jueves, 10 de enero de 2013

EL ARA SAGRADA y la Magia Teúrgica


La magia teúrgica se ocupa de la conversión de las energías
universales en frecuencias prácticas que puedan ser utilizadas de
acuerdo con las necesidades de cada ocasión. En si mismas dichas
energías son totalmente neutrales, no tienen ninguna afiliación con
ninguna creencia, sistema o persona de este planeta o de cualquier
parte del Universo, por lo que la coloración que toma el nivel mágico
depende absolutamente de la naturaleza e intención de quien las
utilice. Aunque en el transcurso de los siglos el hombre haya ideado
muchos modos de llevar a cabo ese proceso, acaba comprendiendo de
forma inevitable que, básicamente, lo que está tratando de dominar es
el poder de su propia mente. El dominio de sí mismo es un campo del
esoterismo, es necesario primero constatar que constantemente somos
dominados por múltiples circunstancias y por una charla interna
constante. El dominio de sí, no se trata de una disciplina sencilla y
sin problemas, pues, como todas las cosas de la vida, necesita ser
apropiadamente digerida y entendida. La magia en la masonería forma
parte muy real de la vida de muchos masones, puesto que la masonería
básicamente contiene algo más que un simple club social. la búsqueda
mágica de los masones está simbolizada por la idea de que cada masón
busca su divinidad, y se somete a una serie de aspectos iniciáticos
que toman la forma de hazañas mitológicas. Los que se sientan
atraídos
por la magia ritual, se preguntarán, por la manera en que ésta se
acomoda dentro de la masonería. Afirmemos que la magia masónica se
puede utilizar con o sin ritual, pues la ceremonia no es un
prerrequisito esencial para su efectividad. Lo que cuenta realmente
es
la fuerza mental del masón, y su capacidad para adaptarse a cualquier
aspecto con la que se enfrente en un momento de su vida. La masonería
claro es eminentemente ritualística, para los ritualistas es
importante la experiencia de grupo y el poder enfocado de todos los
masones de un mismo taller para acrecentar el poder. El altar o Ara
Sagrada, sirve de punto focal para la conciencia, lo que ayuda a
contrarrestar las condiciones de tensión negativa de la vida profana;
el Ara Sagrada es el centro mágico de la Logia Masónica, por ello es
importante que todos miren hacia ella durante los trabajos, el Ara
Sagrada herencia de los antiguos druidas, que para ellos y para
nosotros representaba a Belino el Dios Solar. Primer Anterior 2 de 2
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proviene del latín: ara o araus, que se traduce como Altar o Piedra
de
Sacrificios. A su vez, se define ALTAR como piedra, mesa, o monumento
religioso dispuesto para inmolar a la víctima y ofrecer el
sacrificio.
Puede describirse un altar como una estructura elevada sobre el nivel
del piso, dedicada a algún culto, sea éste en forma de ofrendas,
sacrificios, o plegarias. Su estructura puede ser sencilla, y su
construcción improvisada, o bien puede tratarse de una construcción
soberbia con pretensiones de eternidad, pero en cualquier caso, es la
forma que ha tenido el hombre, desde sus épocas más remotas, de
manifestar su fe y su esperanza; el lugar que representa lo que
venera, lo que respeta, o lo que considera superior a él. Según
refiere Heródoto, los egipcios fueron los primeros que erigieron
altares a sus deidades. Posteriormente, todas las culturas lo
hicieron, destacándose que los judíos, e igualmente sus vecinos
paganos, edificaban dos clases de altares: uno para el ceremonial y
el
incienso, que ubicaban dentro de sus templos, y otro para el
sacrificio y holocausto, que erigían en campo abierto, al aire libre,
en el frente del templo. Mucho antes que ellos, casi todos los
pueblos
prehistóricos edificaron altares, realizando en ellos sacrificios de
