lunes, 22 de febrero de 2016

¿QUE ES LA FRANCMASONERÍA PRIMITIVA?


¿QUE ES LA FRANCMASONERÍA PRIMITIVA?
FREIRE CHARLES POMPIER
LEONARDO DE VINCI Y LA FUNDACIÓN DE LA ACADEMIA DE MILÁN.
Al fracasar la gestión de fundar la Academia de Florencia, los tres promotores de la idea, Toscanelli, Vespucio y Vinci, pensaron en la necesidad de trasladarse a otro Estado que no estuviera sometido a la influencia del Vaticano, para realizar allí sus propósitos. Coincidía este pensamiento con la circunstancia de que Ludovico Sforza, duque de Milán, necesitaba hombres preparados técnicamente, no sólo para realizar obras de ingeniería civil, necesarias para el progreso del Milanesado, sino también obras de carácter militar que fortalecieran su Estado frente a las amenazas de los franceses y del Vaticano, que aspiraban a dominarlo. Toscanelli, a petición de Moro, había recomendado a Leonardo, en el año de 1473, como hombre capaz de llevar a cabo los deseos del gobernante milanés. Toscanelli murió en 1479, pero su recomendación no fue olvidada por Sforza, que en 1482 invitó a Leonardo a trasladarse a Milán, oportunidad que fue aprovechada por éste, puesto que favorecía los propósitos a que antes hemos aludido.
Ludovico Sforza, que conocía perfectamente las aptitudes de Leonardo, condensadas en una carta que éste le había enviado al entrar a su servicio, le encomendó la realización de una serie de obras de ingeniería civil y militar, encargándole, además, diferentes trabajos de carácter artístico de pintura y escultura. Le autorizó por otra parte, a fundar una Academia de Arquitectura, que tendría por objeto preparar técnica y científicamente a la juventud milanesa, deseosa de adquirir conocimientos superiores, para ponerlos al servicio del Estado.
Conviene destacar algunos rasgos de la vida de Leonardo, que influyeron poderosamente en la formación de su carácter y de su ideología, despertaron en él el amor a la Ciencia y al Arte y lo convirtieron en el sabio y artista más celebre de la época, a quien cupo el honor de ser el fundador de la Masonería Moderna, a sea la Francmasonería.
Hijo natural de un joven notario rural, Pedro de Vinci y de una campesina del valle del Arno, de 16 años de edad, fue separado desde muy pequeño de su madre y recogido por su abuelo paterno, descendiente de gibelinos, que se preocupó por su primera educación. Creció, por lo tanto, libre de la nociva influencia de los frailes, cuya labor educativa consiste principalmente en infundir temores a la juventud, hablándole de un Dios que todo lo gobierna, y castiga al hombre en esta vida y en la otra; de esto surge una preocupación por la salvación individual, que incapacita para desarrollar plenamente la personalidad en relación con las necesidades de la sociedad, la que exige un espíritu de colaboración, para alcanzar fines humanitarios y reales de esta vida. Su crecimiento, en contacto constante con la Naturaleza, favoreció el desarrollo de su inteligencia excepcional y sus dotes de artista, El padre, admirado de sus dibujos, lo mandó en 1470 al estudio del notable pintor, escultor y orfebre florentino, Andrea de Verrochio, taller-escuela laico del que salieron muchos hombres progresistas notables de la época. Los talleres o “bottegas” florentinos eran a la vez centros de trabajo y de enseñanza en general. En el de Andrea de Verrochio aprendió Leonardo, no solamente las Artes, sino también las matemáticas y nociones de historia natural. Como este centro de enseñanza era frecuentado por sabios y artistas que estimaban al maestro, fue el vehículo que puso en contacto a Leonardo con hombres como Alberti, Toscanelli y otros, que posteriormente le sirvieron para ampliar sus conocimientos superiores en diferentes materias, ya que Tosccanelli por ejemplo, era el conservador de la biblioteca de Niccolo de Niccoli, fuente de información científica, no solamente de los hombres del partido gibelino y de los Gremios de las siete Artes principales que ayudaron a formarla, sino, también , de los investigadores de otras ciudades-estados que acudían a Florencia para visitarla.
Leonardo asimiló tan rápidamente las enseñanzas de su maestro, que a los 2 años fue admitido en el Gremios de los pintores florentino, perteneciente a la Masonería operativa.
Se dice que Verrochio, admirado de la inteligencia de su alumno, lo tomó de modelo para su célebre estatua que representa a David y que simboliza el triunfo de la Inteligencia sobre la fuerza bruta del gigante Goliat. Algunos biógrafos afirman que Leonardo se dedico con tal afán al cultivo de las ciencias, que experimentó en detrimento de sus facultades como artista. En efecto fue un enciclopedista que estudió e investigó con bastante profundidad todas las ramas de las ciencias de entonces: las matemáticas, la mecánica, la geología, la astronomía, la química, la hidráulica, la óptica, la perspectiva, etc., etc. Inventó numerosos aparatos y fue precursor de otros inventos posteriores, distinguiéndose como arquitecto o ingeniero civil y militar, y como inventor de máquinas de guerra. Es interesante subrayar, sobre todo, su espíritu investigador racionalista, que lo hacía emplear el método experimental como único medio de conocer la verdad, que implicaba una concepción del Universo sometido a leyes naturales, que él trataba de descubrir.
Al terminar el año de 1477, Leonardo abandonó el taller de su maestro, dedicándose a realizar trabajos por su cuenta y al estudio y la investigación científica. En esta misma poca principia su vida política, que no era del agrado de los Médicis, los que manifestaron su desprecio hacia Leonardo, calificándolo de “maestro de baja alcurnia”, tanto por su nacimiento como por su ideología progresista. Esto motivó que en 1482 aceptara la invitación de Ludovico Sforza, a que hemos hecho referencia anteriormente.
Al fundar la Academia de Arquitectura, que respondía a la vieja idea concebida por él, en unión con Toscanelli y Vespucio, reunió en su plantel, para la enseñanza superior y netamente laica, a todos sus amigos que se distinguían por sus conocimientos en alguna materia, como eran Américo Vespucio, Marco Antonio de la Torre, Luca Paccioli, etc. También atrajo a su Academia a sus amigos florentinos en calidad de alumnos, formando con los milaneses un grupo, del que se destacaron Francisco Melzi, Cézar Cesto, Bernardo Lovino, Andrea Salaino, Marco Vegioni, Antonio Boltrafio, Paulo Lomazo y muchos más artistas conocidos, algunos de los cuales acompañaron posteriormente a Leonardo cuando se trasladó a París, invitado por Francisco I. EL fundador de la Academia había reunido en trece manuscritos las enseñanzas que él impartía a sus alumnos, muchos de los cuales, desgraciadamente no llegaron a nosotros, en algunos casos por culpa del clero. Leonardo hacía compatible sus labores como profesor de la Academia, con sus trabajos de ingeniería y obras de carácter artístico, como fueron la estatua ecuestre de Sforza, la Cena de Jesús y los Apóstoles, y muchas otras que le hicieron célebre como artista. La Academia de Arquitectura comenzó a decaer debido a los acontecimientos políticos y a la caída del Milanesado en poder de los franceses; pero su ejemplo fue seguido en toda Italia, donde se fundaron otras Academias con diferentes nombres: Ciencias, de Sabios, de Arquitectura, etc., que encubrían su verdadera esencia de organización de la Masonería especulativa.
