jueves, 16 de octubre de 2014

LA MASONERÍA JACOBITA

La Batalla de Culloden, por David Morier. El 16 de abril de 1746 tenía lugar la Batalla de Culloden,
en Escocia, la cual supondría el revés definitivo para las pretensiones jacobitas.


El final del Siglo XVII y comienzo del Siglo XVIII en Europa occidental quedó marcado para la historia por el éxodo de los hugonotes franceses hacia las naciones protestantes provocado por el Edicto de Nantes promulgado por Luis XIV en 1685 en Francia. Unos 200.000 protestantes se vieron obligados a emigrar so pena de acabar en galeras o en prisión. Sin embargo, esa misma época histórica vio otra diáspora a la que se suele prestar mucha menor atención, en parte por su menor envergadura (en torno a 25.000 expatriados) y quizá también por el hecho de que tenía un fuerte componente nobiliario. Se trata de la diáspora jacobita.



El Jacobismo fue esencialmente una reacción ante la discriminación sufrida en Escocia, Irlanda y el norte de Inglaterra por parte de católicos y, en menor parte, episcopalianos. El Jacobismo promovía la monarquía absoluta y hereditaria, con un rey coronado por la Gracia de Dios y únicamente responsable ante él. Además, el Jacobismo tenía un cierto tiente de obediencia pasiva ante la voluntad divina que emanaba de su interpretación de la Biblia. Realmente, la forma más sencilla de explicar el Jacobismo a un español -discúlpenme los amigos del otro lado del Atlántico que lean este blog- es evocar un movimiento español muy semejante: el Carlismo. De hecho, durante la Tercera Guerra Carlista, los jacobitas financiaron la compra de artillería para las tropas carlistas, e incluso durante la dictadura franquista era habitual que acudiesen gaiteros escoceses jacobitas a las celebraciones carlistas con el fin de compartir en fraternidad sus respectivos anacronismos históricos.


Sin embargo, había una diferencia importante entre la situación de los jacobitas del Siglo XVII y la de los carlistas que surgirían casi un siglo después: mientras que España el catolicismo era la religión hegemónica, en Gran Bretaña los católicos eran sistemáticamente discriminados. En Irlanda, en los 1640, los católicos habían organizado una Irlanda C0nfederada y se habían levantado contra el Parlamento inglés, lo que provocó que finalmente los terratenientes católicos fuesen expropiados y la Iglesia Católica sufriese una durísima represión. En Escocia, el apoyo jacobita anidó en la clase alta. Tras la Reforma de John Knox, católicos y episcopalianos se habían visto igualmente marginados. Los episcopalianos eran relativamente semejantes a los anglicanos, quienes, con ciertas modificaciones filoprotestantes, seguían siendo teóricamente católicos.

La Catedral de San Andrés de Escocia, en Saint Andrew, junto con su abadía, se convirtieron en símbolo de lo que supuso la reforma de John Knox, pues tanto catedrales como abadías hubieron de ser abandonadas. Esta catedral era la más grande de Escocia (120 metros de largo) y era la Primada de la Iglesa Católica en Escocia. En 1559 John Knox pronunció en la iglesia parroquial de Saint Andrews un sermón incendiario que provocó que los protestantes asaltasen la catedral, destruyendo altares e imágenes. Dos años después, en 1561, los agustinos que la regentaban fueron obligados a abandonar la catedral, la cual quedó vacía. Quizá en otro paraje hubiese aguantado mejor, pero en plena costa del Mar del Norte, las fortísimas tormentas primero abrieron huecos en el techo, dejando la estructura a la intemperie, con lo cual la catedral se fue paulatinamente derrumbando. Nadie se planteó prestarle cuidado alguno hasta 1826, pero para entonces ya era demasiado tarde.

Tras casi dos siglos de discriminación, los escoceses tanto católicos como episcopalianos habían desarrollado un resentimiento sumamente agresivo que hizo de los jacobitas escoceses los más irreductibles de todos. Por último, en Inglaterra, los católicos eran igualmente discriminados en función de lo que el Gobierno denominaba recusación. Los recusantes eran aquellos que se habían negado a adoptar la religión estatal, la Iglesia de Inglaterra, lo que les supuso encontrarse sometidos a sanciones tanto administrativas como penales hasta 1830, siendo en su mayoría católicos. Aunque los católicos eran muy minoritarios, en las áreas rurales de Lancashire y York suponían el 20% de la población, siendo por ello el norte de Inglaterra de donde surgiría el apoyo inglés a la causa jacobita.

