viernes, 21 de diciembre de 2012


Aspectos del simbolismo masónico

El simbolismo ha impregnado las manifestaciones humanas desde los albores de la civilización. No es arriesgado afirmar que la presencia de símbolos asociados a un grupo humano primitivo es un indicio claro del desarrollo de una actividad cultural y social en su seno.

El símbolo nace del deseo de unir lo exterior con lo interior; del deseo de comunicar conceptos imposibles de expresar en términos simples. El símbolo es una puerta a la profundización en nuestra propia existencia, una puerta que da acceso a otras estructuras de conocimiento. Desde luego, el traspaso de esa puerta requiere una clara predisposición. Esta predisposición, junto a las herramientas apropiadas para explorar esos caminos, es patrimonio de lo que se denomina “iniciado”.

No se debe pensar que una persona, por el mero hecho de conocer el significado de un símbolo, se convierte en sabio o tiene acceso a verdades absolutas o cosas por el estilo. El símbolo es sólo un mecanismo útil para el ser humano interesado en la reflexión. De hecho, los verdaderos símbolos carecen de una explicación completa y clara. Si la tuvieran, dejarían de ser tales. Cabe, no obstante, indicar, a grandes rasgos, el sentido de los símbolos, como invitación a esa reflexión a la que nos hemos referido. Y eso es lo que vamos a mostrar aquí, respecto a los principales símbolos de la masonería.

A la moderna masonería se le denomina especulativa, como contraposición a la antigua u operativa. Los antiguos masones eran albañiles y arquitectos que se ocupaban de la construcción de edificios. Tenían sus secretos y sus normas de funcionamiento gremial. Los modernos masones no construyen edificios de piedra, sino que se ocupan de la construcción del templo que es el propio ser humano y la propia humanidad. Por esta razón, pasaron a denominarse masones especulativos.

La simbología de la moderna masonería procede de sus orígenes constructores, pero fue, podríamos decir, reformulada a principios del siglo XVIII. Por una parte, esta reformulación consistió en dotar a todos los elementos de la antigua masonería operativa de un significado estrictamente simbólico. En la masonería operativa, la escuadra, la plomada o el nivel, eran, fundamentalmente, instrumentos de trabajo propios del albañil. Tenían, sin duda, para los más avanzados miembros del gremio, un contenido simbólico adicional, que era importante. Pero, desde luego, la principal misión de un nivel era conseguir pavimentos e hileras de sillar horizontales y lo mismo cabría decir para el resto del utillaje. La catedral, el principal objeto de atención, era mucho más que un gran edificio. Era la ofrenda del hombre a Dios. Era su proyección espiritual. Pero también era, al fin y al cabo y en toda su masa y volumen, un gran edificio.

La masonería especulativa, libre de la construcción material de templos de piedra material, dirige sus esfuerzos a la construcción del templo espiritual. El templo de la masonería especulativa es simbólico; es el propio individuo masón o, alternativamente y por extensión, la propia humanidad. Los instrumentos que se necesitan, entonces, para esta construcción son también simbólicos. Una parte de la belleza del simbolismo masónico radica en que estos instrumentos remedan y están representados por herramientas materiales usadas por los antepasados masones operativos. De esta manera, la escuadra representa la rectitud de las acciones. Es el instrumento que el masón especulativo debe usar para conseguir obrar bien y con prudencia; para que sus actos sean proporcionados a lo necesario y encaminados a la estabilidad. El masón especulativo trabaja sobre la piedra bruta, irregular, como lo haría un cantero. Pero ahora, la piedra bruta es él mismo. Su objetivo es pulir esa piedra hasta transformarla en un cubo perfecto y pulido que encaje en el edificio completo de la humanidad. Para este trabajo utiliza el mazo de la fuerza y la determinación y el cincel de la precisión y la razón.

La redefinición de los instrumentos de construcción, para transformarlos en simbólicos, es una parte de la reformulación realizada por la masonería especulativa. La otra, es la introducción de múltiples elementos procedentes de otras tradiciones e incluso de genuina elaboración propia. Las tradiciones pitagórica, gnóstica, hebrea, cabalística, alquímica y también la ya mencionada egipcia, forman la base y la estructura de su edificio metafísico. Determinados pasajes del Antiguo Testamento, entre los que desataca la construcción del Templo de Salomón, constituyen el elemento básico principal. Pero la Geometría, con su simbolismo pitagórico, es omnipresente. “Que nadie pase si no es Geómetra”, dice una de las máximas masónicas, refiriéndose al lugar donde se realizan los trabajos rituales.


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