Cuando los franceses entraron en Milán y conocieron la obra de Leonardo, tanto en ingeniería y arquitectura, como en pintura, comprendieron que se trataba de un genios, por lo que le profesaron su admiración.. Por aquellas fechas se paralizaron los trabajos dirigidos por Vinci, que se traslada de nuevo a Florencia, donde continúa su labor artística y científica concurriendo a la Academia fundada por Rostici, Sancobino, Franciavigio, Andrea del Sarto, el músico Alolle y quizá Rafael, al estilo de la de Milán. Hizo diversas obras de ingeniería por encargo de César Borgia; volvió a Milán con Charles d’Amboise; regresó a Florencia y visitó Roma con ocasión del pontificado de León X, donde su enemigo Miguel Ángel lo hostilizaba constantemente con sus intrigas. Por Ultimo Francisco I de Francia, que admiraba tanto su labor y que había pretendido trasladar a Paría el muro donde Leonardo había pintado la Cena, lo invitó a su Corte, a la que se trasladó en unión de un grupo de artistas y discípulos en 1516. Vivió en la mansión de Cloux de Amboise y murió en 1519.
SITUACIÓN EUROPEA A PARTIR DEL AÑO DE 1500.
Desde los comienzos del siglo XIV, las Ciudades-Estados italianas perdieron su preponderancia, que se fue concentrando poco a poco en manos de los papas, aspirantes al dominio universal, formando un gran Estado bajo su poder, que disputaba a los reyes de España, Francia e Inglaterra la hegemonía Europea. Pero al norte de los Alpes se acentúa, precisamente en esta época, la pugna incubada durante siglos entre la libertad y la servidumbre. Las luchas sociales y religiosas por la libertad, que desde 1348 habían sido brutalmente sofocadas con descuartizamientos, enterramientos en vida, etc., se reproducen ahora con la bandera de la herejía y un nuevo concepto del cristianismo, que se abría paso frente a la corrompida Iglesia romana.
En Alemania, las ciudades como Ulm, Ausburgo, Nüremberg y otras, se hacen más ricas, pero al mismo tiempo se acentúa la pobreza y servidumbre de los campesinos y mineros, que se agrupaban conjuntamente con los herejes en sociedades secretas, para combatir a la nobleza y a la Iglesia con sangrientas guerras. Alemania absorbe en esta época todos los fermentos revolucionarios que habían perdido su vigor en Italia, y se rebela decisivamente contra el poder temporal y espíritu del papado. Toda Europa es ahora invadida por el espíritu de la técnica, la imprenta, con su enorme poder de divulgación, agrupa también a los artesanos y burgueses, que encarnaban el espíritu progresista, con los humanistas y sabios.
Prende, pues, al norte de los Alpes el espíritu renacentista que analizamos detalladamente en el caso de Italia y Florencia durante el siglo anterior; pero en el panorama europeo existían, a partir del año 1500, nuevos factores que hacían más universales las pugnas, los intereses y, por lo tanto, las luchas entabladas entre la Europa medieval y el Renacimiento. Existía ahora el Estado absolutista, con un concepto del poder y de la soberanía frente a otros Estados, que en relación con las pugnas religiosas y las pretensiones de la formación de una monarquía universal, originó las grandes guerras que asolaron a Europa en esta siglo, en el que ya no existía la amenaza seria de los turcos que había unido a los países europeos en épocas anteriores.
El Estado moderno, por su extensión en relación con las pequeñas Ciudades-Estados, exigía ahora una organización mucho más amplia, que comprendía las finanzas, la justicia, el correo, la marina y el ejército; las comunicaciones, carreteras, puentes, etc. Esto requería el concurso de la técnica para su gobierno, razón por la cual los reyes y príncipes procuraban rodearse de gente de saber y de especialistas en diversas materias, que, naturalmente, desplazaban a los frailes y curas que tradicionalmente desempeñaban los cargos de consejeros en las cortes.
Ahora bien, como la Iglesia nunca toleró un poder secular superior al suyo, intrigaba con los reyes Carlos V. Francisco I y Enrique VIII, a fin de arrastrarlos a la guerra y debilitarlos, posibilitando así el triunfo de su propia causa. La Iglesia, en una palabra, alarmada por el progreso de las herejías y por la constante merma de su autoridad ante los pueblos y los príncipes, prepara su revancha organizando la feroz contrarreforma, con la que, a partir del Concilio de Trento (1545-1563), trató de liquidar a sus enemigos artesanos, sabios, artistas, etc., y establecer su control de las cortes, sustituyéndolos con los “ilustrados jesuitas”, autores intelectuales de la nueva forma de la Inquisición, dirigida por el llamado “Tribunal Supremo” del Santo Oficio.
Cuando Leonardo de Vinci se trasladó a París con un grupo de amigos artistas italianos pertenecientes a las agrupaciones de la Academia de Milán, se encontró con una Francia en la que se entremezclaban diversas corrientes contrapuestas: por una parte, la corriente técnico-científica que exigía el interés del naciente capitalismo y del estado moderno, que unida a la humanista y a la de Reforma, se oponía a la Contrarreforma, representada por la Sorbona, en la que dominaban los teólogos, enemigos de todo progreso. Francisco I y su hermana Margarita protegían a los artistas, poetas, humanistas y hombres de ciencia; pero este rey liberal tenía que estar supeditado a la política papal, para buscar su apoyo frente a Carlos V, siendo ésta la causa de que dejase las manos libres a la Sorbona en su tarea de eliminar con la hoguera a sus enemigos, en muchos casos los protegidos del propio rey.
Así pues, tenía en Francia plena actualidad la lucha entablada por los Masones progresistas florentinos, según el plan que habían formulado Toscanelli, Vespucio y Vinci.
FORMACIÓN DE LA FRANCMASONERÍA FRANCESA.
