lunes, 10 de junio de 2013


EL HERMANO HOSPITALARIO

Publicado por rlspiojaramillo

En todas las logias hay un oficial que en ocasiones pasa desapercibido, como es el hermano hospitalario. Su función principal es la práctica de la caridad, en silencio y discretamente cubre las necesidades de los hermanos enfermos, en desgracia, y, de los pobres o necesitados.

Esta función existe en todos los ritos y en todos los grados. El limosnero u hospitalario es el encargado de recoger y de distribuir las limosnas, de inquirir y velar por la buena situación de las viudas y huérfanos de los hermanos, de averiguar por los motivos de las ausencias que no han sido justificadas ya que pueden tener que ver con sus competencias. La existencia de este oficial se remonta a la antigua masonería, sin embargo y al igual que el tesorero, no se encuentra entre los siete oficiales indispensables para que una logia sea justa y perfecta.

El hospitalario se sienta en el oriente, cerca del tesorero en la columna del Septentrión. En el plano simbólico es “Jesed” la gracia en el árbol de Sefirot , la joya del hospitalario es una alcancía o una simple bolsa. El hospitalario administra una caja autónoma que se llama el Tronco de la Viuda.

Los masones haciendo referencia al arquitecto Hiram son los hijos de la viuda. Hiram fue hijo de una viuda, así como Horus que también nació de una viuda, Isis.

El hospitalario realiza lo esencial de su trabajo fuera de las reuniones y sus cualidades principales son el amor y la entrega. Los destinatarios de sus esfuerzos serán los hermanos en aprietos y las viudas. Además el hospitalario se preocupará de las ausencias, independientemente de que se haya presentado o no excusas. Deberá averiguar qué exactamente le ocurre al hermano que
no asiste. El hospitalario debe estar en permanente relación con el tesorero. Este último debe informarle de todos sus problemas de cobro. Además deberá visitar a sus hermanos enfermos o que sufran desgracia por cualquier causa, dando cuenta al Venerable Maestro.

Recuerden que la masonería no es una institución de beneficencia, hay muchas otras instituciones que se dedican a esto, sin embargo si debe funcionar como una asociación de soporte mutuo y deberá entregar su óbolo al hermano que lo requiera. Independientemente de lo que requiera.

Si todos nosotros juramos servir y proteger a nuestros hermanos en desgracia y brindamos por ello en cada tenida, es el hospitalario el vehículo que se utilizará para lograrlo. La desventura siempre tocará nuestras puertas y nuestra masonería deberá correr a levantar al hermano lastimado. La masonería debe funcionar como un monolito y canalizar su gracia a través del hospitalario.

Nuestra institución y sus inestimables miembros me han dado prueba de ello, cuando lo requerí y sin haberlo solicitado, me resguardó con sus alas, igual ha ocurrido con mis hermanos. A veces se reclama consuelo y afecto, a veces solamente se requiere un salario.

Pero nosotros juntos podemos ser más. Un grupo cada vez más numeroso de hermanos cautelosamente escogidos, que juramos ante la verdad revelada servirnos unos a otros, debe ser un grupo poderoso. Todos estamos en la obligación de brindar ternura y alivio, todos debemos servir a los hermanos en nuestras diferentes funciones, todos nosotros conocemos a alguien que a su vez conoce a alguien que puede asistir a un hermano en aprietos. Siempre algún eslabón de la cadena puede amparar a otro, pero es necesario conocer lo que ocurre.

La nobleza de los masones impide que la mayoría de ellos acudan a la logia en busca de un bálsamo a sus pesares a menos que estos sean de conocimiento público como la enfermedad, la muerte o una catástrofe, pero que sabemos de los hermanos que guardan silencio en las
columnas, yo estoy convencido que conozco alguna persona que puede influir en beneficio de un hermano y con las indulgencias de la reserva esa influencia no debe ser descubierta, el arma más poderosa es el silencio, nadie deberá conocer nuestra relación para poder intervenir con libertad.

Debemos promover el crecimiento de los miembros independiente de sus actuales situaciones, no dudemos en escoger a un masón en cualquier momento, estaremos escogiendo a un hermano.

Todos necesitan salud y trabajo, si está en nuestras manos, no dudemos. Comprometámonos a rajatabla a luchar por el beneficio y progreso de nuestros camaradas.

Entonces escojamos al oficial más valioso en el puesto del hospitalario, el deberá indagar sobre el bienestar de todos los hermanos y con el beneficio de la discreción escoger al o los entrañables cofrades que puedan ayudar a encumbrarlo.

La masonería debe funcionar como un dispositivo de mantenimiento de cada uno de sus eslabones, si uno es frágil puede fragmentarse la cadena.

La institución debe promover el enriquecimiento espiritual de sus miembros, pero ellos deben tener resueltas sus necesidades básicas para poder lograrlo. Como cuando se deja a alguien sus metales cuando sufre por un hijo enfermo o lo agobian sus deudas.

El hospitalario debe presidir la comisión de beneficencia quien se ocupará día y noche en beneficio de los miembros de la institución, si cada hermano triunfa en su vida profana, la institución se fortalece. Cada uno de nosotros debe contar a sus hermanos como incondicionales, deberá estar seguro de que será asistido en todo lo que la corporación sea capaz de hacer.

Debemos crear una red discreta de impulso para los agremiados, tratando que mejore su entorno laboral, sus circunstancias académicas o intelectuales, sus condiciones de salud o familiares.

Ahora en el segmento operativo, cómo deberemos proceder.

La comisión de beneficencia presidida por el hermano hospitalario deberá acaso inquirir sobre la vida privada de los hermanos o deberemos esperar a que ellos soliciten apoyo, como bien hemos visto esto probablemente no va a ocurrir, la hidalguía de los hermanos evitará que incomoden a sus aliados con quejas incluso enfrentando a la muerte. ¿Entonces cómo?

Yo propongo que en las próximas elecciones escojamos al mejor hermano para ocupar estas nobles funciones, deberá estar adornado de discreción y afecto, libre de pasiones y rencores, deberá influir sobre sus hermanos con autoridad similar al del VM (ya que sus inquietudes serán por él conocidas), su intervención no se discutirá en tenida abierta y escogerá a los miembros de la comisión de beneficencia sin límite alguno pudiendo ampliarse a toda la logia en sí. Será informado obligatoriamente por el tesorero acerca de dificultades en el pago de los agremiados. Sin embargo todos los hermanos estarán obligados a informar acerca de las dificultades que
pudieran estar aquejando a los asociados. Sus órdenes serán cumplidas sin oposición, la fraternidad que todos juramos impedirá que alguien objete sus indicaciones. La masonería lojana promocionará el fortalecimiento de sus miembros y así ella mismo se fortalecerá.

La única condición absoluta para la asistencia es el secreto, sigilosamente el hermano en apuros será socorrido.

La inasistencia puede ser el primer síntoma de problemas. Incluso con las excusas se deberá averiguar sobre la razón de la falla. Mas que brindar homenajes masónicos públicos a los hermanos que pasen al oriente eterno, deberemos arropar con discreción a los que están vivos.

Deberemos agotar recursos para aliviar disgustos entre hermanos y averiguar la razón verdadera por la que algunos hermanos rechazan o desconocen a sus hermanos.

Muchos problemas que aquejan a la masonería ecuatoriana podrían aliviarse si simplemente dejáramos de llamarnos hermanos y más bien actuáramos como ellos.

Mi palabra.
M:. M:. ABRAXAS