Jacobo II de Inglaterra, retrato de 1686.

Jacobo II de Inglaterra era el primer monarca católico de Inglaterra en casi un siglo, lo cual alimentó las esperanzas de los católicos de que el Catolicismo fuese restablecido como religión oficial de Inglaterra. Jacobo II asumió el trono en 1685, a la muerte de su padre, Carlos II, quien había abrazado el Catolicismo en su lecho de muerte. Dos años tras su coronación, Jacobo II promulgó la Declaración para la Libertad de Conciencia, la cual otorgaba a sus súbditos total libertad para profesar sus cultos. Esto, unido a la promesa hecha al Parlamento irlandés de concederles la autodeterminación, y al detalle tan real como propagandístico de ser un rey de origen gaélico, convirtió a Jacobo II en el adalid de los católicos.

Tres años tras el comienzo de su reinado tuvo lugar la incruenta Revolución de 1688 (hoy más bien se diría un golpe de estado), en la cual el monarca fue depuesto y sustituido por su hija, María II de Inglaterra, Escocia e Irlanda, que profesaba la fe protestante. María II reinaría hasta 1694 y le sucedería su marido (y primo carnal) Guillermo, perteneciente a la Casa Orange-Nassau. El rey derrocado se vio obligado a huir a Francia, donde fue gustosamente acogido por su primo Luis XIV, el cual veía en él un posible Rey de Inglaterra que no solo no fuese su enemigo, sino que además fuese su aliado. Desde suelo francés Jacobo II dedicó a organizar las operaciones militares que deberían devolverle al trono.

Un año después de su partida Jacobo II regresaba a Irlanda con un ejército compuesto por franceses, escoceses e irlandeses. No obstante, la excelente caballería irlandesa fue incapaz de hacer frente a la artillería de los ingleses, y las tropas jacobitas fueron derrotadas en la batalla de Boyne.

En 1701 fallecía Jacobo II, al que sucedía su hijo Jacobo Francisco Eduardo Estuardo, el cual sí abrazaba la causa estuardista y fue reconocido como Jacobo III de Inglaterra y VII de Escocia por las cortes de Francia, España, Módena y el Papado.

Jacobo III, el viejo pretendiente,
por Alexis Simon Belle.
En 1715 Jacobo III intentó aprovechar la inestabilidad política producida por la hambruna que estaba padeciendo Escocia para intentar retomar el trono, de modo que el Conde de Mar estableció contacto con los clanes de las Tierras Altas y los terratenientes del norte de las Tierras Bajas para que apoyasen a Jacobo III. A ello se unió otro levantamiento jacobita en el norte de Inglaterra, pero finalmente los jacobitas fueron nuevamente derrotados en la batalla de Preston.


Carlos Eduardo Estuardo,
el joven pretendiente,
por Antonio David.
La derrota definitiva de los jacobitas aconteció en las Tierras Altas de Escocia, en la batalla de Culloden, el 16 de Abril de 1746, donde los estuardistas estuvieron capitaneados por el príncipe Carlos Eduardo Estuardo. Las tropas de la Casa de Hanóver fueron especialmente crueles, y tras la derrota mataron a todos los heridos que aún quedaban en el campo de batalla, peinando el área en busca de jacobitas huidos que fueron igualmente ejecutados. Únicamente se tuvo piedad con las tropas francesas, a quienes por ser tropas de un rey extranjero sí se les consideró sujetas a las reglas de la guerra, siendo repatriadas. Las consecuencias para los clanes escoceses fueron desastrosas, pues fueron puestos fuera de la ley, y hasta las gaitas y la vestimenta típica escocesa fue prohibida. Únicamente a finales del Siglo XVIII la cultura escocesa comenzó a ser paulatinamente rehabilitada.



Tropas inglesas buscando jacobitas huidos tras la batalla de Culloden,
óleo por John Seymour Lucas (1884).




LAS LOGIAS JACOBITAS EN FRANCIA

A partir de 1688 en Inglaterra, de 1691 en Irlanda, y durante toda la primera mitad del Siglo XVIII en Escocia se produjo una incesante diáspora jacobita, protagonizada esencialmente por antiguos miembros del ejército, que llevó a entre 20.000 y 25.000 personas a buscar refugio en la vecina Francia. Se estima que se exiliaron uno 12.000 soldados escoceses, acompañados de otros 4.000 civiles escoceses, junto con 6.000 soldados irlandeses y una cantidad indeterminada de ingleses.



