lunes, 26 de enero de 2015

TRADICION HERMETICA Y MASONERIA

FEDERICO GONZALEZ
En el antiguo manuscrito masónico Cooke, (circa 1.400) de la Biblioteca Británica, se lee en los párrafos 281-326 que toda la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas. Después del diluvio de Noé, una de ellas fue descubierta por Pitágoras, la otra por Hermes el Filósofo, los cuales se dedicaron a enseñar los textos allí grabados. Esto se encuentra en perfecta concordancia con lo atestiguado por una leyenda egipcia, de la que ya daba cuenta Manethon ­según el mismo Cooke­ vinculada también con Hermes.
Es obvio que esas columnas, u obeliscos, asimilados a los pilares J. y B. son las que sostienen el templo masónico ­y a la vez permiten el acceso al mismo­ y configuran los dos grandes afluentes sapienciales que nutrirán la Orden: el hermetismo que asegurará la protección del dios a través de la Filosofía, es decir del Conocimiento, y el pitagorismo que dará los elementos aritméticos y geométricos necesarios, que reclama el simbolismo constructivo; se debe considerar que ambas corrientes son directa o indirectamente de origen egipcio. Igualmente que esas dos columnas son las piernas de la Madre logia, por las que es parido el Neófito, es decir por la sabiduría de Hermes, el gran iniciador, y por Pitágoras el instructor gnóstico.

De hecho, en la más antigua Constitución Masónica editada, la de Roberts publicada en Inglaterra en 1722 (por lo tanto anterior a la de Anderson), pero que no es sino la codificación de antiguos usos y costumbres operativos que derivan del Medioevo, y que serán desarrollados posteriormente en la Masonería especulativa, se menciona específicamente a Hermes, en la parte llamada "Historia de los Francmasones". En efecto, allí aparece en la genealogía masónica con ese nombre y también con el de Gran Hermarmes, hijo de Sem y nieto de Noé, que después del diluvio encontró las ya mencionadas columnas de piedra donde se hallaba inscrita la sabiduría antediluviana (atlántica) y lee (descifra) en una de ellas lo que luego enseñará a los hombres. El otro pilar, como se ha mencionado, fue interpretado por Pitágoras en cuanto padre de la Aritmética y la Geometría, elementos esenciales en la estructura de la logia, y por lo tanto ambos personajes conforman, como hemos visto, el "alma mater" de la Orden, en particular en su aspecto operativo, ligado a las Artes liberales.

En el manuscrito Grand Lodge nº 1 (1583) sólo subsiste la columna de Hermes, reencontrada por "el Gran Hermarines" (a quien se hace descendiente de Sem) "que fue llamado más tarde Hermes, el padre de la sabiduría". Nótese que Pitágoras no figura ya como el intérprete de la otra columna. En el manuscrito Dumfries nº 4 (c. 1710) también aparece, como "el gran Hermorian", "que fue llamado 'el padre de la sabiduría' ", pero, en este caso, se ha rectificado su origen de acuerdo al texto bíblico que lo hace descendiente de Cam y no de Sem, por intermedio de Kush; como dice J.-F. Var en La franc-maçonnerie: documents fondateurs, Ed. L'Herne, p. 207, n. 33: "Ahora bien, en el Génesis (10, 6-8), Kush es el hijo de Cam y no de Sem. El redactor del Dumfries ha rectificado consecuentemente la filiación. Al mismo tiempo, esta filiación resulta ser la que la Escritura da de Nemrod. De aquí la asimilación de Hermes con Nemrod, contrariamente a otras versiones que hacen de ellos dos personajes distintos."

Así lo destaca también el manuscrito que se ha llamado Regius descubierto por Haliwell en el Museo Británico en 1840 al que reproduce J. G. Findel en la Historia General de la Francmasonería (1861), en su extensa primera parte que trata de los orígenes hasta 1717, aunque en él no se incluye a Pitágoras como el hermeneuta que junto a Hermes descifra los misterios que heredarán los masones, sino a Euclides, al que se lo hace hijo de Abraham; a este respecto debe recordarse que el teorema del triángulo rectángulo de Pitágoras fue enunciado en la proposición cuarenta y siete de Euclides.

El mismo Findel refiriéndose a la cantidad de elementos gnósticos y operativos que constituyen la Masonería y concretamente ocupándose de los canteros alemanes afirma: "Si la conformidad que resulta entre el organismo social, los usos y las enseñanzas de la Francmasonería y los de las compañías de masones de la Edad Media ya indica la existencia de relaciones históricas entre estas diversas instituciones, los resultados de las investigaciones hechas en los arcanos de la historia y el concurso de una multitud de circunstancias irrecusables establecen de modo positivo que la Sociedad de los Francmasones desciende, directa e inmediatamente, de aquellas compañías de masones de la Edad Media." Y agrega: "la historia de la Francmasonería y de la Sociedad de los Masones está por ello mismo íntimamente unida a la de las corporaciones de masones y a la historia del arte de construir en la Edad Media; es, pues, indispensable dirigir una rápida ojeada sobre esta historia para llegar a la que nos ocupa."