todo tipo, incluyendo los de seres humanos. Para la Masonería, y
según
el diccionario masónico, Ara es la mesa consagrada para recibir los
juramentos y promesas, y depositar en ella el libro de la ley y los
atributos del grado en que se trabaja. El Ara es el artículo más
importante y más sagrado del mobiliario del salón de una logia. Si
bien el ritual de iniciación hace referencia al Ara triangular de los
juramentos, su forma puede variar, predominando básicamente dos
modelos: La forma cúbica de tres pies de alto, como la que vemos en
nuestro templo, inspirada en la que adornaba primero el Tabernáculo,
y
luego el Templo del Rey Salomón, cuyas caras señalan los cuatro
puntos
cardinales, simbolizando para algunos, las cuatro estaciones, para
otros los cuatro elementos de la naturaleza, y para otros, los cuatro
principios fundamentales (que a veces se inscriben, uno en cada
cara):
querer, callar, saber y osar. O bien la forma de un prisma de base
triangular (como la que presenta nuestro templo vecino) tomada de los
antiguos Druidas, cuyas caras miran respectivamente al oriente, al
norte, y al sur. A diferencia del Rito de York, en que el Ara se
ubica
en el centro del templo, en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado está
ubicada a los pies del Oriente, frente al trono del Venerable
Maestro,
sobre el pavimento de mosaicos. Habiendo explicado su definición, su
evolución en la historia, su descripción física y su ubicación en
nuestros templos, pasemos a analizar lo medular de su concepto, que
es
su simbolismo. Los ingleses han definido a la Masonería como la
ciencia de la moral, velada por alegorías, e ilustrada con símbolos.
Los símbolos son tan antiguos como el hombre, y han sido expresión
manifiesta de los primeros destellos de inteligencia. Símbolo es
cualquier cosa que, por la representación, figura o semejanza, nos da
a conocer o nos explica otra. El lenguaje fundamental de la
Masonería,
se hace por medio de símbolos, de modo que a medida que profundizamos
en su interpretación, ese lenguaje va cobrando para cada uno de
nosotros un significado personal, vivenciado y no siempre
transferible, que tiene por objeto llevar al masón al encuentro de un
mensaje que lo conduzca hacia la verdad y hacia la luz. El Ara es el
símbolo de lo invisible por excelencia. Representa la eternidad, lo
secreto, lo misterioso, lo desconocido, y en general, a las fuerzas
ocultas que existen en el universo. Simbólicamente es lo que une al
masón con el G.·.A.·.D.·.U.·.. Cuando el recipiendario realiza ante
el
Altar su promesa de honor, se retira de allí como hombre nuevo. El
Ara
ha oficiado como Altar de Sacrificios, habiendo inmolado allí su
pasado, en especial sus pasiones y sus vicios, como una ofrenda al
G.·.A.·.D.·.U.·.. Como vimos, el Altar se eleva desde los cuadros
blancos y negros del pavimento de la logia, los que simbolizan la
dualidad emergente de los pares de opuestos. Son éstos pares de
opuestos sobre los que el iniciado debe desarrollar su existencia,
manteniéndose equidistante de ellos, sin exaltarse ante los éxitos,
ni
hundirse ante las desventuras. El Ara se eleva física y
simbólicamente
de la concepción dualista de la vida. Está por encima de lo bueno y
lo
malo que es propio del diario vivir, y su ubicación nos simboliza la
necesaria elevación que hemos de dar a nuestros pensamientos, a fin
de
poder percibir lo que se esconde tras la apariencia contradictoria de
los pares de opuestos. Hasta ahora hemos reflexionado sobre el Altar
en sí mismo. A continuación haremos una breve mención –a fin de no
extender en demasía éste trabajo- a las diferentes herramientas que
encontramos sobre el Altar. Su importancia simbólica es tal, que
podríamos realizar un trazado individual para cada una de ellas.
