sábado, 30 de mayo de 2015

BIBLIOTECA DE ASURBANIPAL

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BIBLIOTECA DE ASURBANIPAL
Publicado por EL ARCA DE LOS DIOSES

EL PALACIO DE NÍNIVE: EL GRAN DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO
La región situada entre el Éufrates y el Tigris (actualmente, Iraq) se bautizó con el nombre de Mesopotamia (del griego, meso: “medio”, potomos: “río”, “entre ríos”). Los sumerios, un pueblo agricultor y pescador, estaban afincados en esta región que, con su fértil suelo regado por ambos ríos y sus afluentes, proporcionaba alimento suficiente para sustentar a poblaciones mayores. El deshielo de los montes de Armenio entre mayo y septiembre y el material de aluvión que arrastraban los grandes ríos permitió un enorme rendimiento agrícola. Fue aquí donde se inventó el primer sistema de escritura del mundo, denominado escritura «cuneiforme», para registrar el flujo de bienes y productos traído por el florecimiento del comercio. Mesopotamia se considera el primer ejemplo de una verdadera civilización: no es una gran ciudad, sino una región dominada por ciudades-estado unidas por una cultura e intereses comerciales.

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La Mesopotamia asiático, con sus trascendentales ríos Tigris y Eufrates, fue el ámbito donde se desarrollaron culturas urbanas que se encuentran entre las civilizaciones humanas más antiguas. Allí se modelaron nuevas organizaciones de vida, que dejaron su impronta en las sociedades futuras y nos brindaron, junto con Egipto, los primeros testimonios escritos de la historia.

Gracias a uno de los mas notables descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos , llevado a cabo en 1840 por un joven arqueólogo británico aficionado llamado Austen Layard , sabemos que hace unos 5000 años en la antigua Sumeria un sistema de escritura. En vez de quedarse en Londres a ejercer su profesión de letrado, Layard decidió trasladarse a vivir a la isla de Ceilán (actualmente Sri Lanka), en el extremo sur de la India, que estaba entonces bajo dominio británico.

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Layard nunca llegó a Ceilán. Se detuvo en Oriente Medio, en Irán, donde quedó fascinado por la historia de la región, y en particular por un monte grande y extraño cerca de la ciudad de Mosul, a orillas del Tigris. Estaba tan intrigado por aquella singular colina hecha por el hombre y cubierta de polvo y arena que convenció al embajador británico en Turquía para que financiase una excavación arqueológica con el fin de ver qué había debajo de todo aquello.

El 9 de noviembre de 1845, Layard, con un equipo de lugareños, inició las excavaciones. Al cabo de unas horas sus cepillos y palas sacaron a la luz las murallas de un antiguo palacio cubierto con losas de piedra, todas ellas repletas de inscripciones de aspecto curioso en una escritura antigua desconocida.

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No se trataba sólo de un vistoso palacio real con unos cuantos grafitos antiguos que Layard y su equipo habían encontrado por casualidad. Tras una serie de excavaciones, aparecieron en el yacimiento dos palacios y una enorme biblioteca real, que resultaron ser los restos de la antigua ciudad bíblica de Nínive.

La biblioteca había sido construida por Asurbanipal, el último gran rey de Asiria, que murió en 627 a. C. Fue un monarca erudito y ávido coleccionista. A diferencia de la mayoría de los reyes de su época, Asurbanipal sabía leer y escribir, y era notoria su capacidad para resolver complicados problemas matemáticos.

Layard y su equipo descubrieron la asombrosa cantidad de 20.000 tablillas de barro en la biblioteca de Asurbanipal, entre ellas listas de reyes, textos históricos y religiosos, tratados matemáticos y astronómicos, contratos, documentos legales, decretos y cartas reales. Todo ello proporciona una fascinante percepción de la Antigüedad que ha modificado nuestra comprensión de cuándo y dónde emergieron las primeras civilizaciones, y de cómo eran.

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Evidentemente, antes de que pudiera obtenerse algún conocimiento útil de estas preciosas tablillas de barro, alguien tenía que averiguar cómo leer los textos inscritos. Por suerte, aproximadamente al mismo tiempo que Layard y su equipo desenterraban las tablillas de Nínive, un oficial británico que servía en Persia realizó otro descubrimiento extraordinario que desvelaba la clave para poder leer la escritura cuneiforme.
historia
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La piedra Rosetta , actualmente en el Museo Británico, es un famoso bloque de piedra hallado en Egipto por las tropas de Napoleón en 1799 que contiene el mismo fragmento de texto en tres lenguas distintas, dos en la antigua escritura jeroglífica del antiguo Egipto y la tercera en griego clásico. En 1822, el erudito francés Jean François Champollion descifró la piedra, que se convirtió en la clave para la traducción de los jeroglíficos. Lo que Henry Rawlinson descubrió en lo alto de las estribaciones de los montes Zagros, en la frontera entre Irán e Iraq, no fue menos espectacular. A cien metros de altura, en un acantilado de piedra caliza que bordea una antigua carretera que sale de Babilonia en Iraq, encontró una serie de estatuas talladas en la roca, cada una de ellas con un texto escrito debajo.

Estas tallas, llamadas la «inscripción de Behistun», cuentan la historia de las conquistas del rey Darío, un rey persa que gobernó en aquella zona desde 522 hasta 485 a. C. Al igual que en la piedra Rosetta, las historias están narradas en tres lenguas, pero al estar tan elevadas, nadie antes que Rawlinson había intentado leer lo que había inscrito.
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En 1835 Rawhinson escaló el acantilado y copió las inscripciones. Descubrió que la primera parte del texto era una lista de reyes persas, que coincidía exactamente con otra hallada en las historias del escritor griego Heródoto. Esto proporcionó a Rawlinson la clave que necesitaba para poder dilucidar la lectura de las letras de la antigua escritura cuneiforme y, gracias a él, los expertos han podido descifrar gran parte de lo que hay escrito en las preciosas tablillas descubiertas por Layard en la biblioteca de Asurbanipal.

Probablemente, las tablillas más famosas de este tesoro procedente de Nínive son las que narran las aventuras de un rey primitivo de Sumeria llamado Gilgamesh, que gobernó en una de las primeras ciudades sumerias, Uruk, situada a la orilla del Eufrates, hoy en el sur de Irak.

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