viernes, 24 de febrero de 2017

Masonería y Política:


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Masonería y Política:

Publicado por Javier Lazcano Colodrero

Masonería y Política:

La masonería es una Orden Iniciática que enseña una vía de Iluminación Interior, comenzando por desarrollar los procesos de pensamiento racional, las ciencias y artes liberales, los pensadores y filósofos de todos los tiempos, aprendemos a des-dogmatizar la moral para desarrollar hábitos de conducta fundados en la experiencia y bienestar social, integrando a nuestra formación humana las potencias psíquicas y espirituales innatas del hombre.
Como consecuencia de este desarrollo, algunos preclaros hermanos que circunstancialmente se vieron envueltos en eventos de trascendencia en el desenvolvimiento de su comunidad, o tuvieron a su cargo responsabilidades sociales, se destacaron por la claridad de sus pensamientos (fruto de trabajar su piedra) que plasmaron en cambios de las estructuras sociales donde triunfaron ideales libertarios, logrando el efectivo progreso social de sus comunidades.
A priori no hay nada más opuesto que lo iniciático y lo político; uno apunta a la vida espiritual y el otro a lo temporal. Uno dedicado a la vida interior, al silencio. El otro a la acción pública, externa y discursiva. Dos facetas incompatibles. Los métodos y concepciones del “político” son nefastos en una escuela iniciática.
La idea de que el cosmos tiene una significación “en sí mismo” (sea religiosa o atea), de que está regido por leyes (casuales, dialécticas, etc.) intrínsecas, independientes de aquel que las descubre y las expresa, la idea de que lo real está controlado, animado por una voluntad consiente o un azar ciego, centro de un sentido o según procesos muy concretos, nació directamente de una concepción política y jerárquica de lo Divino que generó todas las formas de intolerancia y fanatismo. Dando origen al asfixiante dogmatismo religioso de todos los tiempos, y a aquellos que se auto proclaman depositarios de la verdad absoluta.
Como contrapartida, por efecto pendular, pero con los mismos defectos, el materialismo cientificista y ateo ha tomado su relevo con la misma pretensión de objetividad enseñando o mostrando como antagónicos los conceptos de espiritualidad y racionalidad, éstas teorías son tan dogmaticas e intolerantes como las religiosas que pretenden refutar, pues son dos puntas de la misma cuerda, la ignorancia, llevando a algunos hermanos “con pocas luces” a prácticas masónicas irregulares. Pregonando sin discreción un anticlericalismo a modo de una pseudo-laicidad, que cae en una religión atea, haciendo del anti-dogma otra forma de dogma y que reclama para sí la tolerancia que niega a los demás. “se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable”. Oscar Wilde.
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) enseña el laicismo como una virtud moral y cívica, por la nobleza de las cualidades que se requiere para practicarlo: modestia, sinceridad, e inteligencia; es tolerancia y respeto a los demás. Implica autonomía de pensamiento sin recurrir a verdades tenidas por irrefutables e inverificables ya sean proclamadas por las religiones o las concepciones filosóficas apriorísticas de la moral. Propone embarcarnos leal y prudentemente en una búsqueda de la verdad personal. Por ser una ética que comprende al hombre holísticamente, debe en primer lugar respetar su Ser Interior, sus más íntimas creencias, de ninguna manera pueden prohibir la Fe o la oración.
"Todo aquel que busca la verdad en las ciencias de la naturaleza, llega a la conclusión de que existe una Fuerza Superior que se manifiesta en las Leyes del Cosmos." Alberto Einstein.
Al igual que tantas otras palabras de nuestra lengua, el termino espiritualidad ha sido desvirtuado en su significado vulgar, reservándole una connotación religiosa, cuando en realidad no implica ni adhesión, ni impedimento a la práctica religiosa.
Espiritualidad, para un iniciado, implica empeñarse con todas sus herramientas y dones a la investigación de lo que está más allá de lo aparente, una búsqueda de la verdad, aspirando a conocer lo Absoluto, lo Infinito y lo Sagrado en nuestra vida interior.
Cuando invocamos al Gran Arquitecto del Universo en nuestras reuniones nos vinculamos a La Vía de Iluminación Iniciática Tradicional para el hombre occidental. Estamos manifestando que deseamos retornar al “hogar celeste” y nos invade un sentimiento de participación con lo que está más allá de lo humano que nos ayuda a encontrar la plenitud del sentido de la vida; sin ser una oración ni un acto de fe logra consagrar ese tiempo y espacio para que podamos dedicamos a nuestros estudios en un estado de mayor receptividad interior.
El iniciado masón trasciende toda frontera y categoría, ama y respeta toda criatura viviente y se niega a juzgar, condenar o imponer nada sobre los demás. Detesta toda forma de opresión. Busca la espontaneidad del instante presente, “Yo Soy/Yo Estoy”. Sabe que las diferencias espacio/temporales son ilusorias; que el ego es solo engaño. Si Dios nos ha dotado de Razón es para descubrir y formular solo ciertos términos de la inmensa ecuación Divina.