Sobre
el Ara distinguimos, en primer lugar, el Libro de la Ley Sagrada, o
de
la Ley Moral. Este sostiene nuestra fe, y nos enseña el camino de lo
justo. En nuestras latitudes, corresponde a la Biblia, si bien en
otras, corresponderá colocar aquel libro que se considere contenga la
voluntad revelada del G.·.A.·.D.·.U.·. . La presencia de un Libro de
la Ley sobre el Ara, es una exigencia reglamentaria de las llamadas
“Logias regulares”, pues así lo establecen los “Antiguos Límites”.
Debe encontrarse abierto desde el momento en que se inician los
trabajos. En algunos Orientes se acostumbra abrirlo en el Salmo 133:
“Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitad los hermanos juntos en
armonía”... En nuestros Templos, el Ritual aconseja abrirlo
preferentemente en el capítulo correspondiente al Evangelio según San
Juan. Sobre el Libro de la Ley, se coloca un compás, cuyo vértice
apunta al oriente, (desde donde proviene su energía), y sus puntas se
dirigen hacia el occidente. Esta herramienta, de gran contenido
simbólico, representa la justicia con que deben medirse los actos de
los hombres y, porque no, también nuestras acciones. Nos prescribe la
equidad con que debemos tratar a nuestros semejantes, y en particular
a nuestros HH.·.. Pero también, en éste lugar, simboliza al espíritu
y
a la razón. Apoyada sobre el compás, observamos una escuadra. Al
igual
que la anterior, es una antigua herramienta recibida de la orden de
constructores, con un riquísimo significado simbólico. Está formada
por 2 líneas: la perpendicular y la horizontal, formando un ángulo
recto, como la línea del deber de la que el buen masón nunca debe
apartarse. En su ubicación en el Ara, simboliza también al instinto,
o
a la materia. La disposición de la escuadra sobre el compás no es un
hecho baladí. Por el contrario, simboliza que la materia, el
instinto,
la ignorancia, están dominando la inteligencia, el espíritu y la
razón, situación desfavorable que el aprendiz, con su trabajo, debe
procurar revertir. De modo que sobre el Altar encontramos presentes
lo
que se conoce como las Tres Grandes Luces de la Masonería: el Libro
de
la Ley, el compás y la escuadra, las cuales representan la sabiduría
del G.·.A.·.D.·.U.·., el espíritu y la materia. Junto a ellas,
tenemos
las llamadas tres luces menores, representadas por un candelabro con
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lámparas, encendidas por el portador de la luz que descendió del
Oriente. Nos indican los puntos principales que marca el sol en su
recorrido: dando origen a un nuevo día, al alcanzar su plenitud, y en
el ocaso. Su simbolismo puede ser tan amplio y variado como
aprendiéramos hace pocos días en relación al trazado acerca del
ternario. Sin embargo, existe un mayor consenso en aceptar que estas
tres luces menores simbolizan la fe, esperanza y caridad, llamadas
también las virtudes teologales. Por último, observamos sobre el Ara,
un ejemplar cerrado de la Constitución de la Gran Logia, texto que
contiene las normas que regulan el funcionamiento armónico de la
Orden, las que todos hemos prometido respetar. En síntesis: sobre el
Altar, que nos liga con el Principio Creador, tenemos representadas
la
sabiduría del G.·.A.·.D.·.U.·., el espíritu y la materia, iluminados
por las tres luces menores, que llevan a esos símbolos fe, esperanza
y
caridad, conformando sobre el Ara la síntesis de la perfección que
anhelamos alcanzar. Es así que al medio día, cuando nos disponemos a
iniciar los trabajos y el Ara se presenta como la hemos descrito, con
los HH.·. al orden, despojados de metales, y a cubierto, el H.·.
Seg.·. Vig.·. nos indica que “todo está justo y perfecto”. Para
finalizar, quisiera desarrollar algunas reflexiones referentes a los
vínculos interactivos que en relación al Ara, realizamos en nuestros
trabajos. Fueron éstos, sin duda, los que acicatearon mi curiosidad,
estimulándome a profundizar en su estudio a fin de lograr
comprenderlos. Es indudable la importancia del Ara dentro del Templo.
