viernes, 5 de diciembre de 2014

SINTESIS TEMA MASÓNICO


LAS CONDICIONES DE LA RENOVACIÓN MASÓNICA: TRADICIÓN Y MODERNIDAD.

Documento de Síntesis

3er. ENCUENTRO DE C.·.I.·.MA.·.S.·.
Montevideo, Uruguay, 19 al 22 de Septiembre de 2005
Este Documento es la Síntesis elaborada a partir
de las 9 ponencias presentada durante las sesiones
del 3er Encuentro de CIMAS (2005).
El mismo fue elaborado por una Comisión de Trabajo y
aprobado unánimemente por el Plenario.



Tradición deriva del latín "tradere", que significa "dar a través", "transmitir", se revela como un arte o una ciencia de la transmisión, de la comunicación y del paso entre generaciones del saber ser y el saber hacer.

La Antropología define la tradición como la capacidad de recrear lo que ha sido, es decir de reactualizar con los medios del presente, las adquisiciones del pasado.

No se trata simplemente de conservar, sino tener la capacidad de renovar, de volver a dar vida a lo que fue mediante la integración de la experiencia y las necesidades del momento.

Es un llamado a la memoria y a la imaginación y no consiste solo en una visión artificial. La tradición debe ser concebida como una realidad viviente.

Cuando una tradición se pierde, es decir cuando se convierte en un acto reiterativo que preserva pero no renueva, la memoria se separa de la imaginación y el presente se constituye en una copia repetitiva y estéril del pasado.

Nuestra condición masónica es producto de una transferencia, de una transmisión de informaciones, costumbres y rituales, que comienza en nuestra Iniciación. Estas costumbres se reciben de generación en generación, por medio de sensaciones, vivencias y enseñanzas atemporales.

La Masonería entonces es poseedora de una tradición iniciática, que se traduce en un método constructivo que se ha creado, conservado y reelaborado por medio de la comprensión e internalización de una serie de conocimientos.

La Tradición es la cadena que nos une con nuestros orígenes, nuestro pasado y con nuestro futuro. Así como cada uno de nosotros es un eslabón en su tiempo, en este todo, somos producto de masones antiguos, y generadores de masones nuevos. La sensibilidad que motiva nuestro aprendizaje es la misma, pero cada uno de nosotros, en cada presente, adecuará su aprendizaje y transmitirá la impronta de su tiempo que - sin alejarnos de la esencia de lo que somos - nos adaptará a lo contemporáneo; y exige que sepamos adaptar las herramientas heredadas de nuestros antepasados en esta construcción de hoy.

Se trata de una evolución o progresión que se lleva a cabo a través de la confrontación "consigo mismo" asumiendo y transformando los propios defectos, generando un cambio tanto en nuestras costumbres como en nuestro pensamiento; y en interacción con el medio en el cual nos desenvolvemos.

Los masones hoy, al igual que los masones de todos los tiempos, nos dedicamos a cumplir el rol social que determina nuestro compromiso y afirmación constante del mundo y de la vida. El principio de la libertad absoluta de conciencia, que nos permite el pensamiento libre y la defensa irrestricta de los derechos humanos, nos hacen masones de este tiempo.

Muchos valores han inspirado a la Institución Masónica. Desde el antiguo Egipto, el concepto de Maat, representado por el tríptico de Verdad, Justicia y Orden; de los esenios el tríptico de Razón, Virtud y Conocimiento y de la corriente de la Ilustración, siglos XVII y XVIII, nos viene el tríptico actual de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Entonces, tenemos una tradición que se ha renovado históricamente, que no ha quedado fija de una vez y para siempre sino que se ha ido depurando de sus anacronismos y han representado inspiraciones para resolver los problemas de cada época.

