viernes, 24 de octubre de 2014

HISTORIA Y MORAL DEL GRADO DE
MAESTRO SECRETO

SUPREMO CONSEJO GRADO 33
Q.•.H.•.
Que la escuadra os haga acordar siempre de que debéis andar por el camino de la rectitud, y jamás desviaros a los tentadores senderos del error. Que la escuadra os haga pensar a cada momento de que ahora habéis pasado de la escuadra a los compases, lo mismo que el geómetra que pasa de las líneas rectas y de los ángulos por medio de los cuales mide las superficies de la tierra, a las grandes curvas y círculos con los que calcula los movimientos de los astros.
Comenzad ahora a elevaros sobre la tierra, y a escalar las esferas del conocimiento espiritual, porque ahí, y no sobre la tierra, podréis encontrar la Verdad y LA PALABRA PERDIDA.
Contemplad nuestra Logia revestida de luto, querido hermano, y a los hermanos que se han revestido de pesar, por la muerte del Maestro Khurum, y por el eclipse de la luz y de la verdad, ocasionado por las negras, torvas y funestas nubes de la oscuridad y del error. El duelo por la pérdida de aquellos que amamos es muy natural y propio. Pero nosotros lamentamos no solamente la muerte de un amigo y de un benefactor, sino también la pérdida de la VERDADERA PALABRA, de la que se nos ha privado por su muerte, y la que debemos buscar hasta encontrarla.
Esta Logia representa aquella del Sarim, o del Príncipe de Israel, reunida inmediatamente después de la muerte de Khurum, y antes de que se descubriera a sus asesinos cuando Adoniram, que estuvo a cargo de la exacción de tributos, fué nombrado Vigilante y Jefe de los Trabajos en su lugar interinamente y cuando Azariah ben Nathan fué nombrado en lugar de Adoniram y en reemplazo de éste se puso a Jehoshaphat a cargo de los Siete Príncipes, elevándose a Jerboam al grado de Príncipe y Maestro para llenar la vacante que se había producido.
Y así como a Joroboam se le hizo Príncipe en Israel y se le dió el cargo de Superintendente de los Constructores del Templo, lo mismo hago yo ahora recibiéndoos y aceptándoos, querido hermano, como a uno de los Siete Maestros Secretos de esta Logia, para que de una vez os hagáis cargo de los deberes superiores que vuestro rango mayor os impone.
Tened siempre presente que los Príncipes en la Masonería son aquellos que mejor trabajan y mejor se adaptan; que ningún resultado valioso se obtiene sin su debido esfuerzo, y de que os que os queda todavía muchos pasos que dar, antes de que podáis escalar las alturas donde se encuentra entronada la Verdad y para descubrir la PALABRA PERDIDA, conocida por los antiguos patriarcas. Recordaos siempre, que, así como los Siete Príncipes de Israel estaban bajo las ordenes y vigilancia de sus jefes, lo mismo os encontráis subordinado a vuestros jefes en Masonería; y aun mas a vuestra patria; y sobre todo a vuestro Dios; y que os debéis preparar a mandar, APRENDIENDO PRIMERO A OBEDECER.
Acordaos que la vida es muy corta, y que durante ella hay mucho que hacer, y que la muerte se nos aproxima cada vez más, acercándosenos más y más con cada respiración, y que por tanto no malgastéis vuestro tiempo medido en esta existencia con vuestros extravíos, sino, más bien, esforzaos incesantemente en subir la cuesta de la montaña que tenéis que escalar, Si es que no queréis que la muerte os alcance y os sorprenda antes de que hayáis subido a la cumbre.
Os corono con la guirnalda de laurel y olivo -de laurel como emblema de la victoria y del triunfo-, y sagrado para Apolo, dios de la Luz. Aquellos que iban a consultar el oráculo délfico llevaban guirnaldas iguales, corno lo hacían los sacerdotes romanos en sus festivales. Os encontráis ahora sobre el sendero que conduce hacia aquel oráculo mucho más grande que el de Delfos, el de la Verdad Masónica, que nunca da respuestas equivocas para desviar y engañar. Ahora comenzáis a escalar aquel sendero donde encontrareis la manera de convertiros en ministro y sacerdote de la Verdad; y os corono con laurel y olivo, emblema de fruición, lleno de esperanzas por vuestro éxito y vuestra victoria finales.
