miércoles, 18 de febrero de 2015

Camino Iniciatico


Nuestro trabajo masónico es una trama compleja pero delicada de aportes, opiniones y puestas en escena del sentir profundo de cada obrero, fuertes golpes de mallete o finas pinceladas armónicas constituyen el alma y el corazón del arduo que hacer iniciático.
Somos el resultado de luchas incesantes llevadas a cabo en otras latitudes y en otros momentos de la historia del hombre y hemos llegado hasta el peldaño que cada uno de nosotros tiene enfrente, todos los días debemos decidir nuestro siguiente paso. Una decisión complicada por sus consecuencias, pero simple por su esencia humana.
El modernismo ha marcado el desarrollo social conforme se va definiendo este concepto, día tras día las corrientes políticas, educativas y laborales deben transformarse y evolucionar conforme las necesidades de cada región en incluso de cada individuo. El fenómeno de globalización de la información, la mezcla incesante de culturas, idiomas y opiniones ha creado un crisol tan disímil y heterogéneo, como oportuno para una época como la nuestra.
La masonería moderna debe adaptarse de forma activa y determinante a esta evolución del pensamiento humano y social, debe ser incluyente, tolerante, participativa y por esencia, respetuosa de los derechos de cada individuo.



La construcción simbólica de un templo, fundamentado en solidas columnas y apoyado por los miembros de la logia, es una alegoría mística del trabajo a conciencia y de la cooperación fraterna entre los seres humanos, en busca del mejoramiento colectivo que redunda en la optimización de los esfuerzos sociales y su aplicación a los modelos filosóficos de nuestro tiempo. El modelo de formación iniciática es, en definitiva, un conjunto de estrategias que bajo la simbología y la instrucción de los conceptos fundamentales, busca el progreso del individuo, moldeando su carácter, así como su forma de relacionarse con el medio social.

Es el obrero aprendiz de manos inseguras y golpes desmedidos, la base de una gran obra edificada una y otra vez. Con cada iniciación regresamos a la oscuridad de la cual queremos escapar y aunque la búsqueda nos invita a sortear obstáculos y hasta a poner en riesgo nuestra integridad, aceptamos gustosos las pruebas y los viajes de un camino que empieza tortuoso y se va matizando con el paso titubeante pero decidido del recipiendario. El obrero no calificado quiere iniciar su obra cuanto antes y a veces sin planificación, requiriendo que sus herramientas simbólicas sean guiadas, pero no manipuladas por los maestros calificados, que aunque más pacientes y con más experiencia, no dejan de ser obras todavía en moldeamiento y consolidación, han visto la luz pero requieren de tiempo para acostumbrarse a ella.
La logia de aprendiz es rica en alegorías y es un espacio de trabajo habitual, la fraternidad se expresa desde el momento en que las vendas y las cadenas de la vida profana, caen estruendosas y se confunden con los rostros de unos sonrientes desconocidos que ofrecen una extraña, pero reconfortante calidez.

Diversos viajes ocurren luego de la iniciación, viajes inciertos en busca de un oriente difuso y tórrido que se ve entre la bruma de la inocencia y la vacilación, hay pasos que son claros y otros confusos, entre las desviaciones y curvas que nos ofrece el paisaje etéreo de la escalera de tres peldaños. Al transitar por estos primeros recodos, ocasionalmente nos encontramos con las huellas de pies descalzos, que resultan ser los propios; vueltas y vueltas, a veces en el mismo lugar, nos hacen pensar en la posibilidad del extravió y de la desesperanza, pero la brújula sutil de nuestros actos y un fino haz que se desprende de un delta nos hace recuperar la fuerza para levantar el mallete y la confianza para sostener el cincel.

Los tramos de aquellos viajes cada vez son más llevaderos y el ruido se disipa dejando un sin número de sutiles sensaciones. Un día, dos peldaños mas aparecen para elevarnos con la música rítmica de nuestro andar y acercarnos a la armonía geométrica de los sentidos. Las figuras exactas y las constelaciones giran en torno al iluminado por la estrella flamígera.

Los compañeros recopilan el pensamiento pitagórico, donde la evolución del elemento fundamental es el motor de la creación divina, estos conceptos filosóficos y místicos se tratan de demostrar en el plano humano con el estudio de la aritmética, siendo esta el desarrollo del numero en estado puro que se sublima a su más alta expresión, impulsada por el movimiento y la dinámica y se convierte en música. Así mismo la exploración del espacio en estado puro que dio pie al estudio de la geometría evolucionaría gracias al movimiento de los cuerpos hacia la astronomía. El cuadrivium de las antiguas artes liberales se consolida como una confluencia de caminos elevados hacia la perfección humana, donde el hombre virtuoso construye a fuerza y pulso la senda por la cual se redime de la ignorancia, siendo esta el origen de la búsqueda interior y por lo tanto el inicio de la sabiduría.

Las herramientas simbólicas logran transformar el fino equilibrio entre el azufre y la sal, propiciando la chispa alquímica de la transformación continua y evolutiva del obrero calificado. Los trazos perfectos y la potencia infinita de las herramientas bien ejecutadas, consolidan la columna de la fuerza y le dan forma al camino que ya no es tortuoso, es apacible, marcado con una sinfonía de saberes y un arcoíris de posibilidades.

El camino asciende lentamente y el obrero se aferra a sus convicciones creyéndolas infalibles, pero pronto se percata de que la penumbra apenas está pasando sobre su conciencia, y que la pequeña puerta de entrada al templo solo se puede sortear con la ayuda de sus hermanos. El grado de maestro y de ahí los altos grados filosóficos son la manera de esculpir finas joyas de conocimiento de y de nuevos descubrimientos.



Los aprendices que salimos de la cámara de reflexiones creyendo haber triunfado sobre la muerte y sus temores, logramos encontrar en nuestro espíritu la fuerza del mallete y la voluntad de cincel, le damos las primeras formas a una roca imperfecta y llena de salientes. Las manos del obrero calificado se llenan de herramientas y el salario merecido del compañero colma de satisfacciones un corazón, que aunque sincero y honesto piensa estar llegando a la claridad del alba mientras señala con sus herramientas hacia el horizonte iniciático.

De nuevo vemos las oportunidades, pero ya sin miedo. Llegará el momento de resurgir a la siguiente iniciación y de continuar velando por la antigua costumbre de superarse a sí mismo una y otra vez.

Es Mi Palabra.

GGC
M:.M:.



Publicado por Respetable Logia Jacques de Molay pereira, colombia