sábado, 21 de mayo de 2016

La Piedra y su Nuevo Despertar


La Piedra y su Nuevo Despertar
Juan A. Geldres
 A:. M:. R:. L:. S:. Fraternidad y Justicia 142 Lima -PERU

Esta era una cantera enorme, con grandes vetas de todos los distintos tipos de piedras, habían en ella, desde el rudo granito hasta el preciado mármol. Todas las piedras corrientes envidiaban a las piedras finas, pues ellas serían escogidas por los grandes artistas y escultores y se irían a vivir a grandes palacios y mansiones convertidas en magnificas obras de arte o lisos pisos y columnas de mármol. Las piedras sabían que a ellas nunca las escogerían para eso y aceptaban su destino, pero ello no significaba que no se cubriesen de polvo para intentar aclarar su color y ser mas parecidas al envidiado mármol o que dejasen que el barro rellenase las imperfecciones de sus rugosos contornos para ocultarlos, todas ellas decían provenir de vetas muy cercanas a las del mármol y por ende tener parte de aquel linaje en su estructura ; era una sociedad pétrea como cualquier otra sociedad común, con las clases bajas queriendo parecerse a las altas.
Aquella era una piedra más del montón, no era de la estructura más corriente pero ciertamente tampoco era de mármol, ella también se cubria a veces con polvo y barro para retocarse, pero lo hacía más por lo que dirían las piedras de la vecindad que por lo que ella misma sentía ; Aunque en silencio envidiase a las piedras lisas, puesto que ellas serían las que se irían a vivir a suntuosos palacios, mientras ella seguiría siempre en aquella común y polvorienta cantera.
Todos los dias venían renombrados artistas en sus finas carretas de cedro labrado, tiradas por elegantes y briosos corceles, escogían los mejores mármoles y los colocaban con el mayor cuidado en el piso aterciopelado de sus carretas, luego partían imaginando en sus mentes las maravillosas obras de arte que harían, mientras que aquellas piedras escogidas se despedian de sus congéneres haciéndoles notar el éxito que ahora alcanzarían.
Pero cierto dia, pasó por la cantera un anciano a quien nadie había visto antes, pero aquel hombre ya conocía a las piedras, pues estuvo observando la cantera desde lejos durante mucho tiempo, antes de decidirse a acercarse por una. El anciano protegia sus ropas con un mandil de cuero blanco atado a la espalda y muy desgastado por el continuo uso, él no era ningún artista renombrado, sino por el contrario, un simple obrero que se acercó con paso resuelto, escogió aquella piedra, la subió a su envejecida carreta cubriéndola con una manta y ayudado por su burro la llevó hasta su taller. La piedra estaba muy asustada pues aún no comprendía lo que sucedía, pensaba que tal vez el anciano por ser muy viejo, la habría confundido con una piedra de fina clase o peor aún, por un mármol y temía ella por su futuro social cuando fuese devuelta a la cantera luego de que el obrero se diese cuenta de su poca valía.
Ya en el taller del anciano, éste la descubrió y la limpió del polvo y barro que la cubrían y sintióse ella desnuda sin aquel disfraz y al acostumbrarse a la penumbra del lugar vió con horror que a su alrededor habían muchas piedras muy trabajadas y pulidas, además de finísimos mármoles, “seré el hazmerreír” pensó y debió sentirse tosca y sin valor, pero por alguna extraña razón no se sentía así, algo en aquel anciano la hacia sentir segura y además estaban aquellas piedras, que en vez de ufanarse de sus linajes y despreciarla como solía hacerse en la cantera, la miraban con afecto. A pesar de haber tanta piedra el ambiente era cálido y agradable.
El anciano se le acercó y le dijo que ella estaba destinada a una obra muy importante, pero la piedra no creía en las palabras del anciano, ella era una simple piedra tosca como tantas otras y además en ese taller ya habían piedras mejores, pero el hombre continuó hablando y le dijo que ahora no había vuelta atrás, él la había escogido de entre las demás, no por su apariencia externa, sino porque estaba seguro que la estructura interior de la piedra era fuerte y apropiada para el trabajo que necesitaba, le dijo también, que pondría su mejor empeño en prepararla, tal como lo hizo con las demás piedras que pasaron por su taller, pero siempre existiría el peligro de que si la piedra no era la adecuada, se quebraría durante el proceso.
“Aunque voy a golpearte no debes temer” – le dijo el hombre – “yo voy a dirigir mis golpes hacia donde lo necesites para ir desvastando tu superficie, pero tú deberás estar dispuesta a recibirlos y aceptar el cambio, de otra manera podrías rajarte interiormente y ya no serias útil”. Y así la piedra empezó a recibir los golpes del cincel que, hábilmente, la iba desvastando empujado por el mazo del anciano, la piedra iba aceptando cada golpe que le arrancaba parte de sí misma, esforzándose en adaptarse a su nuevo ser. Pasaron muchos dias y el anciano seguía trabajando, y aunque la piedra ahora lucía rectos sus lados, eso ya no parecía importarle, en otros tiempos hubiese despreciado a sus toscas congéneres de la cantera, pero ahora solo le importaba quedar lista para realizar ese trabajo tan importante y tal como ella fuese tratada al llegar al taller, recibía con afecto a las nuevas piedras que llegaban, aunque fuesen tan o más toscas como lo fué ella al principio.
Cuando hubo quedado lista la piedra, el anciano la condujo a un gran terreno baldío y la colocó en su parte NorEste y le dijo que estaba ahí no sólo para ser la primera piedra, sino que además sería el soporte de la principal columna estructural de la inmensa catedral que ahí se construiría, ella soportaría el peso de las otras piedras quienes a su vez sostendrían los decorativos mármoles. Si la piedra asimiló de corazón el trabajo del anciano, su estructura estaría preparada para la gran misión, de otro modo, al fallar la piedra, toda la catedral se vendría abajo.
Cientos de obreros de distintas nacionalidades comenzaron a llegar de todos los confines del mundo, trayendo consigo cada uno, una piedra para la catedral, ya labrada y pulida en sus propios talleres ; y todas ellas se fueron ensamblando una a una con asombrosa perfección, como si el mismo pensamiento hubiese guiado la mano de todos los obreros por igual. Era una obra magnífica, tal vez la catedral mas bella, grande e imponente del mundo, miles de personas venían diariamente de cada rincón de la tierra sólo para contemplar tamaña belleza, la gente se regocijaba en su esplendor y salían gratificados con la paz espiritual que aquella vista producía. Pero nadie veía nunca a la piedra, ni sabían de su importante misión ni que ella era el pilar principal de la catedral. Y como nadie se fijaba en la piedra, nadie reconocía su importantísima labor, pero ésto a la piedra no le importaba, ella sabía lo que hacía y ello no lo hacía ciertamente por reconocimiento, la piedra era simplemente felíz, sabiendo que su labor brindaba paz y alegría a la gente y eso era para ella recompensa suficiente, sus pensamientos ya no eran materiales, ella había despertado a una nueva vida más fructífera espiritualmente, ella había sido bendecida con un nuevo despertar.
Dedicado a quién escogió mi piedra

Juan A. Geldres A:. M:. R:. L:. S:. Fraternidad y Justicia 142 Lima -PERU