Hacia allí se dirigen todas las miradas, tanto del Oriente como del
Valle. Es allí donde realizamos nuestras promesas y juramentos. Es en
torno al Altar, que formamos nuestra cadena de unión. Cada vez que
pasamos delante del Ara, saludamos. No es un hecho muy común que el
ser humano salude o reverencie un objeto inanimado. Marca
indudablemente un gran respeto por lo que el objeto simboliza. Esto
llama la atención de todo aprendiz, y junto a otros interrogantes que
naturalmente surgen, necesitan ser develados por todo aquel que
pretenda entender los rituales, ya que el desconocimiento del
simbolismo y de su interpretación esotérica convierten al rito en un
cúmulo de ceremonias carentes de sentido. Me surgieron así, algunas
preguntas. Cuando pasamos frente al Ara: ¿saludamos al Ara en si
misma, es decir, a lo que ésta representa? ¿saludamos a los objetos
situados sobre el Ara, de los que ésta es pedestal? ¿o bien saludamos
al conjunto de todos éstos elementos, es decir, al Ara con sus Luces?
¿La presencia en nuestros Templos de un Altar, y sobre él de un Libro
de la Ley, hacen de la Masonería una religión? Debemos afirmar, en
primer lugar, que los masones no somos idólatras, por lo cual no cabe
pensar que estamos reverenciando objetos inanimados, sino lo que
ellos
representan. Prueba de ello es que no saludamos al Ara cuando pasamos
por su frente antes de iniciados los trabajos. El saludo que
realizamos no está dirigido a los objetos que allí están presentes,
sino a lo que ellos, en conjunto simbolizan. En ese saludo no solo
estamos dando una muestra de respeto por los símbolos en cuestión, y
a
cuanto hemos dicho acerca de lo que ellos representan, sino que
además, renovamos ritualmente nuestros compromisos y promesas
masónicas, volviendo a religarnos con ellos en el preciso lugar en
que
los hemos realizado. Muy pocos autores masónicos serios definen a la
Masonería como una religión. Entre ellos, Mackey. Sin embargo, la
Masonería requiere que sus miembros crean en una fuerza superior al
hombre, dando de ésta manera cabida en ella a HH.·. religiosos y no
religiosos por igual. En tal sentido, citamos la declaración adoptada
por la Gran Logia de Inglaterra en 1962, ratificada en el Acta de
Tenida Trimestral de dicha Gran Logia del 9 de diciembre de
1981. ...”No puede ser fuertemente aseverado que la Masonería no es
una religión, ni un sustituto de la religión. La Masonería tiene como
meta inculcar a sus miembros estándares de conducta y comportamiento
que considera aceptables a todos los credos, si bien se restringe de
intervenir en el campo del dogma o la teología. La Masonería, en
consecuencia, no está en competencia con la religión, sin embargo, en
la esfera de la conducta humana puede tenerse la expectativa que sus
enseñanzas sean complementarias de aquellas de la religión. Por otro
lado, su básico requerimiento de que cada miembro de la Orden crea en
un Ser Supremo, subrayando sus obligaciones hacia El, deben ser
suficiente evidencia para todos, excepto los prejuiciosos, que la
Masonería acepta la religión, requiriendo del hombre tener alguna
concepción religiosa antes de ser iniciado, esperando de él que, una
vez admitido, continúe practicándola.” Podemos admitir, en base a
ello, que la Masonería no es una religión, pero que sí es una
institución religiosa. Que recibe en su seno a HH.·. de todas las
religiones o credos, e incluso a aquellos que, no creyendo en una
divinidad, aceptan la existencia de una Fuerza Superior al hombre que
ordena la naturaleza. Al colocar un Altar en el centro de nuestro
Templo reconocemos que el G.·.A.·.D.·.U.·. centra nuestra existencia,
surgiendo de allí la vida, la fuerza, y el poder. ://