martes, 6 de julio de 2021

TEMPLI OMNIUM HOMINUN PACIS ABBAS.


TEMPLI OMNIUM HOMINUN PACIS ABBAS. 

Víctor Salazar Soto.99 

Tau Yachay. 

Las enseñanzas están frete a los ojos de los que miran, y no entienden nada, porque no han aprendido a ver con su visión interna. Eres ciego y sordo, porque aún no has despertado Solo miras Asia afuera y manifiestas tu soberbio Susurre la palabra en tu oído y solo estabas pensando que te iba a dar físicamente. Te indique un camino y te perdiste. Te di el agua del bautismo y te embriagantes. Porque eres cielo y sordo, porque tu soberbia y tu vanidad las puertas han cerrado. El guardián con espada en mano no te dejara entrar al templo del Sol. Detrás del símbolo se encuentra la enseñanza .Los símbolos y los signos hablan en su lenguaje manifestado, la idea quienes plasmaron la intención y el propósito del mensaje. La Octava nota es el sonido trascendental, el cuerpo del arco iris de la transformación. El Padre del templo de la paz universal con los hombres. TEM OHP AB.


 Los Caballeros de la Orden del Sol. Rito solar templario. Es el gallo que canta al Sol entre la noche y el día, su número es 365.

LAS ESCUELA INICIATICA




LAS ESCUELA INICIATICA 

 Las escuelas que enseñan a fabricar Alma cumplen su cometido abriendo paso para que los Colegios Iniciáticos se encarguen de una instrucción superior. La Iniciación en los Misterios Egipcios comenzaba cuando el aspirante ingresaba por una entrada entre las garras de la Esfinge, éstos eran introducidos a las pruebas iniciáticas a través de una escalera que desemboca en un complejo laberinto de corredores que conducen a las Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos.

 INICIACION HERMETICA EN EL ANTIGUO EGIPTO 

 Cuando hablamos de las escuelas esotéricas a través de la humanidad no podemos dejar de hablar sin excepción de las Escuelas de Egipto, de la Orden del Escarabajo, de los estudios superiores que se realizaban en las Pirámides. Resulta sorprendente que la colosal Esfinge, de Gizeh, que ocupa ahora su lugar junto a la Gran Pirámide, sea obra de la primera civilización egipcia, en la más remota antigüedad. La esfinge, esculpida por obra de más antiguo sacerdocio humano, es la imagen de la Naturaleza. Una cabeza humana sale de un cuerpo de toro con garras de león y pliega sus alas de águila a los costados. En ese ser compuesto del toro, del león, del águila y del hombre se encuentra representado cuatro elementos constitutivos del microcosmos y del macrocosmos, el agua, la tierra, el aire y el fuego, base de la Ciencia Oculta. Hermes es el misterioso primer iniciador de Egipto en las doctrinas sagradas, como casta, es el sacerdocio depositario de las tradiciones ocultas. Los griegos discípulos de los egipcios, le llamaron Hermes Trimegisto, es decir el tres veces grande Dios Ibis de Toth. La Doctrina del Fuego Principio y del Verbo Luz, encerrada en la Visión de Hermes, será el centro y la cúspide de la Iniciación Egipcia. El sacerdocio egipcio, cuerpo orgánico de iniciados, depositarios de la antigua ciencia de Hermes, se retiró al secreto de sus santuarios. Los iniciados juzgaron necesario recubrir la verdad esotérica con un triple velo que la hiciera inatacable. A la difusión exterior del culto popular de Isis y Osiris, corresponde en lo interior la organización de los pequeños y los grandes misterios. Se le rodeó de barreras casi infranqueables. Se exigió el juramento de Silencio, bajo pena de muerte al iniciado que divulgara el menor detalle de los Misterios. La Iniciación egipcia vino a ser el refugio de la doctrina esotérica y además el crisol donde se fundió la resurrección nacional del Egipto y escuela de religiones futuras. La Iniciación antigua se basaba en una concepción global del hombre, cuerpo, alma y espíritu, y la Iniciación era un adiestramiento gradual de todo el Ser Humano hacia las cimas del Espíritu desde donde es posible dominar la vida. Los sabios decían: Para alcanzar la maestría, el hombre tiene necesidad de una transformación total de su físico, moral e intelectual. Esa modificación sólo es posible por el ejercicio simultáneo de la Voluntad, de la Intuición y del razonamiento. El alma posee sentidos que están dormidos, la Iniciación los despierta. La Doctrina Egipcia tiene una concepción septenaria del Hombre. Las Sociedades Iniciáticas, como la Masonería, el Rosacrucismo y el Gnosticismo Universal, en la Ceremonia de acceso al grado de Aprendiz o miembro de Segunda Cámara, someten al candidato a cuatro viajes llamados Iniciáticos. El primero comporta la prueba de Tierra, el segundo la prueba de Aire, el tercero la prueba de Agua y el cuarto la prueba del Fuego. Se trata de enseñar al candidato a dominar las trampas del mundo material; de instruirlo sobre la utilización de la fuerza del Pensamiento; de enseñarle después a dominar las pasiones y finalmente conectarlo con su Ser divino, poniéndolo al Servicio de su Padre Interno. Pero esos viajes, realizados mediante un ceremonial muy sugerente, no son más que una escenificación. En ellos el candidato no aprenderá nada, a menos que comprenda en profundidad que aquella ceremonia externa debe ser vivida en su interior, aprendiendo realmente a dominar las fuerzas morales, las emotivas, las intelectuales y las materiales, convirtiéndose en experto en cuestiones del alma. Son unos viajes simbólicos que todos deberemos un día llevar a cabo, ya que la conquista de la Sabiduría es una tarea común a todos. Quienes los realizan en su aspecto simbólico atestiguan de su afán de quemar etapas, anticipándose a etapas evolutivas futuras. La Sabiduría sólo se adquiere a base de trabajos internos a lo largo de nuestra vida y de varias existencias. ASI SEA 

El SOL - El Logo Solar


El SOL - El Logo Solar  

Víctor Salazar Soto 

Símbolo sagrado de nuestra gran fraternidad. Los Atlantes y Lémures fueron los herederos del Ritual Solar que fue transmitido por los grandes instructores de la humanidad. No mires hacia fuera aprende a mirar adentro de ti. Siente y mira tú corazón,escucha su latido que es el sonido que te ensenara a danzar en las diferentes frecuencia de luz sonido y colores es la puerta 14 Danza que te llevara a la puerta 7 Danza y sigue danzando hasta llegar a la puerta 33 Escucha son 72. 
Om Om Om 
 Víctor Salazar Soto

LOS INICIADOS DEL SOL


LOS INICIADOS DEL SOL

 Como hemos venido publicando, no solo los Templarios fueron benefactores del culto al Sol, sino que también lo era María Magdalena, y muchos precristianos que seguían el culto a Isis, que también no fue ajeno a los Templarios iniciados. Algunos se preguntarán porque hablamos de esto aquí... la respuesta es clara: Como poder entender a los templarios, sino abordamos cuestiones de Fe que la Orden mantenía secreta, como el culto al Sol, la influencia de Egipto y su religión en la Orden o el culto a Mitra entre otros. Es como querer entender el verdadero mensaje de Jesus, mientras al mismo tiempo creer que Maria Magdalena era una prostituta. Aquí no abordamos la historia oficial, para eso hay cientos de paginas y libros de historia, aquí abordamos la versión de los hechos que no están claros, los que necesitan estudio y debate, aunque a muchos esto le genere picazón. Hay muchas cosas que aquí no podemos contarles, pero si podemos darle el empujón inicial para que sean buscadores y guiarlos por donde buscar. Como dice un viejo refrán, la puerta se abre tanto de un lado como del otro, para entrar y salir es la misma.- "Solo existen dos días en el año en los que nada puede ser hecho. Uno se llama Ayer y el otro Mañana. Por lo tanto Hoy es el día Ideal para Amar, Crecer y principalmente Vivir" Dalai Lama. y mi favorita que tiene que ver con esta pagina: "Todas las religiones tienen una base común. Solo se diferencian en la manera de presentar sus dogmas y principios". Krumm Heller 

