viernes, 25 de marzo de 2011

said hatem

LA LEYENDA DE LA ESCALERA DE CARACOL

A.·.L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.
A mi Madre Resp.·.Log.·. Simb.·. “Derechos Humanos Nº 83”
QQ.·. HH.·. Todos
S.·. T.·. U.·.

El trabajo que presento y está a vuestra consideración, lo he titulado: " LA LEYENDA DE LA ESCALERA DE CARACOL"..
En el Primer Libro de los Reyes (VI. 8) dice así: "La entrada que
conducía a la cámara del medio estaba situada en el lado derecho del
Templo: y tenia acceso por medio de escaleras de caracol a la cámara
del medio, y de ésta comunicaba a la tercera." De esta circunstancia
los Masones del siglo pasado, adoptaron el símbolo de la escalera de
caracol, y lo introdujeron en el grado del Compañero Masón.
Las gradas de la escalera de caracol comienzan en el pórtico del
templo; es decir, en la entrada exacta. Además, no hay cosa más
indudable en la ciencia del simbolismo Masónico, que el hecho de que el
Templo era la personificación del mundo purificado por el Shekinah, o
Presencia Divina.
El mundo profano se encuentra fuera del Templo; el mundo del iniciado
existe dentro de sus sagrados muros. El penetrar en el Templo; tener
acceso al pórtico, el hacerse Masón, así como el nacer en el mundo de
la luz Masónica, son sinónimos y términos convertibles. Y así es como
da principio el simbolismo de la escalera de caracol.
Desde el momento en que el Aprendiz cruza el pórtico del Templo, ha
dado principio a su vida Masónica. Pero el primer grado de la
Masonería, así como los misterios inferiores de los sistemas antiguos
de iniciación, son únicamente una preparación y purificación para algo
superior. El Aprendiz iniciado hace el papel de un niño en la
Masonería. Las lecciones que recibe son dadas solamente para purificar
su corazón y prepararle para esa iluminación mental que debe otorgarse
en los siguientes pasos que deberá dar.
Lo mismo sucede con el Compañero Masón, y como el grado es emblemático
de la juventud, por la misma razón es en el que principia su educación
intelectual. Por esta razón, aquí, en el lugar preciso en que se separa
el pórtico a la entrada del santuario, es el mismo en que termina su
juventud y da principio su edad viril, y en cuyo sitio aparece ante sus
ojos la espaciosa escalera, que con su presencia lo invita, como en
efecto es así, a ascenderla. Esta, como el símbolo de la disciplina e
instrucción, le demuestra que ahí debe dar principio su labor Masónica.
Las escaleras dan principio después de que el candidato ha penetrado el
dintel del pórtico, que se encuentra entre las columnas de la fuerza y
la fundación o estabilidad. Estos son los símbolos significativos que
le demuestran, que tan pronto como han pasado los años de la juventud
insensata, ha comenzado su etapa de la fuerza y dignidad como hombre.
Entonces, la difícil tarea de su mejoramiento es el primer deber que se
presenta ante él.
Deberá tener en cuenta que no puede tan solo permanecer, si es que se
considera digno de su vocación; su destino como ser inmortal le obliga
a ascender, grada por grada, hasta que ha alcanzado la cima, en donde
le esperan los tesoros del conocimiento.
El número de estas gradas en todos los sistemas ha sido impar. Vitruvio
observa --y la coincidencia es a la menos curiosa-- que en los templos
antiguos se ascendía siempre por un número de gradas impar; y asigna
como razón, que, comenzando el ascenso con el pié derecho en el
descanso, los que asistían a la ceremonia, sabían que al penetrar en el
Templo daban el primer paso con el mismo, cosa que era considerada como
un pronóstico o augurio fortuito y feliz.
