sábado, 28 de noviembre de 2015

¿La Francmasonería sigue teniendo sentido en el siglo XXI?


¿La Francmasonería sigue teniendo sentido en el siglo XXI?


En 40 años, la Francmasonería ha perdido casi el 50% de sus adherentes en los Estados Unidos.
En Francia y por toda Europa el numero de Francmasones aumenta, pero las tensiones de todo tipo son frecuentes. Estas divergencias se oponen a las razones de nuestra adhesion a este movimiento. La influencia de la Francmasoneria sobre la sociedad a retrocedido por todas partes. No es tal vez el momento para reflexionar sobre el rol y el sentido de la Francmasoneria en el siglo XXI, y para empezar de nuevo sobre bases diferentes?
Introducción
La Francmasonería es un movimiento iniciático que algunos confunden con una religión y otros con un movimiento político, una ocasión para reunirse entre amigos y filosofar, o bien una organización de beneficencia. Para muchos francmasones, en cambio, se trata principalmente, y tal vez únicamente, de un sistema de moral, velado y explícitado al mismo tiempo por alegorías, e ilustrado por símbolos. Todos estos son elementos respetables y corresponden en parte al papel de la Francmasonería, pero la Francmasonería no ha sido creada ni única ni exclusivamente para ellos.
Si la Francmasonería se identifica a una asamblea de creyentes, deja de ser única e irreemplazable.
Cuando trata de cumplir el papel de un partido político o de un sindicato, tampoco cumple su tarea específica. Por otra parte, no dispone de las herramientas necesarias para ser realmente eficaz en estos ámbitos.
Sus reglas de funcionamiento tampoco contribuyen a que sea el mejor club de debate.
Si nos limitamos a la beneficencia, las ONG y otras sociedades de caridad la superan.
Puesto que el “alto valor moral” es condición de admisión a la Francmasonería, puede concebirse que el trabajo realizado en la logia contribuya a desarrollarla, pero laConstitución de Anderson fundadora, le asigna otras tareas más.
En cuanto a ciertas logias, convertidas en instrumentos de promoción de intereses personales, traicionan a la Francmasonería
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Si bien es cierto que la Francmasonería ofrece a sus seguidores una dimensión espiritual y moral, no es necesariamente religiosa. Los incita a involucrarse más en la ciudad, pero no por ello sustituye a partidos, sindicatos o asociaciones, ni a la universidad. Por último, no debe ser un agrupamiento de intereses. Estas confusiones reducen el impacto de la Francmasonería y no debe sorprendernos entonces que, en los últimos 40 años, haya perdido casi la mitad de sus efectivos, especialmente en los Estados Unidos.
No obstante, la disminución de su atractivo no puede ser consecuencia exclusiva de estos errores de comprensión, ni tampoco de la presunta baja de interés por la espiritualidad en las sociedades occidentales. Si esta baja fuera real, las “sectas” y otros caminos nuevos que llevan a la trascendencia no florecerían, particularmente en los Estados Unidos.
Debemos recordar que, desde el nacimiento de la Francmasonería moderna, en 1723, quienes sustentan ideas centralizantes y autoritarias expresan su hostilidad, que a veces llega al odio, por su carácter humanista e igualitario y su libertad de espíritu. La primera Bula papal se remonta a 1738… Siguieron a esa Bula más de dos siglos de calumnias e intentos de desestabilización que han oscurecido aun más su imagen. En Europa, los ataque y la persecución de los Francmasones por parte de los nazis y de los comunistas del bloque soviético son recordados por todos. No debe sorprendernos, entonces, que los no iniciados y, a veces, los Francmasones mismos, ya no entiendan bien el sentido profundo y el papel específico de este movimiento.

La Francmasonería moderna invita a sus miembros a hacer un trabajo sobre ellos mismos y a asumir hacia la humanidad deberes que ninguna otra organización toma en cuenta. Les ofrece un método iniciático específico. Sin embargo, para saber si la Francmasonería sigue teniendo sentido en el siglo XXI, debemos remontarnos a sus fundamentos.