LOS INICIADOS DEL SOL 



Parte 2 AKENATÓN: «ALEGRÍA DEL SOL» La creencia de los mundos griego y romano, que veían en Egipto la cuna de la ciencia hermética, ha persistido hasta nuestros días. Aún hoy, sólo las palabras obelisco y pirámide evocan para nosotros los más impenetrables misterios. No es de extrañar, por lo tanto, que rosacrucianos y francmasones se rodeen de símbolos y de jeroglíficos que evocan la tierra de los faraones. Sin embargo, aparte el hecho de que aquella comarca bendecida por los dioses se hubiese encontrado en las avanzadillas de la historia de la Humanidad, ¿cuál es el atractivo de aquella civilización desaparecida, en la era de la conquista del espacio? Muy sencillamente, el desconocimiento en que estamos de su origen. Desde luego, podríamos interrogar a doctos egiptólogos, pero, tranqui- licémonos. Sobre el origen de aquella extraordinaria civilización, no saben más que el común de los mortales... A ver quién establece una cronología seria para las cuatro primeras dinastías faraónicas, es decir, el período arcaico del Imperio Antiguo. ¡Aviado estaría! Del mismo modo, miles de turistas ya pueden «ametrallar» con gran refuerzo de películas fotográficas la inmemorial meseta de Gizeh. ¿Quién creería por esto que las pirámides y la Esfinge iban a revelar su anti- guo secreto? Hablemos en serio y fijémonos mejor en la única realidad que con- taba verdaderamente en aquel tiempo: la religión y los mitos que la rodeaban. Esta realidad nos enseña que Egipto es incontestablemente la patria del culto solar. Es él, el Sol, quien se levanta al Este con el nombre de Horus y que se pone al Oeste con el de Atón, de Tum o bien de Aw. Tomamos contacto aquí, en el marco del antiguo Egipto, con «la mi- sión civilizadora» de todo un pueblo. Cada pueblo, en efecto, recibe tradicionalmente una «misión histó- rica»: los «guías espirituales», Hermes Trismegisto en este caso, son sus luces visibles. Es, sin duda, Hermes, el «tres veces grande», quien se hizo cargo de la «misión» de Egipto, por citar una expresión grata al esoterista Saint-Yves d'Alveydre. Quién nos explicará de otro modo el nacimiento en Egipto del concepto infinitamente más sutil de «Sol invisible», de «Sol negro», con- siderado como el «Sol nocturno» en su carrera elíptica inaccesible a nuestras investigaciones, el modelo de las evoluciones misteriosas de la materia entre la muerte y el retorno a la vida... El prototipo de la al- quimia y del moderno psicoanálisis. Claude de Saint-Martin, justamente apodado el «Filósofo descono- cido», fue el primer pensador cristiano que intentó, en el ~iglo xvni, reponer al hombre en el camino de la tradición. Enseñó la vinculación del cristianismo con la Atlántida, a través de Egipto, el druidismo y el mosaísmo primitivo del Libro de Enoch. Esta filiación ha sido sostenida recientemente por el llorado Paul Le Cour, fundador de la revista de arqueología tradicional Atlantis. El culto del Sol habría llegado así a los egipcios por el canal de la Atlán- tida. Este culto, olvidado por los descendientes de los primeros farao- nes, habría sido repuesto al gusto del día por el iniciado que es obje- to de nuestro estudio: Akenatón. Entre los egipcios —escribe Paul Le Cour— existía la creencia en un Dios supremo y en un segundo dios, el Sol creador. Una estela del museo de Berlín llama al Sol «hijo de Dios». En la puerta del templo de Medinet-Abu, se lee: «Es él, el Sol, quien ha hecho todo lo que es, y nada ha sido hecho sin él jamás.» San Juan dirá lo mismo catorce siglos más tarde hablando de Cristo. Recordemos al lector que Akenatón vivió catorce siglos antes de Jesucristo. En el mismo texto, Paul Le Cour desarrollaba su tesis en profun- didad. Partiendo de aquí, el autor de La Era del Acuario * precisaba su pensamiento y sacaba una conclusión que sería difícil no suscribir: El primer foco de la religión solar fue verosímilmente la Atlán- tida o una comarca situada hacia el 50° de latitud Norte (¿el Hiperbóreo?). Allí fue creada la primera esfera celeste, soportada, por lo demás, por Atlas y creado el Zodíaco, que constituye en cierto modo el reloj de la religión solar cuyas fiestas anuales señala, así como las transformaciones a través de los siglos. En efecto, de la Atlántida, la religión solar pasó a México, al Perú, a Egipto, a Caldea. Reunidos por una común tradición, la de los atlantes, que han sido denominados «el pueblo del Sol», egipcios, mexicanos y babilonios edificaron templos en cuyo frontón se veía el disco solar acompañado de dos alas... La religión hiperbórea era solar, como lo fue la de los druidas; el culto de Dionisos era solar y lo fue igualmente el de Mitra. Abordamos, en este punto preciso del razonamiento, el verdadero fenómeno que representa Akenatón en la historia de nuestra Humani- dad: el de un verdadero enlace entre la tradición atlante e hiperbórea (o gran tradición) y nuestra época actual: la civilización judeocristiana. Y haremos nuestra esta conclusión del gran autor místico Merezhkovski: La Atlántida, he aquí lo que está en el fondo de la vertiginosa, de la espantosa antigüedad egipcia. Atlantes y reyes-pontífices El mito del continente perdido, de la Atlántida, se vincula a la teoría de los ciclos de la Humanidad, grata a Platón y proseguida después por toda la tradición esotérica hasta nuestros días. Los sacerdotes del antiguo Egipto habían conservado, y sus libros sagrados dan fe de ello, el recuerdo de un vasto continente que se habría extendido en medio del océano Atlántico, en un espacio delimitado al Oeste por las islas Azores y al Este por la rotura geológica del estrecho de Gibraltar. El Critias de Platón nos describe extensamente una ciudad del con- tinente sumergido: Poseidonis, ciudad de gigantescas puertas de oro, edificada en graderío, con sus enormes templos y su sistema de go- bierno dirigido por reyes-sacerdotes, poseedores de las leyes dictadas por los dioses, en primera fila de los cuales se sitúa Poseidón o Neptuno, rey de los mares, armado de su tridente. También según Platón, la isla de Poseidonis, último fragmento de la Atlántida, quedó sumergida nueve mil años antes de la época del sabio Solón. El geógrafo griego Estrabón, así como Proclo, confirman las afirma- ciones de Platón. ¿Cómo hubiera podido Solón tener conocimiento de la tradición atlántida? Sólo una respuesta parece coherente. Los sacer- dotes egipcios, que pretendían tener la información de los propios at- lantes, la transmitieron a los viajeros griegos que a menudo visitaban su país. Los sacerdotes egipcios de Sais, ¿podían conocer una tradición que se remontaba a la fecha admitida para la inmersión y la desaparición de aquel continente fabuloso? Los datos de las ciencias naturales, de la Prehistoria y de la Antropología concuerdan todos con esa fecha... Queda por demostrar que efectivamente existía un pueblo egipcio en el IX milenio antes de nuestra era. Ahora bien, los estudios recientes parecen probarlo sobradamente. Si una civilización antigua y cerrada existía ya nueve mil años antes de Jesucristo, nada se opondría a que hubiera desempeñado un papel de receptáculo y luego de vehículo a la civilización atlántida. Descubri- mos sus huellas en el monumento más antiguo de Egipto: la Esfinge de Gizeh. ¿La gran Esfinge contemporánea de la Atlántida? ¿Por qué no? Re- cuérdese su desarenamiento efectuado por Tutmés IV. Fue objeto de una constatación asombrosa; los miembros del coloso habían sido res- taurados desde las primeras dinastías... En la época de aquel faraón que reinó treinta y cuatro siglos antes de nuestra era, la Esfinge tenía, LO MENOS MIL CIEN años de edad. Pero, ¿qué representa exactamente ese gigante, mitad hombre, mitad animal? La idea según la cual reproduciría los rasgos de un faraón no se apoya en ningún documento. Por contra, su nombre mismo parece establecer por sí solo una relación sorprendente con el continente de- saparecido de la Atlántida. Veámoslo. La estela de Tutmés I (tercer rey de la XVIII dinastía, la que nos interesa) nos enseña el nombre que daban entonces al coloso de piedra: «Ruty» (línea 2082 del «texto de las pirámides»)... Ahora bien, según la leyenda, que siempre contiene un fondo de verdad, las dos últimas islas de gran importancia de la Atlántida, antes de su desapa- rición total, se llamaban «Ruta» y «Daitia». La coincidencia es cuando menos inquietante. Lo que refuerza aún la hipótesis según la cual las primeras dinastías faraónicas serían las de los REYES ATLANTES, es la presencia de las mastabas (o tumbas) de los soberanos en cuestión, situadas todas en las proximidades de la gran Esfinge de Gizeh... Las primeras dinastías egipcias Aquellos monarcas de la primera dinastía eran inhumados en Peker, a dos kilómetros aproximadamente del templo de Osiris, situado en Abidos. Y aquí abordamos un segundo punto de contacto con la tra- dición atlántida. Es en Abidos, efectivamente, donde se ha encontrado la estela de I-Cher-Nofret, alto funcionario del rey Sesostris III (1887- 1849 a. de J. C.) que nos relata una iniciación a los misterios... La misma iniciación de la cual Heródoto se limitaba a declarar: «Los sacerdotes de Osiris, unidos por una vieja tradición, no podían decir nada de la muerte de su Dios...» Ahora bien, en esa estela, se hace mención del ini- ciado Thot, que no es otro que Hermes Trismegisto, el que «ha abierto al dios la vía que conduce a su tumba, en Peker» y que ha organizado la «gran salida», «poniendo en movimiento la nave»... De ahí a concluir que los primeros egipcios, o cuando menos sus «iniciadores», escaparon en embarcaciones a la catástrofe que vio el hundimiento del continente desaparecido, no hay más que un paso. La última parte de la descripción de los misterios, ¿acaso no finaliza con la declaración siguiente: «Le he hecho entrar en la nave... He en- sanchado de gozo el corazón de los habitantes de Oriente (los vivos) y he suscitado el entusiasmo en los habitantes de Occidente (los muer- tos)... La embarcación ha abordado Abidos y conducido a Osiris, el primero de los habitantes de Occidente, señor de Abidos, a su palacio.» Subrayemos que Occidente es representado como la morada de los muertos. En efecto, para los egipcios, Punt, la tierra de los grandes antepasados, situada por ellos en los límites de Libia (que se extendía hasta el Marruecos actual) era objeto de un culto postumo. Cuando recordemos que los egipcios sólo vivían para el más allá, comprendere' mos mejor que procuraban así acercarse a su país de origen: la Atlán- tida sumergida, con toda verosimilitud. ¿Cabe, en este estadio, poner en duda la existencia de la Atlántida, afirmada en la Antigüedad por Homero, Solón, Heródoto, Platón, Estra- bón, Diodoro? No lo creemos, pues los antiguos situaban precisamente el continente desaparecido «al otro extremo de Libia, allá donde el Sol se pone...». Así se explica, naturalmente, la consanguinidad de las familias rei- nantes, medio seguro de conservar la pureza de la sangre atlante según la prescripción dictada por el gran Hermes. El origen atlántida de los antiguos egipcios halla una confirmación suplementaria en la costumbre considerablemente antigua del ocre rojo con el que eran embadurnados los cadáveres. El primer ejemplo que conocemos de esa práctica nos lo da el hombre de Cro-Magnon, de