jueves, 21 de febrero de 2013

MASONERÍA, CULTURA, EDUCACIÓN y LAICISMO
Autor: CLAUDIO OSCAR MOV

Este trabajo me representa una asignatura que personalmente me había impuesto, y se refiere puntualmente a la responsabilidad asumida de instruir, ilustrar y educar al pueblo con la palabra y con el ejemplo.. Estoy absolutamente convencido, de que existe una sola acción básica y fundamental para que la humanidad evite transformarse en una especie en vías de extinción, y esa acción se llama "PENSAR", todo lo demás es consecuencia de ella. A partir de allí comencé a analizar el encuadre, soporte y justificativo de la cultura masónica como particular tipo de cultura y su rol presente y futuro en la defensa y fijación de pautas de educación y formación en la sociedad de la cual forma parte. Por ese motivo intenté profundizar sobre ¿qué es la cultura?, ¿qué significa educar? ¿el porqué la masonería genera su particularidad, transmitiéndola por métodos no formales?, ¿ el porqué ha sido tan combatida? y ¿por qué defiende sin concesiones la educación libre y laica?, y tratar de hallar una relación entre ellas, si es que la hubiese. Necesité partir de algunas definiciones y conceptos básicos, a efectos poder hilvanar sobre bases ciertas, las conclusiones a las que pudiese arribar.

Ø CULTURA: conjunto de formas de vida, materiales e intelectuales de una sociedad, además del conjunto de conocimientos no especializados, adquiridos mediante los viajes, lecturas, etc. Conjunto de todos los tipos de actividad transformadora del hombre y la sociedad, así como los resultados de dicha actividad, reconociéndose dos tipos de cultura: la material y la espiritual.
Ø EDUCAR: dirigir, enseñar, perfeccionar las facultades intelectuales.
Ø FORMAR: dar forma, desarrollarse en lo moral, en lo físico y en lo intelectual.

De estas tres definiciones, mi primera impresión fue, que la masonería al ser cultura en sí misma, es formadora de hombres. Por supuesto que la complejidad y características del campo donde se desarrolla, o sea el hombre mismo, necesita de una sistemática de aprendizaje no formal, que permita un crecimiento individual y colectivo, basado en la libertad y en el propio compromiso, desprovisto de preconceptos dogmáticos que solo encasillan bastardeando la libertad del pensamiento.

Si yo soy mi propio maestro y cada hermano lo es de sí mismo, la Masonería jamás hubiese podido utilizar técnicas de educación formal, hecho que fue claramente percibido por los primeros hermanos y que se ha corroborado a través de la historia. El ofrecer los trabajos y en definitiva el esfuerzo personal, A L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·. demuestra con una nitidez meridiana, la imposibilidad de limitar dando pautas de origen y fin, ya que ese G.·.A.·. indudablemente no será el mismo para todos, lográndose de esta forma, conjugar criterios dispares, más aun, de tratar de encasillar, la Masonería hubiese actuado en total oposición a los preceptos filosóficos que le dieron origen y que hoy alimentan su vigencia.

Ahora comprendo, el porqué la masonería resalta la palabra oportunidad, afirmando que es el presente que se va estéril al pasado, sin agregar nada a la vida del indolente, o del que es incapaz de mejorar su ser . La oportunidad, es el ahora, que transcurre infecundo para el que ruega y espera y fecundo para el que piensa y obra, he aquí una otra vuelta de llave, a las puertas de la ignorancia y del conformismo. El tiempo pasa infructuosamente en sociedades retardatarias, pero fructuoso en aquellas progresistas y sin embargo, a la masonería, que a pesar de estar inmersa dentro de una sociedad con claras manifestaciones de internalizados matices como ya referí retardatarios, logró plasmar sus ideas, marcando su rastro en el terreno de los tiempos, a través de construcciones, obras, ideas, y acciones, que aun hoy, mantienen su plena vigencia, y aquí debo destacar y resaltar la lucha por la educación libre y laica, sin condicionamientos ni ataduras impuestas por currículos teñidas de orientación claramente parcial, como se ha querido implementar en nuestro país desde el tiempo de la colonia, nombremos a modo de ejemplo: El antiguo, pero siempre vigente deseo de la Iglesia católica de incluir en las escuelas públicas la educación religiosa, o como lo vemos actualmente en el accionar del Opus Dei mediante sus institutos de formación.

Esa lucha por la libertad de pensamiento, le generó poderosos enemigos, que predicaban y que aún hoy predican, exactamente lo contrario, conceptos gracias a los cuales, no solo vivían y viven, sino que además gobernaban y gobiernan a un mundo de ideas alquiladas, huérfano de ideas propias. Por eso los masones, conocemos del valor de la oportunidad y del tiempo y sabemos que esta vida, es limitada aún hasta para los más jóvenes, como decía Ortega y Gasset, de allí el compromiso, del permanente esfuerzo por crecer y esto también le da un tinte diferente a nuestra cultura.

Sabemos que el tiempo es como esa esfinge griega, que mataba a quienes no sabían interpretar el enigma de la vida y para representar que el tiempo que pasa no vuelve, los mismos griegos tenían una estatua que se ha perdido, pero cuya descripción, se conoce por esta conversación que según la tradición tuvo con un viajero:

· Cómo te llamas?
Me llamo oportunidad.
· Por qué estás sobre la punta de los pies?
Para advertir que solo me detengo un momento.
· Por qué tienen alas tus pies?
Para advertir que paso rápidamente.
· Por qué tienes el pelo tan largo sobre la frente?
Para que los hombres puedan atraparme cuando me encuentren.
· Por qué entonces eres tan calva en la nuca?
Para manifestar que cuando he pasado, ya no pueden agarrarme.