Siglos XV – XVIII:un período de transición de la historia occidental
Para percibir el sentido de la Francmasonería en el mundo actual, antes que nada cabe recordar las circunstancias de su nacimiento, hace tres siglos.
La Francmasonería surgió en un momento de cambio de la civilización europea, en el que cuatro logias de Londres consideraron útil, e incluso necesario, unirse y aportar a la iniciación masónica tradicional un contenido actualizado.
En el Renacimiento, durante los siglos XV y XVI, Europa volvió a descubrir la fuerte cultura grecorromana antigua.
El salto tecnológico del transporte marítimo permite unir continentes y descubrir territorios nuevos. Al mismo tiempo, los intercambios en Europa se desarrollan gracias a las postas, que fueron creadas en el siglo XV para el correo administrativo y militar para luego abrirse al correo privado.
La invencion de la prensa de imprimir los ha enriquecido.
Paralelamente, muchas ciencias alcanzan un desarrollo radical y nacen muchas disciplinas nuevas. La investigación se despoja de muchos prejuicios: sus métodos alcanzan mayor fiabilidad y sus resultados son verificables.
Todos estos adelantos profundizan el conocimiento de la mayor parte de las civilizaciones del mundo, pasadas y presentes, y plantean las premisas de una mejor comprensión entre los individuos y las sociedades distantes.
La adquisición de este saber ha dado lugar, entre otras cosas, a la creación de la Enciclopedia.
Esta riqueza de información y experiencias, a la vez personales y colectivas, sin equivalente hasta entonces, permitió dar un salto adelante en el estudio del hombre, de su lugar en el universo y del universo mismo. Planteaba los fundamentos de una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad.
Nacimiento de una civilización planetaria
Divididos hasta entonces en familias, clanes, tribus, pueblos, países y otras formas muy diversas de agrupamiento, limitados en el tiempo y el espacio, los seres humanos comenzaron a percibir como partes interesadas a entidades planetarias económicas, políticas y culturales. Esto no significó la disolución de los subconjuntos precitados, pero les permitió entender que los hombres y las mujeres también son parte de la humanidad,especie de organismo compuesto por todos los humanos. Este nuevo concepto de “la humanidad” que poco a poco se inscribe en la realidad “palpable”, dio lugar en el siglo XVIII a la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”; en el siglo XIX a la “Declaración universal de los derechos del hombre” que pone al hombre bajo la protección de la comunidad en su conjunto, y luego en el siglo XX a la creación de los tribunales supranacionales que juzgaron los “crímenes contra la humanidad”. ¿Cuál será la próxima expresión de esta filosofía?
Métodos de creación de una civilización planetaria

La formación de una entidad planetaria se puede concretar por la dominación por parte de un país o una civilización de los otros países o civilizaciones o por la construcción de una humanidad multicultural basada en el respeto de las diferencias. El primer método existe y se perpetúa desde la noche de los tiempos a nivel de clanes, países y religiones. El segundo método se utiliza con menos frecuencia.
Los autores de la Constitución de Andersonparecen haber estado convencidos de que el agrupamiento del potencial de la humanidad en su diversidad podría ser condición indispensable para el éxito de la “mundialización” que se anunciaba.
¿Cómo lo expresaron? ¿De qué manera su legado puede contribuir al éxito de la constitución pacífica de una civilización planetaria multicultural?
Los fundadores de la Francmasoneria moderna hacían parte de las mentes más visionarias de su tiempo.Varios miembros formaban parte de la Royal Society of London for the Improvement of Natural Knowledge (Sociedad real de Londres para el mejoramiento del saber natural). Siendo hombres de ciencia y filósofos, evolucionaban en paralelo al movimiento de “Las Luces” (“les lumières”)en Francia. Tenían la intuición, y sin duda también los medios, para entender racionalmente el espíritu de su época y llevarlo a la acción. Sería algo así como si en el siglo XX el método iniciático hubiera sido replanteado por Einstein, Bergson, Freud, Marie Curie, Ghandi y algunos otros pares de estos grandes.