raza blanca, que vivió hace casi cuarenta mil años. Este hombre, sacado a la luz en Eyzies, Francia, que medía más de 1,90 metros, se bañaba efec- tivamente en el ocre rojo. Cuando sepamos que los atlantes eran apo- dados la «raza roja», y reputados por su talla gigantesca, podremos pre- guntarnos si el hombre de Cro-Magnon no sería de la raza de los atlantes. No es inverosímil creerlo si pensamos que: El recuerdo abrumador de aquella ascendencia era tan poderosa- mente apreciado en tierra nilótica que para conservar sus particu- laridades físicas y morales fueron instituidas, desde la aurora de los tiempos, dos de las más extraordinarias leyes de la tradición faraónica: 1. — El soberano se desposa con su hermana; 2. — El rey, los grandes sacerdotes y todos los puros DESCENDIENTES VARONES de la raza original se untan el cuerpo con ocre rojo... Las costumbres irán debilitándose... Hacia las últimas dinastías, únicamente el faraón y el Hierofante se embadurnarán con pintura roja. Madame Szumlanska sitúa la decadencia de aquella raza dirigente de Egipto en los alrededores de la XVIII dinastía, o sea, en la época que nos interesa, la del faraón Akenatón. Fue bajo aquella dinastía cuando Egipto tuvo su «canto del cisne»: «Un esplendor inaudito se extendió sobre la tierra de Egipto con la XVIII dinastía. Horus, el dios originario del país de Punt, vio reflorecer su maravillosa leyenda.» Los primeros egipcios, antepasados de los supervivientes de la Atlántida, habrían llegado al valle del Nilo, a través del África del Norte, procedentes de las islas Canarias. Ahora bien, en 1882-1886, el sabio Verneau publicó su Informe sobre una misión científica en el archipié- lago canario en el cual proporcionaba una documentación considerable sobre los hombres de Cro-Magnon, al término de una investigación de cinco años. La idea principal de Verneau se fundaba en un parentesco atlante con los guanches, antepasados de los habitantes de las Canarias. No olvidemos que la Atlántida, al desaparecer, debía dejar emerger las crestas de sus cordilleras de las que el pico Teide podría ser uno de los vestigios. El sabio francés notó en las momias que pudo examinar una enorme capacidad craneana (1.790 cm3 de promedio), una estatura elevada (2,10 m) y, sobre todo, una deformación poscoronal específicamente cromagnoide «que no es debida a una deformación ritual como en los semitas, sino siempre en un punto preciso y que se encuentra entre los pueblos donde no existe ese rito, principalmente entre los egipcios». Nos resta, al final de este capítulo, describir la innovación monoteís- ta simbolizada por el culto SOLAR que hace su aparición con el Homo sapiens de Cro-Magnon y su rito del ocre rojo para continuar en el Egipto faraónico y culminar en un ideal más sutil y más puro de la misma religión solar: la sustitución del propio Sol por el DISCO. La cosmogonía sagrada de los egipcios. El «Libro de los muertos» La cosmogonía de los egipcios está enteramente contenida en el fa- moso Libro de los muertos, destinado a los cenáculos iniciáticos del an- tiguo Egipto, por considerar los egipcios la muerte como una especie de iniciación (del latín initium: «renacer a la vida»). Entre las visiones que el libro describe, el de la barca solar es la más frecuente. Esta visión central donde reencontramos las dos lumi- narias (la barca, que simboliza la Luna creciente, lleva el disco solar: Ra) formaba el núcleo de toda la cosmogonía sagrada. Para los egipcios, la Luna, considerada desde un punto de vista espiritual, no era en absoluto inferior al Sol, pero su unión simboliza la involución o, por emplear el lenguaje de la Biblia, la etapa original de la «caída». En el plano espiritual, pues, este fenómeno de involución agrava la caída inicial del género humano cuyas consecuencias están representadas respectivamente por el SEXO y la MUERTE, pues el SER ORIGINAL era, según la tradición, BISEXUADO e INMORTAL. Este concepto del ANDROGINADO primordial se encuentra de nuevo en el famoso diálogo de Platón El Banquete. Para el divino maestro, iniciado en los misterios egipcios y ardiente defensor de la tesis «at- lante», existía una raza original «cuya esencia está ahora extinguida», raza de individuos que llevaban en sí mismos los dos principios, mas- culino y femenino, y por ende andróginos. Los seres de esta especie «eran de una fuerza y de una audacia extraordinarias y abrigaban en su corazón proyectos orgullosos hasta atacar incluso a los dioses». Esta tentación de escalar los cielos no es nueva; es el mito de Prometeo, el de los Gigantes y de los Titanes. En la Biblia misma, ¿acaso no es evo- cada la «promesa de tornarse semejante a los dioses»? (Génesis, III) Pero lo más extraño que hay en el texto de Platón, directamente de- rivado de los Misterios de Egipto, es el hecho de que los dioses, para de- fenderse, no fulminan a los seres andróginos como fulminaron a los Titanes, sino que paralizan su acción y su potencia separándolos en dos. En lo sucesivo, el Hombre y la Mujer nacerán de la separación de los sexos o de los principios, el MASCULINO y el FEMENINO. Lo mismo sucede con la Luna y el Sol, ambos por referencia a nues- tra Tierra. La tradición esotérica, como hemos visto, enseña que esos dos astros estaban unidos en el origen y formaban cuerpo y que luego se separaron... Encontramos de nuevo a esta pareja inicial Sol-Luna reunida en el dios Osiris cuyas vinculaciones, tanto lunares como sola- res, han sido repetidas veces subrayadas por los egiptólogos. La resu- rrección de Osiris, petrificado en la muerte, ceñido en sus vendas de momia (alusión al mundo mismo, sometido a la implacable «ley de la naturaleza»), significaba el restablecimiento de la unidad en el retorno a la integridad original. La muerte, ese misterio en el sentido oculto del término, es vencida mágicamente gracias al verdadero «pasaporte» para el más allá que constituye el Libro de los muertos egipcio. El viaje del alma está des- crito con detalle por analogía con el viaje diurno de la barca de Ra, la barca solar, por la bóveda del cielo. El ejemplo del «dios-fracaso» Osiris seguía presente en todas las memorias: simbolizaba la «caída». Frente a aquel pueblo amoral, soñador e indolente de los egipcios, el gran Hermes blandía el ejemplo de la disciplina y del equilibrio cósmico: la élite egipcia que él logró formar creía en la existencia de un «alma del mundo» cuyas «luces» visibles eran el Sol, la Luna y los planetas. Esa «religión del Cosmos» abrió al egipcio medio visiones insospechadas. Se lanzó con alegría en aquella «preparación a la muer- te» que su selección le proponía. La moral se convertía en un lazo vi- viente entre el hombre y el Universo por intercesión de los dioses cósmiscos. Los dioses cósmicos: Horus-Osiris, Amón-Ra. Horas, por ser el heredero de su padre Osiris, puede ser considerado como el heredero del mundo divino tomado en su conjunto. Aparece como el sucesor de todos los demás dioses. Así, ante el envejecimiento de la Humanidad, los iniciados se veían llamados a hacerse cargo del «gobierno cósmico». Horas, en esta óptica, aparecía como la divinidad humana por exce- lencia. Su leyenda misma es significativa. Al principio, Horas es considerado como el «vengador de su padre», Osiris, muerto por Seth. Pero por muy aborrecido que sea, Seth no deja de ser necesario al equilibrio cósmico, pues el mal ha de existir para que el bien pueda triunfar. Volvemos a encontrar aquí la idea de un ser divino que se sacrifica deliberadamente por la salvación de la Hu- manidad {un Christos), Osiris, en este caso. El objeto de semejante sacrificio era conducir al hombre hacia la liberación de sus instintos superiores por la destrucción de su naturaleza inferior. Es lo que nos enseñan, a través de una terminología que a veces se nos antoja em- brollada, las religiones que precedieron al cristianismo y cuyos «salva- dores» con Adonis, Orfeo, Dionisos, Baldur, Mitra... Completamente diferente del de Horas, pues, aparece el papel de Osiris y cabe preguntarse, ¿por qué el OSIRIANISMO no se fusionó con el cristianismo naciente? Hay que ver en la intransigencia de los pri- meros Padres de la Iglesia y en su deseo de hacer «accesible» el cris- tianismo a las masas, rechazando los elementos esotéricos, una causa del fracaso de esa fusión. Sólo que la élite egipcia había de tomar una decisión preñada de consecuencias para la Humanidad: las tradi- ciones esotéricas del osirianismo debían ser preservadas a toda costa. Así nacieron, cuando la desaparición de Egipto en tanto que civilización, la GNOSIS y el MANIQUE1SMO, la ALQUIMIA y luego el movimiento TEMPLARIO, que había de hacer nacer la FRANCMASONERÍA. La élite egipcia había adivinado en el Decálogo de Moisés y el «optimismo beato» del cristianismo la trampa fatal: afirmar que todo se arreglará «automáticamente» y como por la fuerza de las cosas es adormecer al mundo (9). Esta puntualización era necesaria para comprender la importancia de otro dios cósmico y sobre todo la de la cofradía secreta que lo ro- deaba: la FRATERNIDAD DE HELIÓPOLIS que se había consagrado al dios-Sol Ra, de donde procedió su importancia política y religiosa en el seno del Egipto antiguo. El dios Ra, a quien encontramos ya en la barca solar, era considerado como el «primero de los faraones». Simbolizaba al Sol pasando por las «cuatro casas del mundo», y representado como el vencedor de la serpiente. Nos encontramos aquí en presencia de todos los mitos ori- ginarios de las diversas religiones que sucedieron a la primera cos- mogonía egipcia. El dios Ra debía, bajo la XII dinastía, encontrar una segunda juventud: su asimilación al dios de Tebas, Amón, que hubo de hacer nacer la dualidad Amón-Ra. Observaremos, de la misma manera, que el gran sacerdote de Helió- polis(lO) llevaba una piel de leopardo adornada de estrellas, pues era el «jefe supremo de los secretos del cielo» y el «grande de visión». La ciudad de Heliópolis, en el delta del Nilo, era uno de los tres centros de misterios más importantes con el de Hermópolis (la ciudad de Her- rnes), y el de Abidos, de origen atlántida. La importancia de Heliópolis es atestiguada hasta en el cristianis- mo, puesto que, según el Nuevo Testamento, fue en Heliópolis donde la Sagrada Familia habría descansado cuando la «huida a Egipto». El clero de aquella ciudad sagrada colocaba un «puente mágico» so- bre el abismo de la muerte según unos procedimientos que hoy están irremediablemente perdidos. Lo poco que sabemos de ello no nos per- mite adelantar hipótesis aventuradas... Es probable, sin embargo, que ciertas cofradías ocultas posean precisiones al respecto. Añadiremos solamente que fueron egiptólogos alemanes los que se ocuparon de las excavaciones de Heliópolis. Más significativo aún, en cuanto a su esencia solar, es el gran dios Amón-Ra cuya adoración estaba centrada en torno de Tebas en el gi- gantesco conjunto monumental: Luxor-Karnak. Aquí ya no se trata de misterios. La religión únicamente es admitida y, desgraciadamente (como casi siempre es el caso), querrá desbordar sobre unos sectores en los que no tiene nada que hacer: la dirección administrativa, y luego política, del país. Será un hecho consumado bajo la XXI dinastía. ¡Al- gunos siglos más de Historia y Egipto se derrumbará!