lo interesante de estas referencias provenientes de Alemania es que su Historia General. es considerada como la primera historia (en el sentido moderno del término) de la Masonería, y desde el comienzo el autor establece que: "la historia de la Francmasonería, lo mismo que la historia del mundo, tiene su base en la tradición".1 Por lo que resulta obvio que los Antiguos Usos y Costumbres, los símbolos y los ritos y los secretos del oficio, se han transmitido sin solución de continuidad desde fechas muy remotas ­y desde luego en las corporaciones medioevales­ y el paso de lo operativo a lo especulativo no ha sido sino la adaptación de verdades trascendentes a nuevas circunstancias cíclicas, haciendo notar que el término operativo no sólo se refiere al trabajo físico o de construcción, proyección o planeamiento material y profesional de las obras, sino también a la posibilidad de que la Masonería opere en el iniciado el Conocimiento, por medio de los útiles que proporciona la Ciencia Sagrada, sus símbolos y ritos. Precisamente esto es lo que procura la Masonería como Organización Iniciática y lo confirma la continuidad del paso tradicional que hace que igualmente pueda encontrarse en la Masonería especulativa, de modo reflejo, la virtud operativa y la comunicación con la logia Celeste, es decir la recepción de sus efluvios que son los que garantizan cualquier iniciación verdadera, máxime cuando las enseñanzas son emanadas del dios Hermes y del sabio Pitágoras.2 De todas maneras tanto la una como la otra son las ramas de un tronco común que toma a los Old Charges (Antiguos Deberes) como modelo; de éstos se han encontrado numerosísimos fragmentos y manuscritos en forma de rollo desde el siglo XIV en diversas bibliotecas.3

En cuanto a Hermes ­no mencionado en las constituciones de Anderson­, en particular el Hermes Trismegisto griego (el Thot egipcio), es una figura tan familiar a la Masonería de los más distintos ritos y obediencias como podría serlo para los alquimistas, forjadores de la inmensa literatura puesta bajo su patronazgo. No sólo el Hermetismo es el tema de abundantes planchas y libros masónicos, e innumerables logias se llaman Hermes, sino que existen ritos y grados que llevan su nombre. Así hay un Rito llamado los discípulos de Hermes; otro el Rito Hermético de la logia Madre Escocesa de Aviñón (que no es la de Dom Pernety), Filósofo de Hermes es el título de un Grado cuyo catecismo se encuentra en los archivos de la "logia de los amigos reunidos de San luis", Hermes Trismegisto es otro grado arcaico del que nos da cuenta Ragón, Caballero Hermético es una jerarquía contenida en un manuscrito atribuido al hermano Peuvret donde también se habla de otro denominado Tesoro Hermético que corresponde al grado 148 de la nomenclatura llamada de la Universidad, en donde existen otros como Filósofo Aprendiz Hermético, Intérprete Hermético, Gran Canciller Hermético, Gran Teósofo Hermético (correspondiente al grado 140), El Gran Hermes, etc. Igualmente en el Rito de Memphis el grado 40 de la serie Filosófica se apela Sublime Filósofo Hermético, y el grado 77 (9ª serie) del Capítulo Metropolitano es nombrado Masón Hermético.

No faltan tampoco en la actualidad en revistas y diccionarios masónicos referencias directas a la Filosofía Hermética y al Corpus Hermeticum,4 donde ésta se encuentra fijada, sino que incluyen analogías con la terminología alquímica; he aquí un sólo ejemplo tomado del Dictionnaire de la franc-maçonnerie de D. Ligou (pág. 571): "Citaremos una interpretación hermética de algunos términos utilizados en el vocabulario masónico: Azufre (Venerable), Mercurio (1er Vigilante), Sal (2º Vigilante), Fuego (Orador), Aire (Secretario), Agua (Hospitalario), Tierra (Tesorero). Se encuentran aquí los tres principios y los cuatro elementos de los alquimistas."

Por lo que Hermes y el Hermetismo son una referencia habitual en la Masonería, como lo es también Pitágoras y la geometría. Por otra parte ambas corrientes históricas de pensamiento derivan a través de Grecia, Roma y Alejandría, del Egipto más remoto y por su intermedio de la Atlántida y la Hiperbórea, como en última instancia acontece con toda Organización Iniciática, capaz de religar al hombre con su Origen. Y va de suyo que esta impresionante genealogía en la cual están comprendidos los dioses, los sabios (sacerdotes) y los reyes (tanto de Tiro e Israel, como de Escocia: la realeza no desdeñaba la construcción y el rey era un maestro operativo más) conforma un ámbito sagrado, un espacio interior construido de silencio, lugar donde se efectivizan todas las virtualidades y así puede reflejarse el Ser Universal de modo especular. la logia masónica, como se sabe, es una imagen visible de la logia Invisible, como el logos es el despliegue de la Triunidad de los Principios.

La influencia del dios Hermes, y las ideas del sabio Pitágoras no han desaparecido totalmente de este mundo crepuscular que habitamos, de hecho son todo lo que queda de él ­no olvidemos que los alquimistas equiparan a Jesús con el Mercurio Solar­, en Occidente al menos. Por otra parte ni siquiera pudiera ser el mundo sin ellos, tanto en el aspecto de las energías perpetuamente regeneradoras atribuidas a Hermes y su Filosofía, como el de las ideas-fuerza pitagóricas, sin cuyo orden numérico (y geométrico) hoy no es posible la menor operación.

La deidad es inmanente en cada ser, y los Hijos de la Viuda, los hijos de la luz, la re-conocen en el interior de su propia logia, hecha a imagen y semejanza del Cosmos. La raíz H. R. M. es común a los nombres Hermes e Hiram y este último forma con Salomón un paredro donde se aúnan la sabiduría y la posibilidad (la doctrina y el método), señalándose a la Tradición (Cábala) hebrea, en la que nació Jesús, como la vehiculadora de esta revelación sapiencial, real, y artística (artesanal), que constituye la Ciencia Sagrada, la que es aprendida y enseñada por símbolos y ritos en la logia, "libro" cifrado que los Maestros decodifican hoy, tal cual lo hicieran sus antepasados en el tiempo mítico, puesto que la Masonería no otorga el Conocimiento en sí sino que muestra los símbolos e indica las vías para acceder a él, con la bendición de los ritos ancestrales, que actúan como transmisores mediáticos de ese Conocimiento.5

O sea, que la actualización de la posibilidad, es decir, el Ser, la comprobación de que todo está vivo, de que el Presente es Eterno, la simultaneidad del Tiempo, la idea de Triunidad del Unico y Solo, conforman un Conocimiento al que los masones arriban por la propia experiencia que proporciona un aprendizaje gradual y jerarquizado.

