viernes, 10 de abril de 2015

Masonería Regular Vs. Liberal en el Siglo XX


Masonería Regular Vs. Liberal en el Siglo XX
Iván Herrera Michel

En el siglo XX, la Masonería, dividida entre Regular o Dogmática, y Liberal o Progresista marcha cada una por su propio camino rivalizando permanentemente. Sin embargo, la rueda de la fortuna giró en contra de las Masonerías Liberales de Europa continental durante la Segunda Guerra Mundial y los años que la antecedieron.

En 1925, las dos Obediencias italianas son disueltas por los fascistas; la asociación Masónica Internacional creada en 1903 desaparece. Igualmente, la Masonería es proscrita en Alemania en 1933, en Portugal y Turquía en 1935, en Rumania y Polonia en 1937, en Austria y Checoslovaquia en 1938 y en España en 1939.

Mientras la Masonería Regular inglesa y norteamericana permanece indiferente frente al destino fatal de la Masonería Liberal y adogmática europea, la guerra va a hacer desaparecer las de Bélgica, Yugoslavia, Bulgaria y Grecia, y llevar casi hasta la extinción a la de Francia. Los Masones en los países dominados por la Alemania Nazi, la Italia Fascista y la España Franquista fueron encarcelados, asesinados y sus bienes confiscados. Un verdadero cataclismo vivió la Masonería de Europa continental durante las dos guerras mundiales. Más allá aún: la Masonería Regular inglesa le cierra el Pórtico de sus Templos a los Masones de Europa continental que venían huyendo de la catástrofe. En total 14 países europeos tienen que esperar hasta la década del 50 para reconstruir el ideario Progresista de la Masonería.

En medio de este torbellino europeo la Gran Logia Unida de Inglaterra decide, como lo más conveniente para ella, marcar aún más la diferencia con la Masonería Progresista promulgando unilateralmente los ocho Principios Básicos para el Reconocimiento de Grandes Logias en 1929.

Un detalle muy romántico que aún recuerda esta época aciaga para la Masonería europea es el siguiente: en 1934, cuando Adolfo Hitler asume el poder, en Alemania se intensifica la persecución contra la Masonería, entonces, para identificarse en secreto en los sitios públicos y en los campos de concentración los Masones adoptan una flor conocida como “No me olvides” (“The forget me not”), en reemplazo de la escuadra y el compás. En adelante este adorno ha recordado a aquellos valientes que resaltaron su condición Masónica en circunstancias difíciles y es frecuente encontrarlo en la solapa de los vestidos de muchos Masones de hoy.

Una vez más, diezmada en sus miembros, confiscados o destruidos sus edificios, con una economía precaria, y aún con los rezagos de la propaganda antimasónica firmemente enraizada en el pueblo, y como si fuera poco, con la antifraternal agresión de la Masonería Dogmática anglosajona, que con el mote de Irregular buscaba, y busca aún, descalificar y desconocer sus trabajos Masónicos, la Masonería Liberal se recupera para ser el fenómeno que hoy tiene en jaque ideológico a la Regular. Es en este contexto internacional en el que en 1961 nace en Bruselas, Bélgica, el Centre de Liaison et d´Information des Puissances Maçoniques Signataires de l´Appel de Strasbourg (Clipsas), que señalaría un nuevo rumbo y un nuevo sueño al futuro de la Orden en el mundo.

El camino para la recuperación de la fortaleza perdida fue extremadamente difícil para la Masonería europea de la segunda postguerra. En realidad, esta solo se consolida a finales de la década de los sesenta del siglo XX.

En la versión en castellano de su página web el Gran Oriente de Francia relata a grandes rasgos su trajinar de después de la Segunda Guerra Mundial, de la siguiente manera:

“La Francmasonería francesa se pone de pie lentamente tras la Liberación. Las dificultades están vinculadas en gran parte al fracaso de la fusión del Godf y la Gran Logia de Francia - Gldf - (rechazada por la Asamblea de esta última), al envejecimiento de los grupos dirigentes de las Logias y de las obediencias y a la gravedad de los problemas. Confinada entre el gaullismo y el comunismo (cuya expansión al Este reduce aún más su territorio de influencia en el exterior), a menudo percibida como retrógrada, tironeada por fuerzas centrífugas, tardará más de cuarenta años en reencontrar a los miembros que tenía antes de la guerra.