ORDEN LAFAYETTE .

ORDEN LAFAYETTE . 
COMANDANTE ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA 
 VICTOR SALAZAR SOTO 



LOS INICIADOS DEL SOL




LOS INICIADOS DEL SOL 


    Como hemos venido publicando, no solo los Templarios fueron benefactores del culto al Sol, sino que también lo era María Magdalena, y muchos precristianos que seguían el culto a Isis, que también no fue ajeno a los Templarios iniciados. Algunos se preguntarán porque hablamos de esto aquí... la respuesta es clara: Como poder entender a los templarios, sino abordamos cuestiones de Fe que la Orden mantenía secreta, como el culto al Sol, la influencia de Egipto y su religión en la Orden o el culto a Mitra entre otros. Es como querer entender el verdadero mensaje de Jesus, mientras al mismo tiempo creer que Maria Magdalena era una prostituta. Aquí no abordamos la historia oficial, para eso hay cientos de paginas y libros de historia, aquí abordamos la versión de los hechos que no están claros, los que necesitan estudio y debate, aunque a muchos esto le genere picazón. Hay muchas cosas que aquí no podemos contarles, pero si podemos darle el empujón inicial para que sean buscadores y guiarlos por donde buscar. Como dice un viejo refrán, la puerta se abre tanto de un lado como del otro, para entrar y salir es la misma.- "Solo existen dos días en el año en los que nada puede ser hecho. Uno se llama Ayer y el otro Mañana. Por lo tanto Hoy es el día Ideal para Amar, Crecer y principalmente Vivir" Dalai Lama. y mi favorita que tiene que ver con esta pagina: "Todas las religiones tienen una base común. Solo se diferencian en la manera de presentar sus dogmas y principios". Krumm Heller 