A su llegada a París, Leonardo se puso en relación con los intelectuales y artistas franceses, que con los florentinos y milaneses que habían llegado con él desde Italia, formaron en 1517 la primera agrupación de la Francmasonería francesa, al estilo de la de Milán y con los fines que se habían propuesto los organizadores de aquélla. Esta agrupación, por primera vez tomó el nombre de “Logia Francmasónica”. Tal denominación significa “lugar donde se reúnen hombres liberales, para expresar libremente su pensamiento como constructores”, toda vez que logia, derivada de la voz griega “logos”, indica el lugar donde se discute; masón significa albañil o constructor, y la partícula “franc”, antepuesta a un sustantivo, significa en francés, libre o liberal. La denominación de “Logia Francmasónica” se daba a las agrupaciones secretas de los francmasones, que para actuar públicamente en relación de sus fines de enseñanza superior, lo hacían bajo el nombre de “Colegio Francés”, constituido con autorización del Francisco I. La denominación de “Colegio”, elegida por los francmasones franceses, en lugar de Academia tenía un significado más preciso que esta última palabra, toda vez que no significa solamente el lugar donde se imparte enseñanza, sino que indica que los agrupados están coaligados o unidos por algo que les es común, y que en este caso eran precisamente sus propósitos de lucha progresista.
Leonardo organizó y dirigió los trabajos de esta agrupación hasta su muerte, acaecida en el año de 1519. El había cimentado sólidamente las bases de la naciente Francmasonería y, por lo tanto, su muerte no significó el fin de la misma, pues sus colaboradores y discípulos continuaron la labor iniciada por el maestro, fortaleciendo la agrupación, que llegó a reunir en su seno, en los primeros años de su existencia, hombres de valía y prestigio, como lo fueron Francisco Melzi, Andrea del Sarto, Juan Rozzo, Primaticio y Juan Cousín, entre los pintores; Benvenuto Cellini, German Pitou, Juan Goujou, Pedro Bontemps, entre los escultores; Filiberto Delorme, Juan Lescot, entre los arquitectos; Guillermo Pelicer, Pedro Danés, Jorge Lelve, entre los escritores; Julio César Escalígero, José Justo Escalígero, Roberto Etienne, Juan Andrés Lascaris, Guillermo Budee, Miguel Servet, entre los hombres de ciencia.
La característica principal de la labor francmasónica francesa que seguía la orientación de la Academia de Arquitectura de Milán. consistía en que sus componentes no se conformaban con clasificar el saber adquirido, sino que se dedicaban a la observación directa de los fenómenos de la Naturaleza y a la experimentación, con el fin de poder encontrar las leyes por las que se rige, siguiendo así el método aceptado desde entonces como método científico.
Los francmasones franceses fueron los primeros en precisar la forma de organización y los objetivos ideológicos que debían regir las agrupaciones de la Francmasonería Universal, y que diferenciaba radicalmente a estas agrupaciones progresistas de otras muchas que se fundaban por iniciativa o inspiración del clero, para oponerlas tanto a las agrupaciones de la Masonería operativa libre, como a las que seguían la corriente científico naturalista de entonces.
Estos principios básicos de organización y fines ideológicos fueron formulados y aprobados como Constitución de la Francmasonería Universal, en una Asamblea General de los francmasones franceses que se reunió en París en el año de 1523, o sea, cuatro años después de la muerte de Leonardo. Esta Constitución de la primitiva Francmasonería, formulada dos siglos antes de la Seudo masonería inglesa de Anderson, es la siguiente:
PRINCIPIOS BÁSICOS CONSTITUTIVOS DE LA FRANCMASONERÍA UNIVERSAL APROBADOS EN LA ASAMBLEA GENERAL DE LOS FRANCMASONES QUE SE REUNIÓ EN PARÍS EN EL AÑO DE 1523.
De la Logia Francmasónica y sus miembros:
1. Siete o más Francmasones, debidamente capacitados, reunidos bajo la bóveda celeste, a cubierto de la indiscreción profana, para discutir y resolver libremente, por mayoría de votos, los asuntos que les interesen colectivamente, forman una Logia Francmasónica, similar a las de la Masonería operativa.
2. Los trabajos en Logia se verifican durante las horas libres de ocupación de los reunidos, y de preferencia entre el medio día y la media noche, bajo la dirección de un Maestro Aprobado (Presidente y dos Celadores, también Aprobados (vicepresidentes). Las reuniones se efectúan ante los útiles de trabajo conocidos, colocados en el Ara del Medio en la forma acostumbrada, estando resguardada la entrada al recinto de la reunión por un Guardián seguro y resuelto y un Experto retejador de los visitantes. Todos los que desempeñan cargos son elegidos por mayoría de votos de los Francmasones reunidos, sea para una Asamblea o para un período determinado por ellos.
3. Los Francmasones reunidos en Logia, de acuerdo con las reglas y costumbres conocidas desde tiempos muy antiguos, pueden, previa averiguación respecto a los candidatos, iniciar a los profanos en los Misterios (Secretos) de la Francmasonería y examinar a los Aprendices y Compañeros para elevarlos a los grados de capacitación superiores inmediatos, tomando de ellos la promesa de fidelidad en la forma acostumbrada, ante los útiles simbólicos del Trabajo y de Ciencia y comunicándoles los signos, los toques y las palabras secretas de reconocimiento y de socorro, universales entre los francmasones.
4. Es costumbre antigua, firme e inviolable, no admitir como francmasones a sus enemigos naturales que son: los clérigos de las religiones, los poseedores de títulos y privilegios de las castas de la nobleza y los hombres que tienen convicciones contrarias a los principios básicos de la Francmasonería, salvo en los casos de rebeldía de éstos contra la ideología de los grupos mencionados.
5. No se admiten como Francmasones los esclavos, los menores de edad y los incapacitados física y mentalmente.
6. Unión, Solidaridad y Cooperación son los principios de la organización interna de la Francmasonería Universal.
7. La inclinación al estudio y trabajo, la vida y costumbres sanas y normales, el comportamiento decoroso, el trato fraternal entre los asociados a la Francmasonería, la preocupación constante por el progreso y bienestar del género humano y su propia perfección, son distintivos de un buen Francmasón.
8. Para poseer los derechos completos del Francmasón dentro de las agrupaciones y dentro el pueblo masónico en general, es indispensable e imprescindible escalar los tres grados de capacitación de Aprendiz, de Compañero y de Maestro, y conocer en esencia la Leyenda no alterada de la Masonería Antigua respecto la Construcción del Templo de Salomón; contribuir económicamente para el sostenimiento de sus agrupaciones; asistir regularmente a los trabajos de Logia; Preocuparse por los hermanos enfermos, perseguidos o caídos en desgracia y por sus familiares; ayudar a los hermanos viajeros y no abusar de la confianza de nadie.