Para hacer percibir la maravillosa riqueza del saber acumulado por las generaciones precedentes, al mayor número posible de contemporáneos y sucesores, lo– reunieron en forma de rituales y símbolos, regidos por las reglas específicas de un sistema iniciático. No trataron sus conocimientos, opiniones y prácticas desde un punto de vista histórico. Tampoco los expusieron en forma lógica, sino que los representaron mediante imágenes fáciles de memorizar. A diferencia de las “verdaderas” enciclopedias, los símbolos y rituales masónicos no describen los conocimientos sino que se limitan a evocarlos y a establecer los vínculos que los unen por encima de las civilizaciones. Además, estos rituales y símbolos contienen instrucciones que orientan el uso de todos estos saberes hacia la creación de una “humanidad nueva”.
El origen de los símbolos, ritos y rituales masónicos es sorprendentemente diverso. A primera vista, al mezclar las culturas egipcia, griega y romana, las religiones judía y cristiana, los procedimientos iniciáticos de los alquimistas y templarios, reunir en un mismo conjunto Francmasones “operativos” y “especulativos”, se corre el riesgo de llegar a un caleidoscopio de contradicciones. Nuestros sabios predecesores, sin duda alguna, podrían haber elaborado un sistema coherente sin recurrir a estas mezclas, sin anacronismos ni contrasentidos aparentes. ¿Por qué, entonces, podría parecerles necesario transmitirnos su visión del mundo mediante un método que exige una perspectiva que permita atribuir a los símbolos valores en función del contexto de su uso?
La respuesta a estas preguntas se encuentra en la práctica masónica. Lo que precede parece ser complicado, pero en los templos la iniciación funciona sin que uno tenga necesariamiente consciencia de todo lo que implica.
La Francmasonería moderna es una especie de “enciclopedia universal condensada”. Para “descomprimir” este saber, sus adeptos deben hacer un esfuerzo intenso. El objetivo no es adquirir un conjunto de conocimientos contenidos en los rituales y símbolos; en efecto, cada uno adquiere la información que encuentra eco en sus conocimientos y experiencias. Sin embargo, la inmersión en la atmósfera de las logias fomenta el estudio de las ideas más diversas, con frecuencia alejadas de lo que los Francmasones encuentran en su vida cotidiana. Es así que aprenden con bastante rapidez a descifrar los símbolos, a escuchar las opiniones más contradictorias y a tolerar incluso aquellas que se oponen a sus convicciones. No se trata de aceptarlas de forma pasiva ni de renunciar a su propia personalidad, sino todo lo contrario. Los intercambios que siguen son un buen entrenamiento para fundamentar los pensamientos propios y, al mismo tiempo, exponerlos claramente sin por ello tratar de imponérselos a los demás. Esta ampliación del horizonte desarrolla la imaginación. Por extensión, la iniciación masónica nos hace entender que todo sobre la tierra está vinculado, al punto de ser interdependiente.
Los fundadores de la Francmasonería moderna fueron ecologistas de vanguardia.
Tolerancia, espíritu de libertad, fraternidad

Los miembros de las cuatro logias de Londres eran en su totalidad sujetos fieles a Su Majestad y buenos creyentes protestantes pero, por los motivos ya expuestos, sentían la necesidad de una libertad absoluta de consciencia. El artículo primero de la Constitución de Anderson que redactaron expresa claramente esta exigencia:
El Masón está obligado, por vocación, a practicar la moral y si comprende sus deberes, nunca se convertirá en un estúpido ateo ni en un hombre inmoral.
Aún cuando en los tiempos antiguos los masones estaban obligados a practicar la religión que se observaba en los países donde habitaban, hoy se ha creído más oportuno, no imponerle otra religión que aquella en que todos los hombres están de acuerdo, y dejarles completa libertad respecto a sus opiniones personales:esto es, ser hombres buenos y leales, hombres de honor y de honestidad, cualquiera que sea la confesión o creencia que los distinga.De este modo, la Masonería se convierte en el centro de unión y el medio para establecer la verdadera amistad entre personas que, de otro modo, habrían permanecido distanciadas entre sí para siempre.
