viernes, 10 de abril de 2015

Los Límites de los "Regulares"


Los Límites de los "Regulares"
Iván Herrera Michel
EL DIFERENDO EN LA ACTUALIDAD

En la actualidad, la Gran Logia Unida de Inglaterra, aunque orgánicamente nace en 1813, de la fusión ya comentada, remonta oficialmente su antigüedad a 1717, reconoce como texto inicial de la Orden las reformas a las Constituciones de Anderson de 1738, y sus relaciones interobedenciales las define a la luz de sus ocho puntos de 1929, con las reformas de 1989. A las Grandes Logias que se comprometan a cumplir con estos ocho puntos la Gran Logia Unida de Inglaterra las reconocerá como “Regulares”. A las que no lo hagan –bajo la pena de “caer en irregularidad”– las Grandes Logias regulares ni siquiera podrán darle oficialmente el tratamiento de Masones, de acuerdo a una norma inglesa aún vigente denominada «Objetivos y Relaciones del Arte».

Frente a esto, el Gran Oriente de Francia, que es la Potencia Masónica de la que nace la respuesta contestataria al absolutismo inglés, afirma que naciendo orgánicamente en 1738 y políticamente en 1773, es la obediencia más antigua de las existentes, se refiriere permanentemente a las Constituciones de Anderson de 1723 como documento fundacional de la Masonería moderna, y en sus relaciones interobedenciales tiene como norma de conducta el respeto a lo específico de cada Gran Logia o Gran Oriente.

Por lo tanto, actuando dentro de las exigencias inglesas, tiene mucha razón el ex Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Colombiano del Grado 33°, fundado en 1985, IPH:. Ramiro Arteta Guzmán, cuando, en una carta dirigida al Masonólogo Gustavo Medina Díaz, de la Gran Logia de Colombia, que ha circulado profusamente, le reclama que los Masones Regulares no deben dar tratamiento Masónico a los Masones Progresistas. Esta es una de las fatalidades de la Masonería. Las Grandes Logias que se precian de ser Regulares no son autónomas ni soberanas aunque así lo proclamen y conste en sus estatutos, y este es un tema sobre el que tendrán que trabajar tarde o temprano.

Ninguna Gran Logia de las que se proclaman como Regulares, puede, sin caer en irregularidad, reconocer formal y oficialmente a un Masón, a una Masona o a una Gran Logia que no tengan relaciones diplomáticas con la Gran Logia Unida de Inglaterra.

Para tal efecto, se necesitaría que primero la Gran Logia Unida de Inglaterra revoque unilateralmente el documento llamado Objetivos y Relaciones del Arte, que establece la prohibición. Luego, con base en esta nueva situación normativa la Confederación Masónica Interamericana (Cmi), deberá reformar lo pertinente en sus Fundamentos para un Derecho Masónico Interpotencial; y después, solo después, la Confederación Masónica Colombiana (Cmc), podrá hacer lo propio con los requisitos ineludibles que establece el artículo 4° de sus Estatutos para las Grandes Logias que actualmente deseen ser consideradas como regulares. Por último, cada Gran Logia podrá, si así lo desea, establecer relaciones y firmar Tratados de Paz y Amistad con Grandes Logias progresistas.

Y cuando, al fin, los nueve planetas se encuentren alineados, habrá que lidiar con la famosa frase de “si fulano entra por una puerta yo salgo por la otra”. O, con que algún sabio se empecine en que los otros deben primero renunciar a los Grados Escocistas, o exija eso que llaman en Barranquilla algunos Masones Regulares: La unión de todos los bienes de la Masonería.

Mas, si por alguna extraña razón fraternal, alguna Gran Logia Regular soberanamente se aparta de estos requerimientos diplomáticos de relacionamiento que se le imponen y se atreve a suscribir un Tratado de Paz y Amistad con una Gran Logia que no lo sea, se expone a perder a sus amigos tradicionales Regulares y a ser excluida de las confederaciones a las que pertenece. Pero mientras se pretenda únicamente explicar los beneficios de la Regularidad en los términos que ellas la entienden oficialmente, así ganen, apartándose del avance de la razón y los Derechos Humanos en los talleres, estarán perdiendo todos. Y en materia grave. Los unos por no avanzar y los otros por retroceder.

En este orden de ideas, tenemos que el Gran Oriente de Francia fundado en 1738, sería la Potencia Masónica más antigua de las que existen hoy, y que la “Regularidad” es un término técnico diplomático con que la Gran Logia Unida de Inglaterra califica desde finales del siglo XIX a las Grandes Logias con las que decide establecer relaciones interpotenciales. Aunque estas relaciones se encuentren en un punto muerto.

Las discusiones acerca de la libertad de conciencia y de pensamiento, reactivadas en todas partes por las diferencias entre Londres y París, a raíz de la laicización de las constituciones y los rituales en Francia, se constituyó en un gran estímulo para que a lo largo del siglo XX la Masonería que se define como liberal, adogmática y/o progresista, haya girado con énfasis hacia la laicidad de sus símbolos y decoraciones Logiales, demostrando una gran autonomía intelectual.

Por ejemplo: a las nuevas dignidades, oficialías, o recipiendarios de muchas Grandes Logias y Grandes Orientes en América, Europa, África y Asia, no se les toma un Juramento (afirmación que se hace poniendo a Dios como testigo o invocando algo sagrado), sino que se les escucha sus Promesas (expresión de la voluntad de dar o hacer algo), y las Logias pueden trabajar en presencia de un libro considerado sagrado, la constitución política del país, un libro en blanco representando la conciencia limpia del Masón, la Declaración de los Derechos Humanos, el Reglamento de la Logia, la Constitución de la Gran Logia, la Carta Patente del Taller, un libro sobre la historia de la Masonería, o cualquier otro texto, que represente la intención ética, filosófica o histórica de la orientación ideológica del método de construcción de la Gran Logia de que se trate.

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