El Maestro Constructor lleva su logia interior a todas partes, él mismo es eso, una miniatura del Cosmos, diseñada por el Gran Arquitecto del Universo. Pero la obra está inacabada, se necesita que pula (con Ciencia y Arte) su piedra bruta tal cual cinceló el Creador su Obra. los números y las figuras geométricas simbolizan conceptos metafísicos y ontológicos que también representan realidades humanas concretas e inmediatas, tan necesarias como las actividades fisiológicas, y de allí en más cualesquiera otras. El número establece idea de escala, de proporción, y relación; asimismo de ritmo, medida y armonía, ya que son ellos los canales que tiende la Unidad hacia la indefinitud numérica, hacia los cuatro puntos del horizonte matemático y la multiplicidad.

Es obvio que Pitágoras ­o Tales de Mileto­ no "inventó" nada, sino que reconoció en la serie decimal, que retorna a su Origen (10 = 1 + 0 = 1), una escala natural, una accésis, que le permitiera al ser humano completar la Obra y transmutar así en el Hombre Verdadero, paradigma de todo Iniciado, ubicado en la Cámara del Medio, entre la escuadra y el compás.6 No ha habido Tradición que no haya desarrollado un sistema numeral que le sirviese como método de conocimiento, en perfecta correspondencia con las pautas creacionales. Recordemos que el techo de la logia está decorado por los astros, los Regentes, que gobiernan las esferas celestes y establecen los intervalos y las medidas de la Armonía Universal.

Sin embargo los masones no han dejado nunca de reconocer la frase evangélica: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas" (Juan 14, 2), pues aunque saben que ellos tienen abierto un sendero ante sí que los conducirá a su Padre, no niegan otros caminos ni se oponen a ninguna vía, ya que piensan que las estructuras invisibles son las mismas, prototipos válidos para todo tiempo y lugar, pese a la adaptación constante de distintas formas aptas para diferentes individualidades, la mayor parte de las veces determinadas por los ciclos temporales ­tal cual podría ser ejemplificado por cualquier organismo vivo, entre ellos el ser humano y sus modificaciones y adaptaciones a lo largo de los años­, ciclos a los cuales tampoco la Masonería es ajena, como se comprueba en su paulatina transformación concretada finalmente en el siglo XVIII. Y es por esa misma comprensión de sus posibilidades metafísicas e iniciáticas que la Masonería reconoce otras Tradiciones, y también deja abierto el ejercicio de cualquier creencia religiosa, o pseudorreligiosa, entre sus miembros, muchos de los cuales concilian su proceso de Conocimiento, léase Iniciación, con la práctica de preceptos y ceremonias religiosas exotéricas y legales, que piensan podrían enriquecer su pasaje ­y el de otros­ por este mundo. No hay por lo tanto conflicto entre Masonería y Religión, siempre que no traten de mezclarse los conceptos, o se pretenda ­como ya ha sucedido­ que determinados fundamentalistas (religiosos o no) intenten copar las logias para su provecho personal. De hecho, numerosos hermetistas, pitagóricos y masones han sido, y son, cristianos cumplidos, o grandes cabalistas, y todos ellos han tenido a los símbolos como sus maestros. la Iglesia Católica jamás ha condenado al Hermetismo, ni a Euclides ­heredero de la ciencia geométrica pitagórica, y maestro de los masones­ pero sí ha tenido problemas con la Masonería desde el siglo XVIII al punto de condenarla y excomulgar a sus miembros. Sin embargo se ha ido produciendo en los últimos tiempos un paulatino acercamiento entre ambas instituciones, salpicado aquí y allá por incomprensiones e interferencias, muchas veces interesadas. Según José A. Ferrer Benimelli, S. J., la revista la Civilittà Cattolica de Roma aparecida desde 1852 y que ha dado seguimiento al tema de la Masonería hasta nuestros días marca en su evolución este proceso de acercamiento o al menos de respeto mutuo. Efectivamente los primeros artículos son violentos y condenatorios, hay un período de transición, y los de los últimos años, bastante conciliatorios y abiertos al diálogo.7

Son numerosos los masones católicos, muchos de ellos franceses, que han intentado desde hace años conciliar ambas instituciones y levantar la excomunión; sin embargo hay muchos otros autores masónicos que integran completamente a la Tradición Hermética con su Orden sin necesidad de un exoterismo religioso, tal el caso de Oswald Wirth, director durante muchos años de la revista le Symbolisme y reconocido masón que ha escrito sobre los Símbolos de la Tradición Hermética y los símbolos masónicos, El Simbolismo Hermético en sus relaciones con la Alquimia y la Masonería, Saros, Bs. As. 1958 (ver aquí pág. 394), mostrando muchos aspectos de su identidad de Origen; en cuanto a masones que han publicado en los últimos años, tanto sobre los distintos grados como acerca de los Números, desearíamos citar en primer lugar a Raoul Berteaux, dentro de un nutrido grupo que ha tratado ampliamente la Aritmosofía, de base pitagórica.8

