viernes, 27 de marzo de 2015

El MASÓN LIBRE en un ESPACIO LIBRE.


El MASÓN LIBRE en un ESPACIO LIBRE.

Víctor Guerra. MM.:.

La masonería como todo en la vida tiene sus paradojas, y cuando uno vive esta peculiar parcela desde la cultura del libre examen, lo cual supone toda una escuela de reflexión, se le revelan ciertas paradojas que en parte vienen impuestas por las propias dinámicas las cuales dejan ver la complejidad del quehacer masónico cotidiano, tanto el interior como aquel otro que acontece a partir de las reglamentaciones que se van articulando en todo el entramado estructural creando y desarrollando el concepto de la masonería como Orden y Obediencias.
Aunque toda la filosofía masónica se cimenta sobre el «amor al otro» a modo de admonición ética, luego las propias dinámicas del trabajo grupal se construye muy a menudo sobre paradojas de contradicción, ya que por encima del respeto y de la libertad individual, se desarrolla en paralelo otro mundo que se articula en función del reglamento, de la estructura… con paradigmas como el silencio, el secreto, el magisterio masónico, emergiendo una serie de limitaciones en nombre a veces de conceptos como lo sagrado, lo iniciático y hasta lo sublime…. etc.
Resulta curioso, y hasta paradójico, el hecho de cuando uno solicita entrar en masonería, se le pide y exige ser un hombre libre, aunque esto parece que a veces se ha relegado casi siempre a las cuestiones pecuniarias, o sea “ser libre para pagar las cuotas o capitaciones”, lo que en parte a valido para marginar a la mitad de la humanidad, aduciendo para ello que las mujeres no podían ser recibidas masonas, porque no eran libres, para hacer frente a las capitaciones logiales…
Es un concepto reduccionista cuyo argumento en parte ha sido propalado por parte de las estructuras masónicas ya que de este modo se constituye una membresía de Hermanos a modo y manera de crear una legión de «hombres de Orden», o sea en activos miembros cotizantes, cuyas funciones y cometidos suele venir muy bien muy expresado y recogido en los Reglamentos, así como sus funciones y articulaciones, sus premios y castigos
Cuando en realidad, esa entrada en masonería, debería servir para algo más que formar parte de logias a modo de «fraternales espacios de convivencia»; ya que esa exigencia primigenia de ser Hombres Libres, debiera llevarnos de forma directa a las logias, pero entendiendo estas como centros libertinos al modo de expectantes hijos del libre examen, inclinados hacia una mayor fraternidad, y como no proclives a la mejora moral de la humanidad, para que esta sea más justa y esclarecida, como dice el ritual, si ya el ámbito social reduce el espacio de hombre libre, la logia no debería reproducir ese mismo esquema, debería agrandar más ese espacio de libertad.
No lo debemos olvidar, que fue en el seno del protestantismo donde nació la masonería, y donde se desarrolla esa concepción del Hombre Libre.
Un hombre libre que entra también en masonería desde la concepción del libre examen, o sea que no se necesita un magisterio infalible para llevar a cabo el trabajo masónico (lo cual de algún modo nos situaría ante el dilema libertario de «ni Dios, ni Amo, ni el Maestro».
Tal vez desde estas perspectivas podamos entender algo más los rituales, y las exigencias de admisión, y hasta sobre el desarrollo del propio trabajo masónico.
Porque es muy posible que desde una perspectiva católico-romana, toda esta concepción sea todavía algo difícil de comprender, y aunque se ha reelaborado en parte la filosofía ritualistico-filosófica para facilitar los trabajos y las incorporaciones en logia en los ámbitos católicos romanos, es muy posible que hayan quedado posos en el seno íntimo de cada uno de nosotros, y que en ese íntimo caldo aún esté sin resolver por que no partimos del libre examen, sino de una sutil contradicción entre el “ser y estar”, entre el símbolo y el magisterio, entre la logia y la Obediencias, entre la conciencia y el reglamento, y por tanto esa libertad que aporta el libre examen en parte se encuentra cercada por ese querer acotar al hombre libre dentro de las estructuras.
