martes, 23 de septiembre de 2014

Ternario, Trilogías, Trinidades y trinidades Místicas
trinidades
Cristián C. S.

En unos días más cumplo mis dos primeros años en este espacio, espacio en el cual encuentro elementos trascendentales para continuar en el. Los temas tratados son de mi total agrado y motivo de profundas reflexiones que llevo al interior de mi ser para ser analizadas y en el cual maduran a través de este breve pero fructífero tiempo.
Debo ser honesto y sincero con ustedes en este momento, el tema a tratar es un tema nunca antes tratado por mí, sólo al remontarme a mi infancia escucho la voz de mí Abuela Trinidad que en cada noche me enseñaba a dar gracias por lo que se tiene y se cuenta, pero sobre todo el pedir bienestar y prosperidad para los demás y al finalizar cada plegaria ésta era acompañada del signo de la cruz y repetía en conjunto con ella “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Pasaron más de 20 años para que hoy frente a ustedes muestre el fruto de las reflexiones formuladas respecto a estás ultimas palabras, desde una forma muy distinta a la que podría elaborar en mi infancia y con la seguridad que provocarían fuertes diferencias con mí querida abuela.

El naufragar en el mar de conocimiento que se genera respecto a estos temas es muy fácil, quiero entonces agradecer a nuestro vigilante de grado Q.: H.: Antonio Miralles por su orientación, la cual fue un verdadero mapa de ruta a seguir para llegar a buen puerto.

Sin duda que dejaré muchos aspectos por mencionar y desarrollar propios de este extenso tema. Sin embargo, los elementos centrales para analizar el tema abordado será el ternario y brevemente comentar respecto a la numerología, ya que en ambos existen elementos transversales que permiten según mi visón, comprender estos temas de una mejor forma metodologica.



Inicio
El motor de arranque de este trabajo se desprende de la siguiente interrogante realizada día a día en mi ser: ¿somos hijos del Sol o de la Tierra? Quizás esta reflexión aún no entrega resultados concretos respecto a cual de las alternativas de la pregunta es la correcta, sin embargo es el motor que impulsa todo pensamiento en mi mente y que entrega las primeras luces para posteriormente concluir y entregar puntos de referencia.

Es así entonces que para entrar a las trinidades debemos reflexionar respecto al origen de todo, y para esto es necesario introducirnos en la numerología, y es que el hombre aprendió a contar y a conocer los eventos estelares antes que escribir, pues así lo indican claramente sus conocimientos de las posiciones de los astros, del inicio de las estaciones y sus calendarios lunares. El nacimiento de la agricultura y la ganadería también hicieron necesarios dichos conocimientos para saber cuando se debía sembrar, realizar el recuento de las cosechas o aparear el ganado. Así también con la navegación, en la que era indispensable conocer cuándo y donde se producían las mareas y corrientes marinas que podían imposibilitar o facilitar la navegación de las pequeñas embarcaciones de que se disponían. De aquí su atenta observación y conocimiento de las fases lunares, del curso solar y de los demás astros visibles. Según la doctrina pitagórica, el número es algo cualitativo que de antemano se halla presente en todo y no se trata de un continuo cuantitativo infinito: el uno, el dos, tres, etc. no son cantidades, sino determinaciones entre las cuales no existe un intervalo infinitamente divisible, sino una oposición en la cual cada uno de los términos es lo que es. Por ello, todo lo que constituye el ser de algo es número; en efecto, el uno de los pitagóricos no es la unidad uno, menor que 1,1 y mayor que 0,9. Sino que es la unidad fundamental; toda cosa que exista es uno, y dos será la dualidad como otro uno opuesto al primero. Esto es uno y aquello es dos; por lo tanto, la dualidad es asumida en la unidad y la unidad remite de nuevo a la dualidad.

De aquí que el número sea la alternancia entre la unidad y la dualidad, entre lo impar y lo par, entre lo limitado y lo ilimitado. También nos dicen que la unidad que sobra en lo impar es lo que constituye su limite, y que el tres es un retorno a la unidad al suponer la alterabilidad, la limitación de lo ilimitado en la forma de un triangulo, la figura más simple, origen de todas las demás figuras planas y lo mismo ocurre con las representaciones geométricas, en las que el punto es la unidad, la línea la dualidad, la oposición de un algo a otro algo, es decir, la distancia que los separa. Con el tres se recupera la unidad al formar algo cerrado en sí mismo, pues tres puntos delimitan una figura plana.

