viernes, 22 de marzo de 2013

¿QUE ES LA MASONERIA?
MIGUEL GARCIA MEJIA 

La Institución Masónica imparte sus enseñanzas a través de alegorías y representaciones simbólicas, otorgándose las mismas en forma gradual, conforme al desarrollo individual de sus miembros, ya que se encuentra dividida en diferentes clases y grados, para proporcionar un avance mas regular en sus misterios. Según el progreso que alcancemos; limitaremos o extenderemos nuestras investigaciones y en función de nuestras capacidades llegaremos a un mayor o menor grado de perfección y conocimiento.

En nuestras carreras masónicas y en la vida toda, el hermano masón, no solo está llamado a consumar actos morales, de grandeza y de poder; si no que debe contribuir de manera consciente al desarrollo, engrandecimiento y perfección de las obras sociales y morales, ya que debe saber servir a la sociedad; Ser útiles a la Patria y sacrificarse en bien de la humanidad, es decir, debe conocer nuestros deberes para con el Ser Supremo, para con nuestros semejantes y para consigo mismo; solo en esa forma contribuiremos y cumpliremos con las leyes inmutables de la estabilidad universal y de la inmortalidad de lo creado.

Masón, significa constructor, o sea, el que fabrica a cal y canto un edificio, pero que antiguamente este título se les aplicaba a los miembros de las asociaciones de constructores que dieron a Europa sus mejores edificios de la Edad Media y del Renacimiento, actualmente hemos de entenderlo en su acepción figurada, diciendo que el masón es un constructor del templo simbólico de la ciencia y de la virtud. Que constituye su propia personalidad.

En otras palabras, un masón es un individuo que trabaja en perfeccionarse y en evolucionar, tanto en sus conocimientos como en su comportamiento moral, y para ello sigue los caminos que le indica la antigua asociación que se nombra masonería o, más correctamente francmasonería.

Correlativamente, la institución masónica tiene como finalidad principal la de constituirse en guía de quienes buscan y anhelan este perfeccionamiento, para lo cual, deciamos, va desgranando una a una sus sabias enseñanzas, en dosis graduadas y de acuerdo con el adelanto de cada uno de sus miembros. A través del estudio razonado y crítico de la filosofía moral se obtiene un mejor conocimiento de las virtudes y del modo de practicarlas.

Pero, entonces, ¿cabe decir que la masonería es una escuela? Desde luego que no, si entendemos por escuela un lugar donde se imparten clases sobre materias específicas, basándose en libros de texto, y se capacita a los alumnos para desempeñar un tabajo que les permita ganarse el sustento. La masonería es algo más que eso. En primer lugar, su filosofía educativa es totalmente distinta a la de cualquier escuela, puesto que en vez de exigir el aprendizaje de tales o cuales postulados y principios, estimula la exposición libre, la discusión ilustrada y el desarrollo de la imaginación y del pensamiento original, como medio para conseguir que cada quien llegue conforme a sus cualidades y capacidades, por su estudio independiente y su meditación profunda, a sus propias conclusiones lógicas y a la afirmación de sus convicciones. Por tanto, usa ampliamente del símbolo y de la alegoría; pero no ofrece de ellos ninguna explicación fija y dogmática, sino que deja en libertad al iniciado para que ejercite sus propias facultades deductivas e inductivas para descifrarlos y aprender -por sí mismo- las provechosas lecciones que encierran. Se ocurre preguntar qué utilidad tiene esto.

La historia nos enseña que de la masonería han salido, en todos los tiempos, hombres de gran visión, acrisolado altruismo e inagotable energía, que han dado a la humanidad sus más grandes impulsos de progreso. Para descubrir estos nuevos caminos, necesitaron nutrirse de la duda filosófica, no de la certeza dogmática; precisaron examinar lo que no es típico, en vez de conformarse con lo usual y corriente. Tuvieron que desechar los cartabones, los textos consagrados y los manuales establecidos, decidiéndose a recorrer sendas supuestamente prohibidas para el pensamiento y descubriendo las nuevas soluciones a los problemas irresueltos. Para esto, dispusieron de una maravillosa facultad: la imaginación creadora.