”Este período está marcado por un lento retorno al simbolismo, iniciado a principios de siglo bajo la influencia de hermanos, tales como O. Wirth o Gloton. Esta corriente gana terreno en el último tercio del siglo XIX, aunque en el Godf menos que en otros. Es un fenómeno nuevo por sus contenidos, con referencias históricas (los “antiguos misterios” evocados a partir del siglo XVIII) y aportes esotéricos ya conocidos antes del pensamiento Masónico, pero que igualmente forman parte de los nuevos datos. Esta evolución genera efectos y aspectos negativos. Los aportes extraídos de las ciencias sociales, el carácter introspectivo de ciertos testimonios y algunos de los ecos de las nuevas corrientes esotéricas contribuyen al enriquecimiento. Pero también constatamos que aquello que al principio estaba destinado a ser un complemento, en una cultura fuerte marcada por muchos otros aspectos, a menudo tiende a erigirse como verdad exclusiva. La Vulgata simbolista ofrecida a menudo tiende al monopolio y a evitar lo real. Para compensar una pérdida de identidad y de utilidad, le niega a la Masonería la posibilidad de figurar en la Historia, argumentando que es imposible encontrar su Tradición. La tentación es grande en esta óptica de hacer del ritual una fórmula mágica, algo definitivo.

”En la segunda mitad del siglo XX surgen numerosas evoluciones. La aceptación de mujeres en la Masonería francesa, el envejecimiento de la institución, la expansión del reclutamiento de clases medias más instruidas (que habían evolucionado bastante en su relación con las ideologías y la política), y el fin de los roles tradicionales (tanto educativos como integradores) de las Logias, son fenómenos de larga duración. Vale aclarar también que durante algunas décadas ha existido un complejo de “regularidad” hacia la Masonería anglosajona (actualmente en decadencia) que ha conducido, de hecho, a que una parte de la Francmasonería sea captada por tendencias mercantilistas y reaccionarias. Finalmente, la división de la Obediencia que había comenzado a finales del siglo XIX se aceleró durante la segunda mitad del siglo. Tras la creación de la Grande Loge Féminine de France, en 1945, y de la Grande Loge Traditionnelle Symbolique “Opera”, en 1958, la fragmentación en pequeñas unidades Obedenciales ya no cesaría: Grande Loge Féminine de Memphis Misraim, Loge Nationale Française, Grande Loge Mixte Universelle, Grande Loge Mixte de France, etc. También surgen muchas otras estructuras más o menos Masónicas. El Grand Orient de France, órgano regulador de la Masonería desde un punto de vista histórico, reconoce hoy (en 2002) la Oitar (Orden Tradicional Iniciática del Arte Real), el Grand Prieuré des Gaules, la Grande Loge Française de Memphis Misraim y estudia la posibilidad de relacionarse con la Glisru (Gran Logia Independiente y Soberana de los Ritos Unidos) y la Glms (Gran Logia Mixta Suiza).

”A partir del año 2000, todas las obediencias francesas, a excepción de la Glnf, se reúnen en un espacio flexible denominado Masonería Francesa. Por último, durante este medio siglo en el cual la Francmasonería francesa se ha reconstruido y luego ha tomado forma paulatinamente en vísperas del siglo XXI, el perfil interno de las Logias cambia. Se enfatiza en especial la “calidad de vida” del grupo. Las Logias, más numerosas en la actualidad que hace un siglo pero de menor tamaño, aún están movilizadas por la reflexión y las luchas humanistas, pero están menos involucradas en cuestiones directamente políticas. Estas insisten sobre la asiduidad y la calidad de la relación entre los miembros que las componen.”

