martes, 24 de junio de 2014

El manuscrito Downland

Publicado por Mannaz

El manuscrito Downland data del siglo XVI y cuenta una historia que debe ser leida a todos los masones cuando son ordenados, cito casi textualmente del final del texto.

El texto comienza antes del Diluvio de Noe por lo que parece querer, en cierto modo, remontar a esa época los principios de nuestra orden. No queda claro este último punto, pero si es significativo el comenzar el relato en dicha época.

Lo que, según muchos historiadores y masonólogos, si podemos afirmar es que la masonería inicial, la de 1717 y antes, era claramente de origen creyente y, más matizado incluso, católica; lo cual quedaría demostrado por la cantidad de referencias a la Biblia.

No entraré a opinar sobre ello, simplemente les dejo el texto de este manuscrito y serán ustedes los que deban tomar posiciones.

Espero sea de vuestro interés.

El manuscrito Downland ( traducción libre del original inglés)

La Biblia relata, en el cuarto capítulo del Génesis, que antes del Diluvio de Noé había un hombre llamado Lamec y que este hombre tuvo dos esposas, una llamada Adá y otra llamada Silá. Adá engendró dos hijos varones, Yabal y Yubal, y su segunda esposa Silá un varón y una mujer. Estos cuatro hijos fundaron todas las ciencias del mundo. Tal como se relata en el antedicho capítulo, el hijo mayor Yabal fundó la ciencia de la Geometría, llenó los campos con rebaños de ovejas y corderos y fue el primero en construir una casa de piedra y madera. Su hermano Yubal fundó la ciencia de la Música, el canto, el arpa y el órgano. El tercero de los hermanos, Tubal-Caín fundó el oficio de la herrería con oro, plata, cobre, hierro y acero; y la hija fundó el oficio de Tejer. Y como sabían que Dios se tomaría su venganza por el pecado, ya fuese por fuego o por agua, escribieron su conocimiento en dos pilares de piedra para que pudiera ser encontrado después del Diluvio de Noé. Uno era de mármol, para que no pudiese ser destruido por el fuego y el otro de latastro (clepped lanters) para que no pudiese ser disuelto por las aguas.

Nuestra intención es dar verdadera cuenta acerca de cómo y en qué manera fueron encontradas estas piedras y acerca del conocimiento que llevaban escrito. El gran Hermarines, hijo de Cubys, el cual era hijo de Sem, a su vez hijo de Noé, posteriormente llamado Hermes el padre de los hombres sabios, fue quien encontró uno de los dos pilares de piedra, descubrió el conocimiento que allí estaba escrito y lo enseñó a otros hombres. Hay mucho trabajo de Masonería en la construcción de la Torre de Babilonia. El Rey de Babilonia, cuyo nombre era Nemrod, bajo la petición de su primo el Rey de Nínive, mandó allí sesenta Masones y les dio, entre otras, estas órdenes: que fuesen fieles los unos con los otros y se amasen verdaderamente, y que sirvieran noblemente a su señor para el justo merecimiento de su paga, y para que su maestro pudiera ser venerado por ello y recibir sus honores. Así fue como la Masonería recibió su primer encargo.

Por otra parte, Abraham se fue con su esposa Sara a Egipto, y enseñó las Siete Ciencias a los Egipcios. Tuvo un insigne discípulo de nombre Euclides. Éste aprendió muy bien y fue maestro de las siete Ciencias Liberales. Y ocurrió en aquellos tiempos que los señores del reino tuvieron gran cantidad de descendencia con sus mujeres y con otras mujeres del reino, pues aquel era un pueblo fecundo y fértil. Y el no tener medios de vida dignos para sus hijos era un grave problema. Entonces, el Rey creó un gran Consejo y celebró un parlamento con el propósito de buscar alguna forma para que sus hijos pudieran vivir honestamente cual caballeros. Y no pudiendo encontrar ninguna, fueron pidiendo ayuda por todo el reino, por si había alguien que pudiese y quisiera ir a instruirles, afirmando que sería tan bien recompensado por su trabajo que a buen seguro lo haría de muy buen grado.

Después de haber lanzado esta petición, llegó el ilustre Euclides y les dijo al rey y a sus grandes señores: "Si queréis, entregadme a vuestros hijos para que los eduque y los instruya sobre una de las Siete Ciencias, con lo que podrán vivir tan honestamente como los caballeros, con la condición de que me otorguéis el poder de gobernarlos respecto a la forma en que esta Ciencia debe ser ejecutada". Y el Rey y todo su Consejo le otorgaron sin más demora todo lo que pedía y sellaron el acuerdo. Y este ilustre Doctor tomó a los hijos de aquellos señores y les enseñó la práctica de la ciencia de la Geometría, les enseñó todas las formas de trabajar la piedra necesarias para construir iglesias, templos, castillos, torres, feudos y cualquier otra clase de construcción, y les dio estas órdenes:

Ante todo debían ser leales al Rey y a su señor. Debían ser leales entre ellos y amarse los unos a los otros. Debían llamarse entre ellos compañero o hermano, nunca criado ni bellaco o cualquier otro nombre grosero. Debían ser merecedores de la paga de su señor o de su maestro. Debían ordenar maestro al mejor de todos ellos y no hacerlo por favoritismo o por su noble linaje; ni para obtener riquezas o favores dejar que fuese ordenado maestro alguien que no estuviese capacitado para ello de forma que su señor quedase mal servido para vergüenza de todos. Además, debían llamar a su capataz Maestro, mientras estuviesen trabajando con él. Y aún otros muchos deberes que tomaría mucho tiempo enumerar. Y les hacía tomar compromiso del cumplimiento de estos deberes con un importante juramento tal como era usual en aquellos tiempos, y les ordenó que vivieran honestamente de acuerdo al salario que ganaban. Asimismo, debían reunirse todos una vez al año, para discutir sobre cómo servir mejor a su señor y al culto mismo, y para castigar a aquél que de entre ellos hubiese transgredido los deberes en perjuicio de la ciencia. Y así fue como se estableció esta ciencia a la cual el ilustre Señor Euclides dio el nombre de Geometría y que ahora se llama por todo el reino, Masonería.