El castillo de Saint-Germain-en-Laye fue la primera sede de la corte jacobita en Francia, aunque en 1673 Jacobo III prefirió cambiar su residencia a Versalles. En 1670, el registro parroquial de Saint-Germain-en-Laye dejaba constancia de la presencia en la localidad de 1729 nombres jacobitas.

Los exiliados estuardistas pasaron de la desesperación a integrarse paulatinamente en su nueva patria de acogida. La mayor parte de ellos se enrolaron en el ejército francés, aunque algunos católicos acabaron entrando en el clero francés, opción que obviamente no era posible para los episcopalianos. Unos pocos elegidos fueron destinados por la Corona francesa a servirla como diplomáticos. Fueron muchos los jacobitas exiliados en Francia que dependieron del dinero enviado por sus parientes en las islas para poder subsistir.

Regalía típica escocesa.
La primera Logia documentada en Francia data de 1721. El noble católico inglés Lord Derwentwater y el armador irlandés O'Hegarty fundaron en Dunquerque la Logia (no militar) Amistad y Fraternidad. Posteriormente, en 1725, Barnabé Hute fundaba la primera Logia parisina, y en 1732 martin Kelly fundaba la primera Logia en Burdeos. No obstante, resulta impensable creer que con semejante aluvión estuardista no hubiese Logias anteriormente, aunque fuesen de naturaleza militar, adscrita a los diferentes regimientos.

Según una tradición que se remonta a 1777, el Regimiento de Irlandeses Reales habría fundado la primera Logia, denominada La Perfecta Igualdad, en 1688, tras llegar a Saint-Germain-en-Laye acompañando a Jacobo II. Esta idea se ve reforzada por la presencia de numerosos aristócratas masónicos entre su séquito.

EL CABALLERO RAMSAY

Andrew Michael Ramsay
No obstante, el momento más célebre de la Masonería jacobita en Francia fue cuando Andrew Michael Ramsay, el Caballero Ramsey, leyó en 1737 la Asamblea de la Gran Logia Provincial de París su Oración Apología a los Masones Libres y Aceptados. Ramsay había nacido en Ayr, próximo a Kilwinning, y era un creyente de marcado misticismo. Educado como calvinista, tras pasar por distintos grupos religiosos se había convertido al Catolicismo Romano. Era un hombre sumamente instruido, Doctor en Derecho Civil por la Universidad de Oxford y miembro de la Royal Society, y en 1724 fue escogido por Jacobo III como preceptor de sus hijos.

Ramsay es recordado en la Masonería principalmente por dos cosas: la primera, por haber inventado el Oficio de Orador, que entonces tenía un carácter más religioso que en la actualidad. En calidad de Gran Orador, Ramsay escribió al Primer Ministro de Francia, el Cardenal De Fleury, para que la Iglesia pusiese bajo su tutela la Masonería cristiana que practicaban los jacobitas, aunque el Cardenal rechazó la petición anotando al margen de la petición "El Rey no lo desea".

El Cardenal De Fleury.
La segunda razón por la que es recordado es porque en 1737 pronunció en la Asamblea de la Gran Logia de Francia su famosa Oración Discurso para pronunciar en la recepción de Francmasones, en la que reivindicaba el pasado cruzado de la Masonería, presentándola como herederos de los Hospitalarios. Quizá el incipiente sistema de tres Grados era suficiente para Inglaterra; pero a la nobleza y clase alta francesa era preciso ofrecerles algo que presentase a la Masonería como un digno objeto de trabajo para caballeros de la alta sociedad, y Ramsay tocó la tecla adecuada.

En su Oración, Ramsay presentaba a los cruzados no solo como guerreros, sino como masones que habían buscado los secretos en Tierra Santa con la espada en una mano y la paleta en la otra. De hecho, presentaba como hecho fundamental de la Masonería (y en los Grados escoceses originales esta era uno de sus principales temas) el descubrimiento de la Palabra Perdida por parte de los cruzados al descender a una bóveda (tal y como se hace actualmente en el Arco Real). Esto fue el detonante para que empezasen a crearse en Francia Grados caballerescos de manera poco menos que incontrolada, Grados que posteriormente se irían reagrupando en los distintos ritos, o bien irían desapareciendo con el tiempo.



