martes, 11 de noviembre de 2014

RITO FRANCÉS. !!!
rito frances 1
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El Rito Francés (RF) propone un recorrido particular inspirado por la esperanza en el Hombre que impregnaba el siglo de las Luces. El RF invita por tanto a un camino personal, el camino que la Francmasonería abre en cada uno, como un camino en grupo.

El RF nació de una elaboración simbólica y de una práctica de cincuenta años de Francmasonería en Francia y que encontró su fundamento en los valores humanistas de la época durante ese periodo: enciclopedismo, desarrollo de la responsabilidad de cada persona en la sociedad, ideal de libertad. Es por ello que decimos que el RF es el Rito del siglo de las Luces.

Su origen se busca entre los años 1720-1730, años de introducción de La masonería en Francia y en Europa, en esa misma época se introducía en España con la creación en Madrid de la Logia “French Arms” nº 50 del registro de la Gran Logia de Londres, conocida como “Las tres flores de Lys” o “La Matritense”, también en el mismo rito.

Los textos que, a partir de 1737, nos permiten conocer esta primera masonería continental, muestran claramente que los elementos de base del RF tal como lo practicamos hoy estaban ya presentes, y que este Rito no es más que el resultado de un desarrollo de esos elementos de base, acaecido a lo largo del siglo XVIII.

Aunque las primeras logias francesas no fueron fundadas por la Gran Logia de Londres y Westminster de 1717, las relaciones entre esta Gran Logia y la primera masonería francesa fueron estrechas, y la comparación entre los textos franceses y los textos ingleses de la época muestra que los rituales y catecismos franceses primitivos eran esencialmente conformes a los de la Gran Logia inglesa.

Felipe, duque de Wharton, el sexto Gran Maestro de la Gran Logia de Londres y Westminster y creador en 1728 de esa primera logia española de la calle de San Bernardo de Madrid, fue elegido más tarde en ese mismo año como “Gran Maestro de los franc-masones en Francia” entre los años 1728 y 1729. Una muestra de ello son las palabras del primer y segundo grado y el lugar de los vigilantes que fueron siempre acordes a los que se utilizaba en la masonería de la Gran Logia inglesa de 1717. Podemos así asegurar como el RF es el heredero de ésta, a través de la primera masonería francesa.

La Gran Logia de Londres de 1717 fue llamada más tarde « Gran Logia de los Modernos » por la Gran Logia rival fundada en 1751 que se autoproclamó «Gran Logia de los Antiguos».

Esta es la razón por la que al RF se le denomina también Rito Moderno. Sin embargo estas denominaciones del Rito son muy tardías. No aparecen antes del fin del siglo XVIII y, en lo que concierne a la segunda, tampoco antes de comienzos del XIX. Son posteriores por tanto a la aparición de los ritos que se califican como “escoceses”, o que se reclaman de la masonería de los Antiguos.

A lo largo del siglo XVIII, los rituales practicados en Francia se desarrollan e incorporan nuevos elementos, algunos de los cuales provienen del “compagnonnage”. Todos estos nuevos elementos, añadidos a los rituales llegados de Inglaterra, han dado a las ceremonias francesas un carácter que las distingue muy claramente de las ceremonias inglesas, aunque el marco general se mantiene común.

Por ejemplo en las pruebas en el momento de los viajes en la Recepción de nuevos miembros, las purificaciones por el agua y el fuego provienen de las Escrituras, en el bautismo de Cristo en el rio Jordan y no tienen ninguna connotación alquímica.
Estas aportaciones francesas a los rituales se reencuentran bajo formas similares también en el Rito Escocés Rectificado (RER)y en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado ( REAA ), pero lo que diferencia al RF de los demás es que se mantiene muy cercano a las prácticas habituales de la masonería francesa del siglo XVIII, considerándose por muchos como el Rito de Fundación de la masonería.

El RER ha incorporado la influencia de la Estricta Observancia alemana y de la doctrina de Martínez de Pascually.

El REAA ha adoptado los elementos de base de la masonería inglesa de los Antiguos, y ha dado a sus grados azules un contenido hermético y alquímico. En el RF no se ha producido nada semejante.

El desarrollo de los rituales en el siglo XVIII se vio facilitado por el hecho de que la Gran Logia de Francia, y más tarde en los inicios de su sucesor, el Gran Oriente de Francia, no tenía rituales oficiales. Este hecho tuvo también como consecuencia una diversificación en el uso de los rituales.

