domingo, 10 de julio de 2016

¿SOCIEDADES SECRETAS EN LA INDEPENDENCIA AMERICANA? HISTORIA CONTEMPORÁNEA


¿SOCIEDADES SECRETAS EN LA INDEPENDENCIA AMERICANA?
HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Cuando se cumplen 200 años de algunos de los primeros episodios revolucionarios que iniciaron la independencia de posesiones españolas en Latinoamérica, la sombra de la sospecha sigue rondando la posible actuación de ciertas sociedades secretas en aquellos sucesos. Algunos de los libertadores formaron parte de la masonería y varios de ellos pertenecieron a las llamadas ‘;Logias Lautaro’. ¿Qué hay de cierto en estas acusaciones? Por: Javier García Blanco

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En los últimos años del siglo XVIII, un grupo de “elementos subversivos” intentaron –sin éxito– acabar con el monarca español Carlos IV para instaurar un nuevo régimen de “libertad, igualdad y abundancia” siguiendo el ejemplo de la Revolución surgida en la vecina Francia. Esta conspiración, bautizada como de “los cerrillos de San Blas”, estuvo comandada por el pedagogo mallorquín Juan Bautista Picornell y Gomila, a quien acompañaban Juan Manzanares y los profesores Manuel Cortés y José Lax. Por desgracia, sus planes fueron descubiertos y desbaratados el 3 de febrero de 1795 (día de San Blas). Los rebeldes fueron detenidos y, aunque un primer momento se les condenó a muerte, finalmente la intervención del embajador francés en España logró que la pena fuera conmutada por una cadena perpetua en la prisión venezolana de La Guaira. Sin embargo, Picornell y sus compinches no pasaron mucho tiempo entre rejas, pues el 3 de junio de 1797 lograron huir de prisión, ayudados por varios pioneros de la independencia venezolana como Manuel Gual y José María España, a quienes ayudarían a desarrollar sus planes revolucionarios, aunque igualmente sin demasiado éxito. Desde el siglo XIX, época en la que abundaron los textos antimasónicos, no pocos autores intentaron relacionar a la masonería con los distintos movimientos revolucionarios, desde la Guerra de la Independencia Americana, pasando por la Revolución Francesa o los distintos brotes independentistas en las posesiones españoles en el continente americano. En el caso de la “conspiración de San Blas”, varios escritores aseguraron que Juan Bautista Picornell y sus colaboradores habían sido iniciados en las logias madrileñas Libertad y España –supuestamente fundadas por el polémico conde Cagliostro durante una de sus estancias en nuestro país– y que fue en ellas donde se gestó el plan de derrocar a Carlos IV e instaurar una República en España. Del mismo modo, esa misma filiación masónica se ha intentado atribuir a los venezolanos Gual y España, como forma de explicar la colaboración entre ellos en los incidentes venezolanos. La realidad, si nos atenemos a los estudios históricos, parece ser bien distinta. Especialistas en la masonería como el español José Antonio Ferrer Benimeli han puesto de manifiesto que, a finales del siglo XVIII, la presencia de la masonería en España era prácticamente anecdótica, reduciéndose a las logias inglesas establecidas en Gibraltar y Menorca, u otras creadas igualmente por extranjeros de paso en nuestro país, pero sin una trascendencia efectiva.

En cualquier caso, episodios como el anterior, en el que pretendidos miembros de la masonería se involucraron en acciones revolucionarias, alimentaron la teoría complotista de una supuesta conspiración masónica, alentada por la Iglesia y las monarquías absolutistas desde el siglo XVIII. Sin embargo, sí parece demostrado que varias sociedades secretas –algunos de cuyos miembros eran o habían sido también masones– jugaron un papel destacado en las revoluciones independentistas de países latinoamericanos. La pregunta es, ¿hasta qué punto estuvo involucrada la masonería en tales actos subversivos?
En 1818, Chile logró la independencia de España gracias a la acción de un ejército comandado por el general José de San Martín, el Libertador, ayudado por Bernardo O’Higgins. Apenas unos años después, Venezuela tuvo un destino similar, en este caso gracias a Simón Bolívar. Estos tres personajes, héroes libertadores de numerosos países sudamericanos, tenían más cosas en común que su espíritu revolucionario. Tanto San Martín, como O’Higgins y Bolívar formaron parte de una sociedad secreta llamada “Logia Lautaro” o “Caballeros Racionales”. Dicha grupo era una rama sudamericana del grupo Gran Reunión Americana, fundado en Londres por el venezolano Francisco de Miranda.

La historia de este personaje es bastante curiosa, y llena de peripecias. Aunque nacido en Venezuela, sus padres eran de origen canario, y en 1771 viajó a España, donde terminó convirtiéndose en capitán del ejército, participando en distintas campañas militares en el norte de África, como la Defensa de Melilla en 1774-75 o el ataque a Argel en esas mismas fechas. Algunos años más tarde fue enviado a Norteamérica, donde luchó contra los ingleses en la Batalla de Pensacola o la toma de las Bahamas dentro de acciones vinculadas con la Guerra de la Independencia de EE.UU. y las aspiraciones españolas por ampliar sus territorios de Luisiana y reconquistar La Florida. Pese a sus notables logros y méritos militares –había sido ascendido al rango de teniente coronel–, Miranda llevaba tiempo en el punto de mira de la Inquisición debido a sus numerosas lecturas –que incluían varios “libros prohibidos”– y a la posesión de “pinturas obscenas”.

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