Tengamos en cuenta que el simbolismo de los números fue tomado por los
Masones de Pitágoras, en cuyo sistema de filosofía desempeña un papel
muy importante, y en el que los números impares se consideraban como
más perfectos que los números pares. Por cuya razón, en todo el sistema
Masónico, encontramos la preeminencia de los números impares, tales
como tres, cinco, siete, nueve, quince, y veintisiete, en el que todos
son símbolos importantes; y raras veces encontramos referencia al dos,
cuatro, seis, ocho o diez. El número impar de las gradas era en
consecuencia designado para simbolizar la idea de perfección, objetivo
fundamental que pretende alcanzar el aspirante.
El número particular de las gradas ha variado a través del tiempo.. En
tableros hallados y correspondientes al siglo XVIII, en los que se
delinean únicamente cinco escalones, así como en otros alcanzan el
número de siete. Las lecturas Prestonianas, que se practicaban en
Inglaterra desde los principios de este siglo, dan por número total el
de treinta y ocho, divididas en series de una, tres, cinco, siete,
nueve y once. El error de formar un número par, que fue la violación
del principio Pitagórico en los números impares por ser el símbolo de
la perfección, fue corregido en los escritos de Hemming, y adoptado en
la unión de las dos Grandes Logias de Inglaterra, suprimiendo el número
once, el que era también inadmisible por presentar un carácter de
origen sectario en toda su interpretación.
En Estados Unidos de América el número fue reducido todavía más, hasta
el número de quince, dividido en tres, series de tres, cinco y siete.
Se podrá adoptar esta división Americana en la explicación del
simbolismo; pues, después de todo, el número particular de las gradas,
o el método peculiar de su división en series, no afectará de ningún
modo el simbolismo general de toda la leyenda.
El candidato, en el segundo grado de la Masonería, representa al hombre
que emprende el viaje de la vida, con el propósito ante todo, de su
mejoramiento, lo que debe considerarse como lo más trascendente de su
condición masónica. Para la ejecución fiel de esta obligación, hay una
recompensa, que consiste en el desarrollo de todas sus facultades
intelectuales, es decir, la elevación moral y espiritual de su
carácter, y la adquisición de la verdad y la ciencia.
Además, la adquisición moral e intelectual de esta condición, se supone
que también es la elevación del carácter, el cambio de una vida
inferior a una superior, y el encuentro y realización de las
dificultades y trabajos, por medio de una instrucción elemental, hasta
el logro del conocimiento fecundo de la ciencia.
Esto se simboliza admirablemente por medio de la escalera de caracol,
en cuyo descanso permanece el neófito dispuesto a ascender la escarpada
y penosa pendiente, encontrando en su cima "ese jeroglífico radiante
que nadie, sino solo el Artífice, ha contemplado jamás," como el
emblema de la verdad divina. Y en esto, ha dicho un escritor
distinguido que "las gradas, lo mismo que todos los símbolos Masónicos,
son ilustrativos de la disciplina y la doctrina, así como de las
ciencias naturales, las matemáticas y metafísicas y por lo mismo, nos
proporcionan un espacio inmenso para la investigación moral y
especulativa."
El candidato, estimulado por el amor de la virtud y el deseo del
conocimiento, y por otra parte, ansioso de lograr la recompensa de la
verdad que se encuentra a un paso de él, comienza desde luego el penoso
ascenso. A cada paso, se detiene con el fin de adquirir instrucción del
simbolismo que presentan a su vista estas divisiones, y el que llama su
atención.
La primera vez que interrumpe su marcha, se le instruye en la
organización singular de la Orden, de la que se ha convertido en su
discípulo. Pero la información que adquiere esta vez, si la comprende
en su sentido literal, simple y sin disfraz, es infructífera, e indigna
de su labor. La posición de los funcionarios que gobiernan, y los
nombres de los grados que constituyen la Institución, no pueden
proporcionarle ningún conocimiento que no ha sido antes del dominio de
él. Por lo mismo, debemos considerar la significación simbólica de
estas alusiones, para cualquier valor que pueda atribuirse a esta parte
de la ceremonia.