LOS GRADOS MASÓNICOS JACOBITAS

Aunque el discurso de Ramsay fue el pistoletazo que provocó la creación de centenares de Grados masónicos caballerescos en Francia, cabe preguntarse si no se habría creado antes el embrión de algunos Grados. Acerca de esto únicamente podemos especular. Otro elemento a tener en cuenta es que, si bien hay Grados de creación puramente jacobita, otros tan sólo muestran influencias o comparten temas comunes. Una línea ritual que está especialmente documentada como creación jacobita es la correspondiente al Capítulo de Clermont, cuya fundación suele atribuirse al Caballero de Bonneville en 1754, pero que es en realidad una continuación de la Orden Templaria en la que el Barón Von Hund fue recibido en 1743, y de la que sí se tiene constancia de haber sido creada por jacobitas todavía residentes en Saint-Germain junto con otros del Colegio de Clermont. Según Claude Antoine Thory, este Capítulo trabajaba los tres Grados Simbólicos, el Grado de Maestro Escocés de San Andrés, y tres Grados superiores: 5º Caballero del Águila o Maestro Selecto, 6º Ilustre Caballero Templario, y 7º Sublime Caballero Ilustre.

John Robinson y una edición
moderna de Proofs of a Conspiracy.
Antes de pasar a relatar una serie de Grados de indudable pedigrí jacobita creo conveniente citar, aun con todas las reservas que merecen, dos libros. El primero es Proofs of a Conspiracy de John Robinson, porque es el primer libro que trata este tema. Este libro está escrito en 1798 con unos criterios historiográficos más que dudosos, pues habla de Masonería de tres Grados mucho antes que se introdujese la leyenda hiramita, e incurre en constantes anacronismos. No obstante incluye algunos párrafos que dan que pensar, por ejemplo:

Fue en la Logia establecia en Saint-Germain donde el Grado de Caballero Masón Escocés fue añadido a los tres Grados Simbólicos de la Masonería. (...) Este Rango de Caballero Escocés fue considerado como el primer Grado del Perfecto Masón.

J.M. Ragon, en su Orthodoxie Maçonnique, afirma que

...la decapitación del rey Carlos I produjo grandes modificaciones en el último Grado, el cual había adquirido carácter bíblico. La misma época vio nacer los Grados de Maestro Secreto, Maestro Perfecto y Maestro Irlandés, de los cuales Carlos I sería el héroe, bajo el nombre de Hiram.

Afirmación que difícilmente puede sostenerse si tenemos en cuenta que la figura de Hiram Abiff no aparece en la Masonería hasta 70 años más tarde. No obstante insistimos en que ambos libros difícilmente pueden considerarse como fuentes fiables según los criterios historiográficos modernos.


Pasando ya a algunos de los Grados masónicos de más clara impronta jacobita, podríamos citar, entre otros:

Maestro Irlandés, Perfecto Maestro Irlandés, Poderoso Maestro Irlandés. Según afirma J. M. Ragon en su Thuileur Général, estos tres Grados fueron creados en 1747 en París por los favoritos de Carlos Eduardo Estuardo, siendo vendidos a los partidarios jacobitas. El Grado de Maestro Irlandés aparece en el Rito Escocés Primitivo como Maestro Irlandés o Preboste y Juez, siendo actualmente el 7º Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El Grado de Perfecto Maestro Irlandés pasó a ser el 7º del Rito de Misraim, y el de Poderoso Maestro Irlandés se convirtió en el 8º de la Université.

El Castillo de Mongenan mantiene el único
templo masónico francés del Siglo XVIII.
Maestro Escocés de la Bóveda de Jacobo VI. (El cardinal se debe a que Jacobo II era también Jacobo VI de Escocia). Este Grado que narra el descenso a la Bóveda donde se encuentran los Secretos del Maestro Masón fue posteriormente despojado de sus pretensiones políticas, y es presentado actualmente como el Grado 13º del R.E.A.A.: Real Arco de Salomón. En realidad este Grado forma parte de una tradición más amplia también atribuida a los planteamientos de Ramsay: los Grados Crípticos, que actualmente se practican en Estados Unidos, y que versan sobre los acontecimientos anteriores a la Leyenda Hirámica.