LOS INICIADOS DEL SOL 

Parte 2 AKENATÓN: «ALEGRÍA DEL SOL» La creencia de los mundos griego y romano, que veían en Egipto la cuna de la ciencia hermética, ha persistido hasta nuestros días. Aún hoy, sólo las palabras obelisco y pirámide evocan para nosotros los más impenetrables misterios. No es de extrañar, por lo tanto, que rosacrucianos y francmasones se rodeen de símbolos y de jeroglíficos que evocan la tierra de los faraones. Sin embargo, aparte el hecho de que aquella comarca bendecida por los dioses se hubiese encontrado en las avanzadillas de la historia de la Humanidad, ¿cuál es el atractivo de aquella civilización desaparecida, en la era de la conquista del espacio? Muy sencillamente, el desconocimiento en que estamos de su origen. Desde luego, podríamos interrogar a doctos egiptólogos, pero, tranqui- licémonos. Sobre el origen de aquella extraordinaria civilización, no saben más que el común de los mortales... A ver quién establece una cronología seria para las cuatro primeras dinastías faraónicas, es decir, el período arcaico del Imperio Antiguo. ¡Aviado estaría! Del mismo modo, miles de turistas ya pueden «ametrallar» con gran refuerzo de películas fotográficas la inmemorial meseta de Gizeh. ¿Quién creería por esto que las pirámides y la Esfinge iban a revelar su anti- guo secreto? Hablemos en serio y fijémonos mejor en la única realidad que con- taba verdaderamente en aquel tiempo: la religión y los mitos que la rodeaban. Esta realidad nos enseña que Egipto es incontestablemente la patria del culto solar. Es él, el Sol, quien se levanta al Este con el nombre de Horus y que se pone al Oeste con el de Atón, de Tum o bien de Aw. Tomamos contacto aquí, en el marco del antiguo Egipto, con «la mi- sión civilizadora» de todo un pueblo. Cada pueblo, en efecto, recibe tradicionalmente una «misión histó- rica»: los «guías espirituales», Hermes Trismegisto en este caso, son sus luces visibles. Es, sin duda, Hermes, el «tres veces grande», quien se hizo cargo de la «misión» de Egipto, por citar una expresión grata al esoterista Saint-Yves d'Alveydre. Quién nos explicará de otro modo el nacimiento en Egipto del concepto infinitamente más sutil de «Sol invisible», de «Sol negro», con- siderado como el «Sol nocturno» en su carrera elíptica inaccesible a nuestras investigaciones, el modelo de las evoluciones misteriosas de la materia entre la muerte y el retorno a la vida... El prototipo de la al- quimia y del moderno psicoanálisis. Claude de Saint-Martin, justamente apodado el «Filósofo descono- cido», fue el primer pensador cristiano que intentó, en el ~iglo xvni, reponer al hombre en el camino de la tradición. Enseñó la vinculación del cristianismo con la Atlántida, a través de Egipto, el druidismo y el mosaísmo primitivo del Libro de Enoch. Esta filiación ha sido sostenida recientemente por el llorado Paul Le Cour, fundador de la revista de arqueología tradicional Atlantis. El culto del Sol habría llegado así a los egipcios por el canal de la Atlán- tida. Este culto, olvidado por los descendientes de los primeros farao- nes, habría sido repuesto al gusto del día por el iniciado que es obje- to de nuestro estudio: Akenatón. Entre los egipcios —escribe Paul Le Cour— existía la creencia en un Dios supremo y en un segundo dios, el Sol creador. Una estela del museo de Berlín llama al Sol «hijo de Dios». En la puerta del templo de Medinet-Abu, se lee: «Es él, el Sol, quien ha hecho todo lo que es, y nada ha sido hecho sin él jamás.» San Juan dirá lo mismo catorce siglos más tarde hablando de Cristo. Recordemos al lector que Akenatón vivió catorce siglos antes de Jesucristo. En el mismo texto, Paul Le Cour desarrollaba su tesis en profun- didad. Partiendo de aquí, el autor de La Era del Acuario * precisaba su pensamiento y sacaba una conclusión que sería difícil no suscribir: El primer foco de la religión solar fue verosímilmente la Atlán- tida o una comarca situada hacia el 50° de latitud Norte (¿el Hiperbóreo?). Allí fue creada la primera esfera celeste, soportada, por lo demás, por Atlas y creado el Zodíaco, que constituye en cierto modo el reloj de la religión solar cuyas fiestas anuales señala, así como las transformaciones a través de los siglos. En efecto, de la Atlántida, la religión solar pasó a México, al Perú, a Egipto, a Caldea. Reunidos por una común tradición, la de los atlantes, que han sido denominados «el pueblo del Sol», egipcios, mexicanos y babilonios edificaron templos en cuyo frontón se veía el disco solar acompañado de dos alas... La religión hiperbórea era solar, como lo fue la de los druidas; el culto de Dionisos era solar y lo fue igualmente el de Mitra. Abordamos, en este punto preciso del razonamiento, el verdadero fenómeno que representa Akenatón en la historia de nuestra Humani- dad: el de un verdadero enlace entre la tradición atlante e hiperbórea (o gran tradición) y nuestra época actual: la civilización judeocristiana. Y haremos nuestra esta conclusión del gran autor místico Merezhkovski: La Atlántida, he aquí lo que está en el fondo de la vertiginosa, de la espantosa antigüedad egipcia. Atlantes y reyes-pontífices El mito del continente perdido, de la Atlántida, se vincula a la teoría de los ciclos de la Humanidad, grata a Platón y proseguida después por toda la tradición esotérica hasta nuestros días. Los sacerdotes del antiguo Egipto habían conservado, y sus libros sagrados dan fe de ello, el recuerdo de un vasto continente que se habría extendido en medio del océano Atlántico, en un espacio delimitado al Oeste por las islas Azores y al Este por la rotura geológica del estrecho de Gibraltar. El Critias de Platón nos describe extensamente una ciudad del con- tinente sumergido: Poseidonis, ciudad de gigantescas puertas de oro, edificada en graderío, con sus enormes templos y su sistema de go- bierno dirigido por reyes-sacerdotes, poseedores de las leyes dictadas por los dioses, en primera fila de los cuales se sitúa Poseidón o Neptuno, rey de los mares, armado de su tridente. También según Platón, la isla de Poseidonis, último fragmento de la Atlántida, quedó sumergida nueve mil años antes de la época del sabio Solón. El geógrafo griego Estrabón, así como Proclo, confirman las afirma- ciones de Platón. ¿Cómo hubiera podido Solón tener conocimiento de la tradición atlántida? Sólo una respuesta parece coherente. Los sacer- dotes egipcios, que pretendían tener la información de los propios at- lantes, la transmitieron a los viajeros griegos que a menudo visitaban su país. Los sacerdotes egipcios de Sais, ¿podían conocer una tradición que se remontaba a la fecha admitida para la inmersión y la desaparición de aquel continente fabuloso? Los datos de las ciencias naturales, de la Prehistoria y de la Antropología concuerdan todos con esa fecha... Queda por demostrar que efectivamente existía un pueblo egipcio en el IX milenio antes de nuestra era. Ahora bien, los estudios recientes parecen probarlo sobradamente. Si una civilización antigua y cerrada existía ya nueve mil años antes de Jesucristo, nada se opondría a que hubiera desempeñado un papel de receptáculo y luego de vehículo a la civilización atlántida. Descubri- mos sus huellas en el monumento más antiguo de Egipto: la Esfinge de Gizeh. ¿La gran Esfinge contemporánea de la Atlántida? ¿Por qué no? Re- cuérdese su desarenamiento efectuado por Tutmés IV. Fue objeto de una constatación asombrosa; los miembros del coloso habían sido res- taurados desde las primeras dinastías... En la época de aquel faraón que reinó treinta y cuatro siglos antes de nuestra era, la Esfinge tenía, LO MENOS MIL CIEN años de edad. Pero, ¿qué representa exactamente ese gigante, mitad hombre, mitad animal? La idea según la cual reproduciría los rasgos de un faraón no se apoya en ningún documento. Por contra, su nombre mismo parece establecer por sí solo una relación sorprendente con el continente de- saparecido de la Atlántida. Veámoslo. La estela de Tutmés I (tercer rey de la XVIII dinastía, la que nos interesa) nos enseña el nombre que daban entonces al coloso de piedra: «Ruty» (línea 2082 del «texto de las pirámides»)... Ahora bien, según la leyenda, que siempre contiene un fondo de verdad, las dos últimas islas de gran importancia de la Atlántida, antes de su desapa- rición total, se llamaban «Ruta» y «Daitia». La coincidencia es cuando menos inquietante. Lo que refuerza aún la hipótesis según la cual las primeras dinastías faraónicas serían las de los REYES ATLANTES, es la presencia de las mastabas (o tumbas) de los soberanos en cuestión, situadas todas en las proximidades de la gran Esfinge de Gizeh... Las primeras dinastías egipcias Aquellos monarcas de la primera dinastía eran inhumados en Peker, a dos kilómetros aproximadamente del templo de Osiris, situado en Abidos. Y aquí abordamos un segundo punto de contacto con la tra- dición atlántida. Es en Abidos, efectivamente, donde se ha encontrado la estela de I-Cher-Nofret, alto funcionario del rey Sesostris III (1887- 1849 a. de J. C.) que nos relata una iniciación a los misterios... La misma iniciación de la cual Heródoto se limitaba a declarar: «Los sacerdotes de Osiris, unidos por una vieja tradición, no podían decir nada de la muerte de su Dios...» Ahora bien, en esa estela, se hace mención del ini- ciado Thot, que no es otro que Hermes Trismegisto, el que «ha abierto al dios la vía que conduce a su tumba, en Peker» y que ha organizado la «gran salida», «poniendo en movimiento la nave»... De ahí a concluir que los primeros egipcios, o cuando menos sus «iniciadores», escaparon en embarcaciones a la catástrofe que vio el hundimiento del continente desaparecido, no hay más que un paso. La última parte de la descripción de los misterios, ¿acaso no finaliza con la declaración siguiente: «Le he hecho entrar en la nave... He en- sanchado de gozo el corazón de los habitantes de Oriente (los vivos) y he suscitado el entusiasmo en los habitantes de Occidente (los muer- tos)... La embarcación ha abordado Abidos y conducido a Osiris, el primero de los habitantes de Occidente, señor de Abidos, a su palacio.» Subrayemos que Occidente es representado como la morada de los muertos. En efecto, para los egipcios, Punt, la tierra de los grandes antepasados, situada por ellos en los límites de Libia (que se extendía hasta el Marruecos actual) era objeto de un culto postumo. Cuando recordemos que los egipcios sólo vivían para el más allá, comprendere' mos mejor que procuraban así acercarse a su país de origen: la Atlán- tida sumergida, con toda verosimilitud. ¿Cabe, en este estadio, poner en duda la existencia de la Atlántida, afirmada en la Antigüedad por Homero, Solón, Heródoto, Platón, Estra- bón, Diodoro? No lo creemos, pues los antiguos situaban precisamente el continente desaparecido «al otro extremo de Libia, allá donde el Sol se pone...». Así se explica, naturalmente, la consanguinidad de las familias rei- nantes, medio seguro de conservar la pureza de la sangre atlante según la prescripción dictada por el gran Hermes. El origen atlántida de los antiguos egipcios halla una confirmación suplementaria en la costumbre considerablemente antigua del ocre rojo con el que eran embadurnados los cadáveres. El primer ejemplo que conocemos de esa práctica nos lo da el hombre de Cro-Magnon, de