viernes, 12 de febrero de 2016

Principios Masónicos

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Principios Masónicos (Parte I)
La Francmasonería proclama, como proclamó desde su origen, la existencia de un Principio Creador (Dios), con el nombre de Gran Arquitecto del Universo.

No impone límite alguno a la libre investigación de la Verdad, y para garantizar a todos esta libertad, exige a todos ABSOLUTA TOLERANCIA. La Francmasonería está, pues, abierta a los toleranciahombres de toda nacionalidad, de toda raza, de toda creencia.

Ella prohíbe en sus Talleres toda discusión política y religiosa, acogiendo en su seno a todo profano, cualquiera que sea su opinión en estas materias, siempre que sea libre y de buenas costumbres.

La Francmasonería tiene por objeto combatir la ignorancia bajo todas sus formas; es una escuela, mutua, cuyo programa se resume en obedecer las leyes de su país, vivir con honor, practicar la justicia, amar a sus semejantes, trabajar sin descanso en bien de la humanidad y por su emancipación progresiva y pacífica.

Para elevar al hombre a sus propios ojos, para hacerlo digno de su misión en la Tierra, la Masonería sostiene en principio, que el Creador Supremo (Dios) ha dado al hombre como más precioso bien, la LIBERTAD; la Libertad, patrimonio de la humanidad entera, Rayo de lo Alto, que nadie tiene el derecho de apagar ni amortiguar y que es el origen de los sentimientos del honor y de la dignidad.

Desde la preparación al primer grado, hasta la investidura del grado más elevado de la Masonería, la primera condición, sin la cual nada se concede al aspirante, es una reputación de honor y de probidad incontrovertible.

A los hombres, para quienes la religión es el consuelo supremo, la Masonería les dice: «cultivad vuestra religión sin obstáculos, seguid las inspiraciones de vuestra conciencia; la Francmasonería no es una religión, no tiene culto».

Fomenta y practica la INSTRUCCIÓN popular libre, y su doctrina entera se encierra en esta bella inscripción: «Ama a tu prójimo, cumple tu deber en todo tiempo, lugar y ocasión».

A los que con razón temen las disensiones políticas, la Masonería les dice: «Yo proscribo de mis reuniones toda discusión, todo debate político; sé para tu Patria un servidor fiel y celoso, no tienes de que darnos cuenta. Por lo demás, el amor a la Patria estimula también la práctica de todas las virtudes».

Estos son los preceptos, éstas son las Leyes, ESTOS SON LOS MISTERIOS DE LA FRANCMASONERÍA.

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Principios Masónicos (Parte II)
La Sociedad Masónica, cuya antigüedad se pierde en la noche de los tiempos, es indestructible porque es fuerte, es fuerte porque es unida, y unida porque la Patria de los Masones no es sólo aquella donde nacen, sino todo el Mundo y todos los hombres son sus HERMANOS.

La Masonería no se propone satisfacer ningún interés mezquino, ninguna mira egoísta; su objeto es altamente noble, su misión exclusivamente humanitaria. Ella trabaja por alcanzar, en lo posible,fraternidad01
la mayor perfección individual de sus miembros y de toda la Humanidad y por fomentar la caridad verdadera; la filantropía y demás virtudes morales y cívicas en los hombres de todas clases y condiciones, cualesquiera que sean sus principios políticoso sus creencias religiosas; y como Institución educativa y docente tiene que poner su principal ahínco en la liberación real y efectiva de la Humanidad, por el único y supremo medio existente para ello, que es la INSTRUCCIÓN y EDUCACIÓN acertada de los pueblos.

Pretender el ingreso en esta asociación por intereses privados, egoístas, o por miras particulares, sería no sólo un absurdo sino un fracaso para el que lo efectuare. Es abnegación ilimitada y no ambiciones bastardas lo que se requiere para pertenecer a una Sociedad que se dedica al Bien por el Bien mismo, sin arredrarse por las persecuciones y sacrificios que ello le produzca.