Por ello sostenemos que tradición y modernidad no son conceptos antagónicos, sino que ellos son complementarios en la medida que uno es cimiento abierto a los aportes del otro, no como suplantación, sino como complementariedad, enriqueciendo las visiones, adaptándonos a lo actual, pero inspirándonos en las sabidurías del pasado, lo que nos permite cultivar una visión generosa, intemporal, de grandeza, más allá de los quiebres coyunturales. Vocación abierta que nos empuja a la búsqueda siempre activa de una sociedad planetaria, más fraternal y sin fronteras.

Entonces, de la comprensión misma de lo que es la Tradición, como la cadena que nos une con nuestros antepasados, como el arte de la transmisión, se deduce claramente que la misma no debe ser confundida con inmovilismo o conformismo.

Es la Modernidad - entendida ésta en el sentido de progreso y evolución - la que nos permite ahondar en la Tradición, no con el objeto de acumular conocimientos, sino que una vez obtenidos los mismos depurarlos y enriquecerlos a través de una actitud crítica que impulse a la acción.

Si a veces la Masonería moderna se ha extraviado por caminos erróneos y así perdió una parte de su contenido iniciático - y esto no es motivo para redifinirla como vacía - será necesario encontrar el contenido y hacerla otra vez completa.

La Tradición Masónica es rica en tesoros insustituibles y sería un crimen dejar que se perdiera como ya sucedió en el pasado. Es necesario hacer un esfuerzo para protegerla del olvido.

Vivimos en un mundo repleto de materialismo y resulta cada vez más difícil persuadir a las más recientes generaciones a buscar el camino iniciático. Los jóvenes buscan más las sensaciones, las experiencias intensas, la velocidad, la "adrenalina" y tienden a rechazar las vivencias tranquilas de la meditación, de la disciplina y del estudio en busca contemplativa.

Es necesario tratar en las Logias, en armonía e igualdad de importancia, los dos aspectos de la institución: el aspecto espiritual, iniciático, moral, filosófico y trascendente, así como la dimensión existencial, social, económica y política de nuestra realidad. Rechazar la discusión de esos temas aleja a los jóvenes de nuestras filas.

Por tanto, es necesario buscar el equilibrio, y tener presente que los Masones transformamos la realidad, a través de la Cultura, del cultivo de la Razón y de los valores del espíritu, por medio de la convivencia y el diálogo, a partir de un compromiso personal y solidario con la colectividad y con la Humanidad toda.

La Masonería no necesita cambiar, apenas actualizarse. Los masones modernos deben volver a hacer lo que siempre hicieron los masones del pasado: meditar y debatir en los Templos y después proclamar sus verdades por el mundo y deben con urgencia abandonar los preconceptos medievales que todavía hoy en pleno siglo XXI los hacen rechazar la Iniciación a la mujer y al deficiente físico, justificando esto con los más ridículos argumentos.

Nuestra tradición nos indica que otro mundo es posible, y que la Humanidad puede dar nuevos saltos en su evolución. La tradición nos dice que Luz y Oscuridad siempre andan juntas, y que muchas veces una toma la delantera de la otra. Es a los Hijos de la Luz a quien nos corresponde encontrar las claves, en cada tiempo y en cada lugar, de cómo hacer que la Luz llegue lejos y potente, e irradie sobre sectores cada vez más vastos de nuestra humanidad, de manera de crear una Conciencia Universal de cambio.

Encontrar esas claves del presente, basados en nuestros ideales tradicionales, será lo que nos permitirá la renovación, que es solo la proyección hacia el porvenir.

La primera clave está en potenciar el humanismo, es decir, poner al Ser Humano en el centro de nuestras preocupaciones.

Debemos potenciar nuestro universalismo, y crear lazos entre las culturas y las civilizaciones, entre los pueblos y regiones, entre los países. La integración de nuestro continente debe ser una gran meta.

Debemos defender y propagar a ultranza la Libertad Absoluta de Conciencia y la defensa de los Principios e Instituciones laicas, como manera de cerrar el paso a los dogmas integristas, así como la defensa de los Derechos Humanos y la Igualdad de Género en la Sociedad, como manera de avanzar más en la Igualdad Social.