“… no imponerle otra religión que aquella en que todos los hombres están de acuerdo” evidentemente no hace referencia a ninguna iglesia ni fe metafísica, ya que no tienen una común a todos.Los fundadores de la Francmasonería moderna pensaban en los valores de “hombres buenos y leales, hombres de honor y de honestidad” en los que confiaban como valores universales.Estos valores parecen existir, fundados a la vez en el instinto de supervivencia y en las exigencias de la vida en común.Estos valores incitan, al menos en condiciones de vida “normales”, a la cooperación y prohíben molestar a los demás.
Para que los vínculos que unen a los seres humanos sean “palpables” y para ”reunir lo que está disperso”, forjaron la noción de “fraternidad universal”. Querían que los Francmasones fueran el punto de partida y el centro de la unión de esta nueva humanidad.
Eran hombres realmente admirables. Considerar, después de tantas guerras interminables, que todos los seres humanos son hermanos, y querer dialogar con ellos sin prejuicios, era una idea conmovedora.
Es cierto que hay muchas religiones basadas en la idea de la fraternidad, pero difieren en varios puntos de la fraternidad de los Francmasones:
La fraternidad religiosa siempre es “vertical” ya que une a los seres humanos en tanto que hijos de un ser superior, su Padre.
Tener todos nuestro origen en un mismo padre es reconfortante.
La fraternidad resultante se basa en la sumisión a este padre e incluso a quienes lo representan.
Es sinónimo del amor que, como ocurre con las familias de sangre, debe reinar entre los miembros de las iglesias.
Para las religiones, la fraternidad se limita casi siempre a sus adeptos y a ellos solamente.
Ciertas iglesias han tratado de imponer sus creencias también a los no creyentes por el fuego y la espada: medios que difícilmente puedan considerarse apropiados para difundir el amor y la fraternidad.
La fraternidad masónica es “horizontal”. Es resultado de una decisión individual de percibir a los demás como hermanos y de ser reconocido, a su vez, como su hermano.
A priori, el hombre desconfía de todos los que son distintos de él. Considerar por opción voluntaria, directamente, sin intermediarios, a los demás, a todos los demás, como hermanos exige un gran esfuerzo. El “método masónico” prepara a los “iniciados” a hacer este esfuerzo y le ofrece las herramientas necesarias.
La fraternidad resultante se basa en la libertad.
Más que amor, expresa un vínculo. Se trata de comprender y sentir hasta qué punto los seres humanos son interdependientes, tanto entre ellos como de todo lo que los rodea. El carácter visceral de este vínculo podía suponerse desde hace tiempo, gracias a la observación de la naturaleza en general y de los fetos humanos en los distintos estadios de su evolución. En el siglo XIX, la teoría de la evolución de las especies de Darwin probó este vínculo, que un siglo más tarde fue confirmado con mayor firmeza por la ecología.
Las observaciones científicas actuales demuestran que la diversidad es la condición indispensable para el desarrollo y mantenimiento de la vida sobre la tierra. Los fundadores de la Francmasonería moderna intuyeron la importancia vital de la diversidad. Su concepto de la “fraternidad universal” enseña la comprensión de todas las visiones del mundo y, teniendo en cuenta lo que precede sobre la evolución, el respeto de todas las formas de vida.
Los Francmasones nunca intentaron imponer por la fuerza la adhesión a su movimiento. Todas “las personas honestas” deberían formar parte de su movimiento, pero eso depende solamente de su libre albedrío.
La fraternidad religiosa y la fraternidad masónica no se excluyen, ya que cada una de ellas cumple otra función.
El hombre debe ser capaz a la vez de ser independiente y de saber someterse. Su independencia de espíritu le ayuda a aprender, a comprender y a desarrollar una perspectiva crítica.
Enn cambio, su interdependencia con los demás, y por ende la necesidad de vivir en sociedad, lo obligan a veces a obedecer. La sociedad le permite sobrevivir y, al mismo tiempo, a confrontar su saber con el saber de los demás, verificar su pertinencia, enriquecerlo y lograr que sea útil. Por último, su doble naturaleza de individuo y de parcela de diversos conjuntos le ayuda a elegir entre opiniones e intereses (suyos y de la colectividad) a veces opuestos, para luego obrar en función de esta elección. Estas cualidades contradictorias y complementarias, aparentemente irreconciliables, pueden coexistir en rotación.
