir ajustado a las leyes, principios y referentes que aplica autónomamente a la transformación de su realidad. En este orden de ideas, la presión de la fuerza de gravedad que empuja al plomo hacia el interior de sí mismo y de la humanidad es proporcional al tamaño y la cantidad de materia moral, intelectual y solidaria de su comprensión de las “buenas costumbres”, de las leyes justas y de la tradición Masónica, en una alianza que ofrece la sensación abstracta de unión entre moral y normativa al momento de optar entre varias posibilidades o valores, en un marco constructivo.

Dicho sea de paso, una ley es justa cuando, observando la razón, busca el bien común y no desconoce los derechos humanos, ni privilegia a unos sobre otros. Para los iusnaturalistas, una ley es justa cuando es universal y consulta los valores innatos del ser humano. Para los iuspositivistas, lo es cuando fue creada de acuerdo con los procedimientos legales preestablecidos.

A su vez, la tradición Masónica impone una interpretación de sus símbolos y alegorías a lomo de caballo de la geografía, la historia y la sociología para comprender mejor el contexto en el que fueron concebidos originalmente, su evolución en tres siglos y su funcionalidad especulativa actual.

En los espacios progresistas de la Orden, un Masón avoca sus referentes normativos y morales desde el horizonte ontológico que surge de una permanente actitud constructiva dirigida al individuo y a la comunidad.

La plomada en el lenguaje Masónico nos invita a reflexionar sobre los deberes y obligaciones que tienen los Masones, en una deontología que relaciona la libertad individual con el compromiso que dicta la conciencia.

Implica equilibrio y estabilidad. Abona solidez y durabilidad al proyecto.