La Institución Masónica debe poner el acento aun en la lucha por la democracia, la libertad, la justicia y el progreso material y espiritual de los seres humanos de toda condición. En particular, hoy se debe pensar en la gobernanza del mundo, y en cómo darle un sentido justiciero a un planeta que parece que se nos escapa de las manos.

Hoy está despuntando en el debate, y debemos ser vanguardia de ello, el cómo gobernar un planeta desbocado y caótico, donde lo único que impera son las fuerzas ciegas del mercado y las finanzas internacionales. La construcción de la República Universal - a la imagen del proyecto de nuestros ancestros de los siglos XVIII y XIX de construir las repúblicas nacionales - podría ser nuestra utopía - o ideal realizable - para el siglo XXI.

Esto exige de nosotros ciertas tareas de revisión, algunas de las cuales enunciaremos solamente, dejándolo planteado para su posterior reflexión.

Un aspecto a modificar es el que tiene que ver con la famosa Regularidad, y debemos estudiar cuales son las nuevas características de nuestra identidad. Esto implica no aceptar condiciones para una supuesta "regularidad" impuesta por ninguna Orden Masónica. Por lo contrario, se debe fomentar la amistad y el intercambio con HH.: y Potencias Francmasónicas sean estas mixtas, masculinas o femeninas, ampliando los horizontes de la tolerancia en lo relacionado a la práctica de los ritos, el concepto de territorialidad o al de "regularidad".

Es por ello que, para cualquier masón que entienda y viva el Arte Real, lo único que caracteriza y confiere la calidad de masón a un profano es su Iniciación en la Masonería con arreglo a las tradiciones, leyes, usos, costumbres y ritos de la Masonería, y su posterior acatamiento y cumplimiento del conjunto de esas normas.

En su consecuencia, lo que convierte a una asociación, federación o confederación de logias en una Obediencia Masónica Regular, sea Gran Logia o Gran Oriente, es el respeto y fidelidad a esas mismas tradiciones, leyes usos y costumbres, tanto en el proceso de su constitución como en su posterior hacer cotidiano, sin que influya para nada en su condición el reconocimiento o la falta de reconocimiento que reciba de otras Obediencias.

Se debe trabajar más para lograr la igualdad de género dentro de la Masonería. Las mujeres deben tener las mismas posibilidades y espacio de reflexión que los hombres. Una Institución que ha sido vanguardia en los cambios, no puede sostener racionalmente a esta altura de los acontecimientos, que la mujer no debe ser Iniciada. Asimismo, no es beneficioso para el progreso de nuestros ideales y de la Humanidad, que algunos Hermanos se abroguen el derecho exclusivo de considerarse "masones regulares", obedeciendo a concepciones que tienen que ver más con rivalidades nacionales decimonónicas, que con la construcción de una utopía. Esta contaminación del mundo profano al interior de nuestros Templos conspira contra esa idea: la Masonería no sólo pierde su carácter universalista, sino que también desaprovecha la oportunidad de crecer y enriquecerse a través de las distintas opciones.

El rejuvenecimiento de nuestras filas es una necesidad: hay que estudiar cómo abrir las puertas a los jóvenes.

Debemos crecer en cantidad, sin descuidar la calidad. Pero sin crecimiento cuantitativo, será muy difícil lograr el aumento de la calidad.

Debemos replantearnos la pedagogía masónica, pues pareciera insuficiente a las necesidades de hoy los solos aspectos ritualísticos. Cursos, seminarios, coloquios, talleres temáticos y de debates, parecieran hoy ser de necesidad de las nuevas generaciones de masones.

La ética y moral masónica debe ser una preocupación constante, y deben erradicarse el espíritu lamentablemente tan presente, de hacer de nuestras logias un club social de buenos amigos. El cultivo de la amistad es un aspecto de nuestra institución bien valorado, pero a la logia se viene a trabajar masónicamente.