Es esa tensión cuasi permanente que se da en nuestros ámbitos continentales logiales al querer poner siempre al masón, bajo las cuotas del poder de las Ejecutivas, del Reglamento y del dogma, cuando en realidad la esencia como Masón Libre en una logia que por ende debería ser libre, debiera construirse desde el libre examen, pero parece que ello no es posible, porque los Reglamentos y sus aplicaciones y aplicadores no lo permiten en función que plantea como falacia el tema del masón libre en una logia libre
Porque además esas acciones en general no proviene de los «Usos y Costumbres» como fruto lógico del tiempo y del roce, de la quemazón del día a día en el tajo canteril de los encontronazos logiales e individuales, o del interés propio y del común, de la compatibilidad entre la libertad individual y la colectiva.
Cuestiones estas que van construyendo, la logia, a partir del sentido común con lo cual se va resolviendo toda una panoplia de conflictos en un «espacio de encuentro y consenso» , pero que enfrente tiene ese poder del que hablo, que es una batalla en la que se articulan herramientas como los Reglamentos que se complementan con las acciones de aquellos Hermanos «institucionistas» que tienden a querer acotar al detalle el quehacer masónico del masón libre, y de doblegarlo a los «intereses más altos» y no a lograr las altas cualidades a las que debiera estar enfocado reglamento para conseguir ese espacio de consenso, sino para en parte blindarse como estructura y jerarquía.
Les invito a leer los Reglamentos desde esa perspectiva que les expongo, desarrollos largos precisos sobre las condenas, los castigos, las estructuras… etc… y verán lo ajustado y preciso es cuanto a la protección de esos órganos
Son reflexiones que se convierten en paradojas extrañas que se dan en algunos Masones, en los «hombres libres» que se dan cuenta de que la construcción del mundo masónico con ambición de proyectarse, no puede quedar circunscrito tan solo al uso del mallete y el cincel, o al compás o la escuadra, porque con esas herramientas el Hombre Libre, una vez ha aprendido las dinámicas primeras del tajo, de la relación, del consenso, del pensar libre, por eso no hay textos dogmáticos, o reguladores, o filosofías, o profesores dentro de la masonería, ni Maestros había, eran Compañeros Aceptados, caminantes y nómadas que se auto- construían y se auto-realizaban en conjunto.
Porque, como digo, en ese momento es cuando uno, como Masón Libre, empieza a dejar de ser miembro de una logia cerrada, de una logia de corral, circunscrita o condenada a ser un número más en la estructura obediencial; es en ese preciso momento cuando se construye el núcleo de la reflexión crítica, íntima y personal casi siempre a la luz de razón propia, y que paradójicamente en vez de ser una reflexión hacia lo externo, hacia lo profano , es una interiorización hacia lo íntimo desde esta perspectiva de auto–conformación y auto-confrontación, que encuentra en la sencillez del ritual el fino hilo de Ariadna que le va conduciendo a la plenitud del conocimiento, íntimo, personal e intransferible, que no se logra, como se dice en la escenográfica iniciación masónica , esta nos pone en el umbral y a través de un continuo trabajo de introspección, a lo largo de los grados y los años por eso los catecismos de los Rituales van teniendo ese grado de complejidad según se va andado por ese incierto camino.
Ese Masón Libre, que inicia su Tour del Compañero de forma nómada, solo puede lograr ese camino de libertad, cuando ha comprendido que el Arte Real, que dicen los puristas, se logra no en base a definir columnas, o conocer el arte de los geómetras, o el saber dominar el triviun o el cuadrivun, sino mucho antes, sino justo cuando uno se da cuenta de que esas leves herramientas ya descritas, del mallete y del cincel,el compás y el escuadra, poco ya dan de sí, tras esos primero contactos con la labor de desbroce y el manejo de dichas herramientas.
Por eso ese Masón Libre, busca entre la simbólica de la logia y el adorno de ésta, lo esencial, porque ahí está la inteligencia del libre examen, descubrir aquello que nos permite construir, edificar el templo de conocimiento, lo cual no viene de la mano del Maestro o del Gurú, sino que nace como tantas otras veces del dolor, y a través de una búsqueda dolorosa. No es de extrañar que eso sea así.
Habría que preguntarse cuánto ha habido de dolor y exasperación en las edificaciones de la Torre de Babel, o en el construir templos como los de David o Salomón, en cuando dolor pudo haber en el Puente de Zorobabel, tal vez mucho, exagerado, pero justo hasta llegar a compresión del trabajo masónico como un punto de la reflexión abierta, y de comprender el quehacer individual que además se construye as su vez en una extraña ambivalencia le conduce y le guía, pero eso sí, en base a escuchar al otro y respetar sus opiniones, de crear espacios neutros, ni no institucionalizados.