Con el objetivo de restablecer la uniformidad, el Gran Oriente de Francia se ocupó a partir de 1779 de la redacción de unos rituales destinados a convertirse en oficiales. Este trabajo concluyó en 1785, y la redacción final fue aprobada por la asamblea general del Gran Oriente, tomando fuerza de ley en las logias.

Se conservan varios ejemplares manuscritos de estos rituales de 1785 anteriores a la Revolución. En 1801 fueron impresos en un volumen, «El Regulador del Masón» y es por este nombre como son generalmente conocidos. Los rituales en uso en la GLE han sido establecidos tomando como base los rituales de 1785. No son, sin embargo, una reproducción pura y simple, porque los rituales de 1785, aun siendo preciosos, no son siempre lo suficientemente explícitos o precisos que se pudiera desear a efectos prácticos así como para la buena transmisión de ciertos elementos tradicionales de la masonería francesa del siglo XVIII.

Han debido ser aclarados teniendo en cuenta, siempre que ha sido necesario, usos masónicos y documentos antiguos, anteriores a esta fecha, de indudable antigüedad, que los completan.

LOS RITUALES
Tal y como son practicados hoy en la GLE desde su introducción en febrero de 2006 tras el levantamiento de columnas de la Respetable Logia Simbólica de San Juan “Aleph” nº 147, al Oriente de Toledo, los rituales de los tres primeros grados del RF son, salvo algunas modificaciones de presentación indispensables para la comodidad de su utilización en Logia, casi iguales a los rituales aprobados por el Gran Oriente de Francia en 1785, con los complementos indicados.

En los comienzos de la masonería en Francia no había rituales escritos. Las ceremonias se desarrollaban y transmitían de forma puramente oral. La prohibición contenida en el juramento masónico de escribir los rituales era aplicada de una forma muy estricta. Si ocurría que los masones, o las logias, recurrían a prontuarios para su uso particular, estos escritos no tenían ningún carácter autorizado. Por este motivo, la primera Gran Logia de Francia, que estuvo activa desde 1728 hasta el fin de los años 1760, no tuvo nunca rituales oficiales.

Algo de esta situación subsiste en la masonería anglosajona. En algunos de los estados de Estados Unidos no hay rituales impresos, en otros sólo se imprimen las iniciales de las palabras, para todas las que incluye el texto. En Inglaterra existen rituales impresos extremadamente precisos de diferentes ‘estilos de trabajo’ o ‘trabajos’ (por ejemplo, los trabajos de Emulación, conocidos en España por el término consagrado por el uso, pero impropio de ‘Rito’ Emulación), pero ninguno de estos rituales puede pretender ser el ritual oficial de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

Sin embargo, en la masonería francesa del siglo XVIII se sintió enseguida la necesidad de contar con rituales escritos oficiales. El motivo fueron las sensibles diferencias que se estaban introduciendo en la práctica ritual de las diferentes logias y que hacían anhelar el restablecimiento de una cierta uniformidad. El preámbulo de nuestros rituales de 1785 lo dice expresamente: “Otro punto no menos importante es la uniformidad, deseada largo tiempo ha, en la manera de proceder a la iniciación. Animado por estos principios, el Gran Oriente de Francia se ha ocupado finalmente de la redacción de un protocolo de iniciación a los tres primeros grados, o grados simbólicos. Ha creído que se debe reconducir a la masonería a sus antiguos usos que algunos innovadores han tratado de alterar, y restablecer estas primeras e importantes iniciaciones en su antigua y respetable pureza. Las logias de su jurisdicción deben atenerse punto por punto, a fin de no ofrecer nunca más a los masones viajaros una diversidad tan escandalosa como contraria a los verdaderos principios de la masonería.”

El Gran Oriente de Francia no fue el primero en tomar la iniciativa de escribir los rituales. Algunas autoridades masónicas de provincia habían comenzado a redactar rituales oficiales que comunicaban a las logias de su dependencia. Esto está comprobado en la Logia Madre Escocesa de Marsella en 1774 y es probable en la Gran Logia de Maestros Regulares de Lyon en 1772. Sus rituales no están en uso actualmente, pero poco después vieron la luz, de forma simultánea, dos sistemas rituales que permanecen como dos de los principales ritos practicados actualmente: el RER y el RF.

