sábado, 27 de septiembre de 2014

EL MANDIL

Plancha correspondiente a Tenida de Primer Grado
Celebrada en el Valle de La Reina, julio 21 de 2004.

GRAN LOGIA DE CHILE
Resp:. Log:. Fragua N° 128
Valle de la Reina
S:. F:. U:.

Christian Torres Castro

Aquí estoy con música ruidosa –con mis clarines y mis
tambores,
No sólo ejecuto marchas para las victorias consagradas-
Yo ejecuto también marchas para los vencidos y para
los asesinados.

¿Habéis oído decir que está bien ganada la jornada?
Yo también digo que es bueno caer –que las batallas se
pierden con el mismo espíritu con que se ganan.
Yo redoblo y repico por los muertos;
Soplo en mi clarín mis notas más vibrantes y más alegres
en honor de todos ellos.

¡Viva por los que cayeron!
¡Y por aquellos cuyas naves guerreras se hundieron en el
mar!
¡Y por aquellos mismos que en el mar perecieron!
¡Y por todos los generales vencidos! ¡Y por todos los héroes
derrotados!
¡Y por los innúmeros héroes desconocidos, iguales a los
grandes héroes conocidos!


WHALT WHITMAN


Introducción.

En el proceso de búsqueda de antecedentes para la elaboración de este trabajo, en la revisión de trabajos y planchas realizados a lo largo de los años por diversos y todos muy instruidos H:., fui encontrando interesantes elementos, por cierto comunes en todos ellos y probablemente conocidos por la mayoría si es que no por todos ustedes. Me refiero a aquellos aspectos que tienen que ver con su origen etimológico e histórico, sus interpretaciones simbólicas más aceptadas, sus formas, colores y materiales.

Sin embargo, varios de ustedes deben estar preguntándose del porque entonces las palabras antes de comenzar el trabajo, aquel bello poema de Walt Whitman, esa oda a los vencidos y derrotados, quizás muchos de ellos hermanos nuestros que a lo largo de la historia de la humanidad no fueron entendidos por sus contemporáneos, sino por el contrario fueron condenados, acusados e incluso muertos por no renunciar a sus creencias, deseos, y compromiso con la sociedad y la búsqueda de la verdad.

Espero que en el transcurso de este trabajo y quizás en sus conclusiones se logre entender de mejor manera la relación que este comienzo tiene y el aporte que, aunque quizás parezca pretencioso, deseo realizar.

Esto tiene que ver con las opciones que el ser humano tiene en la vida, con aquella maravillosa posibilidad de elegir que nos da la razón, y no me refiero a la opción entre lo “bueno o lo malo”, términos por cierto que dependen de quien los utiliza y en qué circunstancias. Me refiero mas bien a la opción de vivir o no con opción, a optar por vivir una vida con opciones que uno es capaz de construir y por tanto de ser un sujeto y actor de nuestra propia vida y de la sociedad, o de vivir sin poder optar, o lo que es lo mismo, optando entre alternativas pre determinadas por otros.

Desarrollo.

Naturalmente no debemos olvidar aquellos aspectos esenciales que todo masón o aprendiz de tal debe conocer respecto de esta divisa y que se constituyen en aquellos motivos que la justifican como una herramienta esencial para el trabajo de nuestros talleres, por qué ella y no cualquier otra prenda.

Sus orígenes etimológicos se remontan al latin “mandile”, traducido como sinónimo de “mandil-landin”. El primer concepto se refiere en términos profanos al trozo de tela amarrado por la cintura a través de una cuerda que se utiliza para la protección de las ropas en los trabajos duros; también al trozo de cuero que utilizan los soldados de la Banda de Guerra en la entrepierna para protegerse del roce de las ataduras de los tambores. Recibe también, para el mismo concepto, los nombres de delantal o pechera, cuyos usos y formas son conocidos y sobre los cuales no vale la pena extenderse mayormente. El segundo concepto se refiere al pedazo de balleta colocado entre el lomo de los caballos y la silla de montar.

Pero yendo a lo que nos convoca, que es el sentido masónico del término y por lo tanto las interpretaciones simbólicas que la masonería le da. Podemos decir lo siguiente: el Mandil tiene sus orígenes en las antiguas costumbres egipcias y hebreas, en donde era usado durante los trabajos materiales de edificios, monumentos, templos y demás construcciones de arte en materia de arquitectura. Se sabe también, que esta prenda fue implantada para el uso de los neófitos en las más antiguas sociedades iniciaticas como los Esenios, Caldeos, Asirios, y Druidas entre otros, interpretándose como un símbolo de perseverancia, constancia y firmeza en las acciones humanas, cualidades indispensables que los iniciados debían poseer.