La referencia a la organización de la Institución Masónica se designa
con el fin de recordar al aspirante la inserción del hombre en la
sociedad, y el desarrollo del estado social que proviene de la grandeza
y poder de la naturaleza. De este modo se le recuerda entonces, al
principio de su tránsito, de los beneficios que resultan con la
civilización, y de los frutos de virtud y ciencia que se obtienen de
esa condición. La Masonería misma es el resultado de la civilización;
por cuya razón, su existencia ha sido uno de los medios más importantes
de diseminar esa condición con el género humano.
Todos los monumentos de la antigüedad que aun se conservan a pesar de
la destrucción del tiempo, contribuyen como prueba evidente de que el
hombre, tan pronto como saliese del estado salvaje, comenzó con la
organización de los misterios religiosos, y como movido por un instinto
divino, determinó la separación de las cosas sagradas de las profanas.
En el estado de civilización, surgió la invención de la arquitectura
como el medio de proveer las habitaciones convenientes y necesarias
para la protección contra las inclemencias de los elementos, y
variación de las estaciones, así como el conocimiento de todas las
artes y sus relaciones con la mecánica; y finalmente la geometría, como
la ciencia necesaria para facilitar a los que cultivaron la tierra, los
medios de medir y determinar los límites de sus posesiones.
Todas estas cosas se determinan como las características peculiares de
una Masonería Ideal, sin embargo, pueden muy bien considerarse como
representativas de la civilización, las primeras tienen la misma
relación para el mundo profano, del mismo modo que las últimas para el
estado salvaje. Y como es natural, vemos la propiedad y resultado del
simbolismo, comenzando por el progreso del aspirante, que asciende
rápidamente en el cultivo de la ciencia y la investigación de la
verdad. Tales circunstancias crean en su mente el entendimiento real de
esa condición para la civilización y unión social con la humanidad,
como preparación necesarias para obtener estos fines.
Al aludir a los dignatarios de la Logia, así como a los grados de la
Masonería como elementos explicativos de la organización de nuestra
sociedad, delineamos en nuestro lenguaje simbólico la historia de la
organización de la sociedad.
Después, el candidato, al mismo tiempo que adelanta en sus estudios, se
le invita a contemplar otra serie de instrucciones. Los sentidos
humanos, como son los conductores más apropiados, y por los cuales
recibimos nuestras ideas y todas nuestras impresiones, así como la
percepción, y los cuales, por la misma razón, constituyen las fuentes
más importantes de nuestro entendimiento, se refieren en este caso como
el símbolo del desarrollo intelectual. La arquitectura, como una de las
artes más importantes que proporcionan el bienestar de la humanidad, se
alude también en este caso, no solamente por razón de estar sumamente
relacionada con la institución práctica de la Masonería, sino también
como la representante de todas las artes útiles. Al detenerse por
segunda vez, en el 'ascenso de la escalera de caracol, se le recuerda
al aspirante la necesidad de cultivar conocimientos prácticos.
Después, las instrucciones que ha recibido hasta entonces, se refieren
a su condición en la sociedad, como miembro de ese gran convenio
social, así como los medios de llegar a ser, por medio del conocimiento
de las artes de la vida práctica, un miembro necesario y útil para la
sociedad.
Su lema será el de alcanzar el lugar "Excelso." Debe proseguir y
continuar hacia adelante. Las gradas permanecen aun ante su vista; no
se ha llegado aun a la cima, y por lo mismo quedan aun cúmulos de
conocimiento que deben investigarse, pues de lo contrario no se
obtendrá la recompensa, ni jamás podrá llegar hasta la cámara del
medio, que es el sitio donde creemos que se encuentra la verdad.
En su tercera pausa, llega al fin, al punto en donde se le explica el
sistema entero de la ciencia humana. Los símbolos, como sabemos, son de
por si arbitrarios y de significación convencional. El conocimiento
absoluto de la ciencia humana, podría muy bien simbolizarse de la misma
manera, por medio de otros signos o serie de doctrinas, del mismo modo
que lo hace por medio de las siete artes y ciencias liberales.