A principios de la década de los años noventa del siglo XX, luego del colapso de la Unión Soviética, las agencias de seguridad rusas desclasifican en Moscú voluminosos archivos correspondientes a las Grandes Logias y Grandes Orientes de la Europa continental, los cuales fueron trasladados a esa capital durante la Segunda Guerra Mundial y el período conocido como de la “Guerra Fría”.

Esos archivos contienen objetos de colección de interés Masónico, bibliotecas con miles de libros antiguos sobre la Orden, correspondencia, y material histórico documental. Cuando esa recuperación de la memoria colectiva culmine, los estudiosos del desarrollo de la Orden y de sus relaciones con la sociedad en general, contarán con una de las mayores fuentes bibliográficas que han sobrevivido al paso de los tiempos.

Hoy en día, gracias a este renacer de la Masonería Liberal, y de sus ideas y esfuerzos, potenciada por los modernos medios de comunicación en una sociedad más abierta, se ha comenzado a disponer de una nueva literatura científica Masónica, basada en documentos que han ido apareciendo con el tiempo y con los cuales no contaban ni Lorenzo Frau Abrines, ni Aldo Lavagnini, ni Findel, ni Mckey, para citar tan solo a unos pocos de nuestros más consultados autores tradicionales. Seguramente el futuro contará con nuevas “verdades”, ya que la veracidad de una afirmación siempre depende de los niveles de información con que se cuenten.

En este nuevo contexto, hoy la Masonería Regular del viejo mundo se reúne anualmente en una organización llamada Conferencia Masónica Europea y, por su parte, la Liberal de Europa se congrega en una Asociación Masónica Liberal (Amil). que derivó en SIMPA. Igualmente existen la Conferencia de Grandes Logias del Mediterráneo, la de los Balcanes, Catena, (que agrupa a las Grandes Logias Mixtas), la Asociación de Grandes Logias Femeninas, los encuentros de Luxemburgo, los encuentros de la Masonería Latina en Bruselas, que es intercontinental, etc.

Por otra parte, es de resaltar que la Masonería Regular no ha participado en los grandes acontecimientos sociales y políticos de que se enorgullece la Orden desde el siglo XVIII.

Es más, en la mayoría de los casos, las Grandes Logias regulares, actuaron en defensa de los intereses del imperio británico y en contra de la adopción de los principios democráticos y republicanos que propugna el sector que se orienta por el pensamiento Masónico de origen francés, en el cual sí cabe, bajo la premisa de la tolerancia, la discusión política y religiosa. En palabras del escritor Francisco Espinar Lafuente (Esquema Filosófico de la Masonería), los hechos históricos en los que los Masones progresistas han participado son los siguientes:

• La Ilustración en el período de los Estados Absolutistas (entre 1750 y 1800).

• La Revolución norteamericana cuyo símbolo es el Masón George Washington.

• La Revolución Francesa y su expansión a través de Napoleón.

• La independencia de Iberoamérica (18101825).

• La lucha contra los imperios, monarquías y estados absolutistas (siglos XIX y XX).

• La abolición de la esclavitud.

• La unificación de Italia con la supresión de los Estados Pontificios.

• La secularización de las Universidades y de las ciencias.

• El laicismo en la enseñanza (18901918).

• La Sociedad de Naciones (19191939).

• La Organización de las Naciones Unidas (desde 1945).

• La descolonización en Asia y en África desde 1950 (fecha de independencia de la India).

Tanto la Revolución Francesa, como la independencia de América la lideraron los ahora llamados Masones “Irregulares” o “Liberales”. De tal forma que los Jacobinos de París, Miranda, Bolívar, San Martín, O’Higgins, etc., fueron iniciados en Logias políticas, ya que la finalidad única y exclusiva del levantamiento de sus columnas era el debate y la acción política.

Por lo tanto, no está mal el no pertenecer al sector de la Masonería que se autodenomina “Regular”, la cual, teniendo un nacimiento irregular, siempre ha representado una propensión al absolutismo ideológico al interior y por fuera de la Orden.