La Masonería Capitular nos introduce en el sendero de la realización personal y espiritual, utilizando la voluntad consiente para despertar la Inteligencia del corazón que cultiva la verdad, fortifica la voluntad y ennoblece nuestros sentimientos. El iniciado se empeña voluntaria y tenazmente para lograr alcanzar e interiorizar el conocimiento espiritual.
Estas son las razones profundas por las que, desde la más remota antigüedad, las escuelas que nos enseñan y traen la Tradición Perenne disocian lo político de lo iniciático, pues a los ojos del Sabio lo real debe ser percibido dentro de una inefable experiencia, más allá del orden y del desorden, del sentido y del absurdo, ….
Hecha esta aclaración, no tengo la menor duda de que numerosos auténticos maestros de todos los tiempos, masones o no, se han visto involucrados en acontecimientos políticos, algunos influyendo ocultamente y otros desde cargos públicos o gubernamentales.
Hay circunstancias en la vida de un iniciado, que inevitablemente vive inmerso en un contexto histórico y social, en que sus cualidades y las circunstancias lo incitan a actuar, incapaz de ignorar su responsabilidad social; comprometido y capacitado para desempeñar su papel con eficacia, acepta su Destino a pesar de estar en aparente contradicción con su postura espiritual: ejercer presión sobre el prójimo, astucia, dominio, etc. (Es interesante observar algunos casos en que estas acciones tienen consecuencias: Moisés no conoció la “Tierra Prometida”; y Dios le dijo a David: "Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado mucha sangre." (Crónicas I, 28/3)).
René Guenón se expresa en este sentido refiriéndose a la vida de San Bernardo: “Entre las grandes figuras de la edad media, hay pocas cuyo estudio sea más propio que la de San Bernardo, para disipar algunos prejuicios queridos del espíritu moderno. ¿Qué hay, en efecto, más desconcertante para este espíritu que ver a un puro contemplativo, que ha querido ser y permanecer siempre tal, llamado a desempeñar un papel preponderante en la dirección de los asuntos de la Iglesia y del Estado, y que triunfa frecuentemente allí donde había fracasado toda la prudencia de los políticos y de los diplomáticos de profesión? ¿Qué hay más sorprendente e incluso más paradójico, según la manera ordinaria de juzgar las cosas, que un místico que no siente más que desdén para lo que llama «las argucias de Platón y las sutilezas de Aristóteles», y que triunfa no obstante sin esfuerzo sobre los más sutiles dialécticos de su tiempo? Toda la vida de San Bernardo podría parecer destinada a mostrar, por un ejemplo brillante, que existen, para resolver los problemas del orden intelectual e incluso los de orden práctico, otros medios que aquellos a los que se está habituado desde hace mucho tiempo a considerar como los únicos eficaces, sin duda porque son los únicos al alcance de una sabiduría puramente humana, que no es ni siquiera la sombra de la verdadera sabiduría. Esta vida aparece así en cierto modo como una refutación anticipada de esos errores, opuestos en apariencia, pero en realidad solidarios, que son el racionalismo y el pragmatismo; y al mismo tiempo, confunde e invierte, para quien la examina imparcialmente, todas las ideas preconcebidas de los historiadores «cientificistas» que estiman, con Renan, que la «negación de lo sobrenatural forma la esencia misma de la crítica», lo que, por lo demás, admitimos de buena gana, pero porque vemos en esta incompatibilidad todo lo contrario de lo que ven ellos, es decir, la condena de la «crítica» misma, y no la de lo sobrenatural. En verdad, en nuestra época, ¿qué lecciones podrían ser más provechosas que esas? …”
Así es como encontramos personajes, masones o no, como Jesús (creas en su Divinidad o no), Gandhi, Luther King, Cagliostro, Tomas Moro, don José de San Martín, Bolívar entre otros, muchos, que todos conocemos. En este contexto comprendo la advertencia que hace el Rito Escocés cuando nos llama la atención acerca de aquellos hermanos que caen en la manía del apostolado, refiriéndose a aquellos que afirman: “no quiero nada para mí; no me seducen el interés, la ambición, ni la vanidad; sólo me inspira el amor al pueblo, a la Humanidad; la misión mía es salvar al mundo, la vuestra ayudarme a salvarle”. Pretendiendo que los apoyemos en sus carreras políticas, etc., supuestamente inspirados en la doctrina masónica.
El Escocismo les aconseja a esos “misioneros” que comiencen por instruirse y educarse. La misión de un masón consiste en procurarse su propia cultura. Cuanto más afable, laborioso y modesto sea un masón, contribuye mejor a la obra de la masonería.