A partir de su constitución en 1773, el Gran Oriente de Francia, que sucedió a la antigua Gran Logia, había decidido redactar nuevos reglamentos y rituales. Se consagró enseguida a la primera tarea y hasta 1779 no se pudo poner con la segunda. La historia se puede reconstruir gracias a los antiguos archivos del Gran Oriente depositados en el Fondo Masónico de la Biblioteca Nacional francesa.

El día 1 de junio de 1779 fue creada una comisión de 9 miembros para la redacción de los tres grados simbólicos. Quedan pocos datos de los trabajos de esta comisión. En 1783 es cuando vemos realmente iniciar el trabajo, después de que el Gran Oriente se lo confiase a la Cámara de Grados.

El Gran Oriente era administrado por tres cámaras: la Cámara de Administración, la Cámara de París (dedicada a la correspondencia con las logias parisinas) y la Cámara de Provincias (dedicada a la correspondencia con las logias en provincias). El 18 de enero de 1782 fue creada una cuarta cámara, la Cámara de Grados. Tenía como misión ocuparse de la redacción de los altos grados. A los ojos del Gran Oriente, los altos grados eran el complemento necesario de los tres grados simbólicos, formando con ellos un conjunto integrado y coherente. Había confiado este trabajo a los masones más eruditos y expertos, entre los cuales destacaba el gran Roëttiers de Montaleau, que ocupaba el puesto de Orador en la Cámara de Grados.
El 23 de abril de 1782, las tres cámaras reunidas comunicaron a la Cámara de Grados una primera redacción de los rituales de los grados simbólicos, rogándola los examinase y diera su opinión. La Cámara de Grados no se puso inmediatamente con ello, pues estaba muy ocupada con los trabajos preliminares de redacción de los altos grados que se le habían encargado. Sin embargo, a partir de febrero/marzo de 1783, se puso a trabajar sobre los grados simbólicos, consagrándose casi exclusivamente a este trabajo durante todo el año 1783.

Las actas de las reuniones muestran que los Hermanos que tomaron parte más activa fueron, junto a Roëttiers de Montaleau, los HH. Millon, Salivet y Grifin.
A comienzos de 1784 el trabajo estaba concluido. El 10 de febrero fue comunicado el resultado a las tres cámaras reunidas. El 24 de junio de 1784 la Asamblea General del Gran Oriente nombró una comisión de 9 miembros, tomados de 9 logias parisinas, para examinar los rituales y hacer sus observaciones. Luego, durante varias asambleas habidas en julio/agosto de 1785, el Gran Oriente procedió a un último examen de los rituales, que fueron definitivamente aprobados el 26 de agosto.

El 7 de abril de 1786, el Gran Oriente decidió que los rituales no serían impresos, sino enviados a las logias en forma manuscrita. Sobreviven muchos de estos manuscritos anteriores a la Revolución.

Tras la Revolución, en 1801 (y de nuevo algunos años más tarde bajo el Imperio), los rituales fueron impresos con el título “Regulador del Masón”. Es con este título con el que se los conoce más frecuentemente. La comparación con los manuscritos muestra que esta versión impresa es perfectamente fiel a la versión original aprobada en 1785 (aparte de un divertido gazapo en la descripción del signo de aprendiz ya que, en las versiones impresas, la laringe se ha convertido en el ¿largus?). La única diferencia notable – e inevitable – , está en el ritual del banquete, en el primer brindis, que es por el Rey en los manuscritos anteriores a la Revolución, siendo por la República Francesa en la versión impresa en 1801, y por Su Majestad Imperial en la reimpresión hecha durante el Imperio. A pesar de esta fidelidad, la referencia habitual al “Regulador del Masón” no debe hacer olvidar el origen más antiguo de estos rituales.

La denominación de RF, bajo la que es conocido este sistema ritual, no fue dada ni por los redactores de los rituales, ni por el Gran Oriente. Fue adoptada espontáneamente por la vox populi masónica para distinguirlo de los sistemas que se intitularon ‘escoceses’. En último extremo, esta distinción Rito Escocés-Rito Francés concernía menos, en el espíritu de los masones de finales del XVIII y comienzos del XIX, a los grados simbólicos tomados separadamente que a los sistemas masónicos incluyendo grados simbólicos y altos grados.