raza blanca, que vivió hace casi cuarenta mil años. Este hombre, sacado a la luz en Eyzies, Francia, que medía más de 1,90 metros, se bañaba efec- tivamente en el ocre rojo. Cuando sepamos que los atlantes eran apo- dados la «raza roja», y reputados por su talla gigantesca, podremos pre- guntarnos si el hombre de Cro-Magnon no sería de la raza de los atlantes. No es inverosímil creerlo si pensamos que: El recuerdo abrumador de aquella ascendencia era tan poderosa- mente apreciado en tierra nilótica que para conservar sus particu- laridades físicas y morales fueron instituidas, desde la aurora de los tiempos, dos de las más extraordinarias leyes de la tradición faraónica: 1. — El soberano se desposa con su hermana; 2. — El rey, los grandes sacerdotes y todos los puros DESCENDIENTES VARONES de la raza original se untan el cuerpo con ocre rojo... Las costumbres irán debilitándose... Hacia las últimas dinastías, únicamente el faraón y el Hierofante se embadurnarán con pintura roja. Madame Szumlanska sitúa la decadencia de aquella raza dirigente de Egipto en los alrededores de la XVIII dinastía, o sea, en la época que nos interesa, la del faraón Akenatón. Fue bajo aquella dinastía cuando Egipto tuvo su «canto del cisne»: «Un esplendor inaudito se extendió sobre la tierra de Egipto con la XVIII dinastía. Horus, el dios originario del país de Punt, vio reflorecer su maravillosa leyenda.» Los primeros egipcios, antepasados de los supervivientes de la Atlántida, habrían llegado al valle del Nilo, a través del África del Norte, procedentes de las islas Canarias. Ahora bien, en 1882-1886, el sabio Verneau publicó su Informe sobre una misión científica en el archipié- lago canario en el cual proporcionaba una documentación considerable sobre los hombres de Cro-Magnon, al término de una investigación de cinco años. La idea principal de Verneau se fundaba en un parentesco atlante con los guanches, antepasados de los habitantes de las Canarias. No olvidemos que la Atlántida, al desaparecer, debía dejar emerger las crestas de sus cordilleras de las que el pico Teide podría ser uno de los vestigios. El sabio francés notó en las momias que pudo examinar una enorme capacidad craneana (1.790 cm3 de promedio), una estatura elevada (2,10 m) y, sobre todo, una deformación poscoronal específicamente cromagnoide «que no es debida a una deformación ritual como en los semitas, sino siempre en un punto preciso y que se encuentra entre los pueblos donde no existe ese rito, principalmente entre los egipcios». Nos resta, al final de este capítulo, describir la innovación monoteís- ta simbolizada por el culto SOLAR que hace su aparición con el Homo sapiens de Cro-Magnon y su rito del ocre rojo para continuar en el Egipto faraónico y culminar en un ideal más sutil y más puro de la misma religión solar: la sustitución del propio Sol por el DISCO. La cosmogonía sagrada de los egipcios. El «Libro de los muertos» La cosmogonía de los egipcios está enteramente contenida en el fa- moso Libro de los muertos, destinado a los cenáculos iniciáticos del an- tiguo Egipto, por considerar los egipcios la muerte como una especie de iniciación (del latín initium: «renacer a la vida»). Entre las visiones que el libro describe, el de la barca solar es la más frecuente. Esta visión central donde reencontramos las dos lumi- narias (la barca, que simboliza la Luna creciente, lleva el disco solar: Ra) formaba el núcleo de toda la cosmogonía sagrada. Para los egipcios, la Luna, considerada desde un punto de vista espiritual, no era en absoluto inferior al Sol, pero su unión simboliza la involución o, por emplear el lenguaje de la Biblia, la etapa original de la «caída». En el plano espiritual, pues, este fenómeno de involución agrava la caída inicial del género humano cuyas consecuencias están representadas respectivamente por el SEXO y la MUERTE, pues el SER ORIGINAL era, según la tradición, BISEXUADO e INMORTAL. Este concepto del ANDROGINADO primordial se encuentra de nuevo en el famoso diálogo de Platón El Banquete. Para el divino maestro, iniciado en los misterios egipcios y ardiente defensor de la tesis «at- lante», existía una raza original «cuya esencia está ahora extinguida», raza de individuos que llevaban en sí mismos los dos principios, mas- culino y femenino, y por ende andróginos. Los seres de esta especie «eran de una fuerza y de una audacia extraordinarias y abrigaban en su corazón proyectos orgullosos hasta atacar incluso a los dioses». Esta tentación de escalar los cielos no es nueva; es el mito de Prometeo, el de los Gigantes y de los Titanes. En la Biblia misma, ¿acaso no es evo- cada la «promesa de tornarse semejante a los dioses»? (Génesis, III) Pero lo más extraño que hay en el texto de Platón, directamente de- rivado de los Misterios de Egipto, es el hecho de que los dioses, para de- fenderse, no fulminan a los seres andróginos como fulminaron a los Titanes, sino que paralizan su acción y su potencia separándolos en dos. En lo sucesivo, el Hombre y la Mujer nacerán de la separación de los sexos o de los principios, el MASCULINO y el FEMENINO. Lo mismo sucede con la Luna y el Sol, ambos por referencia a nues- tra Tierra. La tradición esotérica, como hemos visto, enseña que esos dos astros estaban unidos en el origen y formaban cuerpo y que luego se separaron... Encontramos de nuevo a esta pareja inicial Sol-Luna reunida en el dios Osiris cuyas vinculaciones, tanto lunares como sola- res, han sido repetidas veces subrayadas por los egiptólogos. La resu- rrección de Osiris, petrificado en la muerte, ceñido en sus vendas de momia (alusión al mundo mismo, sometido a la implacable «ley de la naturaleza»), significaba el restablecimiento de la unidad en el retorno a la integridad original. La muerte, ese misterio en el sentido oculto del término, es vencida mágicamente gracias al verdadero «pasaporte» para el más allá que constituye el Libro de los muertos egipcio. El viaje del alma está des- crito con detalle por analogía con el viaje diurno de la barca de Ra, la barca solar, por la bóveda del cielo. El ejemplo del «dios-fracaso» Osiris seguía presente en todas las memorias: simbolizaba la «caída». Frente a aquel pueblo amoral, soñador e indolente de los egipcios, el gran Hermes blandía el ejemplo de la disciplina y del equilibrio cósmico: la élite egipcia que él logró formar creía en la existencia de un «alma del mundo» cuyas «luces» visibles eran el Sol, la Luna y los planetas. Esa «religión del Cosmos» abrió al egipcio medio visiones insospechadas. Se lanzó con alegría en aquella «preparación a la muer- te» que su selección le proponía. La moral se convertía en un lazo vi- viente entre el hombre y el Universo por intercesión de los dioses cósmiscos. Los dioses cósmicos: Horus-Osiris, Amón-Ra. Horas, por ser el heredero de su padre Osiris, puede ser considerado como el heredero del mundo divino tomado en su conjunto. Aparece como el sucesor de todos los demás dioses. Así, ante el envejecimiento de la Humanidad, los iniciados se veían llamados a hacerse cargo del «gobierno cósmico». Horas, en esta óptica, aparecía como la divinidad humana por exce- lencia. Su leyenda misma es significativa. Al principio, Horas es considerado como el «vengador de su padre», Osiris, muerto por Seth. Pero por muy aborrecido que sea, Seth no deja de ser necesario al equilibrio cósmico, pues el mal ha de existir para que el bien pueda triunfar. Volvemos a encontrar aquí la idea de un ser divino que se sacrifica deliberadamente por la salvación de la Hu- manidad {un Christos), Osiris, en este caso. El objeto de semejante sacrificio era conducir al hombre hacia la liberación de sus instintos superiores por la destrucción de su naturaleza inferior. Es lo que nos enseñan, a través de una terminología que a veces se nos antoja em- brollada, las religiones que precedieron al cristianismo y cuyos «salva- dores» con Adonis, Orfeo, Dionisos, Baldur, Mitra... Completamente diferente del de Horas, pues, aparece el papel de Osiris y cabe preguntarse, ¿por qué el OSIRIANISMO no se fusionó con el cristianismo naciente? Hay que ver en la intransigencia de los pri- meros Padres de la Iglesia y en su deseo de hacer «accesible» el cris- tianismo a las masas, rechazando los elementos esotéricos, una causa del fracaso de esa fusión. Sólo que la élite egipcia había de tomar una decisión preñada de consecuencias para la Humanidad: las tradi- ciones esotéricas del osirianismo debían ser preservadas a toda costa. Así nacieron, cuando la desaparición de Egipto en tanto que civilización, la GNOSIS y el MANIQUE1SMO, la ALQUIMIA y luego el movimiento TEMPLARIO, que había de hacer nacer la FRANCMASONERÍA. La élite egipcia había adivinado en el Decálogo de Moisés y el «optimismo beato» del cristianismo la trampa fatal: afirmar que todo se arreglará «automáticamente» y como por la fuerza de las cosas es adormecer al mundo (9). Esta puntualización era necesaria para comprender la importancia de otro dios cósmico y sobre todo la de la cofradía secreta que lo ro- deaba: la FRATERNIDAD DE HELIÓPOLIS que se había consagrado al dios-Sol Ra, de donde procedió su importancia política y religiosa en el seno del Egipto antiguo. El dios Ra, a quien encontramos ya en la barca solar, era considerado como el «primero de los faraones». Simbolizaba al Sol pasando por las «cuatro casas del mundo», y representado como el vencedor de la serpiente. Nos encontramos aquí en presencia de todos los mitos ori- ginarios de las diversas religiones que sucedieron a la primera cos- mogonía egipcia. El dios Ra debía, bajo la XII dinastía, encontrar una segunda juventud: su asimilación al dios de Tebas, Amón, que hubo de hacer nacer la dualidad Amón-Ra. Observaremos, de la misma manera, que el gran sacerdote de Helió- polis(lO) llevaba una piel de leopardo adornada de estrellas, pues era el «jefe supremo de los secretos del cielo» y el «grande de visión». La ciudad de Heliópolis, en el delta del Nilo, era uno de los tres centros de misterios más importantes con el de Hermópolis (la ciudad de Her- rnes), y el de Abidos, de origen atlántida. La importancia de Heliópolis es atestiguada hasta en el cristianis- mo, puesto que, según el Nuevo Testamento, fue en Heliópolis donde la Sagrada Familia habría descansado cuando la «huida a Egipto». El clero de aquella ciudad sagrada colocaba un «puente mágico» so- bre el abismo de la muerte según unos procedimientos que hoy están irremediablemente perdidos. Lo poco que sabemos de ello no nos per- mite adelantar hipótesis aventuradas... Es probable, sin embargo, que ciertas cofradías ocultas posean precisiones al respecto. Añadiremos solamente que fueron egiptólogos alemanes los que se ocuparon de las excavaciones de Heliópolis. Más significativo aún, en cuanto a su esencia solar, es el gran dios Amón-Ra cuya adoración estaba centrada en torno de Tebas en el gi- gantesco conjunto monumental: Luxor-Karnak. Aquí ya no se trata de misterios. La religión únicamente es admitida y, desgraciadamente (como casi siempre es el caso), querrá desbordar sobre unos sectores en los que no tiene nada que hacer: la dirección administrativa, y luego política, del país. Será un hecho consumado bajo la XXI dinastía. ¡Al- gunos siglos más de Historia y Egipto se derrumbará!

