viernes, 8 de enero de 2016

Carta de un grado 33º a un Aprendiz


Carta de un grado 33º a un Aprendiz

Q:. H:. Aprendiz.,

Me pide usted unas cuantas palabras con ocasión de su ingreso a la Masonería hace unos días, y aunque he querido contestarle rápidamente no me ha sido fácil hacerlo.

La razón de esta demora, radica en que el método que practica la Orden es rico en cauces, y no es sencillo elaborar un instructivo Masónico al estilo de la “Guía para la Vida”, de Bart Simpson, como sería mi deseo.

Sin embargo, creo que debo comenzar diciéndole que en lo personal me alegra la llegada a la Masonería de jóvenes de mentes abiertas. Seguramente, acostumbrados a la vida académica, y diestros en los nuevos adelantos tecnológicos de la sociedad de la información (Internet, Escáner, Video Bean, wi–fi, celular, megapixel, e– mail, i-Pod, i-Pac, DVD, Mp3, Palm, space, chat, USB, Pocket PC, bytes, mouse, blogs, vlogs, podcast, spyware, adware, etc.).

Por lo tanto, no son ustedes ciudadanos que ingresan a la Masonería con los escasos conocimientos con que lo hacíamos nosotros cuando no existían las computadoras. Muy por el contrario, se trata de personas que, antes de tocar nuestras puertas, pudieron investigar en la Internet, en compañía de sus allegados, quienes somos los Masones, quienes hemos sido, que hacemos, que dicen de nosotros nuestros simpatizantes y que afirman nuestros malquerientes.

Naturalmente, esto nos crea el reto, frente a ustedes, nuevos compañeros de ruta, de estar permanentemente actualizándonos acerca de las nuevas corrientes de opinión y práctica de la Masonería en una época que se llama a si misma la de la información. Es decir, que estamos obligados, por imperativo de los tiempos que corren, a asumir simultáneamente el rol de heraldos del progreso y guardianes de la tradición. Y eso no es fácil.

La buena noticia, es que la experiencia ha demostrado que de estos diálogos intergeneracionales la Masonería siempre emerge ratificando un rol muy afín con la construcción de un mundo más humano y más sensible al dolor ajeno que el que encontró. Un mundo más respetuoso de la diferencia y la heterogeneidad.

Del mismo modo entiendo, que jóvenes como usted, que han optado por dedicar su tiempo a la Masonería, se respetan a sí mismos, y también respetan a aquellas personas que han escogido para ejecutar un proyecto común, y con quienes obligatoriamente están analizando esta nueva distracción de la vida familiar, así como su lugar en la vida de pareja.

Y si para ello, usted cancela una suma mensual de dinero que fácilmente podría dedicar al disfrute de un buen libro, de un partido de fútbol, a oír música de su gusto, charlar con su pareja, comer una rica pizza (doble queso con piña, pollo y champiñones), o a degustar un excelente congrio con un cabernet, en inmejorable compañía, o a cultivar con devoción un pecado capital, eso me impone el máximo respeto por su presencia entre nosotros.

Sentado esto, créame, Q:. H:., cuando le digo, que la promesa que le hace la Masonería consiste en brindarle la posibilidad de dialogar sin intermediarios con usted mismo, de confrontarse, y de elaborar en consecuencia un argumento propio para incorporarlo a su biografía personal. Es este el real carácter instrumental de los muchos textos y psicodramas que conocerá entre nosotros. Es el “atrévete a pensar” que Kant (otro Masón como usted) escribió en el frente de su casa.

La Masonería además le ofrece una catarsis. Es decir, en palabras del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una “purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones provocada por el arte”. En nuestro caso, por el “Arte Real” de la construcción de nosotros mismos y del de la construcción de la sociedad en que vivimos.

La Iniciación por la que acaba de pasar, en palabras de René Guenon (un escritor Masón francés), no es más que “la transmisión de una influencia intelectual”. Y en esta, como en cualquier otra transmisión, para que sea funcional se requiere un emisor idóneo (la Masonería), un receptor idóneo (usted) y un medio idóneo (lo llamamos Rito). Es decir, que nuestros modos le imponen a usted mismo un gran peso en su construcción particular, y no es caprichoso el diseño puesto que solo usted conoce la exacta configuración del terreno en donde habrá de levantarse su edificio.

La Orden Masónica cuenta, y ha contado siempre, con muchas formas y estilos de decirle a sus adeptos: “se tú mismo”, “lo que tú haces te hace”, “supérate”, “valora el honor, el saber y la virtud”, “estudia”, “lucha contra la ignorancia y la ambición”, “no te dejes llevar por el brillo de los metales”, etc. Cualquiera que sea nuestra forma personal de transmitirlo, usted no pierda de vista el mensaje central.

No espere, ni busque, ni practique entre nosotros, proselitismos ideológicos, políticos, metafísicos, o de cualquier otra índole, por que estas corrientes de pensamiento corresponden a otros espacios más específicos de adoctrinamiento. No obstante, debemos reconocer que todas esas corrientes de opinión son legítimas en una sociedad plural, a cuya pluralidad debemos incorporarnos con respeto. “He ahí el detalle”, diría Mario Moreno, Cantinflas (otro Masón extraordinario).

Q:. H:. Aprendiz,

Al iniciar usted ahora el método de construcción personal que ofrece la Masonería, mi invitación cardinal es al estudio. Hago votos por que las expectativas que lo llevaron a tocar nuestras puertas sean colmadas a entera satisfacción, y por que tenga una vida Masónica muy placentera.

Bienvenido y mil éxitos.

Rey Salomón