Los colores del mandil, collar y guantes son emblemáticos del pesar de los Masones del Templo por la muerte de su Maestro y Director, Khurum, el Iniciado fenicio y por la pérdida de la palabra de Maestro. También simbolizan la contienda en el universo de las cosas, y en el alma de todo ser viviente, entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal, una lucha que comenzó con el tiempo y que está tipificada por los esfuerzos y el ansia del aspirante para conseguir la luz.
El ojo sobre la solapa azul del mandil es un símbolo del sol en el firmamento, ojo del universo, y para los antiguos él era Un emblema y la imagen de la Divinidad, el gran arquetipo de la luz, “Ordo ab Chao”, Luz y Tinieblas, decía Zoroastro son los caminos eternos del mundo. Un ojo era en los jeroglífico egipcios el símbolo para la palabra IRI (para efectuar ceremonias religiosas), y la segunda silaba del nombre Osiris (Os- In), el sol divinizado, la personificación del principio del bien. Ya sabéis también de cómo el nombre del Maestro Khurom, (Om significa sol) está conectado con este mismo símbolo.
El Oriente de la Logia representa el Santo Santuario del primer templo en Jerusalén, y los misterios más secretos de la Masonería, de los cuales os encontráis ahora separado por una barrera infranqueable. Pero poseéis la llave; y algún día os será permitido de abrirla reja y franquear la barrera. La pasión, el prejuicio y el error interponen muchos obstáculos entre el hombre y la verdad; pero ninguno de estos obstáculos, para impedir encontrar la verdad, son suficientemente poderosos para atajar al hombre que con energía y perseverancia, con buenas intenciones y motivos sanos, se propone alcanzarla.
El Triángulo, que es la joya del Maestro, como aquel dentro del circulo suspendido en el Oriente, representa al Gran Arquitecto del Universo. Sus tres lados representan la sabiduría, la fuerza y la belleza, o mejor dicho, Sabiduría, Poder y Harmonía; tres atributos divinos mencionados con frecuencia por los masones; Sabiduría, que concibió; Poder, que creó; y Harmonía, que regula y preserva al universo. Aquel universo está simbol izado por nosotros, como lo fué en las naciones antiguas, por Un círculo. La flameante estrella de cinco picos representa la gran luz central, que mucha naciones veneraron en el sol, su representante; y la letra, circundada por sus esplendores, es la inicial hebrea del nombre de la gran fuente de luz, el verdadero Dios, a quien todos los masones veneran.
La Masonería es una sucesión de alegorías, meros vehículos de grandes enseñanzas en moralidad y filosofía. Podréis apreciar mayormente su espíritu, su objeto, sus propósitos, a medida que avancéis en los diferentes grados, los que encontrareis que constituyen un gran, completo y armonioso sistema.
Si habéis sido desilusionado en los primeros tres grados, tal como los habéis recibido, y si os ha parecido que su representación no ha sido lo que esperabais, que sus lecciones de moralidad no son nuevas, y que su instrucción científica es solo rudimentaria, y que los símbolos os han sido explicados imperfectamente, acordaos que las ceremonias y lecciones de esos grados se han ido acomodando por abreviaciones y cayendo a un sitio corriente adaptándose a la frecuente memoria limitada y capacidad del Maestro e Instructor, y también al intelecto, y necesidades del discípulo y del iniciado; que ellas nos han venido de una edad cuando los símbolos se usaban para ocultar y no para revelar, y cuándo el aprendizaje más corriente estaba limitado a los pocos y que los principios más sencillos de moralidad parecían verdades recientemente descubiertas; y que estos antiguos y sencillos grados se presentan ahora como las columnas truncadas de un templo druidico sin techo; en muchas partes descompuesta por el tiempo y desfiguradas por los agregados modernos y absurdas interpretaciones. Estos grados del primero al tercero, llamados simbólicos, no son sino la entrada al Gran Templo Masónico, podemos decir, las tres columnas del pórtico.
Ahora habéis dado el primer paso para franquear el umbral, el primer paso hacia el santuario interno y corazón del Templo. Os encontráis ahora en el sendero que conduce hacia la montana elevada de la Verdad; y todo depende de vuestra discreción, obediencia y fidelidad para que avancéis o para que os quedéis estancados.