miércoles, 30 de junio de 2021

 



El “tercer ojo” y la glándula pineal 

Publicado por Templarcrux 

 Tanto H.P. Blavatsky como el Movimiento Teosófico que fundó a fines del siglo XIX introdujeron varios y nuevos conceptos/enseñanzas en el mundo occidental, la mayoría de los cuales terminó siendo distorsionada entre los miles de seguidores en la tendencia Nueva Era. En otros artículos mostramos cómo los términos e ideas neoeristas sobre los Maestros, Lemuria/Atlántida, el Ser Superior o incluso Karma y Reencarnación, entre muchos otros, representan una parodia débil, antifilosófica y retorcida de los contenidos genuinos. La obsesión contemporánea en este comercio espiritual con el “tercer ojo” y la glándula pineal también pueden remontarse directamente a su presentación original en los escritos de Helena Blavatky. En vista de que existe tal cantidad de confusión, malentendidos y desinformación peligrosa sobre este tema, creímos conveniente reunir los siguientes extractos de enseñanzas teosóficas con objeto de mostrar lo que realmente enseñaron los Maestros originales sobre el asunto. Bajo ninguna circunstancia, ningún instructor espiritual respetable y confiable jamás publicaría información o detalles sobre cómo "despertar", "abrir" o "activar" el “tercer ojo” porque no es el momento adecuado para hacerlo, y en el mejor de los casos las numerosas obras que existen sobre este particular permitirían el desarrollo de unas cuantas facultades psíquicas (y que no tienen nada que ver con capacidades espirituales), mientras que en los peores escenarios inducen a graves daños psicológicos y físicos. Asimismo, es peligrosa la idea neoerista popular de que el entrenamiento espiritual y especialmente oculto “no requiere autodisciplina, abnegación, ni pureza o santidad de vida”, y ha llevado a miles de personas en todo el mundo a convertirse en magos negros sin siquiera percatarse de ello. En realidad, existen muy pocos en el mundo quienes conocen los pasos y procedimientos seguros y verdaderos para despertar potencialidades latentes en la glándula pineal y jamás revelarán pormenores de ello por haber jurado guardar el secreto como parte de sus reglas iniciáticas. Cinco hechos importantes sobre el Tercer Ojo Nota: En la siguiente selección, la abreviatura "D.S." se refiere a "La Doctrina Secreta" de H.P. Blavatsky; el término “Tercera Raza” designa a la Lemuriana y “Cuarta Raza” a la Atlante. Nuestra Raza-Raíz o Época actual es la Quinta, conocida como “aria” o “indo-caucásica”. 01. En el esoterismo hindú se llama “ojo de Shiva”, mientras que en el budismo esotérico del Tíbet y las regiones transhimaláyicas es conocido como “ojo de Dangma”. “8. La Forma Única de Existencia, ilimitada, infinita y sin causa se extendía sola en Letargo sin Sueño y la Vida pulsaba inconsciente en el Espacio Universal por toda la extensión de aquella Omnipresencia que percibe el Ojo Abierto de Dangma. 9. Pero ¿dónde estaba Dangma cuando el Alaya del Universo estaba en Paramârtha y la Gran Rueda era Anupâdaka?” [slokas 8-9 de la Estrofa I sobre Cosmogénesis del “Libro Secreto de Dzyan”, D.S. 1:27]. "Sólo el Iniciado, provisto con la tradición adquirida por innumerables generaciones de sus predecesores, dirige el 'Ojo de Dangma' a la esencia de las cosas en las que ningún Maya puede tener influencia” [D.S. 1:45]. "En India se llama 'ojo de Shiva', pero más allá de la gran cordillera se conoce como 'ojo abierto de Dangma' en fraseología esotérica. Dangma designa a un alma purificada que se ha convertido en Jivanmukta, el adepto más elevado o más bien un Mahatma. Su 'ojo abierto' es aquél del tipo interior o espiritual del vidente, y la facultad que se manifiesta a través de él no es la videncia como se entiende normalmente -es decir, la facultad de ver a distancia-, sino la habilidad de intuición espiritual por cuyo medio se puede obtener conocimiento directo y verdadero. Esta aptitud está íntimamente conectada con el 'tercer ojo' que la tradición mitológica atribuye a ciertas razas humanas” [D.S. 1:46]. "Las historias puránicas de todos esos individuos son las de nuestras Mónadas, en sus diversas e innumerables encarnaciones en esta y otras esferas, eventos percibidos por el 'ojo de Shiva' de los antiguos Videntes (el 'tercer ojo' de nuestras Estrofas) y descritos alegóricamente” [D.S. 2: 284]. “(...) Shiva-Rudra, el Yogui patrono, cuyo 'tercer ojo' místicamente hablando debe ser adquirido por el asceta antes de convertirse en un adepto” [D.S. 2: 615]. 02. El Tercer Ojo estaba situado en la parte posterior de la cabeza y no en la frente, y es únicamente con fines ilustrativos -incluso ignorancia a menudo- que se ha situado en aquella parte o entre los ojos físicos. "El tercer ojo estaba en la parte posterior de la cabeza” [D.S. 2: 294]. "La expresión alegórica de los místicos hindúes al hablar del 'ojo de Shiva' o la Trilochana ('de tres ojos') recibe así su justificación y razón de ser, esto es, la transferencia de la glándula pineal (antaño 'tercer ojo') a la frente, siendo así una licencia exotérica” [D.S. 2: 295]. “Al principio, cada clase y familia de especies vivas era hermafrodita y objetivamente tenía un solo ojo. En el animal (…) como en el hombre, el tercer ojo era el principal y único órgano visor. Los dos ojos frontales y físicos se desarrollaron más adelante tanto en la bestia como en el hombre, cuyo órgano de visión física al comienzo de la Tercera Raza estaba en la misma posición que la de algunos vertebrados ciegos actuales, esto es, bajo una piel opaca” [D.S. 2: 299]. “Recordemos que la Primera Raza se muestra en las ciencias ocultas como espiritual en el interior y etérea en el exterior; la Segunda como psico-espiritual mentalmente y cuerpo etéreo-físico; la Tercera, todavía carente de intelecto en su comienzo, es astro-física en su cuerpo y tiene una vida interior donde el elemento psico-espiritual no se ve interferido de ninguna manera por los sentidos fisiológicos apenas nacientes. Sus dos ojos delanteros miran sin percatarse del pasado ni el futuro, pero el 'tercer ojo' abarca la ETERNIDAD” [D.S. 2: 299]. “Había criaturas humanas de cuatro brazos en los primeros días de los machos-hembras (hermafroditas) y con una cabeza y tres ojos. Podían ver delante y detrás de ellos” [comentario esotérico citado en D.S. 2: 294]. 03. Al deteriorarse, el Tercer Ojo se retiró al interior de la cabeza y dejó de funcionar durante la Cuarta Raza-Raíz o Atlante. “40. Entonces la Tercera y Cuarta crecieron en orgullo, diciendo 'somos los reyes y dioses'. 41. Tomaron esposas de hermosa apariencia, procedentes de los sin mente, los de cabeza estrecha. Engendraron monstruos, demonios perversos, macho y hembra, también Khado (dâkinî) con mentes pequeñas. 42. Construyeron templos para el cuerpo humano y rendían culto a varón y hembra. Y así el Tercer Ojo dejó de funcionar” [slokas 40-42 en la Estrofa X sobre Antropogénesis del “Libro Secreto de Dzyan”, D.S. 2:20]. "Una KALPA más tarde (tras la separación de los sexos) y cuando los hombres cayeron en la materia, su visión espiritual se debilitó; y al mismo tiempo el tercer ojo comenzó a perder su poder (…) Cuando la Cuarta (raza) alcanzó su periodo intermedio, se tuvo que despertar la visión interior y adquirida por estímulos artificiales, cuyo proceso era conocido por los antiguos sabios (…) Asimismo, el tercer ojo pronto desapareció al PERTIFICARSE gradualmente. Los de cara doble devinieron de rostro único, el ojo se retiró a lo profundo de la cabeza y ahora se halla enterrado bajo el cabello” [comentario esotérico citado en D.S. 2: 294]. "La Estrofa señala 'y así, el Tercer Ojo dejó de funcionar' porque el HOMBRE se hundió demasiado en el lodo de la materia. ¿Cuál es el significado de esta extraña declaración en el versículo 42, acerca del 'tercer ojo de la Tercera Raza que murió y ya no actuaba'? Ahora deben darse algunas enseñanzas ocultas adicionales con referencia a este punto como también a algunos otros. La historia de la tercera y cuarta razas debe amplificarse para poder arrojar un poco más de luz sobre el desarrollo de nuestra humanidad actual y mostrar cómo las facultades -llamadas a la actividad por entrenamiento oculto- devuelven al ser humano a la posición que ocupaba anteriormente respecto de la percepción espiritual y la conciencia; pero primero deben explicarse los fenómenos del tercer ojo" [D.S. 2: 288]. "El tercer ojo se retiró hacia el interior cuando su recorrido se terminó" [D.S. 2: 295]. "Mientras que el ojo 'ciclópeo' era en el hombre -y todavía es- el órgano de visión espiritual, en el animal le daba visión objetiva; y este ojo, luego de haber cumplido su función, en el curso de la evolución física de lo simple a lo complejo fue reemplazado por dos ojos, y en consecuencia la Naturaleza lo almacenó y dejó aparte para su uso posterior en eones venideros" [D.S. 2: 299]. "Ahora bien, lo que los estudiantes de ocultismo deben saber es que el TERCER OJO ESTÁ UNIDO A KARMA DE FORMA INDISOLUBLE, y así el principio es tan misterioso que muy pocos han oído hablar de ello. El 'ojo de Shiva' no se atrofió completamente antes del cierre de la Cuarta Raza, pues cuando la espiritualidad y todos los poderes y atributos divinos del deva-hombre de la Tercera se convirtieron en doncellas de pasiones fisiológicas y psíquicas del hombre físico, el ojo perdió sus poderes en vez de suceder lo contrario; pero tal era la ley de evolución, y con estricta exactitud no representó una CAÍDA” [D.S. 2: 302]. “Se nos dice que la posesión de un tercer ojo físico fue privilegio para los individuos de la Tercera Raza hasta casi el período intermedio de la Tercera Sub-raza de la Cuarta Raza-Raíz, cuando la consolidación y perfección del marco humano hicieron que desapareciera de la anatomía exterior. Sin embargo, psíquica y espiritualmente sus percepciones mentales y visuales duraron hasta casi el final de la Cuarta Raza, cuando debido a la materialidad y condición depravada de la humanidad sus funciones se extinguieron por completo antes que se hundiera la mayor parte del continente atlante" [D.S. 2: 306]. 