Debemos tener una mayor apertura sobre la sociedad, con el cuidado de no exponer nuestros Templos a las indiscreciones profanas.

Reflexionar bien seriamente para que en nuestras logias entren los debates de temas que representen problemas reales de la comunidad, y al costado de la prospección simbólica - la cual también debe mejorar - debemos debatir en profundidad aquellos temas de sociedad que nos acucian.

Debemos hacer un esfuerzo para re-vincular la masonería con la intelectualidad. Hoy a los intelectuales no les interesa nuestra Institución; entre otras cosas porque ésta parece también estar perdiendo el gusto por el pensamiento.

Trabajar para vencer en nuestras filas las tendencias al conformismo, al pensamiento único, a la uniformisación ideológica, desarrollando el pensamiento crítico y el debate de ideas. Hay que reinstalar el gusto por el futuro y por el estudio tenaz y metódico.

Habría también que estudiar y reflexionar acerca de los porqué de la crisis actual de la masonería. Pero, lo que es cierto es que - universalmente hablando - su número disminuye, pierde influencia y está cada vez más fragmentada y mediocretizada; en muchos lados se resiente la fraternidad, siendo regular los anatemas, los reproches y las acusaciones.

Visto todos estos elementos, una conclusión se impone a primera vista: de cómo resolvamos hoy estos imperativos, resultará si tendremos o no masonería en el futuro. Y cuando decimos esto, no nos referimos a la Institución como organización o estructura, sino a la Idea Masónica.

Por ello, consideramos urgente cambiar el enfoque del quehacer masónico. Debemos imbuirnos de un espíritu re-fundacional, en la conciencia de que se está cerrando la etapa comenzada un 24 de junio de 1717 en Londres.

Nuestra Orden, alicaída en el número de miembros a nivel mundial, debe proyectarse de otra manera de cara al mundo en el cual vivimos, que posee muchas dosis de incertidumbre y de cambios constantes a nivel global.

De hecho, muchos paradigmas y conceptos que otrora parecían inamovibles, están -en una visión por lo menos moderada - en discusión. El desarrollo tecnológico y científico, la globalización de la economía y de la cultura, son temas que inundan las reflexiones cotidianas y que no le son ajenas a nadie.

A partir de esta compleja, desconcertante y también apasionante realidad, los Francmasones debemos especular a fondo el rol que debemos cumplir en búsqueda del perfeccionamiento constante de la Humanidad.

Es evidente también que en las últimas décadas, la Masonería ha perdido aquella capacidad transformadora y de incidencia en el mundo profano: no ha encontrado un nuevo mito o utopía de corto y mediano plazo como tuvo antaño: derribar el autoritarismo y el dogmatismo, luchar por la independencia, abolir la esclavitud, o construir el laicismo.

Este desarraigo con la sociedad, puede llegar inclusive, hasta deteriorar sensiblemente nuestra propia naturaleza, en tanto que se vulneran las capacidades de construcción. Y es ante estas complejidades que la Francmasonería debe reflexionar y actuar. La construcción del Templo debe abrirse hacia nuevas realidades, o de lo contrario, la velocidad de los tiempos la dejará atrás, y como otros emprendimientos humanos, un día tendrá su final.

Muchas de las condiciones de la re-fundación masónica, de su renovación en profundidad están en los principios de CIMAS aprobados en su Asamblea Fundacional, y deberíamos hacer un esfuerzo mucho más importante para reunir alrededor de esos principios a todos quienes desean que nuestra Institución universal vuelva a jugar un rol de orientador y guía.

La humanidad de hoy, necesita de masones que junto a su crecimiento interior, sean también impulsores de ideas que aporten a la elaboración del pensamiento y creen las condiciones para la acción.

Habrá que rescatar la esencia iniciática, cultural y filosófica y encuadrarla en un mundo en permanente cambio. Tendremos que trasmutar - como lo han hecho todos nuestros Hermanos en el pasado - aquélla ley física, en proverbio y en ley moral: "nada se destruye, todo se transforma".