No os imaginéis que os convertiréis en un verdadero masón aprendiendo solamente lo que vulgarmente se denomina el “trabajo”, y también familiarizándoos con nuestras tradiciones. La Masonería tiene su historia, su literatura y su filosofía. Sus alegorías y tradiciones os harán comprender mucho; PERO MUCHO HAY QUE BUSCAR Y APRENDER EN OTRA PARTE.
Los torrentes de enseñanzas que ahora fluyen llenos y anchos hay que perseguir hacia sus fuentes, que tienen su origen en un pasado muy remoto, y ahí encontrareis el origen y el significado de la Masonería.
Una cuantas lecciones rudimentarias de arquitectura algunas máximas universalmente admitidas sobre moralidad, algunas pocas tradiciones, cuyos verdaderos significados no son conocidos o también mal interpretados, no pueden satisfacer a un serio investigador de las verdades masónicas.
Que aquel que esté satisfecho con esto, no intente elevarse más. Aquel que desee comprender las armoniosas y bellas proporciones de la Masonería, debe leer, estudiar reflexionar, digerir lo aprendido y discernir sobre todo. El verdadero masón es un ardiente investigador del conocimiento; y también sabe que tanto los libros como los antiguos símbolos de la Masonería son barcos cargados con las riquezas intelectuales del pasado; y que en la carga de estos veleros se encuentra mucho que arroja luz sobre la historia de la Masonería, probando su demanda al título como benefactor de la humanidad, nacido en la cuna de la raza.
El aprender, adquirir conocimientos, volverse un sabio, son necesidades de toda alma verdaderamente noble; enseñar, comunicar sus conocimientos, compartir esa sabiduría con otros DIGNOS de adquirirla, y no cerrar avaramente su tesoro, poniendo un centinela a la entrada para despedir a los necesitados, son también impulsos de una naturaleza noble y la labor más meritoria del hombre.
Adquirir la verdad, servir a nuestros semejantes, a nuestra patria y a la humanidad; éste es el destino más noble del hombre. Desde ahora y por toda la vida éste debe ser vuestro objetivo. Si deseáis subir y ascender hacia ese destino, avanzad. !Pero si tenis otros objetivos menos nobles, y si estáis conforme con un vuelo inferior, deteneos ahora mismo! Dejad que otros asciendan esas alturas, y que la Masonería cumpla su misión.
Si deseáis avanzar, ¡ceñíos vuestro cinturón para el esfuerzo! porque el camino es muy largo y penoso. El placer, las sonrisas os llamaran por un lado, la indolencia os invitará a dormitar entre las flores por el otro. Preparaos por la discreción, obediencia y fidelidad, a resistir las seducciones de ambas.
Cuando hagáis un voto a Dios, no dejéis de cumplirlo. Es mejor no hacer una promesa, antes de dejar de cumplirla. No seáis ligero de palabra, no dejéis que vuestro corazón se apresure a expresar algo ante Dios, porque Dios está en el Cielo y vuestra existencia está en la tierra. Aquilatad muy bien lo que prometáis, pero, una vez dada vuestra promesa y haberos comprometido, no olvides que aquel que no cumple su obligación, será desleal a su amigo, a su familia, a su patria y a su Dios…. La palabra de un Mason igual a la palabra de un Caballero en el tiempo de la Caballería e Hidalguía, debe ser sagrada; y el juzgamiento de sus hermanos sobre aquel que viola sus compromiso deberla ser tan severo como los juzgamientos del censor romano contra aquel que quebrantaba su juramento.
La lealtad es tan preciada entre los masones, como lo fué con los romanos, que colocaron su estatua en el Capitolio, junto a la de Júpiter Optimo Máximo, y nosotros, al igual de ellos, sostenemos que, es preferible una calamidad antes que la bajeza; lo mismo quo los hidalgos antiguos que, uno debe preferir la muerte antes que la deshonra.
Por eso es que el Francmasón deberá ser un hombre de honor y de conciencia, prefiriendo siempre su deber antes que todo lo demás, aun a su propia vida; completamente independiente en sus opiniones, y de alta moralidad; obediente a sus leyes, devoto a la humanidad, a su patria y a su familia; indulgente y amable con sus hermanos; amigo de todos los hombres virtuosos, y siempre listo a socorrer a sus semejantes con todos los medios a su poder.
De esta manera, querido hermano, seréis leal a vos mismo, con vuestros compañeros, y así haréis honor al nombre y rango de Maestro Secreto, que al igual de otros honores masónicos, degradan si no son merecidos.