En el universo todo es ritmo, alternancia y geometría, y por ello, las relaciones que se desprenden pueden transmitirse bajo la forma de figuras armónicas de naturaleza vibratoria que actúan sobre nosotros. Y si el Cosmos es número y ritmo, podemos pasar de la armonía de los sonidos a la de las almas. Como dice Proclo: “El número es el glorioso padre de los dioses y de los hombres; y sus seguidores identifican la Causa Primera – la unidad- con Dios”.

Es por ello, que a partir de Pitágoras- o quien sabe desde mucho antes- se considera que cada número posee un valor cualitativo (además del cuantitativo) que le confiere un significado particular, tanto físico, como psíquico y espiritual.

Algunos interpretan como el uno, el símbolo de la unidad indivisible, de la continuidad y la estabilidad, el centro cósmico e inmaterial, impar, creador, iniciador y pionero. De aquí entonces que se asocie al macho como poder generador activo e indique creación, impulso y actividad. El Dos no engendra ninguna forma y de hecho tampoco es un número, sino el principio de la paridad, el símbolo de la oposición, conflicto y reflexión. Es la dualidad como contraposición a la unidad, la pasividad como opuesta a la actividad; es el primer número par y como tal, femenino y complemento del principio generado impar y masculino, posibilitando así la continuidad y la multiplicidad. Es el punto que se desplaza dando origen a la línea, marcando su comienzo y su fin; en el tiempo y en el espacio indica el inicio de la realización, lo que en la vida indica dirección y destino y en los objetos determina la simetría, reflejo de trabajo y belleza.

El reino de la dualidad es universal y hace que todo sea ambivalente, que en todo exista polaridad, que al bien se oponga el mal, a la luz la oscuridad, a la energía la materia y sea la limitación de lo ilimitados. Pero al significar el primero de los núcleos materiales, la naturaleza como opuesta al creador, también implica la imperfección ante la perfección, y por ello, en el fondo, la insatisfacción que impulsa seguir adelante

TRES: es el ternario en el que la tensión de los opuestos, entre par e impar, se resuelve dando origen a un nuevo impar; es el símbolo de la generación a partir de la unión entre dos complementarios, del macho y la hembra para dar origen al hijo; la espiritualidad como complemento de cuerpo y alma; es la línea que se desplaza sobre su punto de origen para dar nacimiento a la más simple de todas la figuras: el triángulo, y con él todas las figuras planas. Por ello es apto para reproducir eternamente las mismas estructuras. El tres cierra un ciclo, una primera totalidad que no es más que otro uno, otro impar en el que se iniciará el próximo ciclo; como dice Platón en el Timeo: “Es imposible combinar bien el conjunto de dos cosas sin una tercera, se necesita un lazo que las una”.

Desarrollo
Bajo la base de la numerología, debo ahora sumergirme en los conceptos asociados al Ternario y analizar las trinidades místicas. Y es que toda deidad e interpretación de la naturaleza por el hombre en la distintas civilizaciones es producto de éste y ha sido entonces el hombre quien da origen a los distintos dioses. De aquí entonces surge la interrogante: ¿Quien creó a quien?, ¿Dios creó al Hombre o el Hombre creó a Dios? y es que el dominio de la razón y del pensamiento, se encuentra el territorio más codiciado que todo imperio busca conquistar, a través de las más distintas armas, ya sean estos mitos, creencias, leyendas, fábulas, escrituras sagradas u otro medio de carácter celestial, y es que es, en la mente del hombre donde se encuentran las verdaderas herramientas necesarias para construir un verdadero hombre libre, es aquí en este punto donde comienza todo. ¿Que sería entonces de los dioses sin sus seguidores y sacrificios?, ¿Que serian los reyes sin sus súbditos?, ¿Que sería de todo, sino existiera una fuerza a la cual poder controlar dando una dirección y un sentido?