Pero la Masonería es la institución más antigua del mundo; y esta
selección de las artes y ciencias liberales como símbolo de la
realización de la sabiduría humana, es una de las evidencias más
fecundas que tenemos de su antigüedad.
Durante el siglo VII, y luego por largo tiempo, todo lo que constituía
la instrucción, a la que se limitaba la enseñanza de los colegios más
eminentes y de los más distinguidos filósofos, se componía de lo que se
llamaba entonces las ciencias y artes liberales, consistía de dos
ramas, el trivium y el quadrivium. El trivium incluía la gramática,
retórica y lógica; el quadrivium comprendía la aritmética, geometría,
música y la astronomía.
"Estas siete eminencias," dice Enfield, se suponía que constituyan toda
la ciencia universal. Aquél que era experto en estas materias, era de
suponérsele que no necesitaba instructor alguno que le explicase alguno
de los libros, o que resolviese cualquiera cuestión que estuviese
comprendida dentro de los limites de la razón humana; y en
consecuencia, el conocimiento del trivium le proporcionaba la clave de
todos los conocimientos y el lenguaje, a la vez que el quadrivium, le
revelaba manifiestamente las leyes secretas de la naturaleza."
En la época, dice el mismo escritor, en que había muy pocos instruidos
en el trivium, y que muy pocos estudiaban el quadrivium, para ser
maestros de ambas era suficiente completar el carácter de filósofo. Por
consiguiente, la conveniencia de adoptar las siete artes y ciencias
liberales como el símbolo de la realización de los conocimientos
humanos, es aparente. El candidato, habiendo llegado a este punto, se
supone que ha realizado efectivamente la empresa a que había dado
principio, y que habiendo alcanzado el último escalón, se encuentra
ahora expedito para aceptar la fertilidad completa de los conocimientos
humanos.
Por consiguiente, ya nos hemos enterado, hasta donde ha sido posible de
la verdadera significación del simbolismo de la escalera de caracol.
Esta, representa el progreso de una inteligencia investigadora, con las
penalidades y trabajos del cultivo intelectual y del estudio, así como
la adquisición preparatoria de toda la ciencia humana, que es como el
paso preliminar hacia la adquisición de la verdad divina, la cual, debe
recordarse siempre, se simboliza en la Masonería por la Palabra.
Hagamos alusión a al simbolismo de los números, el que ha sido
presentado por primera vez a la consideración del discípulo Masón en la
leyenda de las escaleras de caracol. La teoría de los números, así como
los símbolos de ciertas cualidades, fueron tomados originalmente por
los Masones, de la escuela de Pitágoras. Por lo mismo, será imposible
desarrollar esta doctrina, en su entera magnitud, porque el simbolismo
numérico de la Masonería constituiría en si, materiales para un amplio
estudio.
Será suficiente advertir el hecho, de que, el número total de las
gradas, que en el sistema Americano, consta por todo de quince, es un
símbolo significativo. Porque, el número quince era el número sagrado
entre los Orientales, por la razón de que las letras del nombre sagrado
JAH, se encontraban en su valor numérico, equivalente al número quince;
y de aquí proviene la cantidad y figura en que se encuentran los nueve
dígitos, combinados de tal manera, que hace la cantidad de quince, ya
sea que se agreguen entre si, perpendicular, horizontal o
diagonalmente, y constituía uno de sus más sagrados talismanes. Así es
que, las quince gradas que se encuentran en la escalera de caracol son
simbólicos del nombre de Dios.
Pero no es eso todo. Recordemos que se prometió una recompensa por todo
este penoso ascenso de la escalera de caracol. Pues, bien, ¿Cuál es el
jornal del Masón Especulativo? No es el dinero, no es el maíz, no es el
vino, ni tampoco el aceite.. Todas estas cosas son, únicamente
símbolos. Su jornal constituye la Verdad, es decir, la aproximación a
ella, la cual será la más conveniente al grado en el que ha sido
iniciado.
