lunes, 1 de diciembre de 2014

LA COLUMNA DE LA ARMONÍA
Por Iván Herrera Michel


Han llegado a mis manos dos textos publicados al mismo tiempo en el solsticio de verano del hemisferio norte de 2014, sobre el simbolismo de la música por Editorial Masonica.es que vale la pena comentar. El primero de ellos, de contenido Masónico, lleva por título “Columna de la armonía. Guía para los hermanos de la Tercera Columna” y se ocupa de su papel en el método simbólico, de su uso en los diferentes momentos de la Tenida, de su rol como una de las siete artes liberales de la Tradición Masónica y de su calidad como parte integral del Cuadrivium.

Su autor es Honorio Marcial, miembro de una Logia en Barcelona de la Gran Logia de España, “profesional de la programación, que sirve de puente entre el autor, el intérprete y el público”, que se apoya en la experiencia y reflexiones de Talleres “regulares” y “liberales” para brindar una perspectiva didáctica no prejuiciada.

Al parecer, en España la música en las Logias es de mayor uso cotidiano que en Latinoamérica, aunque debo reconocer que en ese área la más bella Tenida a la que he tenido la suerte de asistir fue la del Equinoccio de Primavera del hemisferio sur, presidida por Antonio Facciollo, Gran Maestro de la Gran Logia Arquitecto de Acuario, en Sao Paulo, Brasil, el veintidós de septiembre de 2012, en el marco de décimo aniversario de CIMAS. Dicho sea de paso, en esa ocasión reflexionábamos en clave Masónica sobre “Desarrollo Sostenible y dignidad humana”.

Por lo que se lee, en la península no se trata de solo hacer sonar el himno nacional en la Instalación de dignidades, de ambientar las pausas con la “Pequeña Cantata Masónica” de Mozart, oír en ocasiones luctuosas la “Marcha Fúnebre Masónica K477”, también de Mozart, o de adornar la Tenida entonando la “Canción de la Alegría”, en la versión compuesta por Amado Regueiro Rodríguez en 1970 (que canta Miguel Ríos) con base en el último movimiento de la novena Sinfonía de Beethoven. Es decir, la que empieza cantando “Escucha, hermano / la canción de la alegría / el canto alegre del que espera / un nuevo día. / Ven, canta, sueña cantando / vive soñando el nuevo sol / en que los hombres / volverán a ser hermanos...”.

Una aproximación a esta experiencia musical española la había conocido por un artículo en dos entregas que publicó el Centro Ibérico de Estudios Masónicos (CIEM) en los números de su revista “Noticias” correspondientes a los meses de mayo y agosto del año 2009. En ellos, se sugiere acompañar musicalmente a once momentos de la Tenida. A saber: la entrada al Taller, el reconocimiento de los HH:., el encendido de las luces, el preguntar por la hora de iniciar o concluir los trabajos, la apertura de los mismos, el receso (cuando lo haya), el Tronco de la Viuda, la Cadena de Unión, el apagado de las luces y la salida del Taller. Y a cada uno, con una armonía diferente pero guardando el conjunto “unidad estilística”.

Más allá de su descripción de la evolución de la música (y de los músicos) en las reuniones Masónicas desde el siglo XVIII, el libro trae (y esto es lo más didáctico) ocho Planchas / Propuestas para acompañamiento de los trabajos, elaboradas por Masones que han ocupado la Columna de la Armonía en igual número de Logias de la Gran Logia Simbólica de España (liberal) y de la Gran Logia de España (regular). Entre ellas, una del mismo Honorio Marcial, más otra del historiador de la música Philippe Autexier (1954 – 1998), autor de “La Columna de Armonía, historia, teoría y práctica” y “La lira masona: Haydn, Mozart, Spohr, Liszt”, que son unos clásicos sobre el tema.

Escuchar cada pieza de las melodías propuestas en las nueve Planchas (cada una diferente a las otras), siguiendo la parte del ritual a la que corresponden, es un ejercicio maravilloso, pero, como enseña Honorio Marcial, cuidándonos de que no adquieran un relieve tal que eclipse al protagonista principal de los trabajos que es la palabra (además del silencio, añado yo).

El segundo libro que ha publicado Editorial Masonica.es el 21 de junio de este año, y al que me quiero referir es “Pársifal. Un estudio del drama iniciático de Richard Wagner” que inicialmente publicó Walter Leslie Wilmshurst en Londres (Reino Unido) en 1914, con motivo del estreno de “Pársifal”, en el Royal Opera House de Covent Garden, y ahora ha traducido al castellano Alberto Ramón Moreno Moreno en mayo de 2013, un Masón de la Logia Oliva – La Safor No. 112, en la valenciana ciudad de Gandía, en el levante español.

En palabras introductorias de Wilmshurst, a la edición de 1922, el escrito fue elaborado “puesto que pueden haber muchos para los que Pársifal signifique algo más que una ópera, para los que pueda significar algo vital y profundo, algo que las revistas ordinarias o la prensa musical no muestra ni interpreta”.

He leído el argumento de “Parsifal” (“un tonto sin malicia a quien la piedad hará sabio”), con las miras puestas en la interpretación Iniciática del drama de Wagner, y puedo afirmar con absoluta honestidad, que sus características son las de una obra maestra mística basada en una alegoría cristiana de la lucha entre el bien y el mal (en la línea de los relatos del Rey Arturo), que recoge los estereotipos que la Europa de los siglos XVIII y XIX tenía sobre el budismo y las tradiciones del medio oriente. Hasta ahí podríamos hablar de un “Festival escénico sacro”, como lo definió su autor.

No asoma en ninguno de los tres actos de “Parsifal” una sola referencia a la Orden. No es una obra escrita por y para Masones, como si lo es “La Flauta Mágica” de Mozart, que para entenderla en su dimensión Masónica real hay que conocer previamente la ceremonia de Iniciación del Rito Zinnendorf, en su versión austriaca del siglo XVIII (y no en la actual), el cual siempre ha sido un rito Masónico exclusivamente cristiano trinitario de siete Grados. Muy lejano para quienes practican el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el Rito Francés, el Rito York, el Rito Emulation o el Rito Menfis Mizraim, para solo citar unos cuantos de los más practicados en la Europa latina, las islas británicas, las Américas y África.

De otra forma “La Flauta Mágica” no pasaría de ser un entretenido cuento de hadas basado en la cultura popular alemana, en donde la comicidad de Papageno se convierte en el centro de atención, desplazando la exaltación a la virtud y a la justicia, la luz que hace desaparecer las fuerzas del mal y las alabanzas a la sabiduría soportada en el conocimiento de la verdad, que es lo que de manera objetiva hace universalmente Masónica a “La Flauta Mágica”.

Pasa otro tanto, con “Parsifal” y sus connotaciones esotéricas y místicas de la leyenda del Grial. En esta dirección, la interpretación publicada ahora por masónica.es invita al lector al despertar de las “hasta ahora insospechadas posibilidades de su ser”.

Son dos libros sobre cultura Iniciática musical que hay que leer uno seguido del otro como si fuera un kit único. Ellos nos hablan de una determinada visión en la que se sumergen los que aspiran a la sutil belleza de los trabajos Masónicos.