Hermes, al que se le adjudica la enseñanza de todas las ciencias, ha gozado de sumo prestigio a lo largo de distintos períodos de la historia de la cultura de Occidente. Esto ha sido así entre los alquimistas y los llamados filósofos herméticos, y estas mismas ideas se han manifestado en la Orden de los Hermanos Rosacruces, influencias todas que ha recogido la Masonería al punto que puede considerársela como un depósito de la sabiduría pitagórica y su transmisora en los últimos siglos, así como una receptora de los Principios Alquímicos, y también de las ideas Rosacruces,9 lo cual es evidente cuando a simple vista comprobamos que uno de los más altos grados en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el 18, se denomina precisamente Príncipe Rosacruz. Igualmente analogías y conexiones con las Ordenes de Caballería son reclamadas por algunos masones, concretamente con la Orden del Temple. Hay muchos indicios históricos que mostrarían estas simientes, también tradiciones y ritos, especialmente una de las palabras de pase en el grado 33, pero quedan bastante disminuidos cuando se recuerda que los templarios eran a la vez monjes y soldados (aunque grandes constructores medioevales), lo que no guarda relación aparente con la Masonería, en donde, por otra parte, sí se destaca una influencia bien clara de lo hebraico que ya señalamos en el caso de Salomón y la Construcción del Templo, y se ve confirmada por la sencilla comprobación de que casi todas las palabras de pase y grado, secretos sagrados, se pronuncian en hebreo.10

En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería (Ed. del Valle de México, México D. F.), tal vez el más conocido en castellano, bajo el título "Hermes" encontramos la entrada correspondiente, donde puede apreciarse la importancia atribuida al Corpus Hermeticum que, en algunas logias sudamericanas ocupa el lugar de la Biblia como libro sagrado. Es conocida la relación de Hermes con el silencio, y se suele llamar hermético a aquello que se encuentra perfectamente cerrado, o sellado. El silencio asimismo es propio de la Masonería y también de los pitagóricos que pasaban cinco años cultivándolo.

Elías Ashmole es también un buen punto de confluencia entre el Hermetismo y la Masonería. Este extraordinario personaje nacido en Lichfield, Inglaterra, en 1617, parece haber desempeñado un papel importante en la transición entre la antigua Masonería anterior a Anderson-Desaguliers y su proyección histórica posterior, encaminada a rescatar la mayor parte del mensaje espiritual-intelectual, es decir gnóstico (en el sentido etimológico del término), de las auténticas organizaciones iniciáticas, entre ellas la Masonería y la Orden de la Jarretera. Fue recibido en la logia de Warrington el 16-10-1646, aunque según su diario, no concurrió sino hasta muchos años después a su segunda tenida. Sin embargo, no debe llamarnos la atención este comportamiento en una individualidad como la suya, producto del ambiente de la época, donde el culto del secreto y el misterio era habitual por razones obvias de seguridad y de prudencia. En 1650 publica su Fasciculus Chemicus bajo el nombre anagramático de James Hasolle; se trata de la traducción de textos latinos de Alquimia (entre ellos de Jean d'Espagnet), con su introducción. En 1652 edita el Theatrum Chemicum Britannicum, una colección de textos alquímicos ingleses en verso, que reúne muchas de las más importantes piezas producidas en ese país, y seis años después The Way to Bliss, a la par que trabaja en búsquedas documentales literarias como historiador, y desarrolla su actividad de anticuario reuniendo en un museo toda clase de "curiosidades" y "rarezas" relacionadas con la arqueología y la etnología, como igualmente colecciones de Historia Natural, incluidas todo tipo de especies minerales, botánicas y zoológicas. En realidad este último fue el objetivo científico del museo (en donde incluso se realizaron los primeros experimentos químicos en Inglaterra), que hoy es visitado en sus magníficas instalaciones de Oxford, más como Museo de Arte que como institución precursora de la ciencia y auxiliar de la Universidad. La vida de Ashmole ha estado muy unida a la de Oxford, y los fondos de sus donaciones de objetos y manuscritos a la institución de su nombre (en donde también se encuentran sus diarios redactados en un sistema cifrado y que contienen numerosas notas sobre la Masonería)11 han sido importantísimos para esa ciudad, dado su prestigio universitario. En Oxford y también en Londres Ashmole tuvo un destacadísimo papel; hijo de su época, se entregó a la ciencia natural y experimental como una forma de la magia de las transmutaciones, tal cual numerosos filósofos herméticos. En ese sentido trató con Astrólogos, Alquimistas, Matemáticos y todo tipo de sabios y dignatarios de la época, junto con los cuales formará la Royal Society de Londres y la Philosophical Society de Oxford. Sus numerosos amigos y compañeros de toda una vida son nombres de muchísimo relieve, muchos de ellos ligados a la Masonería en sus más altos grados, como Christopher Wren, o a la investigación y ejercicio de las Artes liberales y la Ciencia Sagrada, que conformaron un conjunto de personalidades de un papel fundamental en su tiempo, concretamente en la difusión y práctica de la Tradición Hermética y en la relación de esta con la Masonería. Como ha dicho René Guénon al referirse al papel de Ashmole: "Pensamos, incluso, que se buscó en el siglo XVII, reconstituir a este respecto una tradición de la que ya una gran parte se había perdido". En esta extraordinaria labor brilla el nombre de E. Ashmole en dos aspectos: como uno de los reconstructores de la Masonería en cuanto a la relación de esta con las órdenes de Caballería y las corporaciones de constructores, e igualmente como punto de confluencia con la Tradición Hermética. El mismo Ashmole se llamaba hijo de Mercurio (Mercuriophilus Anglicus), y su obra más importante, la ya mencionada The Way to Bliss, 1658, recoge sus estudios en Filosofía Hermética, según indica en su introducción al lector.

