sábado, 7 de febrero de 2015

El Grado de Aprendiz

La Masonería es una comunidad iniciatica que entiende el proceso de iniciación como un camino de evolución personal que tiende a la autorrealización y se nutre del trabajo comunitario. En este sentido puede considerarse nuestra institución como una escuela de formación humana que utiliza la simbología y el rito como métodos de aprendizaje para alcanzar el perfeccionamiento del hombre y la construcción de la sociedad basada en el ideal masónico.
En la masonería se distinguen tres grados fundamentales que se corresponden con el proceso de aprendizaje que recibe y asimila cada miembro de la orden. Estos grados derivan de la masonería operativa de los gremios medievales y reciben el nombre de Aprendiz, Compañero y Maestro.
El grado de Aprendiz es el primero de la orden y se accede a él una vez superada la Ceremonia de Iniciación Masónica después que el profano haya llamado a las puertas de la institución por iniciativa propia. En este grado empieza la instrucción masónica del hermano aprendiz que simbólicamente recibe las herramientas con las que tendrá que trabajar sobre si mismo para perfeccionarse como ser humano.
El mazo, el cincel y la regla que recibe el aprendiz simbolizan la fuerza de la voluntad, la inteligencia y la constancia que necesitará para liberarse de la esclavitud de las pasiones, de los prejuicios y de la ignorancia que impiden su evolución espiritual. Este proceso no será ni fácil ni breve, para ello tendrá que haber asimilado la muerte profana y el renacimiento en hombre nuevo que se produce en la Cámara de Reflexión.
Este proceso evolutivo de perfeccionamiento se visualiza en el interior del Templo con el acercamiento a la luz. Los aprendices se sitúan en la Columna Norte, la parte más sombría del templo.

En su columna, la Norte, los aprendices tutelados por el segundo Vigilante aprenden trabajando. En este lugar, al lado de la Columna “B” es donde el aprendiz recibe al finalizar la jornada su salario, de la misma manera que la viuda Ruth recibía de Boaz una parte de los cereales que recogía como recompensa al trabajo realizado.
El salario que recibe el aprendiz es el premio a sus esfuerzos, es la recompensa que recibe en el templo, en el mundo sagrado y se traduce como el perfeccionamiento de si mismo que va trasmutándose en su interior. De mediodía a medianoche trabajará constantemente el aprendiz en la Columna Norte hasta el día que sea propuesto a un aumento de salario.

El camino del aprendiz puede llegar a ser muy duro, incluso cruel, en el trabajo de desbastarnos a nosotros mismos las impurezas no se resignaran a caer al primer golpe, intentarán hacernos dudar y desistir. En esos momentos de flaqueza también surgirá la verdadera fuerza que nos guía y nos impulsa a seguir avanzando, la fuerza que verdaderamente nos motiva y nos conmueve, la que reside junto a la Columna “B” que no es otra que la fuerza del amor. Aquel amor que también sintieron Boaz y Ruth, progenitores de los Hijos de la Viuda.

DIANA MARIA PALACIO