martes, 8 de enero de 2013

LA ESCUADRA EN LA MASONERÍA



Por Iván Herrera Michel


Aunque hoy la encontramos en diferentes modalidades y estilos (para dibujo lineal, como rapidógrafo, como instrumento de medición, de metal o de plástico, en forma de triángulo rectángulo isósceles, para afirmar la unión en ángulo recto de dos piezas, Etc.), el símbolo de la escuadra, en tanto que útil Masónico, consta de dos reglas de madera unidas por un extremo formando un ángulo de noventa grados, y está documentado en la Masonería especulativa desde sus primeros textos.

En este sentido, suele encontrarse en forma de L, con un brazo más largo que el otro, en una proporción de 3 a 4 medidas, que era como lo usaban los Maestros constructores europeos en la edad media y el renacimiento. Y es en esta forma como la muestra la representación Masónica especulativa más antigua que se conoce que data del año 1725. En lo sucesivo también la encontraremos con ambos brazos iguales.

De cualquier modo, y al igual que el nivel y la plomada, la escuadra no es una herramienta de construcción, sino un instrumento para confirmar la verticalidad del trabajo adelantado con respecto a una base horizontal.

El significado moral Masónico de la escuadra se parece mucho al de su simbolismo latino, que evocaba al mismo tiempo un modelo, un ejemplo y una regla a seguir. Es decir, que la alegoría de la escuadra contiene en sí misma un concepto intelectual y moral de legalidad y rectitud en el comportamiento equilibrado del Masón en el marco de un contexto constructivo aterrizado.

La escuadra es el símbolo del aire de probidad disciplinada del pensamiento y la acción sobre la realidad. Y quizás por esta razón, es que en la Masonería se le utiliza continuamente en los signos del Aprendiz, Compañero y Maestro, en la forma de colocar los pies, para desplazarse por el Taller, en la posición corporal, en la manera en que se evalúa el pulido de la Piedra Bruta, Etc.

Ella convida a adoptar una aptitud y un estilo de vida que construya una humanidad y una sociedad a partir de la realidad, así como un enfoque en nuestros pensamientos, palabras, actos y decisiones que multiplique un referente creativo, además de un mapa perceptual que sea tan respetable para el constructor como para el observador. Igualmente, robustece el hábito de instaurar una nueva identidad verificable en lo trascendente en la que al control del avance de la obra le anteceda la idea y el optimismo de su perfección y armonía.

Por su parte, el uso de la escuadra como joya distintiva del Venerable Maestro de una Logia recuerda que su labor debe estar inmersa en la tradición y en los principios generales de la Masonería, sin dejar de tener los pies sobre la tierra. Es decir, que es el funcionario que cuida en el Taller que el mundo Masónico ascienda desde la realidad circundante.

Y en una institución en donde sus miembros adquieren la condición de Masón en la medida en que los otros lo reconocen como tal, y no por su Iniciación, los cargos ocupados o los Grados alcanzados, la importancia del ejemplo y las conductas repetitivas apegadas al imaginario colectivo es de vital importancia para la formación de los nuevos miembros y la consolidación de la Orden, ya que con base en ellos se regula la vida Masónica y disponemos el lugar de las cosas que nos rodean para la construcción pretendida.

Al respecto de la eficacia del ejemplo, podemos traer a cuento un aparte de una obra de la literatura estadounidense que ha sido adaptada once veces al cine, una vez a un musical de Broadway, y en múltiples ocasiones al teatro, la opera y la televisión: “Mujercitas” (1868) de Louisa May Alcott. En el capítulo 8 del libro, Margaret March le describe a su voluntariosa hija Josephine (Jo) el carácter de su padre ausente como el de alguien que “nunca pierde la paciencia, ni duda, ni se queja; siempre tiene esperanza, trabaja y espera tan alegremente, que uno se avergüenza de conducirse de otra manera delante de él.”

Es por eso, que la escuadra se asocia cabalmente con el compás, y de la combinación de ambos se deduce el avance de lo más sublime que tiene el ser humano sobre las circunstancias que lo envuelven.

En el método Masónico se quiere que a mayor sea la graduación del Masón, superior sea el predominio de la trascendencia sobre el propósito.