Asimismo debe señalarse que algunos autores hacen mucha cuestión sobre ciertos temas relacionados con el catolicismo y el protestantismo en el proceso del paso de la Masonería operativa a la especulativa. De hecho se suele simplificar el asunto diciendo que las corporaciones operativas eran católicas y los especulativos posteriores protestantes. Desde luego que desde el punto de vista histórico estos hechos pueden ser más o menos "reales", pues la Orden, como toda institución, está sujeta a determinados vaivenes cíclicos que tienen manifestaciones sociales, políticas, económicas, etc. Pero desde el punto de vista de la Masonería como organización iniciática, ella no está sujeta al devenir, motivo por el cual subsistirá hasta que finalice el ciclo.12 En realidad, la Tradición Hermética (y Hermes mismo) ha sufrido innumerables adaptaciones a través del tiempo, aunque jamás ha dejado de expresarse, y es obvio que esta Tradición, como los fundamentos de la Masonería, identificada con la Ciencia de Construir, es anterior al Cristianismo, aunque ha convivido con él durante veinte siglos y hasta ha producido hermetistas cristianos y cristianos herméticos (entre estos últimos, dignatarios del más alto nivel, papas incluidos), lo que no obsta para que esa Tradición tenga antecedentes claramente paganos, relacionados con las escuelas de misterios, o como hoy se las denomina, religiones mistéricas; por lo tanto podría aseverarse que el hermetismo tiene una vertiente pagana y otra cristiana. En este sentido debemos aclarar que la palabra pagano suena a nuestros oídos acostumbrados a lo más superficial de las religiones abrahámicas a maldito, ilegal, bastardo, o por lo menos a un nebuloso pecado. También a ignorancia atribuida al atraso de pueblos que se desconocen, y que ni siquiera interesan. Se suele entender a lo pagano como algo reñido con la opinión civilizada, sumamente primitivo, o que está en contra del cristianismo, o de la religión, y por lo tanto fuera de todo orden. En suma, el paganismo está eliminado previamente por censura interior como algo un poco repugnante, antes de que nos enteremos que, en realidad, sólo se trata de la sabiduría de indefinidos pueblos tradicionales que han poblado este mundo antes ­y durante­ los sólo veinte siglos que caracterizan a la llamada Civilización contemporánea.13

Suponemos que desde este último punto de vista, casi oficialmente ecuménico, no hay nada injurioso en compartir el pensamiento pagano, como bien lo han visto desde los Padres de la Iglesia hasta numerosos sabios, sacerdotes y pastores contemporáneos.14

En verdad para el Hermetismo, anterior históricamente al Cristianismo, existe una Cosmogonía Perenne, manifestada por su filosofía y sus escritos, como para el masón ­religioso o no­ lo está en sus símbolos y ritos.

Respecto a la relación entre los Francmasones y las corporaciones de constructores y artesanos existen tres grandes testimonios bastante citados como fuentes documentales sobre la práctica de la construcción en el medioevo.15 Nicolá Coldstream las recoge en su libro sobre las artesanías en la Edad Media,16 donde rechaza la idea de la filiación "fantasmal" de la Francmasonería con los constructores y artesanos medioevales, (su sencilla tesis es que los masones eran obreros y no gente de gabinete) aunque paradójicamente su estudio lo confirma de distintas maneras; así nos dice refiriéndose al tema:

"Se trata del documento, redactado por el abad Suger, que relata la construcción del nuevo coro de la abadía de Saint-Denis; del manuscrito, fechado circa 1200, del monje Gervais de Canterbury, sobre el incendio y la reparación de la catedral de Canterbury, y del Album de Villard de Honnecourt, conjunto de dibujos y de planos de edificios, molduras y tornos elevadores. De los tres, el texto de Suger nos informa más acerca del hombre y la decoración de su iglesia que sobre el edificio, aunque haga, al pasar, algunas alusiones preciosas sobre su construcción. El examen atento del Album de Villard de Honnecourt nos permite dudar seriamente de que éste haya construido alguna vez iglesias y de que haya tenido algún conocimiento de arquitectura; en cuanto a sus dibujos, si bien son interesantes, no serían sin embargo los de un arquitecto o los del taller de un masón. El texto de Gervais, por el contrario, es el único documento medioeval que describe un equipo de masones trabajando; proporciona numerosas informaciones sobre la práctica de los masones y algunos métodos de construcción."

Nos interesa especialmente la referencia al Album de Villard de Honnecourt. Efectivamente, no es la primera vez que se señalan ciertas características sobre el hecho de que este cuaderno no es un manual de tecnología aplicada, sino completamente otra cosa, mucho más ligada con los planteos de la Filosofía Hermética que se anotan para uso de los maestros de obras.17 Y el hecho de que exista un documento de este tipo (más bien de gabinete que otra cosa) es una prueba de que la especulación sobre el simbolismo y el lenguaje hermético en su versión cristiana ya tenían cultores a principios del siglo XIII, que ve nacer entre otras las catedrales de Chartres y Reims.

Mucho se ha escrito sobre este tema y queda abierto el debate; el investigador sacará sus propias conclusiones, pero no podrá ignorar la Tradición oral, y su filiación universal con el Simbolismo Constructivo, que tanto puede manifestarse en el Extremo Oriente, como en Egipto o Mesoamérica; en los "collegia fabrorum" romanos, o en las corporaciones medioevales, a las que se suele considerar ­haciendo abstracción de cualquier referencia iniciática o ligada a los Francmasones­ como cerradas y al mismo tiempo depositarias de conocimientos relativos al "oficio", que se transmitían por símbolos y términos de un lenguaje cifrado.