9. Son derechos esenciales de un Francmasón: a) voz y voto en Logia y en la Asamblea General (Gran Logia) de los Maestros Masones; b) elegir y ser elegido para todos los cargos dentro de sus agrupaciones; c) pedir la revisión de los acuerdos tomados en Logia ante la Asamblea General de los Maestros Masones; d) exigir en Logia la responsabilidad de los elegidos en el desempeño de sus cargos; e) pedir justicia francmasónica en casos de conflictos entre los asociados a las Logias afines; f) formar triángulos y estrella para trabajar masónicamente en los lugares donde no es posible reunirse en Logia por causas de fuerza mayor; g) disfrutar de socorro, ayuda y protección mutua entre los Francmasones; h) visitar a las Logias ideológicamente afines y ocupar los puestos correspondientes a su grado de capacitación, previa identificación de su calidad de Francmasón en forma acostumbrada y segura, y i) pedir el Certificado de Retiro de la Logia sin explicación de causas, estando en pleno goce de sus derechos.
Son deberes primordiales de los Francmasones, pugnar:
10. Por el reconocimiento del principio de la separación de la filosofía de la teología.
11. Por la libertad de pensamiento y de investigación científica.
12. Por la aplicación del método científico experimental en la filosofía.
13. Por el intercambio de los conocimientos y de las prácticas entre los hombres para el bien propio y de la humanidad.
14. Por la libertad de conciencia religiosa y la prohibición absoluta a los clérigos de las religiones de inmiscuirse en los asuntos políticos.
15. Por la abolición de los privilegios de las castas de la nobleza y del clero.
16. Por la prohibición de emplear a los esclavos en los oficios de los hombres libres.
17. Por los derechos de los pueblos de gobernarse libremente, según sus leyes y costumbres.
18. Por la abolición de los Tribunales especiales de justicia del clero y de las castas de la nobleza, y el establecimiento de los Tribunales comunes, de acuerdo con las costumbres y leyes de los pueblos.
Otras disposiciones Constitucionales:
19. Toda Logia Francmasónica es soberana, no puede inmiscuirse en los asuntos internos de otras Logias, ni elevar a grados de capacitación superiores a los aprendices y compañeros afiliados a otras Logias sin su consentimiento o la solicitud de ellas.
20. Un pacto entre las Logias significa la Cooperación y no la renuncia total o de parte de su soberanía.
21. Siete o más Logias Francmasónicas de un territorio determinado pueden formar un Federación (Gran Logia) y tres o más Federaciones pueden unirse en una Confederación.
22. Para conservar intactos los principios de Unión, Solidaridad y Cooperación no es recomendable la formación de dos Federaciones o Confederaciones sobre el mismo territorio.
23. La Asamblea General de los Maestros Masones es la autoridad Suprema del territorio de una Federación, dicta las leyes, nombra y controla su Gobierno Federal y elige a los representantes que forman parte de la Asamblea de la Confederación.
24. Todo Francmasón capacitado, electo para un cargo o representación, es responsable ante sus electores y puede ser destituido por ellos en cualquier momento.
25. Entre lo Francmasones y sus asociaciones no pueden existir diferencias basadas en la distinción de razas, color o nacionalidad.
26. Los principios de Universalidad, Cosmopolitismo, Libertad (no esclavitud), Igualdad (ante las posibilidades) y Fraternidad (como base de relaciones entre los hombres) son las metas de la Francmasonería.
27. Como producto del pensamiento filosófico progresista, los conceptos básicos de la Francmasonería son sagrados e inviolables. Estos preceptos no pueden estar en contraposición con los progresos de las Ciencias ni con las ideas avanzadas de épocas posteriores; por lo tanto, los Francmasones no pueden tergiversarlos ni omitirlos, sin perder su calidad de progresistas y de francmasones.
INTERPRETACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN FRANCMASÓNICA DEL AÑO 1523.
Es indispensable hacer un comentario a esta Constitución ya que, habiendo sido formulada a principios del siglo XVI, momento en el que existían condiciones distintas a las actuales, pudiera parecer hoy arbitraria o anacrónica. El comentario debe tender, por tanto, a su justificación en vista de las circunstancias que la motivaron y a su amplia interpretación para adaptarla a las circunstancias que hoy prevalecen. Vemos ya, por la lectura de su último artículo, que los inspiradores de esta Constitución tuvieron la preocupación de su validez a través de los tiempos, por lo que procuraron no injertar en ella más que principios de carácter general que pudieran tener actualidad en toda época.
Pero en realidad, su justificación, que le da la historia y las circunstancias en que se produce, la hemos hecho ya a lo largo de todo este trabajo, restándonos más bien explicar su significación, teniendo en cuenta, sobre todo, que la Francmasonería fue objeto de la más grande falsificación histórica y de la desnaturalización más absoluta de su esencia, para ponerla al servicio de los intereses que ella precisamente combatía. En efecto, a partir de la muerte de Francisco I de Francia, la Institución, que llevaba en sí el germen del progreso y de la universalidad, se expande por toda Europa, pero su centro, su cerebro director, se traslada de París a Londres, debido a la persecución encarnizada de la Contrarreforma, que hizo la vida de los francmasones casi imposible en la capital francesa. La Francmasonería fue introducida en Inglaterra por Tomás Moro, y su progreso fue tal, que en la época de Cronwell logra en este país una conquista fundamental: la República. Pues bien, cuando la monarquía inglesa se restauró, fue primordial preocupación de la nobleza y de la Iglesia anglicana, destruir a su mortal enemiga, la Francmasonería, bajo la capa de “librarse de enojoso yugo traído por Bacón a la filosofía y por Cromwell a la política” (Findell).
Para conseguir su fin, nobles y clérigos, capitaneados por el teólogo Anderson, conciben la idea de apoderarse de la Institución, en la misma forma que pretendió hacerlo el entonces rey de Inglaterra Guillermo de Orange, en Holanda, en combinación con el clero de aquel país. El plan consistía en introducirse en la Francmasonería progresista y simular un renacimiento de la misma, como derivada de la Masonería operativa, purgándola de cuanto significase lucha política contra el trono y el altar, y substituyendo a estos fines por otros, tomados de la Cofradías medievales, y por el espíritu antipapista propio de la Iglesia oficial inglesa. Hicieron, pues, unos “Antiguos Límites” o “Landmarks” inventados por ellos, que quisieron hacer pasar por los auténticos Antiguos Límites de la Masonería operativa, según documentos que decían poseer y que “desgraciadamente se quemaron”, también según su propia afirmación.
No es nuestro propósito hacer aquí una historia de este movimiento de falsificación; citamos solamente el hecho, para hacer resaltar más fuertemente el carácter progresista de la Constitución Francmasónica de 1523, frente a la estructura de la masonería escocesa y yorquina, inspirada en la obra de Anderson, de carácter netamente reaccionario o, en el mejor de los casos, anodino. en efecto, esta seudo francmasonería es una sociedad benéfica, en la cual se oculta con frecuencia la ignorancia más supina bajo la capa del misterio; de una palabrería hueca de aspecto liberal, anticatólico y revolucionario, o de un misticismo platónico o yoga hindú, para conseguir la supuesta perfección individual.
