miércoles, 17 de julio de 2013

Universalidad de la Francmasonería

Cuando normalmente examinamos el carácter ‘universal' de la Masonería tenemos la tendencia a centrarnos en el aspecto más genérico, admitido y quizás más obvio.

En nuestros rituales mencionamos el hecho de que la Masonería se encuentra repartida por toda la superficie de la Tierra. Ello tiene sus repercusiones prácticas inmediatas; por ejemplo, todos sus miembros disponen, entre otros, de un derecho reconocido en todas las Constituciones y Reglamentos: el derecho de visita.

Toda Logia regularmente constituida en cualquier lugar del Universo es considerada parte de la universal familia masónica, consecuentemente, cualquier hermano en plenitud de sus derechos tiene la posibilidad de visitar y participar de los trabajos y ceremonias de cualquier Logia regular.

Históricamente, estos derechos de visita ya vienen reflejados en las antiguas normas de los masones operativos. Cuando en 1459 los maestros talladores de piedra de Estrasburgo, Viena, Colonia y otras ciudades de Alemania se reúnen en Ratisbona a fin de unificar los estatutos de sus logias, ya se examinan entre otros estos derechos.

Señales y modos de reconocimiento, tales como palabras y toques, tienen como una de sus funciones básicas permitir a un masón desplazarse y ejercer su actividad en cualquier otro lugar sin necesidad de verse obligado, en principio, a presentar documento alguno que pueda suponer su identificación como tal a cualquier profano o iniciado de grado inferior.

Muchos Hermanos han utilizado este maravilloso derecho y se han beneficiado de la visita de otros masones, de tierras más o menos lejanas, que han aportado sus ideas, experiencia y saber hacer; pero, aclarado lo anterior, universalidad también tiene otros significados que merece la pena sugerir.

Por su iniciación, el masón encuentra un lugar en el universo y en el orden de las cosas, integrándose en la comunidad de la Logia y convirtiéndose él mismo en un templo espiritual. El Templo masónico es, a la vez, universo, cosmos, esto es, un conjunto que tiene una estructura que manifiesta un orden, una "orientación"; tiene un Occidente y un Oriente, y está focalizado "ad orientem", hacia la Luz.

Este templo, la Logia, es un lugar donde se recibe la luz y donde se progresa de modo personal. La Logia se convierte en un gran tablero de trazo donde los útiles se muestran para el aprendizaje de los Hermanos. El tablero de trazo es básicamente el mismo para todos los ritos y obediencias regulares, sólo pequeñas variaciones espaciales permiten diferenciar unos de otros, aunque el contenido sea idéntico, asimismo universal.

¿Cómo la Masonería ha alcanzado ese carácter universal? ¿Cómo ha conseguido una aceptación casi generalizada por hombres y sociedades a lo largo de los siglos? ¿Qué existe en común entre gentes tan diversas?

¿Podemos decir que la Masonería utiliza en su trabajo de construcción y enseñanza ideas comunes a toda la Humanidad? Parece que existe algo de verdad en esta idea. La Masonería se sirve de símbolos y elementos que son comunes a un gran número de sociedades, épocas y culturas de todos los tiempos. Los instrumentos de arquitectura son, sin duda, uno de los ejemplos más claros y queridos por los masones.

También el mito, la idea del Dios-Rey que muere para renacer, se encuentra presente en todas las culturas y religiones que aparecen o tienen su origen en el Medio Oriente. Los reyes de Tiro, de donde procede nuestro maestro Hiram, eran muertos para permitir su renacimiento en un nuevo rey. Adonis, Astarté, Cibeles, Gilgamesh, Ishtar, entre otros, son un claro ejemplo de lo anterior. Reyes a los que, por cierto, en Tiro se les identificaba con el sobrenombre de "Hijos de la Viuda".

Tampoco podemos olvidarnos de la existencia en gran número de sociedades de tradiciones relativas a la existencia de plantas sagradas, como en nuestro caso ocurre con la acacia. En el Antiguo Testamento se la menciona como árbol sagrado, ya que con su madera se construye el Arca de la Alianza. Los ritos de Adonis tienen como planta sagrada a la lechuga, los ritos brahmánicos al loto, el emulu en los Igbos de Nigeria, etc. Ni podemos olvidar el respeto que los grandes árboles han tenido siempre en las sociedades del hemisferio norte. Esos grandes árboles, debido a su ya elevada longevidad, vienen a recordar al hombre precisamente su corta existencia.

Todos estos mitos relativos a las plantas no se encuentran tampoco aislados de los demás; todos ellos vienen de nuevo a representar la iniciación cíclica de una nueva vida. La llegada de la primavera, el reverdecer del árbol, el renacer a la vida, la llegada del invierno, la caída de la hoja, el morir, etc.

Inmortalidad del alma, iniciación e inocencia son otros tres elementos universales que encontramos en todos los ritos y misterios. Mitos y misterios cuyo objetivo y características comunes son la búsqueda del Conocimiento escondido y de la Verdad, así como llegar a la comprensión del cuál es nuestro papel en la Creación.

Otro concepto que nos recuerda la universalidad de la Masonería lo encontramos en su deseo de aproximarse a todos los hombres y no sólo a algunos en función de sus capacidades económicas, culturales, sociales, raciales. Pero lo más significativo de la Masonería es que luego no realiza labores de proselitismo para conseguir que esos hombres progresen en ella, deja a su libre voluntad el dar el último paso para, si verdaderamente existe en su interior una voluntad de progreso, una voluntad de mejora, una voluntad de enriquecimiento personal, sea él quien decida solicitar su ingreso en la Orden masónica.

Como hemos podido ver brevemente, son muchos y distintos los aspectos donde podemos apreciar la universalidad de la Masonería. Quedarnos en lo tópico, aunque por tal ya tiene un gran valor e interés para los masones, habría limitado bastante esta exposición; por ello, es preferible dejar sugeridos otros conceptos para que permitan, en un trabajo personal, profundizar en el estudio y progresar en la formación masónica, tal y como exigen los rituales.