martes, 12 de febrero de 2013

LA PALANCA


Por Iván Herrera Michel

La palanca es una barra rígida rectilínea de longitud variable utilizada para trasmitir e incrementar una fuerza, con base en un punto de apoyo o fulcro, en una tarea que busca mover o levantar con mayor facilidad un objeto pesado. Su uso se encuentra documentado desde el cuarto milenio antes de nuestra era.

De las diferentes clases de palanca que han existido, la Masonería toma alegóricamente la conocida como “de primer grado” por los constructores, que es la que se obtiene cuando se coloca el fulcro entre el obrero y el objeto. Una particularidad del simbolismo de la Orden hace que esta palanca sea de madera, haciendo referencia al mito que sostiene que el Templo de Salomón fue construido sin utilizar metales, y es a la que se refirió Arquimedes cuando pidió una para mover el mundo.

Por lo tanto, no es sorprendente que en la Masonería la palanca de primer grado simbolice la amplificación controlada de la fuerza y los pensamientos en la búsqueda de una mayor eficiencia en el propósito constructivo, venciendo con inteligencia la resistencia que se presente. Su importancia tiene que ver con la comprensión de la acción y la reacción y la ley de causa y efecto, y su utilización requiere inteligencia, discernimiento y observación de la potencia en movimiento.

Cuando la Masonería convida a sus miembros, poniendo en sus manos una palanca, a reflexionar sobre cómo puede mover con menor resistencia el pesado conjunto de sus lastres personales o interactuar con mayor eficacia en medio de sus circunstancias, en realidad los está invitando a darse cuenta de que un ejercicio razonado de su voluntad consciente y de su fuerza intelectual puede lograr grandes cosas para sí y para la humanidad.

Es una invitación esencial a desarrollar el potencial humano, en un proyecto constructivo interior y exterior que empieza con el reconocimiento de sí mismo y el atreverse a repensar en profundidad la propia biografía, a la vez que se reconoce a los otros como iguales en dignidad y respeto.

Y en este sentido, el desarrollo del potencial humano de un Masón requiere la ampliación de su conciencia personal y colectiva, identificando plenamente las razones que podría tener para mejorar su yo, su propia capacidad de acción y las características de la resistencia a superar.

Hoy en día, es común escuchar el término de apalancamiento operativo y financiero, para referirse a los costos fijos operacionales de una empresa que no son dependiente de su actividad y a la utilización de más dinero que el que se tiene. De la misma manera, al Masón se le invita a recapacitar sobre como el poder de su pensamiento y de su acción puede cambiar la realidad. Un ejemplo típico de esta capacidad multiplicadora, lo encontramos en la experiencia de Gandhi y en como la fuerza de sus ideas independizaron la India sin el uso de la violencia. Su pensamiento vigoroso fue la fuerza aplicada a la palanca política nacional que motivó la victoria sobre el poderoso imperio británico, más allá de lo que se podría suponer a partir de sus evidentemente escasas fuerzas físicas.

También sirven como palancas para la edificación de un proyecto de vida personal, la creatividad, los sueños y la imaginación. En alguna oportunidad, el Premio Nobel de Literatura George Bernard Shaw aconsejaba que “si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él”. Y el empresario estadounidense James Cash Penny afirmó con claridad algo que perfectamente se puede aplicar al simbolismo de la palanca en la Masonería: “muéstrame un obrero con grandes sueños y en él encontrarás un hombre que puede cambiar la historia. Muéstrame un hombre sin sueños, y en él hallarás a un simple obrero”.

Para el trabajo individual y colectivo en una Logia, funciona como una gran palanca la música, el deseo de fraternizar, el egregor, el lenguaje verbal y corporal, el ritual, la sensación de solidaridad, los principios morales, el respeto al otro, la aceptación de la diferencia, el cultivo de la tolerancia, la tradición, el estudio de las herramientas del oficio, el trabajo en equipo, la confianza, el intercambio de ideas, la implicación social y un largo Etc. de cosas que conforman la experiencia Masónica, muy diferente a las de otras escuelas e instituciones Iniciáticas surgidas en el mundo antiguo, en la edad media, en la modernidad o que aún están apareciendo como propuestas novedosas o con diferentes grados de sincretismos.

Todas estas fuerzas de apalancamiento Masónicas están a nuestro alcance y pueden ayudar en la construcción de un mundo más feliz y fraterno, si las asumimos con nobleza y generosidad.

Ya que viéndolo bien, la Masonería en sí misma es una enorme palanca con la que ha contado la humanidad para sus más altos logros en los últimos tres siglos.

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