domingo, 30 de diciembre de 2012


LAS PALABRAS «MASON» y «FRANCMASON»

Aporte del Q.·. H.·.. L.L.M


La palabra masón es de origen fráncico (la lengua germánica de los francos, antes de latinizarse y convertirse en francés). Procede del germánico mattjon, que deriva en metze, en antiguo alemán, y en makyon en lengua franca, para transformarse en mascun o machun, en francés antiguo. Significaba «cortador» o «tallador». Steinmetzer es, en alemán, el cantero o labrador de piedras.

La palabra más próxima, en bajo latín medieval, seria massa, pero con el significado de «amasijo», «masa» o «mazo». El Diccionario de la Real Academia Española recoge el término mazonero y la palabra mazonar, aplicadas, respectivamente, al que hace la masa o mortero para unir las piedras de una construcción y a la acción que realiza.

Así es que, en español, el que mazona podría recibir el nombre de mazon o mazo-nero. Con ello se estaría aludiendo a alguien que trabaja en la construcción, pero no a un tallador de piedras.

El equivalente español del término germánico metzer y del franco mascun, aunque sin relación etimológica con ellos, seria cantero, palabra probablemente celtica que aparece en castellano hacia el siglo XIII, según Corominas. Las canteras de las que se extrae la piedra se llamaban, en latín, latomiae o lautumiae, y de ahí que «Latomia» sea otra forma de denominar a la Masonería entre nosotros.

El prefijo “franc”, añadido al termino «masón», parece consolidarse en Inglaterra, en el siglo XIV, para subrayar la situación social de los masones dedicados a un tipo de construcción cualificada. En relación con el origen de esta designación existen, al menos, dos criterios: el de los historiadores que defienden la aparición de la palabra «free-masón» (masón libre o franquiciado), relacionándola con el trabajo de la «free-stone» (piedra libre o caliza, de fácil cincelación), por oposición al «roughmason» que realizaba trabajos más elementales (con piedra dura) y el de quienes consideran, sin duda apoyándose en datos históricos muy consistentes, que la «franquicia» a la que aludía la palabra «francmasón» o «masón franco» era la gozada por aquellos artesanos de la piedra que no se hallaban sujetos estrictamente a las reglamentaciones municipales o reales obligatorias para los practicantes de oficios en la Edad Media. En Escocia, quienes pasaban a ostentar el rango de «maestro» en las guildas en que se agrupaban los obreros de cada oficio eran «liberados» o hechos libres de ciertas obligaciones municipales. En Francia, el Libro de los Oficios, que escribió Esteban Boileau en 1286, recopilaba y detallaba las normas estatutarias por las que se regían las diversas cofradías parisinas.

El termino masón se introdujo en la lengua española, durante el siglo XVIII, para designar específicamente a los miembros de la Orden Francmasónica, y carece en este idioma de cualquier otro significado. Por ello, resulta innecesario, en nuestra lengua, utilizar el prefijo «franc» (franco, libre) para aludir a los Hermanos masones, a diferencia de lo que ocurre en francés o en ingles, en que macon y masón, sin prefijo, designan a los albañiles, recibiendo el nombre de franc-masón y freemason solo los iniciados como constructores simbólicos, o masones pertenecientes a la Orden Masónica moderna.

Lo expuesto pone de relieve la estrecha vinculación de los maso-nes antiguos con la talla de piedras y con la subsiguiente construcción realizada con ellas. Veamos a continuación, a grandes rasgos, algunos de los hitos del proceso histórico que conecta la Masonería de oficio (u operativa) con la Masonería constructora de pensamiento, dando origen a la que hoy conocemos como Orden Masónica. Ello nos permitirá proponer, en su momento, una correcta definición de lo que es esta institución.

La palabra albañil es de origen árabe, procedente del termino ballasa (de balis = tragar) y designaba, entre los musulmanes españoles del medioevo, a los poceros y constructores de alcantarillado, extendiéndose posteriormente a los constructores de otras edificaciones.