La Constitución Francmasónica de 1523 contiene unos preceptos que deben ser observados, pero no establecer limitaciones que la enquisten en una época determinada, ni mucho menos en un sistema filosófico cerrado y definitivo. Por el contrario, ella señala solamente unos preceptos mínimos y deja, por lo tanto, libre el camino para el progreso y nuevas ideas libertadoras que tiene que surgir a través de los tiempos; por esto es imposible hacer una interpretación o ampliación de sus bases, sin contradecir en nada su esencia primitiva. Pasemos a continuación a examinarla.
El artículo primero, que determina la forma en que debe constituirse una Logia, requiere múltiples aclaraciones. Se fija en siete el número de elementos que deben integrarla como mínimo; más adelante se habla de triángulos y estrellas constituidos por tres y cinco elementos respectivamente. Pero es preciso aclarar, que los números tres, cinco, siete y nueve a los que se quiere dar significaciones esotéricas misteriosas, no tiene en la Francmasonería semejante carácter.
El número tres tiene, indudablemente, una significación mecánica y geométrica, aceptada desde luego por los masones operativos, que es la de señalar la cantidad de elementos necesarios y suficientes para hacer una estructura estable e indeformable; pero este carácter nada tiene de misterioso, y expresa también lo que puede ser el primer germen de una sociedad: en efecto, en la reunión de dos elementos no hay más que dos fuerzas afines o contrarias, que se traducen en acuerdo o discrepancia, en colaboración o ruptura. Pero en la reunión de tres hay ya un compromiso de colaboración por el sometimiento de una parte a la otras dos: esto constituye la primera célula democrática de símbolo de convivencia humana, conseguida a base de la transigencia de la minoría, frente a la opinión de la mayoría.
El régimen de mayorías y minorías, excluyendo el empate, sólo puede haberlo en las sociedades en las que el número de sus elementos es impar. Por eso, en las formas más elementales de sociedades como ésta, se especifica que sean tres, cinco o siete el número de sus elementos integrantes, y no cuatro o seis. Naturalmente, a partir de siete no hay limitaciones y por eso dice el artículo que comentamos, “siete o más francmasones”… Se entiende, pues, que a partir del número siete debe haber un voto de calidad en la presidencia, que elimine el empate.
La expresión “reunidos bajo la bóveda celeste” tiene su origen, con toda seguridad, en la necesidad que experimentaban las sociedades secretas, de reunirse al aire libre, en medio del campo o en el bosque, para eludir la vigilancia de sus enemigos; pero no podemos entenderla en el sentido de que sea indispensable reunirse al aire libre, como algunos creen. Debemos entender por tal expresión, el derecho que se proclama para los hombres libres, de reunirse en cualquier punto del Universo y constituirse en asociación. Tampoco debemos darle la significación de reunión sin carta patente, es decir, sin autorización de un Alto Cuerpo que patrocine la reunión. Esta última idea, practicada por la seudo francmasonería andersoniana, es una negación o, cuando menos, un condicionamiento del derecho de reunión; condicionamiento indispensable para la monarquía inglesa, que tenía por fin controlar a la Francmasonería como enemigo potencial. Este control se conseguía por medio de las cartas patentes otorgadas a las Logias, sin cuyo requisito eran declaradas irregulares y perseguidas.
Este artículo, pues, constituye una amplia declaración del derecho de reunión y de asociación. La frase “debidamente capacitados” no es una cortapisa, sino que significa, simplemente, que para ser Logia Francmasónica debe estar constituida por elementos que sepan lo que es la Francmasonería.
El artículo segundo fija la hora de las reuniones en Logia. Es ésta una cuestión que carece de importancia, aunque todavía los Sindicatos de trabajadores establecen que la reunión de sus Asambleas han de verificarse fuera de las horas de trabajo. Es, pues, esta norma, herencia de una antigua costumbres de Masones operativos que, por otra parte, los ponía a cubierto de la acusación de vagos.
Las expresiones de “Maestro Aprobado” y “Celadores Aprobados” traducen, en lo especulativo, una calificación de la Masonería operativa: aprobado quiere decir, simplemente, capacitado. El profano que entraba a trabajar como aprendiz, no era tal aprendiz hasta que sabía perfectamente lo que tenía que hacer en esa etapa profesional; al pasar a Compañero, no sabía desempeñar el trabajo de esta segunda etapa hasta que lo aprendía, en cuyo momento era “aprobado”, y lo mismo sucedía en la etapa de Maestro. Así pues, en lo especulativo, la expresión “Maestro Aprobado” significaba que éste debía aceptar, comprender y practicar los principios generales de la Francmasonería y particularmente los impuestos de su grado.
Se establece además en este artículo, que los útiles de trabajo deben colocarse en el Ara del Medio, siguiendo la norma tradicional, puesto que se dice “en la forma acostumbrada”. Conviene hacer resaltar, que el Ara, en el recinto de la reunión de los Francmasones, está en el centro, de los reunidos, y no en un extremo, como el Altar de lo Templos y en las reuniones de la nobleza, que implica el repudio de la consideración de igualdad, representada por las reuniones de Mesa Redonda. El Ara en la Francmasonería no significa solamente el lugar donde se depositan los instrumentos de Trabajo, sino, también, el santuario en el que se conserva la herencia legada por los antepasados, es decir, la cultura, la sabiduría y la ideología que los ligaba a todos en la lucha por el progreso, y los inmortalizaba en la memoria de la Humanidad.
En la última parte de este artículo se hace referencia a la forma de elegir a los dirigentes de las Asambleas, por mayoría y en la forma democrática, a diferencia de lo prescrito por Anderson para estos fines, pues establecía este clérigo, que los cargos directivos debieran ser cubiertos por “caballeros de buena estirpe o nobles de nacimiento”, a los que los reunidos deberían “obedecerlos con humildad”.
El artículo tercero establece la forma de adquirir los grados de capacitación y el derecho de las Logias para otorgarlos, observando “reglas y costumbres conocidas”, pero sin necesidad de autorización de Altos Cuerpos; consagra, pues, la libertad y autonomía de las Logias. La palabra “misterio”, contenida en este artículo, empleada todavía hoy para designar el oficio en el idioma inglés, es herencia de la Masonería operativa y significa solamente “secreto”. (Entre los artesanos de la antigüedad, el oficio se consideraba como misterio o secreto del Gremio).
El artículo cuarto indica que una Masonería con nobles y clérigos, como la andersoniana, no puede ser considerada como Francmasonería. En él se señala claramente el carácter político de la Institución, mostrando cuales son “sus enemigos naturales: los clérigos de las religiones, los poseedores de títulos y privilegios”… Hace, sin embargo, una excepción: la de los hombres que, perteneciendo a las castas privilegiadas, se hayan rebelado contra la ideología de las mismas. A esta clase de hombres pertenecieron masones ilustres, de los que son ejemplo los filósofos Francisco Bacón, Barón de Verulan, Barón Holbach, etc., en Europa, y el Canónigo Cortés de Madariaga y Fray Servando Teresa de Mier, en América.