Es ese preciso momento cuando el Hombre Libre, construido como Masón Libre, puede buscar y encontrar en el seno de una Logia Libre, no circunscrita al orden ni a la Orden, que es evidente que como logia no está libre de todos los istmos habidos y por haber, porque ello es casi imposible de conseguir, pero que ha de saber que la logia a de ser un espacio de libertad, que es lo que permite buscar en los recónditos lugares de la simbólica la respuesta.
Es verdad que algunos masones no desean llegar más allá imbuidos en la placidez búdica de la simbolatría, en un espacio donde cada cual busca su proyección o su realización, y que permanecen en general ignorantes a la razón de unas herramientas, que están ahí, y que dan sentido al ser y el estar en logia, pero eso no debe ni limitar ni coartar la búsqueda de los demás, un búsqueda en libertad, que ha de ir concordancia en lo íntimo en una ambiente de consenso para poder definir lo esencial de lo accesorio.
Tal vez por eso en el seno del trabajo masónico se hallen masones de mallete y cincel, de llana y paleta, de compas y escuadra, de regla y palanqueta, masones como decía el viejo socialista, de afición y de afección, de aflicción y de defección, porque la logia en el fondo es eso, la vida condensada en un lugar en un tiempo, y en un espacio cerrado a la vista de todos, pero que se construye con el propio quehacer logial que luego se proyecta, lo cual dice lo que somos y lo que queremos, a veces más de lo que deseamos.
El libre examen, la mirada libre en ese espacio nómada de la introspección, que es un permanente preguntarse a cada momento, realizando el íntimo tour compañónico de sumirse en el “ser y la esencia”, no tanto sobre la piedra bruta, que ya poco más puede desbastarte sin hacerla añicos… sino sobre el sentido general y particular de cada uno en medio de esa simbólica.
Y será en ese tour cuando tengamos la primicia de adivinar que las herramientas son otras, y que la vara que nos ilusiona cual serpiente rodante por el espacio logial de manos del Maestro de Ceremonias, unida al omnipresente adorno de una extraña cuerda de nudos, son en realidad los instrumentos del agrimensor, de la medición, del “levantar”, y es cuando uno se vuelve constructor, porque sabe que esas herramientas le dan la capacidad de levantar, de construir y de construirse.
No es un camino de cuatro lecciones y tres grados, y de corifeos alrededor de candelabros , o de luces o columnatas, recitando talmúdicamente el ritual; es un camino arduo de ver como lo accesorio se hace patente y esencial mediante esas sencillas herramientas que de puro adorno pasan a ser esenciales en el arte de pasar, de lo micro a lo macro, de la puerta baja que no existe a la tangibilidad del espacio.
Es en ese preciso instante, cuando uno se hace MASON y se da cuenta de la fina finta que está cruzando, puesto que ya no hay amarras, ni Compañeros a los que sujetarse, salvo en la en el leve trazo de la Cadena de Unión .
Es para mí en ese momento de consciencia cuando la logia explota en mil pedazos ya que ese espacio se hace universal , lo que te permite convertirte en el Maestro que empieza su periplo compañónico, sabiendo que sus “otras “ herramientas están con él que las domina, que se reconoce y le reconocen, por encima de escuelas, de dogmas y de GADUS, y puede dejar la grey logial, ya que no forma parte de la tribu, ni de la logia como espacio local , sino que es parte de una dura singladura amplia y universal que le permite el trabajo en una inmensa soledad, solamente soslayada por la plenitud de ir descubriendo, el rito como sibilino hilo conductor, no como resultado de un quehacer nuevo, sino como fruto de saber épico que ha sido un espacio transitado por otros, que reconocen su profundidad, su vértigo y que abre insondable e inmenso que es la Masonería.
Es muy posible que en como resultado de esa intensa búsqueda, ya no se precisen ni grados, ni guantes, ni mandiles, porque es ese momento, es cuando uno se da cuenta de la grandiosidad de ser un MASON LIBRE, de conformar parte de una Cofradía donde los MASONES LIBRES Y ACEPTADOS, como tales, donde el martillo y el cincel, ya no son necesarios ya que las verdaderas herramientas son el Libre Examen y la Libertad de Pensamiento.
Sabiendo de la fineza del trabajo masónico precisa más que nada de Libertad, para que se complete la cuadratura del círculo, en la quimera de un Masón Libre en un espacio libre , que como definición espacial es una Logia Libre, lo que todo ello luego ya de sí es otro cantar.