sábado, 31 de diciembre de 2016

LAS VIRTUDES DE UN VERDADERO MASON


I:.P:.H:.Delia Hernandez Serrano

Supremo Consejo Hermetico De Puerto Rico

LAS VIRTUDES DE UN VERDADERO MASON

El tiempo que llevo siendo Masona, el proceso que he vivido y he observado con los años a otros Masones me he llegado a preguntar ¿Para llevar el mandil y ostentar el título de Masón que virtudes debe tener?

La palabra Virtud viene del latín virtus, la raíz Vir de hombre. Se define virtud como: 1. Actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos, 2. Cualidad personal que se considera buena y correcta, 3. Buena conducta, comportamiento que se ajusta a las normas o leyes morales, 4. Disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral. La virtud se opone al vicio, y tiene una gran importancia para la vida ética, 5. Es la integridad hacia la verdad. Se expresa como excelencia moral, poder y fuerza, castidad o pureza, 6. Cualidad positiva de un ser, persona o cosa, exponiendo mediante calificativos las ventajas de dicho ente.

Cuando hablamos de virtudes hablamos en general de cualidades positivas. Estas cualidades pueden ser naturales, adquiridas o aprendidas. Cuando decimos que un masón es un hombre de buenas costumbres, nos referimos a que debemos diferenciarnos en nuestro comportamiento con nuestras cualidades y virtudes del resto del mundo profano. Cuáles son estas cualidades o virtudes que todo Masón debe tener:

La primera virtud es la Prudencia. La Prudencia consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. Es la que nos orienta en cuando y como actuar en el aquí y en el ahora. La prudencia no significa no equivocarse, muchas veces erramos pero tenemos la habilidad de reconocer cuando fallamos y reconocer nuestras limitaciones aprendiendo de ellos. Además, nos ayuda a dominar nuestras emociones y pasiones ajustando nuestro comportamiento a lo que dicta la razón. Debemos ser como un semáforo: rojo “parar”, amarillo “pensar” y verde “hablar”.

La segunda virtud es la Templanza. La Templanza es la cualidad humana que induce a usar o hacer las cosas con moderación. Consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. Nos ayuda a moderar y auto-controlar nuestro comportamiento, impulsos, deseos y sentimientos. Es una habilidad para usar todo lo que tenemos de una forma correcta.

La tercera virtud es la Fortaleza. La Fortaleza es la capacidad de una cosa para sostener, soportar o resistir algo. Es la fuerza, vigor, firmeza y resistencia. La fortaleza, es la fuerza que tenemos dentro para caminar, aún después de haber caído. Fortaleza, es renovar nuestra confianza interna sin importar lo que hemos vivido, los fracasos que hemos tenido o las decepciones que hemos sentido. Nos da el coraje en la adversidad.

La cuarta virtud es la Justicia. La Justicia es el principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Esta nos inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde. Cuya práctica establece que se ha de dar al prójimo lo que es debido, con equidad respecto a los individuos y al bien común. Regula las relaciones entre los hombres.

La quinta virtud es la Tolerancia. La Tolerancia es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias. La tolerancia deja de ser una virtud cuando atenta a la dignidad. Contribuye a mejorar la relación con quien nos rodea. Tenemos que ser capaz de escuchar opiniones con una actitud de respeto hacia los demás, comprender las equivocaciones de los otros, ampliar y abrir nuestros puntos de vista y no tratar de imponer a la fuerza nuestras opiniones.

La sexta virtud es la Rectitud. La Rectitud es la cualidad de la persona o cosa que es recta y justa en el sentido moral. Referir a la integridad y severidad. Se aplica a la persona que se comporta de manera justa y firme. La persona recta actuará y se comportará siempre en orden y siguiendo a la justicia, y asimismo será incorruptible.

La séptima virtud es la Imparcialidad. La Imparcialidad es la ausencia de inclinación en favor o en contra de una persona o cosa al obrar o al juzgar un asunto. Falta de designio anticipado o de prevención en favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud. Significa estar libre de prejuicios, es decir, abstraerse de consideraciones subjetivas y centrarse en la objetividad de un asunto, al realizar un juicio. Se basa en decisiones tomadas con objetividad. No dejarse influir por prejuicios o intereses que lo lleven a tratar de beneficiar a una de las partes. Se aplica a la persona que no se inclina en favor o en contra de una persona o cosa al obrar o al juzgar un asunto. Es aquella que toma decisiones y juicios en base a la objetividad, sin dejarse llevar por las diversas influencias que se puedan presentar (o sea sin favoritismos de ninguna especie).

La octava virtud es la Humildad. La Humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Que no hace ostentación de sus virtudes. Es no creerse más que los demás. La humildad es la ausencia de soberbia. Característica propia de las personas modestas, que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de cuán lejos hayan llegado en la vida. No se preocupa por sí misma, si no por los demás, por los que lo rodean. No presume de sus logros, es capaz de reconocer cuando fracasa, y eventualmente sus debilidades, y también actúa sin orgullo. No es una persona egocéntrica, sino que minimiza sus logros para no centrarse en ellos. Muchos la consideran el sustento del resto de las virtudes, porque consideran que solamente a través de una actitud que asume defectos y limitaciones y no hace gala de sus logros, es que la persona podrá superarse en la vida en todo aspecto. La humildad es superadora y una condición necesaria si es que en la vida se quieren lograr cosas, obviamente positivas y siempre en consonancia con el bienestar común. La humildad es una de las cualidades más valoradas pero al mismo tiempo también de las más difíciles de encontrar hoy en día, debido a que el mundo actual nos enseña a actuar de manera individualista o egocéntrica por lo cual las personas humildes escasean y obviamente en caso de haberlas siempre resaltan en la multitud.

En conclusión, existe una enorme responsabilidad que recae sobre la vida del Masón, ya que está llamado a ser luz para sus hermanos en Logia como fuera de este. Al salir de Logia es un individuo más que se conduce por la calle, el cual deberá distinguirse con una decoración que lo eleva del resto de las personas con los que interactúa y esta decoración son las virtudes, que están impregnadas y dejan huellas en cada conversación y actos que realizamos.

Por consiguiente, un masón es un hombre con virtudes y defectos pero debe actuar con prudencia, tolerancia, templanza, fortaleza, rectitud, imparcialidad y humildad pero sobre todo con justicia no avalando o condenando conductas sin antes verificar con responsabilidad la razón de estas. El masón que ejerce su conducta y actúa con estas virtudes, es sin lugar a dudas un verdadero masón y digno de llevar su mandil.