En el artículo tercero se dice que las Logias pueden iniciar a profanos, “previa averiguación” respecto a los mismos; en el cuarto se excluye entre los candidatos, a nobles y clérigos, y, por último, en el quinto se señalan nuevas exclusiones, que comprenden a los esclavos, menores e incapacitados. (Obsérvese que no excluye a las mujeres). La esclavitud existía en la época en que la Constitución fue promulgada y duró varios siglos. Todavía hoy la encontramos disimulada bajo ciertas formas. Pues bien, siendo la Institución una organización con fines científicos y políticos que agrupa a minorías selectas, y no una organización de masas del tipo del moderno partido político o sindicato -pues debemos recordar que nació de la organización sindical para asumir la dirección de la lucha política y del progreso científico-, era natural excluir al esclavo y a cuantos carecieran de libertad y preparación de alguna clase, como son los menores y los incapacitados mentales. Así pues, esta exclusión se hace por razón de que los excluidos en nada beneficiarían a la Institución y la expondrían, en cambio, a los peligros de su indiscreción. De este artículo se desprende que la Francmasonería se concibió desde un principio como una escuela de preparación científica y filosófica, para crear una minoría de dirigentes que pudieran influir en el progreso a través de su competencia y actuación en círculos gubernamentales o al frente de agrupaciones populares.
El artículo sexto señala los tres principios fundamentales de organización interna de la Institución, indispensables para su subsistencia y desarrollo, tanto en la labor cultural que exigía intercambio de conocimientos y prácticas, como en la política y aun en la meramente humana de ayuda mutua. Es sabido que la Masonería Escocesa cambió los principios de Unión, Solidaridad y Cooperación, por los de Salud, Fuerza, Unión, o bien, Salud, Estabilidad y Poder, en los cuales vemos el espíritu contrario a la evolución progresista perseguido por los francmasones primitivos, y el deseo de consolidar la monarquía constitucional inglesa, poniendo la Institución a su servicio.
El artículo séptimo señala las condiciones morales y la actitud ante la vida que debe tener el francmasón. Es natural que, por prestigio, la Institución se preocupase por la conducta de sus afiliados, ya que aspiraba a ser modelo de organización progresista, y, por otra parte, teniendo que vivir en la clandestinidad, es lógico que se asegurase de la integridad moral de sus componentes; pero las condiciones que este artículo señala por un buen francmasón difieren sustancialmente de las burdas reglas impuestas por el clérigo Anderson en sus “Antiguos Limites”, en los que se norma la conducta del masón como si fuera una bestia a la que hay que indicar los más pequeños detalles de una conducta honorable.
El artículo octavo determina las condiciones necesarias para llegar a poseer los derechos completos del francmasón. Comentaremos solamente lo que se refiere a la necesidad de conocer la Leyenda “no alterada” de la Masonería Antigua, respecto a la construcción del Templo de Salomón, que hemos dado anteriormente. El término “no alterada” indica claramente, que ya en la época en que esta Constitución fue promulgada existían diferentes tergiversaciones de la Leyenda del Maestro, que como sabemos, expresaba alegóricamente la ideología progresista, republicana y anticlerical de la Masonería operativa. Tales alteraciones habían sido introducidas por el clero en las agrupaciones de constructores controlados por él, y que eran conocidas con el nombre de Cofradías y Ordenes (Templarios, Pontífices, etc.).
Pues bien, de la misma manera que la Iglesia cristiana, en los primeros siglos de su existencia seleccionó cuatro Evangelios de los cincuenta y tantos que existían, declarándolos “auténticos”, así el clérigo Anderson eligió para sus fines la versión de la Leyenda del Maestro que más se acomodaba a los intereses que representaba, y declaró, igualmente, que era la “auténtica”: en su versión, los asesinos de Hiram Abif son los tres compañeros, que representaban la Ignorancia, la Hipocresía y la Ambición; a diferencia de la Leyenda verdaderamente no alterada, en la que los tres asesinos representan la Ignorancia y están instigados por el rey Salomón y el sacerdote Sadoc, que representan la Ambición y la Hipocresía, respectivamente.
Es natural que el teólogo Anderson presentase su “Leyenda” así mutilada ante los nobles y clérigos que dirigían aquella “Masonería”, y que no olvidaban el trágico fin del Salomón inglés, Carlos I. Lo contrario hubiera sido mentar la soga en casa del ahorcado.
El conocimiento y la interpretación progresista de la Leyenda no alterada daba al Maestro la condición de “Aprobado” y los derechos completos dentro del pueblo francmasónico. Este artículo recalca de un modo definitivo el carácter político de la Francmasonería, a diferencia de la andersoniana, que establece la condición de que todo masón debe ser “un pacífico súbdito del Poder Civil” y nunca se ha de “comprometer en conjuras y conspiraciones”.
Pero el apoliticismo de la sociedad proclamada por Anderson, encierra en realidad una importantísima posición política: en efecto cualquier acción humana supone un fin, un criterio, una filosofía, una actitud ante la vida y ante la sociedad, que en definitiva es una actitud política. Ahora bien, ¿que actitud política se esconde detrás del apoliticismo? La siguiente: “Estando conformes con la estructura política del país, deseamos dejar las cosas tal como están”. De esta manera, la “Masonería” andersoniana se declaraba, de un modo encubierto, institución monárquica, al servicio de la Corona y de la Iglesia de Inglaterra. Esta actitud política hipócrita del Sadoc anglicano se destaca al considerar el apoyo que dio la “Masonería” inglesa a los masones libertadores de América, que, según el apoliticismo debieran ser “fieles súbditos” de los reyes de España. Claro es, que el apoyo a que hacemos referencia tenía por objeto liberar a los pueblos americanos del dominio español, para ponerlos después bajo el inglés, según cínica confesión del primer ministro de aquel país, mister Canning.
El artículo noveno, último de los que se refieren a la organización interna de las Logias, establece los derechos esenciales de un francmasón, sólo alcanzables, naturalmente, cumpliendo las condiciones establecidas en los precedentes, y de un modo muy particular en el artículo octavo. Estos derechos están hoy reconocidos en cualquier sociedad democrática; pero no lo eran entonces en las Cofradías ni lo fueron en las Constituciones de Anderson, según las cuales, la Asamblea no podía juzgar a sus nobles dirigentes, a los que tenía que mostrar completa sumisión. El nombre de Asamblea General se refiere a lo que posteriormente se llamó Gran Logia, nombre citado entre paréntesis, y que es la Asamblea de los Maestros Aprobados de diversas Logias, federadas según especifica más adelante el artículo 21.
