lunes, 21 de julio de 2014


EL MÉTODO MASÓNICO
Libro de JL Cobos
Una aproximación a su experiencia

Palabras leídas en nombre de la Federación Americana de Supremos Consejos del REAA – FASCREAA – en el Foro Masónico organizado por la Gran Logia Central de Colombia, fundada en 1985, en el Templo de la Log:. Umbral de Oriente Nº 7, en el Oriente de Villavicencio, Colombia, el día 28 de junio de 2014 (E:. V:.), en el que presentaron Ponencias el Gran Oriente de Colombia, la Gran Logia del Caribe Colombiano, la Federación Colombiana de Logias Masónicas y la Obediencia anfitriona.

Por: Iván Herrera Michel.

Queridos Hermanos y Hermanas,

Tengo mucho gusto en saludarlos en nombre de las Jurisdicciones de Altos Grados que conforman la Federación Americana de Supremos Consejos del REAA (FASCREAA), y en unirnos a este homenaje que se hace al ex Gran Maestro e IPH:. Gabriel Dávila Mejía. Pilar fundamental del nacimiento y la construcción de un pensamiento Masónico progresista en nuestro país.

De igual manera, soy portador de un cálido y fuerte abrazo fraternal que desde el Caribe colombiano les envía el Muy Resp:. Gran Maestro de la Federación Colombiana de Logias Masónicas, Q:. H:. David Name Terán, junto con sus felicitaciones por este hermoso templo que ustedes han construido en el Or:. de Villavicencio en bien general de la Masonería colombiana.

En lo personal, siempre ha sido para mí un placer visitar la Gran Logia Central de Colombia, y encontrarme con mis Queridos Hermanos de muchos años en el accidentado camino de mostrar a la Masonería colombiana que más allá de apremiarnos con dificultades estériles, existe una manera progresista, no discriminadora y no dogmática de entender y practicar nuestros cometidos constructivos.

Es por esto que yo les agradezco muchísimo que me hayan invitado a repasar con ustedes la manera que tiene la Masonería para buscar sus fines, y honestamente quiero contarles cuales han sido mis impresiones después de estar asistiendo a las Logias Masónicas durante algún tiempo, advirtiendo escrupulosamente que suelo admirar la óptica tradicional y no prejuiciada sobre los asuntos Masónicos, que reconoce una gran importancia a la cantidad de libertad que otorga la Orden para repensar la realidad Masónica, para juzgar autónomamente su presente y para valorar su aporte a la sociedad, desde una institución contrahegemónica, diversa e incluyente.

Comenzaré diciendo lo obvio. Lo que todo el mundo sabe: Que en las Tenidas los Masones hablamos y discutimos sobre todo lo divino y lo humano. Los Masones podemos, como Terencio en el siglo II, decir que “nada de lo humano nos es ajeno”,

Podemos en una semana hablar de la prevalencia de nuevas infecciones del SIDA en Colombia, y en la siguiente Tenida de las características esenciales de la entelequia aristotélica, o de los 51 millones de desplazados que hay en el mundo, o de si los chacras son seis como dice la teosofía o siete como enseña el gnosticismo, o si simplemente no existen. O en cambio, ocuparnos de algo mucho más prosaico y cercano como puede ser el suministro de agua en 100 barrios de Villavicencio a raíz de la llegada del fenómeno del niño.

También hay temas que nos exigen un gran esfuerzo de comprensión. Por ejemplo: El Gran Oriente de Francia propuso para la vigencia 2012 – 2013, que todas sus 1.200 Logias se ocuparan, como una cuestión de interés general, de responder a la pregunta de ¿Cómo una sociedad que valora un ideal de competición puede esperar concretar un ideal de igualdad? Yo he leído con atención las conclusiones de sus 16 regiones nacionales e internacionales, y les puedo asegurar con absoluta franqueza que el asunto está muy lejos de estar concluido. También he conocido un documento para la reflexión general emanado del Gran Capitulo General del Rito Francés Femenino de Francia, sobre lo que llama “Un discurso amoroso sobre la laicidad”, que como se puede adivinar por su título ofrece una óptica muy poco convencional.

Y si queremos recordar una cuestión, todavía más difícil de tratar que la parcela religiosa de la laicidad que se refiere a la separación entre la iglesia y el estado, podemos traer a cuento el de la laicidad financiera que recomienda la separación entre el estado y el sector financiero y económico. Son argumentos que tienen tanto de largo como de ancho, que, de nuevo con Terencio, podemos decir que “es muy malo tener un lobo cogido por las orejas, porque no sabemos cómo soltarlo ni cómo seguir aguantándolo”.

Frente a estos apuros, y cualquiera que sea el tema tratado, la Masonería ofrece una ruta particular y esforzada en la búsqueda de la materialización de un mundo más libre, más igualitario y más solidario. Esta vía constituye su método y en ella se vale de la metáfora de la construcción, en un transcurso Iniciático sucesivo, en el que, como dicen los Masones franceses: “Lo que tú haces, te hace” (Cela que tu fais, te fait).

El proceso comienza, en resumidos términos simbólicos, con la aceptación y la admisión de personas que se convierten al mismo tiempo en un constructor y en una construcción, y que proviniendo de un mismo contexto social y poseyendo diferencias personales de todo tipo, a veces contradictorias entre sí, deben participar armónicamente en una obra comunitaria a lo largo de su membresía, en tres originales espacios especulativos que corresponden a cada uno de los tres Grados básicos de la Orden.

En medio de esta pluralidad, siempre retadora, conflictiva y asumida desde la realidad circundante, la Masonería se ocupa en primer término, filosófica y fraternalmente, de reunir y recoger en su seno a hombres y mujeres que de otra forma difícilmente hubieran compartido un espacio común. A partir de allí, y contra todo pronóstico, la especificidad del Método Masónico les hace girar sobre esa diversidad, a la vez que se aprovecha de ella para la construcción que promete.