Quizá la masonería ha sido, a través de los tiempos; la única institución que se ha percatado de la importantísima función que tiene esta imaginación creadora en la evolución de la humanidad, y ha descubierto y aplicado un método sencillo y eficaz para desarrollarla. Por eso ha sido y seguirá siendo el semillero de nuevas ideas, el portaestandarte de las vanguardias y la escuela en que se modelan los hombres marginales que viven y piensan entre el hoy y el mañana... los conductores de la humanidad.

Pero no solamente a esto se limita la masonería; no se conforma con ver que cada miembro se cultive y perfeccione a sí mismo, sino que trata de desarrollar en todos y cada uno de ellos el firme sentimiento de fraternidad y abnegación, encauzando cuidadosamente todos sus esfuerzos hacia los nobles fines de justicia social, equidad, libertad, auténtica democracia y progreso material y espiritual de toda la humanidad.
Algunas personas creen que la masonería es una religión. Si como tal se quisiera considerar a nuestra orden, se le debería nombrar la religión de la evidencia , de la razón y de la humanidad; de la razón y de la evidencia, que ni deja lugar a dudas, ni provoca las animosidades y odios que en otras partes han arraigado el espíritu de secta y han cubierto de sangre las páginas de la historia, imponiendo las creencias por medio de la fuerza y de los suplicios.

Nuestra misión es profesar y propagar los sentimientos de paz y fraternidad; estudiamos, admiramos y veneramos la naturaleza y la causa primitiva de las cosas, bajo el nombre de G:. A:. D:. U:.; estudiamos el corazón humano, nuestras exigencias, las del mundo social en su estado de perfección.

Nuestra ley no impone a sus adeptos sino dos condiciones: Probidad y Ciencia, para aplicar una y otra al amor del bien y al aborrecimiento del mal. En concomitancia con los principios de libertad de conciencia y de culto, la masonería no puede permanecer al margen de cualquier violación de estos postulados, como cuando los ministros de alguna religión (sea ésta católica, mahometana, budista, etc.) detentan los poderes públicos y la soberanía de los pueblos. Cuando las religiones, convertidas por los hombres en tiranías esclavizadoras de las conciencias y prostituidas por la ambición de poder temporal, pretenden sojuzgar a los hombres, la masonería se levanta como campeona de la legítima libertad de creer o no creer, atendiendo únicamente a los dictados de la íntima conciencia y de la razón. De ahí que, aunque algunas veces y en algunos países la masonería haya adoptado posturas anticlericales, no por ello es antirreligiosa.

En resumen, la masonería no es una religión, ni discute los principios de ninguna religión, sino por el contrario, las respeta a todas.

La masonería contiene una filosofía educativa propia, basada en el estudio imaginativo y profundo de símbolos y alegorías, que persigue como finalidad el desarrollo del pensamiento propio, original, lógico y constructivo, con el resultado de que cada masón palpa pronto los frutos de este perfeccionamiento personal al notar que se ensancha extraordinariamente su manera de ver la vida, se despiertan aptitudes dormidas, surgen perspectivas de mejoramiento y entra plenamente en el camino que los transforma en guías y benefactores de la sociedad.

Es indudable que el espíritu de la Masonería Universal, y el pensamiento avanzado y precursor de distinguidos Maestros Masones, se ha hecho sentir en el ámbito de todos los pueblos de la Tierra, a través de las diversas doctrinas sociopolíticas modernas, tendientes a resolver los problemas sociales de la humanidad.
Nuestros preceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, como en el pasado,son y serán los medios y la norma de conducta para estas soluciones; y como entonces, no serán conducentes sino hasta que hagamos conciencia de su verdadera naturaleza y contenido; el cambio ya se está operando en el hombre, ya se siente, pero se necesitarán todavia varios años para alcanzar su desarrollo integral.

En la fe inquebrantable del hombre nace la esperanza de alcanzar su libertad, y lo logra, cuando alcanza la verdad, es decir, cuando se restituye al marco de la ley natural, que mantiene en equilibrio el Universo; en cambio el libertinaje, o sea el hacer las cosas como se nos da la gana, movidos por nuestra ignorancia, no podemos darle el nombre de libertad. La sabiduría nos lleva de la mano a ella.

El objeto fundamental de la masonería es trabajar por la formación de hombres verdaderamente libres. Toda imposición viola este ideal. Consagra que se llega a la libertad por medio de la disciplina; se aprende por el estudio de la Verdad y se realiza cuando se practica la Virtud. En el ambiente universal de la Orden, el compás representa la libertad y la escuadra, la disciplina. La masonería nos ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso del alma humana en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero, y nos ofrece luz para que podamos aprovechar este impulso en vez de tratar de oponerse a él.

