lunes, 22 de diciembre de 2014

EL MAZO Y EL CINCEL
nallete y cincel
 Escrito por Spartacus
nallete y cincel

Se suele dar por sentado que el mazo y el cincel son las herramientas primordiales de quien se encuentra dando los primeros pasos en este largo camino que es el trabajo sobre uno mismo, y que en ocasiones nos resulta tremendamente fatigoso, bien porque la piedra a desbastar es excesivamente dura, bien porque con cada golpe se nos deshace por ser arenisca y eso nos hace tomar una nueva y comenzar el trabajo desde el principio, bien porque no situamos el cincel en el lugar adecuado, bien porque el golpe es demasiado fuerte o demasiado suave.

Por cualquiera de la razones anteriores y un sin fin de ellas que podríamos añadir, el trabajo del Aprendiz no termina nunca. Los seres humanos somos así de complejos, tenemos tal número de imperfecciones que este trabajo nos suele llevar toda nuestra vida y algo más que pudiésemos disponer.

En cualquier caso tanto el mazo como el cincel, si no las más importantes sí son aquellas que primero comenzamos a manejar; inicialmente no exigen demasiada pericia, apliquemos el cincel donde lo apliquemos y golpeemos con la fuerza que lo hagamos, poca o mucha, el resultado será que habremos eliminado algo que hace, todavía, inservible nuestra piedra para ser utilizada en el edificio que todos nos afanamos en construir.

En nuestros primeros golpes sobre la piedra no importa, aún, la inteligencia aunque sí la voluntad de hacer, de mejorar. Con el paso del tiempo, poco, debemos empezar a pensar donde situamos el cincel, es decir la inteligencia emerge para unirse a la voluntad que existe desde el primer momento. Ahora ya sí, el cincel aplicado en el punto inadecuado y el golpe descargado sin el menor cuidado puede producir efectos desastrosos.

Una piedra rota y un tiempo de trabajo desperdiciado, aunque como no nos importa ni el ser competitivos ni mucho menos la rentabilidad de nuestro trabajo a corto plazo, este pequeño o gran desastre ha de servirnos para ser más cuidadosos en nuestros siguientes trabajos. ¿Trabajo desperdiciado entonces? Nunca, es de los errores que aprendemos y por ello, tras cada golpe fallido, habremos aprendido que antes de ejecutarlo debemos sopesar cuidadosamente las consecuencias de la acción; que antes de colocar el cincel habremos de estudiar detenidamente el lugar en el que lo colocamos, analizar la veta que recorre la piedra, reflexionar, y sopesar si ese es el mejor punto para golpear.

Inteligencia y voluntad, ¿qué es más importante? Cuanto solemos tener de ésta y cuán poco de aquella, porque no es un problema de coeficiente intelectual sino de saber utilizar adecuadamente nuestras posibilidades, nuestro talento. Es decir, optimizar lo que poseemos. Quizás vaya siendo hora de empezar a hablar de sabiduría en vez de inteligencia, pues no es más sabio el más inteligente sino aquel que es capaz de aprender de sus propios errores y experiencias. Con sabiduría podréis elegir con más precisión, seguramente, el lugar en el que apoyar el cincel. Aquí podríamos aplicar aquello de hace más quien quiere que quien puede, porque es más importante la voluntad de hacer que la inteligencia para hacer.

Vosotras y vosotros aprendices, estáis comenzando una larga carrera, la meta es la misma para todos y el tiempo no cuenta. No se trata de llegar la primera o el primero sino de llegar.

No hay por qué apurarse a la hora de descargar los golpes, no podemos perder el tiempo observando, de reojo, el trabajo de otros, si además es con ánimo competitivo estaríamos perdiendo el tiempo. Otra cosa sería que ante una dificultad hiciésemos un alto para observar, de frente, como un Hermano o una Hermana da el golpe certero, en el lugar adecuado, y de esta manera aprendamos a ser más eficaces en el desbastado de nuestra propia piedra.

Seamos humildes, porque sólo así seremos capaces de aprender de aquella hermana o aquel hermano que de forma callada y con gran dificultad a veces, sobreponiéndose a carencias y poniendo en juego toda la voluntad para suplir, quizás, una falta de inteligencia, termina por presentarnos la más bella piedra.

He dicho

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