viernes, 15 de julio de 2016

El origen de los ritos masónicos egipciosRitos


El origen de los ritos masónicos egipciosRitos

Christian Gadea Saguier/ Blog Los arquitectos

Para muchos de nosotros la fascinación por Egipto seguramente nació en nuestra infancia, mientras ojeábamos las viejas ilustraciones que habían dibujado los sabios franceses que acompañaron a Napoleón en su campaña de Egipto. Si Grecia fue la cuna del pensamiento y la cultura occidentales, Egipto no podía ser otra cosa que sus desconocidos padres. Así, todo intento por conocer Occidente debe comenzar con Egipto.

Plutarco, sacerdote del siglo I d.C., fue uno de los pocos iniciados en el sacerdocio egipcio que escribieron de los Misterios para un público que ignoraba y desconocía el sentido profundo de la tradición egipcia. En este sentido se podría pensar que fue un iniciado que violó el juramento de silencio en relación con los sagrados ritos egipcios.

Oriundo de Queronea, fue en Delfos donde Plutarco recibió la iniciación en los antiguos Misterios egipcios de Isis y Osiris, y él mismo revistió altas funciones en este santuario. Como escribió su libro Isis y Osiris en la misma Delfos, podríamos considerar que tal vez no incumplió ningún juramento, pues en tal caso nada le habría resultado más fácil al sacerdocio del templo que suprimir el texto y castigar tan grave traición. Pero como, por otra parte, es indudable que su obra contiene gran cantidad de informaciones secretas sobre los Misterios de Isis y Osiris, a primera vista parecen incompatibles tales revelaciones con el voto de silencio.

El libro en cuestión recoge una serie de comentarios sobre los Misterios. En ellos se examinan diferentes aspectos relativos a diferentes niveles de iniciación y a la mitología arcana. La obra está dedicada aKlea, sacerdotisa e iniciada en Delfos. Esta circunstancia nos permite entrever que su intención no fue la de transgredir ningún voto de silencio; tal vez sólo se trataba de instruir a una hermana iniciada en el mismo culto.

No se sabe cómo sus escritos llegaron al dominio público. No sabemos cómo ocurrió esto, ni si el mismo Plutarco los escribió con intención de publicarlos alguna vez. Tampoco nos consta que recibiera castigo alguno por parte de los iniciados del Templo de Delfos, como seguramente hubiese ocurrido si hubiera quebrantado un secreto.

Para conocer un poco mejor este mundo enigmático de los misterios egipcios, la revista Hermética (www.revistahermetica.org) en su último número, le dedica toda la publicación al tema. No obstante, humildemente, comparto con ustedes mi entusiasmo por Egipto, obtenido de basta bibliografía.

El interés por la tradición egipcia surge con mayor certeza con la Academia Platónica de Florencia, fundada en 1450. Traducido por primera vez del griego al latín en 1471 por Marsile Ficino, el Corpus Hermeticum conoce un amplio éxito, ya que se realizaron más de treinta y dos ediciones. Más tarde llegó el interés por los jeroglíficos.

La egiptomania progresó en particular con la obra de Athanase Kircher (1652), Oedipus Aegyptiacus. Uno de los ballets de Rameau se titula El nacimiento de Osiris (1751). El abad Terrasson, helenista y miembro de la Academia francesa, editó en 1728 una novela seudo-iniciática, Set o la Vida extraída de los monumentos y anécdotas del antiguo Egipto. Las antiguas iniciaciones en tierras egipcias se contaban con mucha fantasía.

Dos alemanes, von Köppen y von Hymmen, lo imitaron publicando Crata Repoa en 1770. Se difundió ampliamente un grabado con autoría de Lenoir que representaba las ceremonias iniciáticas, dentro de la Gran Pirámide. Se podrían citar muchos más autores, pero estos cuantos ejemplos muestran el auge del baño cultural egipcio en dicha época.

Un trabajo de Manuela Garijo, muy bien documentado y publicado en la Revista Hermética, Origen de los ritos masónicos egipcios sugiere que el hermetismo y las Escuelas de Misterios nacen en Alejandría, en una villa cosmopolita ubicada en Egipto pero fundada por los griegos y donde un tercio de la población es de procedencia judía.