Los artículos siguientes, del 10 al 18, contienen los principios básicos de la ideología que debe normar el pensamiento y la actitud de un afiliado a la Institución. Los tres primeros, o sean el 10, 11 y el 12 establecen que todo francmasón debe luchar por la separación de la filosofía y la teología, por la libertad de pensamiento e investigación científica y por la aplicación del método científico experimental en la filosofía. Estos tres principios constituyen la primera demanda revolucionaria presentada al clero católico romano en la Edad Media, por la Masonería operativa y los sabios de aquella época como Grosseteste, Rogerio Bacón, Guillermo de Occam, etc., que representaban entonces la corriente científico naturista, surgida como oposición al régimen teológico feudal, con objeto de impulsar el desarrollo de las Ciencias en bien de la Humanidad.
En la Edad Media se consideraba a la filosofía como la “sirvienta” de la teología y las ciencias se cultivaban únicamente para fortalecer los dogmas y supersticiones religiosas, hasta el punto de que la Iglesia perseguía a lo hombres de ciencia cuyas investigaciones pudieran poner en duda la “verdad” contenida en las Sagradas Escrituras. Pues bien, contra este concepto estrecho y tendencioso de la filosofía, representado por la Escolástica, surge la corriente científico-naturalista a que estamos aludiendo, y que implicaba una teoría del conocimiento y del saber opuestas radicalmente al saber teológico, fundado en la revelación y en la mística.
La Francmasonería primitiva reafirmó la demanda, que antes mencionamos, en la época del Renacimiento italiano, impulsada por las condiciones políticas y económicas de las Ciudades-Repúblicas del norte de Italia. Los francmasones de Francia, al redactar su primera Constitución, injertaron en ella los tres citados principios, como base de la Francmasonería Universal.
Según estos principios, es preciso, ante todo, delimitar el campo de la filosofía propiamente dicha, separándola de la teología, valiéndose de la investigación científica basada en el método experimental. Así pues, la labor de un francmasón debe consistir en desechar todas aquellas elucubraciones basadas en dogmas, supersticiones o razones seudo científicas, que los clérigos de las religiones y los sofistas hábiles en el manejo del silogismo quieren hacer pasar por filosóficas, para producir efectos favorables a sus intereses particulares, en detrimento del interés colectivo de la Humanidad. Las falsas filosofías han servido, por ejemplo, para justificar el llamado “derecho divino”, el “derecho del más fuerte”, los privilegios inhumanos de las castas dominadoras, el derecho de comerciar con esclavos, el derecho de “mare nostrum”, que amparaba la piratería; ciertos aspectos de la propiedad privada y de la explotación de la ignorancia humana, etc., etc.
El artículo 13 recomienda el intercambio de conocimientos y prácticas, con el fin de que todo francmasón pueda conocer cuantas teorías y doctrinas existen en torno de un problema determinado, para decidir libremente su opinión con verdadero conocimiento de causa. Este artículo se opone, por lo tanto, a la enseñanza dogmática basada en la simple afirmación del maestro, que constituye una imposición, casi siempre de fines interesados.
En el artículo 14 se proclama la libertad de conciencia religiosa y se establece la prohibición de la intervención de los clérigos en la política del país. Esto parece a primera vista una limitación de la democracia, puesto que, en un régimen verdaderamente libre, todo ciudadano eclesiástico o seglar debería tener los mismos derechos. Esta manera funesta de concebir la democracia no tiene antecedentes ni en Atenas, ni en Roma ni en ningún régimen democrático o no democrático que haya persistido y jugado algún papel en la historia. Los derechos, en una buena doctrina democrática no deben ser otorgados como armas que pueden destruir los derechos mismos. La Iglesia reclamó siempre libertad allí donde no la tenía a su gusto o estaba sometida a principios democráticos; pero la suprimió totalmente en lugares donde dominaba; por lo tanto, no se le puede reconocer derechos, so pena de poner en peligro la existencia del Estado que se los otorgue. El artículo que comentamos encierra, pues, ese sentido auténticamente democrático, que consiste en negar a las Iglesias en general los derechos que ellas no respetan ni reconocen a los demás.
El principio de lucha por la abolición de los privilegios de castas, de que habla el artículo 15 de la Constitución, tiene plena actualidad: no solamente los continentes asiático y africano, sino también el europeo no están expurgados de este mal.
El artículo 16 parece a primera vista anacrónico y aun de sentido discriminatorio antidemocrático. Nada más equivocado; su redacción no corresponde, ciertamente, a las actuales condiciones, pero es aplicable a la sociedad de hoy y no es discriminatorio. En la época en que fue redactado, en la que comenzó el Renacimiento y la Edad de Oro del esclavismo, el esclavo era, a la fuerza, el esquirol que, por la comida, desplazaba al hombre libre de su trabajo; así pues, la aspiración de los Gremios, referente a la eliminación del esclavo como trabajador en los oficios de los hombres libres, iba directamente contra el esclavista. En efecto, si éste no pudiera emplear al esclavo más que en las condiciones de salario de los demás trabajadores, la esclavitud dejaría de ser negocio, y desaparecería como sistema. La Iglesia, desde la dad Media, fue la competidora de los Gremios de Constructores de la Masonería operativa libre, pues, formando las llamadas “Cofradías” o “Hermandades” semi monásticas, hacía trabajar a los constructores por ella controlados, de sol a sol, por la comida y el alojamiento, y de esta manera fortalecía la esclavitud. El sistema esclavista ha persistido más o menos disimuladamente a través de los siglos, y ello ha motivado que en los Estados verdaderamente democráticos se establezcan derechos mínimos, irrenunciables por parte de los trabajadores, que tiendan a impedir la servidumbre de los que, por carecer de medios de vida, ofrezcan su trabajo en condiciones inhumanas.
El artículo 17 se refiere a la forma de gobierno de los pueblos y el término “gobernarse libremente” en él contenido significa régimen republicano, en el que habían vivido los fundadores de la Francmasonería de las Ciudades-Repúblicas italianas. Los demás regímenes se catalogaban como dominios o posesiones, y no se consideraban libre.
Por último, el artículo 18 establece como principio básico de lucha por la abolición de los Tribunales Especiales de justicia, de las castas privilegiadas, que comprendían, tanto los Tribunales de la Inquisición, como los que establecían los príncipes y los monarcas en beneficio de nobles y militares, para fines políticos o económicos. Aun cuando muchos de los Tribunales de esta índole están hoy abolidos por la sustitución del régimen feudal por el capitalista, no es posible asegurar todavía que la justicia se imparta actualmente por auténticos Tribunales Populares y por la leyes justas para el pueblo en general.