El Método Masónico se sustenta única y exclusivamente en el trabajo en Logia. No hay lugar para él en una labor solitaria fuera del Taller. La razón de ser de esta particularidad gravita en que impone que trabajemos en presencia e intrincados con otros, de quienes a la vez somos otros diferentes. La experiencia florece gracias a las opiniones cruzadas.

Las discusiones que permanentemente vemos en las Tenidas sobre todo tipo de saberes, adelantadas por personas no necesariamente especialistas en ellos, terminan enriqueciendo y matizando las versiones filosóficas, intelectuales, emocionales, religiosas, espirituales, profesionales, artísticas, Etc., de sus participantes. En el sentido de posibilitarles una nueva visión que incorpore perspectivas que antes no habían sido tenidas en cuenta o no les eran conocidas.

La singularidad del Método Masónico se fundamenta en una ritualidad propia y en la reflexión moralizada y convocante de sus símbolos constructivos, acompañadas de una acción compatible, por su amplitud de cobertura, con cualquier convicción personal, mientras ella admita inequívocamente el respeto al otro y la aceptación de la diferencia.

Un ritual, cualesquiera que sean sus objetivos, siempre es simbólico y representativo de unos estándares de procedimientos enmarcados en una memoria histórica, tan categóricos como redundantes, dirigidos a un determinado colectivo, en donde a cada quien se le ha estipulado un rol en el tiempo y en el espacio.

El Método Masónico implica querer pasar permanentemente de un estado presente a una nueva fase de vida. Conlleva una promesa personal acerca de cómo deseamos llegar a ser en el día de mañana en relación con lo que pensamos que es mejor para nosotros y para los otros. En el entendido de que repensar nuestras convicciones y opiniones de manera autónoma y crítica a la luz de otras miradas puede facilitarnos una mayor conexión con nuestra conciencia moral así como brindar más coherencia a nuestras acciones.

En palabras del pensador y escritor español José Luis Cobos, “nuestro método Iniciático persigue hacer más dúctil nuestra Piedra, nuestra condición, para que podamos acometer la serie de cambios que necesitamos para conducirnos hacia el adueñamiento de nuestro ser” (Cobos, J. L. (2013) El Método Masónico. Pág. 122. Oviedo, España: Editorial masónica.es)

La ceremonia de “Iniciación” Masónica, con la que se aborda la pertenencia formal a la Masonería, es un Rito de Pasaje. Formaliza el cambio de un estado previo a uno nuevo, mediante el cual ampliamos nuestras comprensiones sobre “el hombre y sus circunstancias” gracias al contacto repetitivo con fórmulas de interiorización, socialización, integración al pasado y consustanciación con el futuro, diferentes a otros caminos y procedimientos Iniciáticos o especulativos.

Con el uso del ritual, las herramientas y las estructuras administrativas como símbolos, el Método Masónico busca sentar en el ámbito de lo concreto, nociones y formas de pensamiento abstracto, al mismo tiempo que sugiere un patrón constructivo centrado en el ser humano, portador de horizontes de sentidos y comprensiones.

En ese orden de ideas, el ritual Masónico, y las ceremonias que contiene, Grado tras Grado, repiten cánones de conductas que señalan una manera de comportarse en el presente, en la que los hechos, las personas, sus pensamientos y sus emociones, se despojan de su dimensión común para adquirir una médula humanista trascendental.

De tal manera, que los Grados Superiores, Colaterales, Aliados, Adicionales, Suplementarios, Accesorios, Ordenes de Sabiduría, Etc., nacidos en el siglo XVIII al calor de diferentes inspiraciones míticas, legendarias, filosóficas, religiosas o históricas, que se fueron articulando en rituales independientes por cercanía, afinidad o negociación, formulan una oportunidad adicional a la simbólica para aproximarnos con visión sistémica a algunas de las ideas e hitos que han movido la civilización occidental, conservando el permanente pulido de la Piedra Bruta y de su posterior ubicación, horizontal y vertical, en el levantamiento del “Gran Templo de la Humanidad”, que no es otro diferente a una persona más consciente de sus potencialidades y una humanidad más feliz.

En el curso del Método Masónico, un Masón cree y trabaja en y desde la autonomía de su pensamiento, y la valora como el prerrequisito para su biografía personal. En este sentido, el psiquiatra y escritor húngaro Thomas Szasz, fallecido hace un par de años, dijo con acierto en una ocasión: “La gente suele decir que tal o cual persona no se ha encontrado todavía a sí misma. Pero la autonomía no es algo que uno encuentra, es algo que uno crea.”

Tampoco le faltaba razón a Nietzsche cuando afirmó que ser independiente es un “privilegio de los fuertes”. Y lo digo porque me he dado cuenta de que en el pulido de nuestra Piedra Bruta tenemos que confrontar con nuestro propio inconsciente. Y eso reclama un gran esfuerzo, porque exige trasgredir los límites de nuestra zona de confort genética y ambiental.

Los Masones insistimos en el compromiso con nuestros rituales, sin perder de vista la esencia primera de la maquinaria teatral, con todos sus mecanismos de espectáculo y entretenimiento, porque sabemos que sin ellos no funciona la arenga doctrinal.

Queridos Hermanos y Queridas Hermanas,

Por último, y de nuevo, les reitero mis más sinceros agradecimientos por regalarme esta impagable oportunidad para repasar el método que nos ofrece la Orden, en medio de una inmejorable compañía, en la que reconozco a buena parte de lo más avanzado del pensamiento Masónico colombiano.

Muchas gracias a todos por esta oportunidad y por sus luces.

Or:. de Villavicencio – Colombia