Según la autora, utilizan la terminología de los mitos procedentes del antiguo Egipto (Osiris, Isis, etc.), que restituyen en un marco muy influenciado por la cultura griega. Durante el transcurso de los dos siglos que precedieron a la era cristiana circulaban textos, atribuidos a Hermes – dios griego – que pretendían revelar la antigua sabiduría egipcia. Reunidos más tarde bajo el nombre de Corpus Hermeticum, garantizaron el desarrollo de las ciencias herméticas: magia, alquimia y astrología.

Pero el Egipto que redacta dichos textos herméticos y al que hacen referencia los ritos masónicos egipcios, no es precisamente el Egipto faraónico, sino un mundo griego-egipcio, asegura Garijo. Como la datación exacta de los textos herméticos ha sido obviamente posterior a su traducción, no podemos reprochar a los ocultistas y a los ritos masónicos egipcios haberse confundido, considerando que el Egipto al que se referían era el Egipto faraónico, explica.

Sin embargo, C.W. Leadbeater en su obra La Masonería, la historia secreta, sostiene que el culto de los Misterios se origina en el mismo periodo en que se construyeron las pirámides, tiempo que atribuye al año 7525 a.C., una teoría un tanto estirada de los pelos, para mí.

Considero que es en el siglo XVIII, donde la antigüedad se transforma en uno de los componentes del discurso masónico, como la caballería o la fraternidad. Incluso en Inglaterra, el pastor Anderson y el caballero de Ramsay hacen referencia a los antiguos Misterios, tan antiguos que se pierden en la oscuridad de la noche.

A comienzos del siglo XIX, Egipto se convierte en el tema central de los autores de la Orden, siguiendo las huellas de la campaña napoleónica de Egipto.

En mayo de 1798, Napoleón Bonaparte embarca con una fuerza de 38.000 hombres, repartida en 335 navíos, y zarpa hacia Egipto. Se ampara de Alejandría el 1° de setiembre y vence a los mamelucos delante de las pirámides. Pero lo más importante fue el despliegue de eruditos y de investigadores que se unieron a la campaña y que pudieron de este modo ponerse manos a la obra.

Visitan los sitios sagrados, lo anotan todo, realizando bocetos, dibujos, reuniendo documentos, recuerdos y las más diversas informaciones sobre el antiguo Egipto. Copian a mano cantidad de textos jeroglíficos. Entonces llegó el descubrimiento de la piedra de Roseta.

El capitán Bouchard encuentra una estela con un decreto en tres lenguas: en jeroglíficos, en egipcio demótico y en griego, lo que permite a Jean-François Champollion descifrar, por primera vez, los textos del Egipto faraónico. Su primera comunicación, respecto al alfabeto egipcio se celebró el 17 de diciembre de 1822.

Como lo recuerda Jean Mallinger, la campaña de Egipto tuvo también otra consecuencia. El entusiasmo general por Egipto produjo que muchas logias masónicas del continente europeo, modificasen el marco social de celebración de sus actos que hasta la fecha había sido aquel de los ingleses.

La masonería introducida por los británicos, que con frecuencia se reunían no en templos, sino en tabernas o restaurantes, se limitaba a recitar los rituales, iniciándolos y clausurándolos con cantos, todo ello acompañado por los placeres de la mesa.

La campaña de Egipto fomenta un movimiento ya presente en la Europa continental, cuya ambición era la práctica de ritos eficientes por iniciados reunidos entorno a un local que recordase los templos de la Antigüedad.

El iniciado estaba considerado como una piedra viva, cuya talla se realizaba a lo largo de los trabajos, en un ámbito de estudio y de mutuo afecto. Como lo demuestran La alta Masonería egipcia de Cagliostro, en su vertiente hermética y la Orden de los “élus-cohen” (elegidos cohen) de Martinès de Pasqually, respecto a la gnosis judeocristiana. Ninguna de ambas vertientes sobrevivió a sus fundadores. Pero la calidad de su posterior desarrollo iba a revelarse impresionante.

La moda de lo egipcio no dejó de expandirse durante todo el siglo XVIII. En 1751, Rameau escribió una ópera-ballet, La naissance d` Osiris. De 1773 a 1784, Antonie Court de Gébelin hizo aparecer los nueve volúmenes de su Monde primitif, una amplia enciclopedia mitológica y “alegórica” en la que revela el origen de las religiones, los símbolos, los calendarios, los juegos de cartas, las lenguas, las escrituras… Como no podía ser de otro modo, la concedía una gran importancia a los cultos y divinidades del Egipto antiguo.