En cuanto a la denominación de ‘Rito Moderno’, por la que también es conocido el sistema, es consecuencia de la introducción en Francia, a comienzos del siglo XIX, del REAA. Este sistema se proclamaba de la masonería de los ‘Antiguos’ -asunto sobre el que sugerimos documentarse en los estudios históricos relativos a las disputas entre las dos Grandes Logias llamadas de los ‘Antiguos’ y de los ‘Modernos’ que dividieron a la masonería inglesa en la segunda mitad del siglo XVIII- y, de forma correlativa, denominó al RF como ‘Moderno’.

El RF es por tanto el ejercicio de la masonería en estado químicamente puro. En sus tres primeros grados contiene únicamente los símbolos relativos al mito de la construcción del Templo de Salomón.

El RF es esencialmente mítico y vehicula tres mitos fundamentales:
El mito del paso de las tinieblas a la luz
El mito de la construcción del templo de Salomón
El mito hirámico.

No hay alquimia ni hermetismo en el RF. Se habla, tanto en la cadena de unión como en algunas oraciones, de consagración de la Gran Obra, pero sólo se trata de la Obra de fraternidad, de la obra base y última; de la piedra de fundación y de la clave de bóveda, que se propone a cada masón para su puesta en práctica. La misión de los hermanos es la reunión de todos los seres humanos alrededor del eje del mundo que no es otro, en el RF, que el amor universal.

El RF aporta un método de trabajo, y cada grado completa su pedagogía. El recién iniciado aprende de esta manera, que las indicaciones que le han sido dadas no agotan el sentido de los símbolos que le han sido previamente presentados. Es de este modo como, a través de sus propias meditaciones, podrá penetrar más profundamente este sentido. O mejor dicho, este sentido penetrará más profundamente en él. La Recepción en el RF es una vuelta hacia la realidad. La realidad no cambia; pero lo que si cambia es la percepción de esa realidad. Lo externo se convierte, cada vez más, en interno. Este cambio de perspectiva interior que se presenta al candidato, es una de las llaves del esoterismo de nuestro sistema. Al candidato se le entrega la llave, pero a él le corresponde girarla. La puerta está abierta y los misterios desvelados no cesarán de asombrar y enriquecer los espíritus a medida que los vaya descubriendo.

El RF es un también un rito equilibrado. Permite la transmisión de una pedagogía del sentido de los valores masónicos fundados en el siglo de las Luces, pero es también un vector iniciático, es decir que apunta al cambio en profundidad de cada uno en aspectos insospechados e inesperados.

La preparación iniciática en el RF no es solamente espiritual, moral e intelectual. Implica una participación del corazón. Sin un sentimiento afectivo, sin emociones, sin compartir y sin una buena convivencia, el corazón se mantiene impermeable. Los conocimientos desfilan, el ritual se desarrolla, pero el alma se queda seca y el cambio no se realiza. Un masón del RF es un masón instruido, pero a la vez debe ser un buen hermano, por supuesto para los demás, ya que es bueno ser un recurso para aquellos que amamos y un consuelo para aquellos que se encuentran en la dificultad. Pero también para él mismo, ya que esa es una condición “sine qua non” para avanzar sobre sí mismo.

Nuestra finalidad en el RF, el “non plus ultra”, es la paz del corazón para consigo mismo, para aquellos que amamos, y para aquellos que debemos todavía aprender a amar. Y aquí estamos todos enfrentándonos hacia el sendero del descubrimiento del prójimo.

Los Hermanos en este rito pueden seguir su trabajo masónico en los cuatro Órdenes de Sabiduría, nunca superiores, que les ofrece el Gran Capítulo Francés y que complementan y desarrollan el contenido del grado de Maestro, sin olvidar nunca las enseñanzas de los dos primeros grados de Aprendiz y Compañero.
El objetivo de estos Órdenes de Sabiduría no es otro que el ayudar a realizar y perfeccionar el paso de la escuadra al compás, utilizando como base para la narración una historia bíblica, pero que en realidad es una historia que se desarrolla en el interior de cada uno de nosotros, y que debe conducirnos a un nivel de realización espiritual, a condición de que sepamos hacer fructificar en nuestro interior las enseñanzas de estos grados.