No obstante debe hacerse la salvedad de que la influencia de la Filosofía Hermética, por un lado, y por otro la de las corporaciones de constructores cristianos (y algunas más ya mencionadas como la de la Orden del Temple), es desigual en los distintos Ritos, donde sobre un fondo común, se advierten algunas filiaciones inclinadas hacia uno u otro aspecto. No podemos tratar aquí el complejo y larguísimo asunto de la diversidad de los Ritos masónicos, pero sí podemos señalar su existencia, e igualmente la de distintos aspectos de la Ciencia Sagrada que provocan en algunos mayor o menor simpatía. Ya que siendo una sola la Masonería, como es una sola la Construcción Cósmica, y por lo tanto el Simbolismo Constructivo, las interpenetraciones de distintas influencias, sus oposiciones y conjunciones, forman parte del juego de desequilibrios y adaptaciones a las que se ve abocado el legado masónico, vehiculado por la civilización judeocristiana. Esto ha sido así también en el pasado y explica el paso de la Masonería operativa a la especulativa como ya hemos dicho, hecho que fue gradual, al extremo que ciertas logias "operativas" (anteriores a 1717) tenían elementos "especulativos" y que muchas logias "especulativas" (actuales), son propiamente operativas. Incluso hay documentos que atestiguan la coexistencia de ambas, tema que ha sido expresamente llamado por distintos autores Masonería de transición.18

En efecto, después de la publicación de las Constituciones de Anderson un grupo muy numeroso de masones, escoceses, irlandeses y de otros lugares de Inglaterra deciden desvincularse de la Gran Logia fundada en Londres (y que comenzó con solo cuatro logias), siendo en parte sus diferencias relativas a ciertas alteraciones de sentido ­incluso rituales­ de las que no son ajenas las distinciones religiosas, e incluso crean una especie de Federación de la Antigua Masonería, la que después de unas decenas de años comenzará nuevamente a tener relaciones con los ingleses, pero manteniendo sus puntos de vista tradicionales más relacionados con lo operativo o iniciático que con lo especulativo o alegórico; a esto debe sumarse los problemas de sucesión al trono de Inglaterra, pretendido por el escocés y católico Jacobo, que contaba con muchos partidarios, no sólo en las islas sino en todo el continente.19

En todo caso esta situación de la diversidad de Ritos se reproduce en los distintos grados, que varían en número, nombre y condición, según las distintas formas masónicas. Este tema es de interés pero nos parece prioritario recordar que esos grados (así sea en número de tres, siete, nueve, o más,) representan etapas en el Proceso de Conocimiento, o Iniciación, y que esos pasos ­o estados­ en Masonería son sintetizados y designados con los nombres de Aprendiz, Compañero y Maestro, en correspondencia con los tres mundos: físico, psíquico y espiritual. Estos tres grandes grados, contienen sintéticamente en sí todos los grados, los cuales la mayor parte de las veces no son sino especificaciones o prolongaciones de ellos. Pero está claro que la división es jerárquica y se efectúa dentro de un orden ritual que corresponde simbólicamente a estas etapas en la Iniciación o Vía del Conocimiento. Aún así no hay un poder central que agrupe a toda la Masonería, a pesar de que hay Grandes logias enormemente poderosas con un pasado tradicional, y las distintas Obediencias y Ritos mantienen una actitud de mutuo respeto, en cuanto son vástagos de un árbol común.

Esta especie de independencia, si así pudiera decirse, también es clara en cada logia, donde se efectivizan o no los símbolos, y se practican o no los ritos prescriptos. la Unidad masónica se produce fundamentalmente en el Taller, proyección del Cosmos, con libertad de la Obediencia a que éste pertenece.

Nos resta mencionar que estos tres grados conforman lo que se llama la Masonería Azul o Simbólica. Por encima de ellos se encuentran los Altos Grados, sistema de jerarquías que no es considerado en ciertas Obediencias ni aceptado por determinados Ritos. Cabe saber también que al pasar de un grado a otro, recién comienza a realizarse el grado obtenido; así al recibir un Compañero el grado de Maestro, es que empieza la iniciación en ese grado. Asimismo que los grados son permanentes y jamás se pierden los adquiridos en una carrera masónica normal.

Nos falta mencionar un poco más a la Alquimia como influencia presente en la Orden Masónica. Ya hemos señalado que Azufre, Mercurio y Sal, los principios alquímicos, se encuentran directamente incorporados, desde los primeros grados.

La Alquimia tiene en común con la Masonería el desarrollo interior, tendiente a la Perfección, que tanto los alquimistas consideraban el objetivo de sus afanes (ya que la Naturaleza no había finalizado su Obra que el Artista o Adepto debía completar), como los masones los fines últimos de la Masonería, que incluyen la muerte y consecuente regeneración a otro nivel, o estado de conciencia.

De otro lado, se suele decir entre los amigos de la Filosofía Hermético­Alquímica que el último gran Alquimista (y escritor sobre estos temas) fue Ireneo Filaleteo en el siglo XVII. Esto es bastante exacto desde una perspectiva, sólo que no se advierte con toda claridad que a partir de esa fecha no se interrumpe esta Tradición hasta el presente, sino que se transforma, y muchísimas de sus enseñanzas y símbolos pasan a la Masonería, como transmisora del Arte Real y la Ciencia Sagrada, tanto en los tres grados básicos como en la jerarquía de los altos grados. Según René Guénon estos altos grados son una prolongación del estudio y meditación sobre los símbolos y ritos (a una parte de ellos los llaman filosóficos)20 nacidos del interés de muchos masones por desarrollar y hacer efectivas las posibilidades otorgadas por la Iniciación; por ese motivo la utilidad práctica de estos grados es indudable y constituyen la jerarquización que corona el proceso de Conocimiento, teniendo en cuenta siempre el carácter iniciático de la organización, como nos lo advierte el autor, que también nos pone en guardia sobre el peligro de que estos grados se dediquen a problemas sociales o políticos, mutables por naturaleza, y por lo tanto alejados de los cimientos del Templo masónico, construido en piedra. (Ver "René Guénon": artículo "Los Altos Grados").

