martes, 21 de febrero de 2017

Los Masones Que Frenaron a Adolf Hitler


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Los Masones Que Frenaron a Adolf Hitler

El pasado 1ro de septiembre se cumplió setenta años del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Un austriaco tarado, inflamado de odio, podrido de fanatismo y corroído de complejos, arrastraba al mundo hacia la más devastadora orgía de sangre, fuego y dolor de la historia de la humanidad. Los primeros meses, los tanques nazis arrollaron Europa. Pocos dudaban de su triunfo.

Sin embargo, un masón, Winston Churchill, iba a cruzarse en el camino de Hitler. Sin aquel Hijo de la Viuda hubiera sido concebible un Hitler septuagenario gobernando un gran Estado pangermánico extendido desde el océano atlántico hasta los Urales. La democracia seguramente sería hoy una “idea nociva” y miles de policías harían resonar sus botas brillantes en las calles. Cárceles, cunetas y cementerios rebosarían de “enemigos de la ley, el orden, la patria, los valores y la familia”.

Pero el coraje de aquel masón legendario cambió la historia universal y gracias a este Hijo de la Luz aquella pesadilla no es ya una fuerza política relevante.
Sir Winston Churchill se inició en la masonería el 24 de mayo de mayo de 1901 entre las columnas de la Logia Studholme de Londres. Político, periodista, orador, historiador, biógrafo, humorista, premio Nobel de literatura… aquel masón comandó Inglaterra durante Segunda Guerra Mundial desplegando un vigor desbordante.

El día de la victoria recibió, en el Parlamento, la ovación más grande jamás tributada en aquel foro. Combatiente en diez guerras, trece veces ministro, presidente del Gobierno, más de ocho mil discursos parlamentarios, cientos de artículos y reportajes…convierten a este Hijo de la Viuda en uno de los hombres más grandes de la historia.

Su mandil de maestro masón, donado poco antes de su muerte, puede contemplarse en el museo de la Gran Logia de Inglaterra en Londres.

El otro masón que aplastó la cabeza inmunda del tarado nazi fue Franklin Delano Roosevelt. Nacido en Hudson en 1882, aquel Hijo de la Luz resultó elegido cuatro veces presidente de los EEUU. Recibió una nación en quiebra y la encumbró al puesto de primera potencia económica y militar.

Las oportunas medidas de intervención económica proporcionaron a los norteamericanos niveles de bienestar e igualdad desconocidos. Con él, por primera vez, una mujer ocuparía un puesto de responsabilidad en un equipo presidencial.
El gobierno de aquel francmasón se ocupó de lo que realmente importaba a los ciudadanos: sanidad, educación, desempleo, seguridad ciudadana, pensiones… obviamente, la caverna norteamericana babeó de rabia ante el bienestar de la mayoría.

La entrada de la América de Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial asestó el golpe mortal a Hitler. En su discurso de 11 de diciembre de 1941 ante el Reichstag, el perturbado racista ya había arremetido contra el presidente de los EEUU, a quien definía como “ese niño rico y francmasón”.

Efectivamente, Hitler siempre odió la masonería. Al igual que Stalin, Mussolini, Franco, y en general los intolerantes, fanáticos y perturbados. De cualquier manera es lógico que los fanáticos, intolerantes y perturbados, quienes desean el mal de la mayoría, odien el antídoto del fanatismo, la intolerancia y la irracionalidad que representa la masonería.

Pero la gente sana, el ciudadano que desea vivir en el sosiego y el bienestar jamás deberá olvidar el legado y ejemplo de Winston Churchill y Franklin Delano Rooselvelt, los dos masones que frenaron a Hitler.


Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor

Fuente:
http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=37476