Con el desarrollo de los Grados Capitulares del REAA, accedemos a estudios más profundos y superiores a la Masonería Simbólica o azul; al iniciado se le presentan contenidos cuyas raíces se pierden en la noche de los tiempos de las civilizaciones. Profundizamos en los conocimientos llegados a Europa con las cruzadas, que fueron desarrollados por los sabios del lejano oriente, sirios, egipcios, persas y hebreos, integrados con el pensamiento y el método lógico de los filósofos griegos.
Los símbolos son la forma adecuada para transmitir significado, son conceptuales y sintéticos. El simbolismo es intelectual (espiritual), el lenguaje es racional. Los símbolos no deben ser explicados sino comprendidos, hay que meditar en ellos para intuir espiritualmente el orden de realidad a la que lauden indirectamente; sugieren antes que expresan y porta en sí sus múltiples sentidos, y el “horizonte intelectual” de cada uno es lo que establece toda la diferencia: el simbolismo es una ciencia exacta, no una ensoñación donde las fantasías individuales pueden darse libre curso.
El desarrollo intelectual, espiritual, y filosófico profundo en la interpretación de los símbolos que estudiamos en Masonería, por más que fueron planteados y tienen un significado que se pierde en la noche de los tiempos, no son contrarios a las afirmaciones de la ciencia moderna, pues la ciencia nos brinda un punto de referencia para el desafío de continuar creciendo como seres humanos, incesantemente buscando la Verdad.
El Maestro que ingresa al estudio del 4º grado y siguientes del REAA, o a la Orden del Santo Real Arco de Jerusalén, debe poner de manifiesto toda su capacidad autodidáctica para profundizar en estas enseñanzas que va más allá de cualquier curricula profana, universitaria o religiosa. La percepción interior del rico simbolismo contenido en cada una de las ceremonias de las Logias de Perfección o Capitulares nos predispone a comprender que la masonería, si bien apunta al desarrollo individual del ser humano, también es un trabajo colectivo, nada se logra sin un esfuerzo organizado; todos aportan su esfuerzo fraternalmente, los hermanos más recientemente ingresados deben prestar atención a los ejemplos de quienes han sido más instruidos, que les puedan enseñar acerca de esa apertura mental que requiere la práctica de la masonería capitular para poder sumergirse profundamente en el significado de nuestros ritos, leyendas, alegorías y parábolas que nos proponemos a analizar minuciosamente para revelar el hondo significado de los secretos que ocultan.
El estudio capitular, es una plataforma de referencia para profundizar en aéreas de nuestra vida que se enriquecen adquiriendo conocimientos relativos al desenvolvimiento histórico de la Ética y la Moral como rectores de la conducta del hombre a través de las generaciones, el análisis metódico y objetivo de los factores que condicionan las actitudes humanas tanto en lo individual como en lo colectivo, los vínculos históricos entre la doctrina masónica y las religiones actuales o del pasado, comprensión de la experiencia que nos legaron antiguas culturas, sumado la investigación y conocimiento de los adelantos de la ciencia y la técnica; la Masonería Capitular o de Perfección constituye de por sí una inagotable fuente de enseñanzas positivas que nos permite un mejor análisis de los problemas filosóficos y morales que enfrenta hoy la humanidad y llegar a conocimientos eficaces que preparan al practicante del Arte Real para construir dentro de la sociedad un mundo mejor para todos sus habitantes.
En cuanto al bagaje simbólico que contienen los rituales masónicos, es impresionante, un amplio despliegue de elementos arquitectónicos, alquímicos, dibujos y cuadros místicos y alegóricos, mandiles, collarines, capas y túnicas de colores que simbolizan estados o períodos de la Naturaleza y del Ser. Nuestro mundo es apasionantemente rico y colorido. Cuando comprendemos lo que nos enseña el símbolo nuestra existencia adquiere trascendencia, y esos conceptos toman valor real y concreto en nuestras vidas.
Todo en masonería, todas sus enseñanzas, están consagradas al bien y al progreso de humanidad, aunque para el profano no dejen nunca de ser meras fabulas.
El iniciado encuentra una oportunidad para desarrollar sus pensamientos, viviendo la historia extrae un conocimiento útil para la vida, y lo convierte en acciones altruistas; encarna las leyendas, se ve a sí mismo compelido a desarrollar virtudes morales o intelectuales, aptitudes para de desarrollar algún tipo de actividad con eficacia, inspirado en un ideal libertario, que nos comprometemos a sostener en la sociedad.
Estas virtudes y aptitudes están expresamente enumeradas y descriptas en sucesivos trabajos (cuando desarrollo específicamente cada Grado, Orden y Símbolo) con la intención de esclarecer el porqué nuestros rituales nos instan a desarrollarlas: porque sin ellas no podríamos pasar las pruebas de este plano de existencia y mucho menos ser exaltados a la vida espiritual. Son la exteriorización de un desarrollo interior, espiritual, luego del descenso a los infiernos, hasta llegar al cielo de Dante.