Mucho tiempo después, cuando los Hijos de Israel fueron a la Tierra Prometida, lo que ahora llamamos País de Jhrim, el Rey David comenzó la construcción del Templo que allí se llama Templo de E-Dnin-Ih y que nosotros conocemos como Templo de Jerusalén. El Rey David tenía a los Masones en gran estima y les pagaba muy bien. Y les dio los deberes que había aprendido de Euclides en Egipto, junto con otras órdenes que oiréis más adelante. Después de la muerte del Rey David, Salomón, su hijo, terminó el Templo que su padre había comenzado, y mandó a buscar masones a diversas tierras y países. Reunió a cuatrocientos trabajadores de la piedra, todos ellos Masones. Y de entre ellos escogió a trescientos, a los que ordenó maestros y directores de su obra. Además, en otra región había un Rey llamado Jirán que apreciaba mucho al Rey Salomón y le dio madera para su obra. Éste tenía un hijo llamado Aynon que era Maestro de la Geometría y fue el Gran Maestro de todos los Masones, y fue Maestro de todos los grabados y relieves y de todos los trabajos que la Masonería obró en el Templo. El tercer capítulo del libro de Reyes de la Biblia da testimonio de ello. Salomón confirmó tanto los deberes como las maneras que su padre había dado a los Masones. Y así fue como se estableció la honorable ciencia de la Masonería en la tierra de Jerusalén, y en muchos otros reinos.

Muchos hombres de este oficio viajaron curiosos y aventureros a otras tierras, algunos buscando más conocimientos y otros para enseñar el oficio a los ignorantes. Uno de ellos, llamado Maymus Grecus, que había estado en la construcción del templo de Salomón fue a Francia y se encontró con Carlomagno. A éste le gustaba la ciencia y quiso aprender de él. Posteriormente asumió asimismo los deberes y las maneras. Después, por la gracia de Dios, fue elegido Rey de Francia. Durante su reinado tomó Masones y otros hombres sin oficio y los hizo Masones. Les dio trabajo, los deberes y las maneras, y una buena paga, tal como había aprendido de otros Masones. Y les proporcionaba todos los años una carta magna para que pudiesen reunirse donde quisieran, y les tenía en gran estima. Así fue como esta ciencia se estableció en Francia.

En Inglaterra no hubo Masonería en todo este tiempo hasta la época de San Albones. En sus días, el Rey de Inglaterra que era Pagano, construyó una muralla alrededor del pueblo llamado San Albones. San Albones era un honorable Caballero administrador de la Casa Real y tenía poder sobre el reino, y por lo tanto también sobre la construcción de la muralla. Tenía a los Masones en muy buena estima. Les pagaba muy bien, como la categoría de su reino se merecía, puesto que les daba dos chelines y seis peniques a la semana, y tres a los peones. Hasta que San Albones lo enmendó, en aquellos días y por aquellas tierras, un Masón no ganaba más que un penique al día y su comida. También les proporcionó una carta magna del Rey y su Consejo para celebrar un consejo general, al que llamó Asamblea y a la que él mismo asistía, ayudaba a ordenar Masones y les daba los deberes, como oiréis más adelante.

Justo después de la muerte de San Albones, el reino de Inglaterra mantuvo varias guerras con otras naciones que destruyeron el buen trabajo de la Masonería; y esto duró hasta la época del Rey Athelstone que fue un Rey muy importante para Inglaterra a la que devolvió la paz y el sosiego. Apreciaba a los Masones y construyó grandes obras: Abadías, Torres y otras diversas construcciones. Tenía un hijo llamado Edwin que apreciaba a los Masones aun más que su padre y era un excelente practicante de la Geometría. Le gustaba mucho hablar y convivir con los Masones y aprender su ciencia, por lo que posteriormente fue hecho Masón y obtuvo del Rey, su padre, una carta magna y el Encargo de celebrar una Asamblea cada año en el lugar que quisieran dentro del reino de Inglaterra para castigar las faltas y transgresiones contra la ciencia de los que de entre ellos las hubiesen cometido. Él mismo celebró una Asamblea en York y ordenó Masones en ella, dándoles los deberes y enseñándoles las maneras; y les ordenó que todo ello fuera preservado para siempre, estableciendo la ordenanza de que se transmitiera de Reinado en Reinado.

Y estando reunida la asamblea preguntó a todos los antiguos y nuevos Masones su tenían algún escrito o noción de los deberes y maneras que hubiese podido haber en el pasado en su reino o en algún otro, y que si así fuere, era su deber mostrarlas a todos. Y se vio que unos se habían encontrado en Francés, otros en Griego, en Inglés o en otras lenguas, y que todos eran uno. Entonces lo escribió en un libro junto con la historia del inicio de la ciencia.

Y él mismo ordenó que todo ello debería leerse o recitarse cuando se ordenase algún Masón, para darle sus Deberes. Y desde entonces hasta nuestros días, las maneras de los Masones se han preservado de esta forma, así como los hombres que los gobiernan. Además, diversas Asambleas han añadido ciertos deberes siguiendo el buen consejo de Maestros y compañeros.