miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL COMPÁS EN LA MASONERÍA


Por Iván Herrera Michel


De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, el compás es un “Instrumento formado por dos piernas agudas, unidas en su extremidad superior por un eje o clavillo para que puedan abrirse o cerrarse. Sirve para trazar circunferencias o arcos y tomar distancias.” Y como suele suceder con las herramientas y los instrumentos utilizados por los constructores, existen varias clases de ellos según su uso y manejo.

De esa variedad, la Masonería especulativa tomó la imagen del compás que utilizaban los canteros del siglo XVII en el labrado de piedras para duplicarlas reproduciendo en ellas las medidas exactas de otra cincelada previamente.

El compás es uno de los dos utensilios que más identifica a la Masonería especulativa desde sus albores en el siglo XVII - encima, entrecruzado o debajo de una escuadra - figurando el avance en la tarea de imponer nuestra mejor parte y nuestro talante superior sobre nuestra condición inferior y básica.

En la Orden Masónica, simboliza la esencia de lo trascendente que debe animar al Masón en

su aproximación a las decisiones y acciones que la sociedad le demanda. Es la memoria moral de la Orden ofreciendo instrucciones conductuales.

Expresa fundamentalmente valores y virtudes tales como los buenos sentimientos, el altruismo, la generosidad, el desinterés, la filantropía, la magnanimidad, la nobleza, la felicidad, la caridad, el idealismo, la elevación de miras, la superación personal, la hidalguía, la caballerosidad, las emociones sanas, el afecto sincero, la filosofía, la dignidad humana, la honorabilidad, la conciencia esclarecida, la sabiduría, el honor, la amistad, el buen comportamiento ciudadano, la inteligencia activa, el amor al prójimo, el saber, una vida comprometida, la libertad como objetivo, la igualdad como meta, la fraternidad como distintivo, etc.

El compás es también el instrumento que más simboliza el trabajo intelectual y el entendimiento del Masón, y el que, de acuerdo con los diferentes grados de apertura de sus brazos, permite trazar círculos para delimitar nuestros derechos y nuestros deberes en nuestras relaciones con los demás. Nos impone linderos para mantener a raya nuestras pasiones, prejuicios y defectos, y nos indica la posibilidad del conocimiento dentro de límites precisos que no podemos traspasar.

El compás, con sus trazos, incita al Masón a situarse en el lado bueno de su vida al perfilar la delicada frontera que existe entre la luz y la oscuridad, entre el bien y el mal, entre lo apropiado y lo inapropiado, entre lo justo y lo injusto, entre lo benevolente y lo agresivo, entre la responsabilidad y la ociosidad, entre lo empático y lo desconsiderado, entre lo útil y lo inútil. Es por excelencia, y en consecuencia, el instrumento para delinear una compostura elegida a partir de un andamio ético.

Pasar de la escuadra al compás, es prosperar en el método Masónico. Es apoyarse en la base doctrinal más sólida que puede existir – que es el corazón mismo del Masón - para la indispensable armonía de la obra.

Implica una razón para querer seguir siendo Masón, con todo lo que ello conlleva de construcción interior auténtica, autosatisfecha y decidida.

En resumen: estimula a navegar hacia el horizonte.