Ella procura imponernos de que lo que debe preocuparnos, más que nada, como masones, es la realización del individuo; que esto, a su vez, es posible sólo en la medida que podemos ayudar a éste (como unos que somos con él) a encontrarle significado y propósito a la empresa humana de vivir. Que todo lo demás es secundario.
La masonería reconoce que todos los hombres han nacido iguales y por tanto cree que no debe existir ninguna diferencia entre el que manda y el que obedece; entre el que produce y el que consume; entre el que paga y el que cobra; uno y otro formados por el mismo principio creador, compuestos de una misma materia, sujetos a las mismas afecciones físicas y a las mismas causas de destrucción; se parecen, según la expresión de un distinguido escritor, a los dos viajeros que parten del mismo punto, para llegar al mismo objetivo, aunque por distintos caminos.

La gran familia masónica, desde las remotas épocas de su origen, ha conservado este derecho supremo como uno de los más grandes de sus fundamentos, ya que al conservar su conciencia autónoma y libre de mandatos o dogmas reñidos con la moral, hace a cada uno de sus componentes responsable de sus actos, conciente de sus derechos y capacitado para gobernarse conforme a sus dictados de la razón y de la virtud.

Como vemos, la masonería es una institución que tiene por objeto la perfección del hombre mediante el estudio de las ciencias, las artes y la moral universal, la práctica de las virtudes y de la fraternidad humana.

Todos los masones esparcidos sobre la faz de la tierra, constituyen una Gran Familia Universal, porque, siendo la unidad humana uno de sus principios y la tolerancia uno de sus deberes, caben dentro de la masonería todos los hombres libres y de buenas costumbres, sin distinción de razas, principios religiosos, ideas políticas o sociales.

La masonería exige a sus miembros el deber de ser hombres libres y virtuosos; pero esa libertad no es la del egoísmo y de la resistencia a las leyes del país en que viven, ni a las disposiciones que los gobernantes dan en virtud de esas leyes; al contrario, ella exige de sus miembros el mayor respeto a la ley y a los Magistrados; pero también da como un deber sagrado el de instruirse e instruir a los hombres sus hermanos hasta donde alcancen sus fuerzas, con el fin de que conozcan los derechos y deberes propios, y los derechos y deberes de los demás. Seamos instruidos, dignos y virtuosos y no solamente seremos libres nosotros, sino que emanciparemos a todos los hombres.

Debemos aspirar a entusiasmar a quienes nos rodean. Debemos lograr ser imitados por nuestros hijos en nuestras convicciones políticas, en nuestras posiciones ideológicas, en nuestras actitudes sociales, en el matiz de nuestras creencias religiosas, sin tener por fin que terminar por tratar de imponerlas, por no saber transferirlas a quienes nos rodean con nuestra actitud personal.

Los francmasones, estamos al lado de los humildes y de los desheredados; porque somos el obstáculo infranqueable a una esclavitud general; somos tan odiados por aquellos que no se contentan con gozar la vida más que haciéndola intolerable a los otros, y que no están satisfechos de levantar la cabeza más que cuando los otros la inclinan hacia abajo.

No queremos más batallas que las de las ideas; no admitimos otras superioridades que las de la inteligencia fundada y las de la bondad.

No admitimos otras disciplinas que aquellas que hemos consentido y que cristalizan en leyes regularmente votadas por el pueblo o por su mandatarios elegidos libremente.

Proclamemos el derecho inalienable de la libertad absoluta de conciencia y del pensamiento; estudiamos las reivindicaciones de este derecho y promovemos la creación de gobiernos libres.

Enseñamos que la libertad no puede ser atacada por la ley y fomentamos la fidelidad y la perseverancia. Enseñamos cuál es la recompensa al valor, la firmeza y la constancia, y estamos convencidos de que los derechos de la humanidad no pueden ser limitados por fronteras (aunque haya grupúsculos que asesinen a nuestros indocumentados en franca guerra de exterminio).

Promovemos la sabiduría que deben poseer los gobernantes, la firmeza de voluntad de los gobernados y la armonía de los intereses comunes.

Esto Queridos amigos, y mucho, mucho más es la masonería.