Y si esta maraña de “Regularidades” e “Irregularidades” fuera poca, se tiene adicionalmente que descendiendo la Masonería moderna de aquella Gran Logia de Londres de 1717, y en eso no existe discusión alguna, todas las subsiguientes se encuentran teñidas de la misma “Irregularidad de Origen”.

Pero a decir verdad, la Masonería Regular inglesa y estadounidense –esta última agrupada en la Conferencia de Grandes Maestros de Norteamérica– no se encuentra inmóvil y pareciera que giran influenciadas por el espíritu de los tiempos hacia las Obediencias liberales, y que una tímida apertura se inicia.

Por ejemplo, la Gran Logia de Antiguos Libres y Aceptados Masones de Alemania, la Gran Logia de Austria y la Gran Logia Alpina, de reconocido pensamiento Liberal y Progresista, han sido reconocidas recientemente por Londres, al igual que 18 Grandes Logias Prince Hall (de negros) en Estados Unidos.

En desarrollo de esta nueva apertura, la Gran Logia Unida de Inglaterra ha reconocido como regulares en Estados Unidos, al cierre de esta publicación, paralelamente con la Gran Logia Anglosajona del mismo estado y territorio, a las Grandes Logias Prince Hall de Arizona, California y Hawai, Colorado, Connecticut, Illinois, Indiana, Iowa, Maryland, Massachusetts, Minnesota, New México, New York, Ohio, Oregon, Pennsylvania, Virginia, Washington y Wisconsin.

También comienzan a verse relacionamientos formales entre Grandes Logias norteamericanas de blancos con las de negros, antagónicas desde hace más de 200 años. A la par, es digno de destacar el Encuentro del 24 al 27 de junio de 2004, en La Habana, Cuba, con que se celebró el bicentenario de la fundación de la primera Logia Masónica en esa nación, la cual llevaba por nombre el de Templo de las Virtudes Teologales, con la presencia de Grandes Logias No Regulares y Regulares pertenecientes a la Cmi, cuya Segunda Zona celebró una reunión allí aprovechando su presencia común en los festejos.

Una de las Planchas que se leyeron en el encuentro de La Habana se refirió a la situación a la que se enfrentan los Masones latinoamericanos Regulares inmigrantes a Estados Unidos y Canadá que quieren vincularse a la Masonería Regular de estos países. No son aceptados por las Grandes Logias Regulares, pese a que muchas veces, además de los documentos reglamentarios, llevan hasta una carta de presentación firmada y sellada por su Gran Maestro de origen. Esta es otra muestra de las discriminaciones sociales y étnicas de las Grandes Logias anglosajonas de Norteamérica y es la razón por la que nació en 1931 la Serenísima Gran Logia de Lengua Española para los Estados Unidos de América, con sede capital en la ciudad de Nueva York.

Así es, que mal hacen los Masones regulares de América Latina prometiéndole a sus nuevos iniciados que van a ser tratados como iguales por las 51 Grandes Logias estadounidenses que aparecen en el libro List of Lodge. Solo los permiten de visita y la mayoría de las veces no les preguntan a qué Gran Logia pertenecen. Les da igual.

¿Se pronunciará algún día la Cmi por esta discriminación que se le hace a sus miembros?

Está claro que los Masones estadounidenses, orgullosos de haber contado entre sus columnas a gobernadores, congresistas y presidentes, no quieren relacionarse con los Masones albañiles, plomeros, pintores de brocha gorda y aseadores latinoamericanos, así estos, en sus países de origen hayan practicado una profesión honorable, o se hayan asilado en esa nación por las razones dolorosas que los latinoamericanos conocen bien. Los Masones estadounidenses y canadienses regulares ven a los Masones latinoamericanos potencialmente peligrosos para su status quo y no aptos para su elegante vida social anglosajona. Ante esta situación, las Grandes Logias de habla hispana de Estados Unidos y Canadá se encuentran organizando una confederación que las agrupe para trabajar en temas comunes y defenderse de la agresión fratricida de los regulares. ¿Se puede hablar de este asunto tan importante en una Conferencia Mundial de Grandes Logias Regulares? No. Porque es un tema polémico.