No es por lo tanto solo una prenda de adorno o reconocimiento, por el contrario simboliza el compromiso con el trabajo y nos reúne intramuros bajo principios, participación y unión.

Tradicionalmente confeccionado en piel de cordero y color blanco, lo que simboliza la pureza, el aprendiz, antes de transformarse en tal, ha muerto simbólicamente y renacido en nuevo estado.

Su forma geométrica está relacionada con la gnosis numeral de grado y por lo tanto con la filosofía pitagórica. Consiste en una combinación del cuadrado y el triángulo. Este representa la primera figura y el cuadrado, la suma de dos triángulos, lo que hace tres triángulos, es decir, la gnosis numeral del grado de aprendiz que significa la síntesis: espíritu, cuerpo y alma, que corresponden a inteligencia, materia y vida, respectivamente.

Se amarra por la cintura con un cordón que simboliza el círculo mágico que protege al mago de influencias externas perjudiciales o malignas.

En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado es usado por el Aprendiz de piel blanca y con la faldeta levanta (como hacíamos referencia al comentar su geometría), por los Compañeros de piel blanca y su faldeta doblada y por los Maestros forrado en rojo y en su centro con las letras M y B.

La forma en que es usado por los aprendices se relaciona con que el cuadrado cubre parte de las piernas y el abdomen, es decir, los instintos; y el triángulo la región toráxico, nuestras pasiones y emociones zonas que debemos pulir a medida que avanzamos en nuestro trabajo de desbastado interno.

Conclusiones.

El día 2 de julio del año 2003 recibí de manos del V:. M:. de nuestro taller el Mandil del A:. M:., minutos antes había sido aceptado como un nuevo hermano, venía del mundo profano, como cada uno de ustedes que había sido recibido e iniciado en algún momento de sus vidas.

Llegué con mi historia, mis vivencias y creencias, mis pesos y mis deseos, iniciando una búsqueda de conocimiento personal y colectivo, debatiéndome entre la necesidad de ser un actor de mi propia vida y de la sociedad y la tentación siempre seductora y humana de la levedad, de sólo pasar por la vida aceptado las supuestas verdades y contentándome con la simpleza de no hacer preguntas y solo pasar.

Al recibir el mandil y observarlo junto a los símbolos que copaban cada rincón del templo, difícilmente podía asumir y entender lo que éste significaba, sin embargo con el transcurso del tiempo y el estudio y la participación en la orden, ha pasado a ser una divisa simbólica que a partir de ese momento me acompañaría para siempre, lo tuviera o no materialmente conmigo.

Lo asumí como mi recordatorio utópico, aquel que me recuerda a cada momento el proceso permanente de perfeccionarse, de mejorar como ser humano y aportar a construir una sociedad más humana. Sí, utópico porque el ser humano no termina nunca de perfeccionarse y la sociedad puede y debe ser siempre mejor y más humana.

Y retomo el sentido del bello poema leído al comenzar este trabajo, en una sociedad donde pareciera que sólo el éxito material y el muchas veces mal entendido triunfo son las señales de que las cosas se han hecho bien, donde se aplaude a estos triunfadores y se hace escoria de los derrotados, que importante es recordar permanentemente a los hombres buenos que no necesariamente han triunfado en ese concepto, que lo que buscan no es el reconocimiento ajeno o la gloria vana, o el adornarse con objetos que les recuerden esos supuestos triunfos. No aquí quiero recordar la pureza de las causas justas, recordar los héroes silenciosos esos que con perseverancia, constancia y firmeza han luchado por lo que creen, aquellos cuyo principal compromiso a sido además de consigo mismo, con sus familias y con la sociedad, que han hecho del respeto por los demás, la tolerancia, la fraternidad, la justicia y la igualdad el sentido de sus vidas, que han pasado quizás inadvertidos en el medio de la competencia, pero que con sus aportes han marcado vidas, pocas o muchas, aquellos que ante la posibilidad de optar, efectivamente optaron por una vida con sentido y usan un mandil que les recuerda permanentemente ese compromiso como un desafío y no como un reconocimiento.

No sólo como una pieza decorativa sino como un desafío permanente de perfeccionarse así mismos y de aportar a cada uno de sus hermanos y a la sociedad completa, aquellos quizás que perdieron, que fueron muertos o silenciados, aquellos héroes anónimos, tan importantes como los grandes héroes conocidos.

Por eso queridos hermanos les cuento cómo asumo en estos momentos de mi vida, como un aprendiz de masón este hermoso símbolo y parafraseo al cantor español cuando se refería a la utopía, mi mandil es aquel vestido que se pone la esperanza cada mañana para enfrentar el nuevo día.


SALUD, FUERZA Y UNION.