En contraposición a estos preceptos de carácter político y progresista que establece la Constitución Francmasónica de 1523, la seudo masonería andersoniana, en sus diversos ritos, no sólo los omite intencionalmente, como “yugo enojoso”, en sus “Landmarks”, sino que introduce otros preceptos que desnaturalizan el espíritu de la Institución, como los dogmas religiosos de creencias en un Ser Supremo y en la inmortalidad del alma; proclama, además, el apoliticismo que obliga al francmasón a ser “pacífico súbdito” del régimen establecido. La denominación “pacífico súbdito” implica el régimen monárquico, que la Francmasonería Progresista repudia en su Constitución; se admitía la nobleza y el clero dentro de la Institución, dándoles preferencia para los cargos de responsabilidad, etc.
Los siguientes artículos de la Constitución, del 19 al 25, establecen la estructura interna de la Institución, regulando la forma de federar las Logias y formar Confederaciones que, sin menoscabar la libertad y soberanía de cada una, coordina y aúna sus esfuerzos para alcanzar más fácilmente los fines comunes dentro del más puro espíritu democrático.
El artículo 26 sintetiza la ideología de la Institución en los principios de Universalidad, Cosmopolitismo, Libertad, Igualdad y Fraternidad, que hacen de la organización francmasónica un ejemplo de estructura social, que debe ser imitada por los pueblos para que los principios de Unión, Solidaridad y Cooperación prevalezcan en sus relaciones en bien de la Humanidad.
El artículo 27 y último afirma que los preceptos básicos de la Institución son de tal carácter, que la Francmasonería nunca puede apartarse del camino progresista y servir de instrumento a tendencias reaccionarias, ni tampoco ser obstáculo para el desarrollo de las Ciencias y de las ideologías avanzadas de épocas posteriores.
Frente a esta organización democrática, la seudo francmasonería andersoniana opone una organización autocrática, que desde luego elimina la Gran Asamblea de los Maestros Masones como autoridad suprema y establece una Gran Maestría que recuerda por sus facultades especiales a un monarca, y una Asamblea de Luces de las Logias particulares, como auxiliar de la Maestría. El socorro mutuo francmasónico lo substituye por la limosna humillante, al estilo de la Iglesia. No se respeta la soberanía de las Logias particulares en lo relativo a la concesión de los grados de Compañero y Maestro que se otorgan en aquella Asamblea de Luces o a la vista por los Grandes Maestros. Se niega el derecho de asociación libre y se impone a las Logias la obligación de funcionar bajo Dispensas o Patentes otorgadas por los Grandes Maestros, etc., etc.
ORGANIZACIÓN DE LA FRANCMASONERÍA PRIMITIVA UNIVERSAL.
En el documento que acabamos de comentar no se define de un modo total la estructura de la Institución de la Francmasonería Primitiva. En él se hace referencia a la organización de los tres primeros grados, cuya adquisición es indispensable para obtener los derechos completos dentro del pueblo francmasónico; también se alude a “formas tradicionales” heredadas de la Masonería operativa. Pero como estas formas tradicionales no están definidas en la Constitución de un modo concreto por razones especiales, aunque forman el complemento que define la organización total de la Institución en sus grados superiores, es preciso hacer constar, aunque sea de un modo esquemático, la organización total de la Institución hasta su grado noveno y último.
Los tres grados primeros, de Aprendiz, de Compañero y de Maestro, se llaman probatorios o de capacitación, que se reconoce cuando se otorga la categoría de “Aprobado”. Sólo al llegar a la categoría de Maestro Aprobado, el candidato se considera con plenos derechos dentro del pueblo francmasónico y se le comunica lo relativo a la organización de los grados superiores, a los que tiene derecho al llegar a la edad masónica determinada para cada uno.
Los tres grados siguientes, el cuarto de Artífice o Maestro Perfecto, el quinto de Inspector y el sexto de Arquitecto, llamados de perfección, tienen en la Francmasonería Primitiva el mismo carácter especial que tenían en la Masonería operativa. En efecto, los masones operativos, que pertenecían a los grados mencionados, no eran ya meros ejecutores de la obra material, sino verdaderos creadores, proyectistas y, por lo tanto, artistas. El Artífice era el pintor, el escultor o el imaginero; el Inspector era el Ingeniero, o sea, el técnico que vigilaba la ejecución de la obra; el Arquitecto proyectaba el edificio de acuerdo con los medios y las necesidades de tipo social que pretendía resolver con su obra. En la Francmasonería el Artífice se ocupa de los problemas políticos del Estado; el Inspector, como representante de la Ciencia, y, por tanto del principio de su independencia de la Teología, se ocupa de la política religiosa, y por último, el Arquitecto, como director y coordinador de las actividades de los demás, se preocupa de la definición de la filosofía de la francmasónica, de acuerdo con los principios generales de la Institución y dentro de las condiciones del medio y de la época.
Existen además tres grados administrativos: el de Gran Maestro, el de Gran Inspector y el de Gran Arquitecto.
La autoridad suprema de la Institución en el territorio de un Estado soberano reside en el Supremo Consejo, compuesto de veintisiete Grandes Arquitectos del grado noveno y último de la Francmasonería Primitiva como máximo, y nueve como mínimo.
La autoridad suprema de la Francmasonería Primitiva Universal reside en la Asamblea General de la Confederación de los Supremos Consejos de los Estados soberanos, cuya Comisión Permanente reside en Suiza.
La Francmasonería Primitiva, fiel a sus principios progresistas, es opuesta a la adopción de símbolos, emblemas, títulos , denominaciones, condecoraciones, etc., nobiliarias o religiosas, y de ceremonias místicas con vestiduras ridículas, Por tanto, considera como una corrupción de la Francmasonería todas aquellas agrupaciones que se escudan con águilas bicápitas de las monarquías más denigrantes de Europa, y emplean como símbolos o condecoraciones cruces de todas formas, la Biblia, el Corán, y otros libros, que por ser representación del principio religioso, son completamente ajenos al carácter científico de la Institución. Tampoco se admiten títulos pomposos principescos para designar las jerarquías, como “Sublime Príncipe del Real Secreto”, “Gran Juez Inquisidor Comendador”, “Caballeros Kadosch o del Águila Blanca y Negra” y otros semejantes.
Los francmasones progresistas admiten únicamente los símbolos, emblemas y denominaciones que preceden de la Masonería operativa y ciertas condecoraciones para destacar el mérito de aquellos afiliados que por su labor son acreedores a una distinción honorífica, cuidándose de todo aquello que envenena el ambiente, despertando y estimulando la vanidad. Su lema principal es pugnar por el triunfo de la Verdad científicamente demostrable, por el progreso del Género Humano, por la Unión y Solidaridad y Cooperación entre los francmasones y por la Fraternidad Universal.
Esto es la Francmasonería Primitiva.
http://www.themasonictrowel.com/articulos/files/que_es_francmasoneria_primitiva/files/parte_3.htm