En el simbolismo masónico ­al igual que en el Alquímico­ el sol y la luna juegan un papel fundamental y se los encuentra en lugares tan esenciales como en los cuadros y la decoración de las logias (ubicados en su Oriente). Desde luego que se trata de los principios activo y pasivo, que también se corresponden a las columnas Jakín y Boaz, las que de este modo señalan la oposición de estas energías, al mismo tiempo que su conjunción en un eje invisible del que tiende la plomada el Gran Arquitecto del Universo. Sin dejar de darle primacía a este significado general, debe también tenerse en cuenta la realidad de estos astros, ya que existe un calendario masónico cuyos dos puntos extremos constituyen ­como en casi todas las Tradiciones­, los solsticios de verano e invierno, festividades de los dos San Juan, que marcan los puntos límites del sol en su recorrido, señalando también los puntos intermedios correspondientes a los equinoccios en la rueda temporal, y nos introducen en la doctrina de los ritmos y los ciclos. Por otra parte existe una preeminencia entre estas luminarias, ya que la luna resplandece gracias a la luz solar, concepto que no es ajeno a la Tradición Hermética y a la Cábala­ puesto que ambas son utilizadas de manera generalizada para indicar grados de Conocimiento, o etapas en el recorrido iniciático. Jean Tourniac en el prólogo al conocido Tuileur de Vuillaume21 apunta refiriéndose a los ciclos la asimilación del paredro simbólico luna-sol al del simbolismo solar y el polar. Esta asociación que posee indefinidas vías de desarrollo, podría igualmente relacionarse con dos aspectos de la Masonería encarnados en las figuras míticas de Salomón (solar) y Pitágoras (polar), los cuales a su vez ­y esto no lo dice Tourniac­ guardarían alguna analogía con los grados simbólicos (Masonería Azul) y los Altos Grados, o al menos, supuestamente esto es lo que pretendieron aquellos que fueron instituyendo estos últimos.

La literatura sobre la Masonería, o las investigaciones históricas sobre la Orden, suelen incluir a los autores, medios y escritos antimasónicos ­tan confuso es el panorama acerca de sus orígenes y fines­ habiéndose creado una serie de "leyendas" paralelas, lo que provoca que a ciertos investigadores les cueste cruzar una especie de frontera "maldita" e invisible que obedece a las "leyendas negras" acerca de la Masonería ­como las divulgadas por Leo Taxil en Francia­, muchas de ellas originadas en el catolicismo. Otro tipo de críticas, no referidas a su contenido espiritual, se funda en la actuación política y económica de algunas logias que utilizando la estructura masónica, y aprovechándose de la independencia de los Talleres, han profitado de ese modo de la Orden y del público, proyectando una imagen distorsionada de la Masonería. Hay que reconocer que esto ha sido así en ocasiones, aunque simultáneamente es lo que sucede desde hace años con todas las instituciones, cuya descomposición es evidente. En algunas sociedades la Orden goza aún del prestigio que tuvo en el pasado, y en ciertos países su fuerza espiritual, como gestora de grandes empresas ha dejado huellas claras, que hoy son seguidas. A veces hay masones que aún no conocen la Masonería, o creen que es otra cosa ­más concreta y material­, pero todos ellos tienen claro su lema: libertad, Igualdad, Fraternidad, y cumplen su Rito de acuerdo a sus Antiguos Usos y Costumbres. Si no hubiera sido por la coherencia y el contenido espiritual-intelectual, que los símbolos y los ritos manifiestan, la Masonería sería un absurdo más y, en todo caso, no hubiera llegado hasta nuestros días.

Otra cosa que habría que señalar es la curiosidad por saber cuál es el grado real de Conocimiento que tiene tal o cual masón, o en general, este o aquel Iniciado; pero eso ¿a quién interesa? ¿qué importancia tiene y ante quién?

Esa pregunta, cómo es lógico, no cabe en los límites de una investigación histórica basada en la documentación, y por lo tanto es muy difícil establecer orígenes claros y secuencias lógicas en un tema que no lo es, aunque se intente forzarlo. Uno de estos investigadores, el ya citado J. A. Ferrer Benimelli que tiene más de veinte interesantes obras publicadas sobre Masonería, ­y que ignora sistemáticamente a Hermes­, nos informa: "Bernardin, en su obra Notas para servir a la historia de la Masonería en Nancy hasta 1805, tras compulsar doscientas seis obras que trataban de los orígenes de la Masonería, encontró treinta y nueve opiniones diversas, algunas tan originales como las que hacen descender la Masonería de los primeros cristianos o del mismo Jesucristo, de Zoroastro, de los Magos o de los Jesuitas; por no citar las teorías más conocidas ­las llamadas 'clásicas'­, que remontan la Francmasonería a los Templarios, a los Rosa-Cruz o a los judíos" y agrega en nota: "De estos treinta y nueve autores, veintiocho han atribuido los orígenes de la F. M. a los albañiles constructores del período gótico; veinte autores se pierden en la antigüedad más lejana; dieciocho los sitúan en Egipto; quince se remontan a la Creación, mencionando la existencia de una logia masónica en el Paraíso Terrenal; doce, a los Templarios; once, a Inglaterra; diez, a los primeros cristianos o al mismo Jesucristo; nueve, a la antigua Roma; siete, a los primitivos Rosa-Cruz; seis, a Escocia; otros seis, a los judíos, o a la India; cinco, a los partidarios de los Estuardos; otros cinco, a los jesuitas; cuatro, a los druidas; tres, a Francia; el mismo número lo atribuyen: a los escandinavos, a los constructores del templo de Salomón, y a los sobrevivientes del diluvio; dos, a la sociedad 'Nueva Atlántida', de Bacon, y a la pretendida Torre de Wilwinning [Kilwinning]. Finalmente, a Suecia, China, Japón, Viena, Venecia, a los Magos, a Caldea, a la orden de los Esenios, a los Maniqueos, a los que trabajaron en la Torre de Babel y, por último, uno que afirma que existía la F. M. antes de la creación del mundo."22