La Masonería tiene secretos y Juramentos que no deben quebrantarse; pero, ni uno ni otros se oponen en lo más mínimo a la moral. Se usan y sostienen más por educación del carácter, que por necesidad que de ello tenga la Institución.

De allí que el aspirante que intentare su incorporación por mera curiosidad no lograría su objetivo, porque los simbolismos en que está envuelta la Masonería se van comunicando por grados, los que se confieren, después de muchas pruebas de fidelidad, al que MÁS LO MERECE Y MENOS LO SOLICITA. El que se liga con juramento y lo quebranta no infiere daño a la Institución; el mal recae solamente sobre él mismo, que pisoteando su palabra de honor, no ha tenido bastante valor y firmeza para cumplir todos y cada uno de los deberes que voluntariamente se impuso.

La Masonería no exige de sus miembros que abjuren de sus principios religiosos, políticos, filosóficos, etc. Basta saber que practica la más pura moral y no impone violentamente sus creencias a nadie, imitando en esto al Creador, que es el Único que respeta de veras la libertad que El mismo concedió al hombre, no sin suministrarle un Guía y Juez innatos, que hemos denominado CONCIENCIA E INTELIGENCIA.

De este modo, la Masonería es el centro de unión de todos los hombres de buena voluntad, el lazo que estrecha en cariñosa amistad y fraternal abrazo a quienes por fanatismo, por preocupaciones, errores o aberraciones, habrían quedado perpetuamente separados.

La Masonería ensalza y venera a todos los Grandes Benefactores de la Humanidad que, como el Dulce y Manso Jesús de Nazareth, han sacrificado, aún su vida, en la convicción de hacer con ello el Bien de sus hermanos, sin tratar nunca de explotarlos en ninguna forma; y al recomendarlos en sus virtudes, como ejemplo de abnegación a sus miembros, establece que toda religión, toda filosofía, todo principio es bueno cuando tiende a mejorar, moralizar y perfeccionar al hombre, y es malo en cuanto se convierte en medio para explotar la ignorancia humana y mercantilizar aún lo más santo y lo más sagrado.

masoneria-modernaLa Masonería no necesita poderosos, pero tampoco admite en su seno a personas que no posean una profesión, arte, oficio o renta con que poder atender a las necesidades de su familia y, sin perjudicar al cumplimiento de sus deberes, reservar un pequeño sobrante para hacer frente a los gastos de la Institución y el socorro de los necesitados en lo intelectual, en lo moral y en lo material, pues de otro modo nunca podría llevarse a debido efecto el objetivo y miras de la Institución, tan arduos y difíciles aún contando con todos los medios necesarios para su consecución.

La Masonería no podría tampoco hacer efectiva la fraternidad sincera de toda la especie humana, sino exigiese de sus miembros la práctica constante e inalterable de todas las virtudes que la producen, o permitiese rencillas y demás pasiones hijas del egoísmo que la hacen absolutamente imposible. Por lo tanto, quien no tenga valor para vencer sus pasiones, y, sobre todo el egoísmo, no debe pretender ser masón. Egoísmo y Masonería son dos polos diametralmente opuestos.

La Masonería exige absoluta moralidad en todos y cada uno de sus miembros, tanto para ser admitidos como para conservarlos en su seno. Por eso el hermano que comete delitos o faltas que afecten la, Moralidad o violen las leyes, deja por el mismo hecho de ser masón. Inmoralidad y Masonería, son igualmente, polos opuestos y tan inasimilables como el agua y el aceite.

El hecho de que haya masones que obren mal, no puede indicar que la Masonería lo consiente. También en el apostolado de Jesús penetró Judas, pero consumada su traición, fruto de su egoísmo, él mismo se ajustició.

La Asociación, al proponersele un candidato, tiene el perfecto derecho de investigar minuciosamente sobre sus antecedentes y costumbres; quedando en absoluta libertad de acceder o negarse a la aceptación del solicitante o aplazar la resolución para mejor ocasión o para tiempo determinado, sin que tal negativa o aplazamiento pueda tomarse como ofensa, sino como el uso de un derecho natural.

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