Según él, la etimología de París era Bar Isis, es decir, “Barca de Isis” y el emplazamiento de la catedral de Notre Dame habría sido primero el de un templo de esa diosa egipcia. Court de Gébelin quien, además de miembro de muchas academias de eruditos, era pastor protestante, adepto a los Ritos de los Filaletes y de los Elegidos Cohen, tuvo una influencia inmensa en la sociedad intelectual de su tiempo.

La moda egipcia, según nos cuenta Gerard Galtier en su espléndida obra La Tradición oculta, no se limitó a Francia; la encontramos en Italia, Gran Bretaña y en los países germánicas. La célebre ópera masónica de Mozart, La Flauta Mágica, se representó por primera vez en viena en 1791; sabemos que describe el camino de la iniciación a través de los misterios de un Egipto místico. En 1795, el escritor Eckartshausen publicó su novela, La voyage de Kosti, en el cual el héroe, hijo de un príncipe indio, sigue un fabuloso peregrinaje iniciático que le lleva a penetrar en la gran pirámide de Menfis.

Uno de los primeros Ritos egipcios es el rito de los “Arquitectos Africanos”, creado en Berlín hacia 1767 por Friedrich von Copen (1734-1797), oficial del ejército prusiano, quien también fue el autos de Crata Repoa (1770), una obra en alemán que pretendía reproducir la iniciación a los antiguos misterios de los sacerdotes de Egipto.

Según Galtier, el principal iniciador, real o mítico, de los ritos de la masonería egipcia y de muchas corrientes rosacruces sigue siendo el conocido conde Alexandre de Cagliostro (en realidad llamado Joseph Balsamo, 1743-1795), quien en diciembre de 1784, inauguró su “Rito de la masonería egipcia Superior”, en el marco de la logia madre La Sabiduría triunfante de Lyon.

Entre los ritos esotéricos del siglo XVII, hay uno, menciona Galtier, que tiene gran importancia para la historia de la masonería egipcia, el Rito Primitivo de la logia de Los filadelfos de narvona, del cual los ritos franceses contemporáneos de Menfis-Misraim se consideran sucesores suyos.

Además del Rito de Cagliostro, el Rito Primitivo de Carbona y del Rito de los Arquitectos Africanos, durante el siglo XVII hubo otros pequeños ritos egipcios. Sin embargo, explica Galtier, se los conoce mal, pues a menudo su interés principal residía en el secreto que los rodeaba.

El origen del Rito Misraim o de Egipto es bastante misterioso. La primera logia francesa de Misraim, bien atestiguada, fue fundada en 1814-1815 en París por los hermanos Bédarride. Este Régimen masónico, que llegaba de Nápoles en Italia, poseía 90 grados y reivindicaba una tradición egipcia de las más antiguas. Robert Ambelain asegura que el rito habría nacido en Venecia en 1788 en forma de logia fundada por un grupo de hombres a los que Cagliostro habría entregado una patente de fundación.

Según la primera versión de la historia oficial del Rito de Menfis, tal cual la relata desde 1839 su fundador Jacques Étienne Marconis de Nègre (1795-1868), la ciencia masónica había sido trasmitida por los templarios, quienes lo habrían recibido mediante un descendiente de un sabio egipcio convertido al catolicismo por San Marco. Sin embargo, Marconis de Nègre no explicaba cómo se había transmitido el Rito de Menfis hasta él, ni por qué no había comenzado a manifestarse más que en 1838.

Según los actuales dirigentes de la Orden de Menfis-Misraim, el Rito de Menfis había nacido de la fusión llevada a cabo entre, por una lado, diversos Ritos esotéricos de origen occitano, sobre todo los Ritos Herméticos de Aviñon, Primitivo de Carbona y de los Arquitectos Africanos de Buerdeos y, por otro, un rito agnóstico de origen egipcio.

En 1881-1882, a instigación de John Yarker, Gran Maestro de Menfis en Gran Bretaña y de Giambattista Pessina, Gran Maestro de Misraim en Nápoles, proclamaron al general Giuseppe Garibaldi Gran Hierofante Mundial de todos los Ritos de Masonería Egipcia. De esta unión nació el nuevo Rito de Menfis-Misraim.

En la actualidad, y por medio de la transmisión en 1985 de Robert Ambelain, Gérard Kloppel se transformó en el Gran Maestro perpetuo del Rito.