Es uno de los simbolismos más hermosos, pero al mismo tiempo el de sus
doctrinas más abstrusas de la ciencia del simbolismo Masónico en las
que el Masón debe investigar siempre la verdad, pero que no podrá
encontrar jamás. Pues esta verdad divina, que es el objeto de todas sus
labores, se simboliza por la palabra, por la cual todos sabemos que
puede obtener únicamente un substituto; y ésta, está designada para
enseñar la lección necesaria, aunque humillante, de que el conocimiento
de la naturaleza de Dios, y la relación del hombre hacia él, cuyo
conocimiento constituye la verdad divina, nunca podrá adquirirse en
esta vida.
Solamente cuando los portales de la tumba se abren ante nosotros y nos
permiten entrar a una vida más perfecta, es cuando obtenemos ese
conocimiento. "Feliz el hombre," dice el padre del poema lírico, "que
desciende a esta oquedad de la tierra, habiendo contemplado estos
misterios; porque conoce el fin, y conoce el origen de la vida."
Es entonces como símbolo, y como símbolo únicamente, es como debemos
estudiar esta hermosa leyenda de la escalera de caracol. Si tratamos de
adoptarla como hecho histórico, la absurdidad de sus detalles nos
causaría asombro, o los juzgaríamos como una bobería, que era objeto de
nuestra contemplación, y los hombres sabios se fijarían en nosotros y
nos mirarían con desdén y conmiseración, ante nuestra credulidad. Así
es que sus inventores no tuvieron el más mínimo deseo de imponérnosla
como una satisfacción a nuestras extravagancias, sino al contrario, nos
la ofrecieron como un gran mito filosófico; ellos no supusieron por un
momento, que nosotros pasaríamos desapercibidas sus enseñanzas morales
y sublimes, para aceptar la alegoría como una narración histórica sin
significación, irreconciliable enteramente con los datos de las
Escrituras, y opuesta por todos los principios de la probabilidad.
El suponer, por ejemplo que ochenta mil trabajadores se pagaban
semanalmente dentro de los precintos limitados de las cámaras del
Templo, es simplemente suponer una absurdidad. Pero el creer que toda
esta representación pintoresca del ascenso por la escala de caracol
hasta el lugar en donde se reciben las remuneraciones por los trabajos,
era la alegría que nos enseña el ascenso de la inteligencia del lugar
de la ignorancia. No cabe duda que por medio de todas las penalidades
del estudio y las dificultades para lograr ese conocimiento, recibiendo
un poco aquí y más allá otro poco, almacenando siempre algo en la
acumulación de nuestros conocimientos e ideas a cada paso que nos es
dado avanzar, hasta que, en la cámara del medio de la vida, --en la
plenitud perfecta de la virilidad-- se obtiene la recompensa. Y la
inteligencia purificada y elevada se reviste con la recompensa de la
instrucción de la manera de buscar a Dios y la verdad de Dios; o lo que
es lo mismo, creer esto es creer y conocer el verdadero designio de la
Masonería Ideal, cuyo único designio la hace digno de los buenos o del
estudio de los sabios.
Tengamos en cuenta, en esta leyenda de la escalera de caracol, que si
bien sus detalles históricos son estériles, sus símbolos y alegorías
son fértiles y de instrucción fecunda.
Para concluir QQ.·. HH.·. Os invito a ascender por la Escalera de
Caracol en búsqueda de la Fuerza, la Belleza y el Candor, prosigamos
para obtener la Inteligencia, Rectitud, Valor, Prudencia y la
Filantropía; y continuemos nuestro ascenso en búsqueda del conocimiento
de la Gramática, la Retórica, la Lógica, la Aritmética, la Geometría,
la Música y la Astronomía.

Es cuanto,