Así es entonces, como a lo largo de la historia existen distintas trinidades y trilogías en todas las religiones y en todas las filosofías, en todos los pueblos. Sin embargo, en todas ellas se encuentra una misma realidad diferentemente expresada. La trinidad más simple y fundamental resultado de la contemplación del hombre y su entorno el de “Padre – Madre – Hijo” esta se encuentra en la religión egipcia con los nombres de Osiris – Isis – Horus, en la brahmánica como Nara – Nàri – Viraj, en Caldea como Anu – Nuah – Bel y otras trinidades equivalentes. En el cristianismo, la madre desaparece teóricamente para dar lugar al espíritu santo, pero se conserva prácticamente el culto de la Madre de Jesús, es evidente que este es uno de los principales dogmas de la Iglesia que se sustenta baja el supuesto que siempre se genera y el cual es la ya conocida revelación Divina. Cuando el hecho de la revelación, entendida en su sentido total como el discurso de Dios al hombre, ya no es admitida, el rechazo a la doctrina le sigue como consecuencia necesaria. Por esta razón, no tiene lugar en el Protestantismo Liberal de hoy. Los escritores de esta escuela sostienen que la doctrina de la Trinidad, como profesada por la Iglesia, no está contenida en el Nuevo Testamento, sino que fué formulada por primera vez en el siglo II recibiendo aprobación final en el siglo cuarto, como resultado de las controversias Arianas y Macedonias.

Filosóficamente los conceptos del Ternario se hacen presenta a través de el Azufre, la Sal y el Mercurio – como principios constitutivos del universo o Fuerzas creadoras primordiales (análogas a Padre – Madre – Hijo) – encuentran una perfecta correspondencia en los tres gunas Rajas – Tamas – Sattva, o sea Actividad – Inercia – Ritmos, correspondiente el primero a la fuerza centrífuga o principio de la expansión, el segundo a la fuerza centrípeta o principio de contracción, y el tercero a la fuerza equilibrante o principio del ritmo ondulatrio.

Una forma de representar el Ternario, es a través del más simple y característico emblema de los tres puntos masónicos. Eligiendo este símbolo juntamente con la escuadra y el compás, como distintivo de la orden, estos puntos sintetizan el misterio de la Unidad, de la Dualidad y de la Trinidad, o sea, el misterio del origen de todas las cosas y de todos los seres. Estos se encuentran armónicamente juntos y diferenciados en una unidad Oriental y una dualidad Occidental, en las tres luces del Ara, en torno del libro de la tradición y de los instrumentos que se necesitan para comprenderla y aplicarla

Como se ha podido observar, en cada una de ellas existen elementos transversales que hacen que cada una coincida con la otra y es el tratar de explicar el origen de todo, es importante mencionar que todas las reflexiones realizadas por toda civilización y sociedad corresponden inicialmente a interpretar los fenómenos naturales terrenales y celestiales. Es que el hombre ha comprendido desde tiempos inmemorables que se encuentra inmerso entro lo terrenal y lo celestial, es así entonces como a través de la simple observación y compleja contemplación comienza a comprender donde se encuentra y en el entorno que lo acompaña.

Los dioses, demonios son el resultado de la simple pero compleja interpretación de la naturaleza y el cosmos por parte del hombre. No olvidemos que los dioses egipcios se impusieron a otros dioses no por batallas celestiales dadas por ellos, aunque los griegos ocupan este argumento para interpretar como Zeus vence a su Padre y toma finalmente dominio del Olimpo. Por el contrario, estos fueron impuestos por el hombre, ya que según la posición de cada hombre este último era capaz de imponer su dios al resto, es así como los faraones imponen sus dioses, no es menor el hecho que en Egipto y dependiendo del territorio Alto o Bajo existan distintos dioses que posteriormente fueron unificados. Empleo este simple argumento para señalar que es el hombre el que se ha auto impuesto o ha auto impuesto dioses, con el fin de explicar a través de ellos fenómenos naturales, celestes o manifestar de esta forma su origen divino para gobernar. Tengo la convicción y la certeza que sino existiera Dios, yo sería el primero en crearlo para someter mi mente o la de los demás

Como resultado de los antecedentes anteriormente expuestos y señalados es importante mencionar nuevamente que la base de toda teoría se encuentra orientada y cimentado por la observación del hombre de la naturaleza y el cosmos. Es así entonces como se atribuyó al Sol el primer Dios adorado por los hombres.