Escudo de Armas del Capítulo de los Rosa Cruz
de Heredom de Kilwinning, París 1776
Análogo en cuanto a la confusión de los orígenes, es lo que acontece en la Tradición Hermética, con el mito de Hermes y Hermes Trismegisto, ­y con todo mito u origen­ y por cierto con el Corpus Hermeticum, libros que, como hemos visto anteriormente,23 condensan y recuerdan el saber de esa Tradición. En efecto, Jean-Pierre Mahé, un estudioso que ­junto con el P. J. A. Festugière­ ha dedicado su vida al estudio de estos textos cree que los fragmentos en armenio de esta literatura proceden del siglo primero anterior a esta era y que las versiones posteriores conservadas en griego, latín y copto, se desprenden de ellas siendo su contenido netamente pagano, fuera de influencias gnósticas y cristianas que con cierta liberalidad se le han atribuido. Es interesante observar cómo este estudioso a lo largo de su trabajo más importante al respecto Hermès en Haute-Egypte24 donde coteja distintas versiones del Corpus entre sí, con otros manuscritos encontrados en Nag-Hammadi y con autores de la antigüedad, etc. llega a la conclusión de que todos ellos están emparentados, que proceden de una única fuente, e incluso tienen un tono, un aire, un talante común, que también se manifiesta en su estilo, opinión que compartimos. Pero este saber, propio del Corpus,25 que Mahé ve como solemne, repetitivo, contradictorio y sentencioso, en suma como mala literatura (¿qué es buena literatura y quién está en capacidad de definirla y con respecto a qué?), nos parece difícil de apreciar con parámetros lógicos por más esfuerzo y trabajo que se ponga en ello y pese a la valiosísima contribución que supone el establecimiento de estos textos, su traducción y comentario, aunque están reiteradamente vistos desde una perspectiva totalmente ajena a la que los textos poseen. De ahí el peligro de acercarse a cosas de un orden determinado con medios que, por su naturaleza, no son los que corresponden, ya que ellos mismos están conformados por series de condicionamientos pertenecientes al mundo profano, que aún una asombrosa erudición no sabe esconder, pues aparecen aquí y allá en la literalidad de los planteos, el infantilismo de las concepciones, la desproporción abismal entre el sentido sapiencial-emocional del texto y la lectura "universitaria", es decir, profana que se hace del mismo.26 No se debe tratar a una sociedad iniciática por sus acciones humanitarias o altruistas exclusivamente, pues se corre el peligro de desvirtuar la auténtica razón de su existencia.
Otro asunto más o menos utilizado como crítica, tanto de la Masonería como del Hermetismo, es su carácter pretendidamente sincrético. En primer lugar nos parece condenable el abuso que se hace de esta palabra, que equivale para algunos a una descalificación. El Cristianismo, el Islam, el Budismo, la Antigüedad Grecorromana, innumerables Tradiciones arcaicas, incluso la Civilización Egipcia y la China, podrían hoy ser juzgadas como "sincréticas" a la luz de los documentos más antiguos y sin mencionar la idea de una Tradición Unánime, más allá de esta o aquella forma. En efecto, el término ha estado en boga en una época en que la investigación antropológica y la Historia de las Religiones estaban en pañales, y se creía en la "pureza", tanto de ciertas culturas ­concepto peligrosísimo, además, capaz de derivar en el error de las razas­ como religiones. Desgraciadamente este término ha seguido usándose, y es utilizado por algunos como un arma esgrimida para condenar aquello que imaginan no les conviene, o escapa a sus simplificaciones elementales. Muy cerca está la Historia de la Iglesia, sus Concilios y la formación de sus Dogmas, su Teología, la Historia de los Papas, etc., para que, en todo caso, la Cristiandad pudiera reprocharle a la Tradición Hermética y a la Masonería, algo en este sentido, y lo dicho podría ser generalizado a otras religiones e influencias espirituales que componen la Cultura de Occidente. Son innumerables las corrientes que han conformado esta Civilización, la mayor parte de las cuales, de un modo o de otro, coexisten con nosotros mismos, y debemos dar gracias a Dios, en nombre de nuestra cultura, porque estas interrelaciones naturales que se transvasan con las migraciones humanas de un pueblo y su lengua a otro, han existido desde siempre, pese al ácido reproche de sincretismo, emanado de supuestas autoridades basadas en imaginarias estructuras caducas.

En definitiva, que los diversos componentes de la Masonería, no obstan para que esta adaptación de la Ciencia Sagrada, de la Filosofía Perenne, sea totalmente Tradicional, sino más bien prueban lo contrario en cuanto se consideran en sus doctrinas, es decir: en sí.