Maestro Escocés. Si hay algo que se parezca a una élite nobiliaria dentro de la Masonería, esto fue el Grado de Maestro Escocés, siéndoles sus privilegios reconocidos por la Gran Logia de Francia en 1755. Los Maestros Escoceses portaban una vestimenta distintiva, tenían el privilegio de permanecer cubiertos en Cónclave de Maestros, podían conferir Grados por medio de ceremonia o a la vista, y nombraban al Venerable Maestro de la Logia a la cual estaban adscritos sin que mediase votación en la Logia. Posteriormente la Gran Logia de Francia les permitió incluso emitir Cartas Patentes. La Logia Escocesa Madre de Marsella elaboró una serie de Grados que posteriormente no se incluyeron en el R.E.A.A., sino en el Rito de Menfis, de 96 Grados. Obviamente, si bien en la Masonería Simbólica podía ingresar una membresía más o menos ecuménica, el Grado de Maestro Escocés, así como el de Elegido (Élu), estaban reservados a la élite jacobita.


Ayuntamiento de Arras
(Artois, Francia)
Elegido (Élu). El Grado de Elegido, Electo o Élu es seguramente el Grado jacobita creado con mayor vocación elitista, e inicialmente se confería a contados personajes de la corte jacobita. No obstante enseguida se convirtió en uno de los más populares.

Escocés Jacobita. En 1747, un año después del desastre de Culloden, Carlos Eduardo Estuardo emitió una Patente para la formación, en la ciudad de Arras, de un "Soberano Capítulo Primordial de la Rosa Cruz, bajo el título distintivo de Escocés Jacobita". El mismo nombre no deja lugar a dudas. El documento original fue descubierto en 1853 por el Conde Hamel en los archivos del Departamento de Artois, circunscripción donde se encuentra Arras. En este documento el Joven Pretendiente cita sus títulos masónicos:


Nos, Carlos Eduardo, Rey de Inglaterra, Francia, Escocia e Irlanda, y como tal Gran Maestro del Capítulo de Heredom, conocido bajo el título de Caballero del Águila y el Pelícano, y tras nuestros pesares e infortunios como Caballero Rosacruz (...) creamos y erigimos, por la presente Bula, un Soberano Capítulo Primordial de la Rosa Cruz, bajo el título distintivo de Escocés Jacobita.

El modo de organización que se dispuso para estos Capítulos parecía más bien destinado a alistar a otros Masones bajo su enseña política: los miembros del Capítulo estaban autorizados "no solo a armar Caballeros, sino a fundar Capítulos en cualquier ciudad que considerasen conveniente".



Joya de pecho de la Real Orden de Escocia.
La enumeración de sus títulos contiene uno que quizá nos pase percibido pero que para cualquier escocés tiene una considerable carga afectiva: Gran Maestro del Capítulo de Heredom. El Capítulo de Heredom es el segundo Grado de la Real Orden de Escocia (el primero es Caballero de la Rosa Cruz), y este Capítulo se reúne dejando vacante el Sitial del Gran Maestro, pues tal honor corresponde al Rey de Escocia. Al declarase Gran Maestro del Capítulo de Heredom se ha especulado con la posibilidad de que fuese instalado como Gran Maestro en Escocia durante la campaña militar del año anterior, pero bien pudiera ser que, reconociéndose como Rey de Escocia, solo estuviese proclamando que esa Gran Maestría le corresponde.

Leal Masón Escocés. En 1747, supuestamente en agradecimiento por el buen recibimiento ofrecido en Toulouse a Sir Samuel Lockart, Edecán de Jacobo III, se creó el Capítulo de Leales Masones Escoceses o Rito de Veille Bru. En realidad este rito sirvió principalmente para que aristócratas jacobitas exiliados pudiesen tener unos ingresos, pues siguiendo la costumbre habitual en la época, las Patentes se vendieron sistemáticamente.

Escocés Trinitario. Este Grado data de 1756. Aunque hoy en día se confiere por comunicación, en su momento tenía un ritual extensísimo, seguramente porque surgió como compendio de una serie de Grados anteriores denominados Orden de los Escoceses Trinitarios. Se trataba de un Grado especialmente místico, cuyo ritual de apertura rezaba: "La armonía reina, la naturaleza espera, el Tercer Cielo ha sido abierto".

Por último, citar que hay algunas palabras del Rito Escocés Antiguo y Aceptado que apenas pueden ocultar su origen jacobita. Entre ellas destacan dos: Romvell, una clara alusión a Cromwell, quien ejecutó a Carlos I, abuelo de Jacobo II; y Jackson, cuyo origen probablemente tenga que ver con Jacques (Jacobo en Francés), de modo que Jackson sería una palabra híbrida del inglés y el francés: Jacques-son, hijo de Jacobo.