04. En la actualidad este órgano permanece latente en todos los seres humanos y se conoce como glándula pineal. “El ojo-deva' no existe más para la mayoría de la humanidad; el tercer ojo está muerto y ya no actúa, pero dejó un testigo de su existencia y ahora ése es la GLÁNDULA PINEAL” [D.S. 2: 295]. “Los de cara doble devinieron de rostro único, el ojo se retiró a lo profundo de la cabeza y ahora está enterrado bajo el cabello. Durante la actividad del hombre interior (trances y visiones espirituales) el ojo se abulta y expande. El Arhat lo ve y lo siente, regulando su acción en consecuencia” [comentario esotérico citado en D.S. 2: 294]. “Si ahora en el individuo el extraño 'ojo' está atrofiado, es una prueba de que una vez estuvo activo como en el animal inferior, porque la naturaleza nunca crea la forma más pequeña o insignificante sin un propósito y uso definido. Sostenemos que era un órgano activo en esa etapa de evolución cuando el elemento espiritual humano reinaba supremo sobre los elementos intelectuales y psíquicos apenas incipientes; y a medida que el ciclo descendía hacia ese punto cuando los sentidos fisiológicos fueron desarrollados mediante y al mismo grado con el crecimiento y la consolidación del hombre físico, este 'ojo' mediano terminó por atrofiarse junto con las características espirituales y puramente psíquicas primitivas del hombre, junto con las interminables y complejas vicisitudes y tribulaciones del progreso zoológico. La sabiduría popular afirma que el ojo es espejo y también ventana del alma, y vox populi vox Dei” [D.S. 2: 298]. "Ni tampoco él [el fisiólogo moderno] sabe algo de la glándula pineal, que describe como una glándula córnea con un poco de arena en ella y que es clave de la conciencia más elevada y divina en el individuo, su mente omnisciente, espiritual y que todo lo abarca. Este apéndice aparentemente inútil es el péndulo que, una vez concluido el trabajo del reloj humano interior, lleva la visión espiritual del EGO a los planos más altos de percepción y donde el horizonte antaño abierto se vuelve casi infinito” [H.P.B., "Dialogue on the Mysteries of the After Life"]. “Y hubo un día en que todo lo que en nuestros tiempos modernos se considera como fenómeno y tan desconcertante para los fisiólogos que ahora se ven obligados a creer en ellos -como la transferencia de pensamientos, la clarividencia, la clariaudiencia, etc.; en resumen, todo lo que ahora se llama 'maravilloso y anormal'-, todo eso y mucho más pertenecía a los sentidos y facultades comunes a toda la humanidad. Sin embargo, estamos ciclando hacia atrás y adelante, es decir, habiendo perdido en la espiritualidad lo que adquirimos en el desarrollo físico casi al final de la Cuarta Raza, la humanidad pierde progresiva e imperceptiblemente en lo físico todo lo que recuperamos una vez más en la re-evolución espiritual. Este proceso debe continuar hasta el período que llevará a la Sexta Raza-Raíz a una línea paralela con la espiritualidad de la Segunda humanidad extinta hace mucho” [D.S. 1: 536-537]. 05. En este momento no es seguro, fácil ni necesario que intentemos despertar/activar el Tercer Ojo, porque para hacerlo de manera segura y adecuada se requiere la máxima pureza y castidad de vida. "El Lanoo puro (discípulo o 'chela') no debe temer ningún peligro; quien no se mantiene en pureza (no casto) no recibirá ayuda del 'ojo-deva'” [comentario esotérico citado en D.S. 2: 295]. "Esto también arroja una luz sobre el misterio, incomprensible para algunos, de la conexión entre la videncia espiritual o anormal y la pureza fisiológica del vidente. A menudo se pregunta: '¿Por qué el celibato y la castidad son regla y condición sine qua non para el discipulado regular, o el desarrollo de poderes psíquicos y ocultos?' La respuesta está contenida en el Comentario, pues la conexión se hace evidente cuando aprendemos que el 'tercer ojo' fue un órgano fisiológico, y que más tarde debido a la desaparición gradual de la espiritualidad y el aumento de la materialidad (la naturaleza espiritual extinguida por lo físico) se convirtió en un órgano atrofiado, puesto que es poco comprendido ahora por los fisiólogos como sucede con el bazo. Durante la vida humana el mayor impedimento en el camino del desarrollo espiritual, y especialmente para la adquisición de poderes del Yoga, es la actividad de nuestros sentidos fisiológicos. Es inútil dar una explicación más larga siendo que la actividad sexual está estrechamente conectada por interacción con la médula espinal y la materia gris del cerebro. Por supuesto, el estado normal y anormal del cerebro y el grado de trabajo activo en la medulla oblongata reacciona poderosamente en la glándula pineal, debido al número de 'centros' en esa región que controla con creces la mayoría de acciones fisiológicas en la economía animal, y también debido a la íntima cercanía de ambos, debe ejercerse una acción 'inductiva' muy poderosa por la medulla en la glándula pineal. Todo esto es bastante claro para el ocultista, pero muy vago a la vista del lector general” [D.S. 2: 295-296]. “No se puede desarrollar el tercer ojo. Es demasiado difícil, y hasta que no haya aprendido mucho más sobre filosofía, sería infructuoso y un sacrificio inútil como un crimen de locura. Pero aquí hay consejos que dan muchos Adeptos: todos los días y con la frecuencia que pueda, y al irse a dormir y despertar, piense todo el tiempo sobre la verdad de que usted no es un cuerpo, cerebro o individuo astral, sino que usted es AQUÉLLO, y ESTO es el Alma Suprema. Por esta práctica, gradualmente eliminará la falsa noción que se esconde al interior de que lo falso es verdadero y viceversa. Al persistir en esto y someter sus pensamientos diarios cada noche al juicio del Ser Superior, al final obtendrá luz” [William Quan Judge, “Letters That Have Helped Me”, p. 116]. ~ * ~ En un número de la revista "The Theosophical Movement" (febrero de 2014) se incluye un artículo titulado "The 'Third-Eye' of Siva" y explica: “La glándula pineal está conectada con visiones espirituales, mientras que el cuerpo pituitario se relaciona con visiones psíquicas puras. En el ser humano la médula espinal une el cerebro con los órganos generativos, y así el ocultismo práctico fundado en la filosofía esotérica reconoce el vínculo directo e íntimo que existe entre la glándula pineal y los genitales. Estos son polos creativos y cuando uno es positivo y activo, se produce una condición proporcional negativa y pasiva en el otro. Cuando el polo norte de la glándula pineal está activo, se crean hijos de ideas y pensamientos, y cuando trabaja el polo sur del órgano generador se obtiene una descendencia de pecado. La glándula pineal es el corazón de la mente, el asiento del amor sin ningún rastro de lujuria y el centro de la compasión sin ningún rastro pasional. En el individuo común, tanto dicha glándula como los genitales trabajan por turnos, y por tanto es una mezcla de lujuria y amor, de pasión y compasión. Asimismo el órgano pineal se ve afectado por el consumo de alcohol y drogas, lo que impide el desarrollo del 'tercer ojo' o intuición espiritual, y a medida que se avanza en el camino místico se vuelve absolutamente necesaria la abstinencia de drogas y bebidas, como también la observancia del celibato". Esto es lo que enseña la Teosofía y cuando nos detenemos a pensar en que fue la creciente materialidad y sensualidad humanas lo que generó el oscurecimiento y deterioro del Tercer Ojo y sus facultades, se hace evidente que su despertar o "reapertura" depende de la disminución de dichos defectos por parte del aspirante espiritual. Es necesario aclarar lo citado anteriormente: "a medida que se avanza en el camino místico, se vuelve absolutamente necesaria la abstinencia de drogas y bebidas, como también la observancia del celibato". Como se explica en la cita de "La Doctrina Secreta", la castidad es requisito para el desarrollo seguro y adecuado de poderes ocultos y psíquicos, y los Maestros establecen que quienes han sido aceptados como sus discípulos directos en persona (chelas) deben cumplir con esto, en contraste con los "chelas laicos" o aquéllos que aún viven y funcionan en el mundo común. Pero como la Teosofía no nos ordena ni estimula a desarrollar tales capacidades en el momento actual y en vista que la gran mayoría de nosotros no somos chelas directos (y aquéllos que pertenecen a esa condición saben que la tienen y no dudan ni un sólo momento sobre ello), no debemos sentir que se espera que seamos célibes, porque esto no es así. Para las personas que todavía están involucradas en la vida "normal" mundana -o que todavía no han devenido discípulos directos-, William Q. Judge escribió: “El celibato es una gran ayuda bajo condiciones determinadas y en un cierto periodo, pero si el estudiante está casado, entonces es su deber continuar en esa condición, y en lugar de constituir una barrera será una ayuda para su progreso si comprende correctamente su significado. Todas las lecciones que se enseñan al verdadero estudiante oculto se dan en la vida diaria y a través de las leyes de la naturaleza. El célibe se pierde algunas de estas lecciones -que inevitablemente debe aprender- porque transgrede una gran norma de la naturaleza. El resultado del celibato es que el estudiante trabaja sólo con el intelecto y para el verdadero trabajo oculto es necesario que también se use el corazón. Uno de los mayores 'misterios' nunca puede ser aprendido por el celibato, porque nunca está mano a mano con Dios, un controlador de la fuerza creativa” ("Answers to Questioners”, William Q. Judge Theosophical Articles, vol. 2, p. 451). En consecuencia, cumplamos con nuestras responsabilidades y nuestros Karma y Dharma en el modo de vida que tenemos ahora, con la seguridad de que en algunos años o vidas futuras surgirán las oportunidades para el ocultismo práctico que conduce a la apertura del Tercer Ojo, siempre que hayamos trabajado en prepararnos para tal eventualidad, y así “La Voz del Silencio” enfatiza la verdad eterna: “No puedes transitar el Sendero antes de que te conviertas en ese Camino”.