Exigencia moral

La Francmasonería es una visión del mundo, un método iniciático de aprendizaje, y una exigencia moral. Quienes la concibieron tenían plena consciencia de que, para llegar a buen puerto, su proyecto debía fundarse en “valores” que la enmarcaran.
Los valores de la Francmasonería moderna provienen de la moral profana y religiosa, especialmente protestante, de la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII–. Otros aportes también los han enriquecido. Buenos sujetos de Su Majestad y, en su mayoría, creyentes fieles, nuestros ancestros estaban seguros de que sus convicciones estaban bien fundadas, pero fueron capaces de relativizar sus opiniones. Admitían que la Francmasonería podía evolucionar, transformarse y diversificarse siguiendo los países. Sabían que si el “punto firme” de Arquimedes es indispensable para “hacer mover la tierra”, también es posible situarlo en distintos lugares.
Si se lo maneja correctamente, el método masónico excluye todo dogmatismo. Por el contrario, desde sus orígenes la Francmasonería moderna se ha consagrado a la diversificación, ya que cada francmasón, cada logia, cada obediencia y cada país decifra su contenido en función de su cultura personal y colectiva. La Constitución de Anderson abroga por el respeto y la tolerancia. Una de las llaves de este sistema se encuentra en el símbolo del “pavimento de mosaico”.
Conclusión

Iniciada en el Renacimiento, acentuada en el siglo XVII y conformada en el siglo XVIII, la unificación del mundo sigue adelante hasta hoy y mañana. En la actualidad, los Estados dudan entre la conquista y la asociación. Tratan de colaborar pacíficamente, pero se arman al punto de poder destruir toda la humanidad. Hay quienes piensan estar en condiciones de imponer su dominación por intimidación, sin llegar al extremo de una guerra mundial, pero caminan por la cuerda floja y corren el riesgo de precipitar toda la humanidad en el abismo junto con ellos mismos.
Esta forma de armarse a ultranza es indicio de locura. Aunque una superpotencia llegara a acaparar el mundo, los problemas planteados por la construcción de una civilización planetaria son tan complejos que un Estado, o un pequeño grupo de Estados, por potentes que fueran, sería incapaz de superarlos. El ejemplo de muchosgrandes imperios demuestra que, impulsados por una sola visión, se han lanzado a la destrucción. La dificultad no se limita solamente a la cantidad de datos “objetivos” que hay que tomar en cuenta, sino que incluye también el problema específico de la increíble diversidad de los seres humanos, que les permite adaptarse y sobrevivir sean cuales fueren las condiciones imperantes. Tal dificultad es amplificada por el instinto vital de nuestra especie y es también por esta misma razon que cada grupo defiende su particularidad con energia.
La diversidad parece ligada al instinto vital de nuestra especie y, también por esta razón, es que cada grupo defiende su particularidad con energía.
La iniciación masónica abre el espíritu a la diversidad, a la tolerancia, al respeto y al amor por los demás. Nos permite deshacernos de nuestros prejuicios e imaginar una profunda reorganización de los modos de vida de los que somos prisioneros. Por ello, la Francmasoneria moderna es el principio de una nueva civilización.
Si para la supervivencia de la humanidad la diversidad de culturas es tan importante como la bio-diversidad, en tal caso la francmasoneria es siempre de actualidad. Somos nosotros suficientemente conscientes de este hecho ? Somos nosotros dignos de tal herencia ? No ha sido tal vez dilapidada o traicionada ?
Este sitio le invita a reflexionar sobre estas cuestiones y a expresar sus opiniones. El proyecto de Confederación Mundial de Obediencias Masónicas es una contribución a este debate. No se trata de crear una “superobediencia”, sino de seguir adelante con la obra iniciada, en el espíritu de tolerancia de sus fundadores. (Equivalente, para los masones, de la Organización de Naciones Unidas…?)
La Confederación es solamente una de las vías posibles para alcanzar este objetivo.
Reciba mi calurosa acolada masónica.
J.A.M.R.M.