Algunos plantean entonces, que somos Dioses y otros semi dioses, pero ambos nacen y se crean a través del Hombre, independiente de nuestra condición celestial o terrenal, lo cierto es que somos hechos de materia y Energía, no olvidemos que el gran avance del siglo pasado se debe a Eistein y su descubrimiento de la relación existente entre la energía, la materia y la velocidad de luz, lo que nos hace ser seres temporales, es decir seres con fecha de elaboración y fecha de vencimiento, es quizás este relevante hecho el que motive al hombre a crear seres atemporales que permanezcan eternamente y para esto la existencia de dios sea una constante. Dios es todo lo que nosotros queremos que sea, y muchas de sus características se encuentran en el hombre, muchos plantean que el hombre es la representación de Dios en la tierra, puede que esto se cierto o no, lo cierto es que el hombre ha evolucionado y cambiado su fisonomía durante millones de años, de hecho existen y cohabitan diferentes tipos de razas y distintos colores de piel, por lo tanto, ¿Dios es de piel blanca ,morena o amarilla? , ¿es de estatura alta, baja, media?, ¿gordo, flaco? etc..lo cierto es que las características descritas anteriormente tienen que ver en como la tierra condiciona al hombre a sus características y como este se adapta a ellas. Lo cierto es que si existiera un Dios este debiese ser bastante dual, debido a que la fuerzas no actúan solas como plantea Newton sino que siempre actúan de a pares, pero en fin, esto será tema de otro debate. Sin embargo la constante contemplación del hombre respecto a la naturaleza y el cosmos es la que genera todo, es a través de esta donde todo nace y muere. Respecto al origen de todo, todo ser viviente necesita de otro complemento para dar origen a otro ser, de ahí la más simple pero profunda trinidad “Padre – Madre – Hijo”, que se fundamenta en la trinidad mística “El sol – la Tierra - el Hombre”

Interesante es la propia tríada del hombre Pensar, Amar, Crear que se encuentran físicamente presentes en su cuerpo a través de su mente, su corazón y su falo con las cuales se desarrolla y permanece en la tierra.

En el campo masónico, la trinidad está formada por los tres instrumentos de medida que corresponden a las tres luces: la plomada o perpendicular, el nivel u horizontal y la escuadra. Las tres columnas simbólicas que sostienen la Logia, representadas igualmente por las tres luces: Sabiduría, Fuerza y Belleza, constituyen otra interesante trilogía. La sabiduría, que corresponde al V.: M.: es la facultad inventiva, o sea la inteligencia creadora, que concibe y manifiesta interiormente el plan del gran arquitecto; la fuerza, que corresponde al Pr.: Vig.: es la facultad volitiva, que se esfuerza en realizar lo que l a primera concibe; y la belleza, representada por el Seg.: Vig.: es la facultad imaginativa, que adorna y perfecciona la obra realizada por las dos primeras.

Sin duda que existen distintas trinidades, tríadas y trilogías, lo esencial es como el hombre a través de la simple pero compleja contemplación a estructurado en tres elementos esenciales todo pensamiento y comportamiento.

Principales Conclusiones
El trabajo recientemente expuesto V.: M.: dentro de sus parajes se concentra fuertemente en la presencia y existencia de DIOS. Lo anterior, se debe a que su autor a encontrado en él un elemento fundamental de toda tríada o trilogía y es su constante asociación con el Padre, representación del principio activo o masculino que corresponde al azufre de los alquimistas. La Madre principio pasivo o femenino asociado con la tierra y que corresponde a la sal de los alquimistas. Y la unión el Hijo o el hombre que es la perfecta unión de los dos elementos complementarios que ahora se manifiestan en armonía. De ahí entonces los orígenes y elementos comunes en las más simple pero interesantes tríadas: Sol, Tierra, Hombre y Padre, Madre, Hijo.

Respecto a la trinidad que me comentaba mi abuela Padre, Hijo y espíritu santo , es una lastima que ahora no me acompañe en esta vida…….hubiese sido realmente interesante el conversar y dialogar respecto a los elementos que ahora manejo y que antes desconocía totalmente……

Respecto a la pregunta inicial formulada en el trabajo y que es la generadora de este mismo y que plantea el que si somos hijos del sol o de la tierra, debo decirles que lamentable no manejo la respuesta exacta, pero me atrevo a plantear con algún grado de seguridad que somos hijos de ni uno ni de otro, sino que de ambos…somos la criatura perfecta que nace de la unión del Sol y la Tierra, realizando la mística unión y la expresión de lo superior con lo inferior: El Hombre.

S.:F.:U.:

Bibliografía:

El libro del Aprendiz – Oscar Wirth

Manual de instrucción para el grado de Aprendiz – Gran Logia de Chile

Mitología Egipcia – F. Max Muller

Mitología Griega – F. Max Muller