Me viene a la memoria, algo que leí en un viejo libro llamado la Creación del Mundo, cuya impresión data de 1915, y que decía: “Nada te turbe, nada te espante: Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza: quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios dice basta”, así rezaba la primera página impresa en Buenos Aires con la primer imprenta en 1780, quedando claramente de manifiesto, una fiel expresión de ese espíritu medioeval español, que aún, en pleno siglo de las luces de la inteligencia humana, en el Nuevo y en el Viejo Mundo, ha invertido en Tedeums, misas, procesiones y peregrinaciones, para propiciarse de la inteligencia divina, mientras los americanos del norte por ejemplo, gastaban en escuelas y universidades, intentando levantar la inteligencia humana, en virtud de lo cual, aquéllas son hoy las tierras del presente, y éstas son las tierras, ¡del mañana, Dios dirá!.

Cuando la mente humana, reducida a simple vehículo del precepto religioso, en el creyente instituido, en simple instrumento de la voluntad divina, la razón se torna superflua por la presencia de esa razón divina, anulando la inteligencia humana.

San Agustín decía: “hay más sabiduría en las Sagradas Escrituras, que toda la que pudiera provenir del ingenio humano”, queda aquí muy claro la diferencia entre los curadores de las almas y los educadores de la inteligencia. Por eso los dioses, que dictaban en la antigüedad sus mandamientos por la boca de los profetas a los pueblos semi bárbaros, se vieron obligados a conminar la desobediencia a sus mandatos, con todas las calamidades de la naturaleza, y aunque parezca increíble, las remanencias del método de intimidación recíproca, único posible para los hombres ignorantes, se notan todos los días y en todas partes, como jirones dispersos de una barbarie precedente.

Así, la norma de conducta del salvaje, que es sencillamente “por la fuerza”, se cambia a otra “por la voluntad de los dioses”.

Cuando al fin aparecen en las capas superiores de una sociedad, entidades que propiciaban la capacidad de conocer, del libre pensar, de la valorización del hombre por el hombre mismo, y estimar espontáneamente la superioridad moral de la conducta, la formula de los profetas “así hablaron los dioses”, pasó, a ser “por la fuerza de la razón”. Así puedo ver y comprender, el papel histórico que debió cumplir la Masonería , como hija intelectual, de una realidad social muy clara y definida, que aun hoy le sigue reclamando participación.

El espacio se torna tenebroso para el espíritu cuando cesa la luz, y el ambiente se torna temeroso para el ánimo, cuando cesa la seguridad social, del mismo modo que las tinieblas, son una condición ventajosa para algunos animales, por una cierta configuración de los ojos, la inseguridad es también, una condición ventajosa para algunas personas, por una cierta configuración de los sentimientos, y como todos tienden a luchar por la vida en el terreno que más le conviene, cuando los últimos son los más, y los más fuertes, establecen el régimen de la violencia, de la inseguridad, y de la agresión, por ejemplo con la excomunión, tratando, que a la vista de los profanos, los sancionados aparezcan como seres que nacen, y viven en el pecado y al morir, serán consumidos por el fuego eterno, simplemente por el hecho de no aceptar dogmas y elegir el camino de la libre interpretación.

La Masonería, tiene muy claro que se desenvuelve en un medio que es conservatorio de moralidad e inmoralidad, de ciencia y de superstición, de racionalismo y de misticismo, de optimismo y de pesimismo, de grandeza y mediocridad, obviamente en diferentes proporciones relativas, que constituyen el ambiente en que se moldea el espíritu de los hermanos. El suelo no vale para la sustentación del hombre por el patriotismo o fanatismo del ocupante, sino por lo que puede hacerle producir la inteligencia del ocupante, los pueblos que han descuidado esto, se encuentran a la cola de la civilización humana.

La Masonería sabe, que la naturaleza le dio al hombre la razón, que es como esa luz que alumbra sin calentar y creo que allí, está el eje de la cultura masónica, que no deja de ser una posición filosófica ante la vida, trabajando sobre lo que tenemos y sobre lo que nos falta, con la pretensión de que los hermanos tengamos nuestras propias ideas, fuera del encuadre dentro del cual, nos intentan poner, las pautas sociales del tiempo que nos ha tocado vivir. Ningún hombre mira jamás el mundo con ojos prístinos, lo vemos a través de un conjunto definido de costumbres, instituciones, y modos de pensar.

La historia de la vida del individuo es ante todo, una acomodación a las normas y pautas tradicionalmente transmitidas en su comunidad, ya que desde el mismo momento del nacimiento, estas van modelando su experiencia y su conducta, por eso la tarea del masón es difícil y dolorosa, pues debe romper con esos estigmas que lleva grabados muy adentro.

Las consecuencias de la expansión de la cultura masónica, difundiéndose con amplitud casi mundial, le ha dado una universalidad compacta, que hace ya largo tiempo se ha dejado de considerar como histórica, y a la que miramos más bien, como necesaria e inevitable, la cual más allá de las dificultades propias impuestas por la magnitud del contrincante, no debe cejar en su lucha contra la peor de las tiranías "la ignorancia" y honrar a quienes ofrendaron sus vidas enarbolando el concepto de que sólo la verdad hace hombres libres y que la mentira los hace esclavos