lunes, 15 de septiembre de 2014

LOS ORÍGENES DEL RITUAL MASÓNICO: LA PALABRA DE MASÓN.



Los textos masónicos tradicionales han hecho siempre remontar, de manera mítica, el origen de la Masonería a la construcción del Templo del Rey Salomón. En un universo medieval, donde la transmisión de saber quedaba casi circunscrita a la tradición oral, la afirmación de que la actividad de los masones provenía de tan noble linaje otorgaba al gremio de un lustre y una honorabilidad indiscutible. Suele suponerse que el gremio procedía en realidad de las antiguas asociaciones de canteros, los collegia fabrorum. Pero los testimonios que se conservan de la Alta Edad Media más bien parecen indicar que los collegia fabrorum escaseaban en suelo británico tras el hundimiento del Imperio Romano de Occidente, pues en 675 hubieron de importarse canteros galos para levantar dos iglesias según el patrón romano en Norteumbría, territorio que se extendía desde York a Edimburgo.

Manuscrito Regius

La historia de la documentación masónica escrita comienza en Londres, donde las disensiones entre cortadores de piedra y masones operativos provoca la creación, en 1356, del Reglamento de Londres para la Actividad de los Masones. Sin embargo, el primer documento que muestra algo que se parezca lejanamente a un orden del día durante una reunión de masones operativos es el Manuscrito Regius, datado en 1390. Este manuscrito está redactado en verso, y comienza con una plegaria de índole cristiana y trinitaria, para a continuación narrar la historia de la Masonería remontándose a sus orígenes bíblicos.

Posteriormente aparecerían los Cargos o Deberes para Aprendices y Compañeros, que eran esencialmente prescripciones de carácter moral. Se trata de una colección de documentos que, estudiados en conjunto, nos permiten discernir algunos elementos rituales. A juzgar por ellos, tanto la plegaria como la lectura de la historia mítica de la Masonería se mantuvieron durante bastante tiempo. Además, el Candidato juraba fidelidad al Rey, al Gremio, y al Maestro, que durante la etapa operativa se diferenciaba del Compañero en que era quien contrataba las obras y reclutaba a los demás Compañeros (hoy diríamos el jefe de la cuadrilla).

Motivos del Siglo XX para técnicas medievales: en la restauración de la Catedral de Salamanca durante 1992 los canteros desearon firmar su trabajo introduciendo un elemento actual: un astronauta.

Prosiguiendo en el tiempo, encontramos documentación referida a las condiciones laborales de los Aprendices, así como a aspectos administrativos de las Logias. En 1598 aparecen actas de sendas Logias escocesas que ya muestran que existen de manera ritual dos Grados diferenciados. También aparece el Manuscrito Harleian, que aunque datado hacia 1650, se considera copia de otro anterior de finales del Siglo XVI, el cual introduce un juramento distinto, estableciendo como Pena en caso de revelar los Secretos el tener que dar cuentas ante el Todopoderoso en el Día del Juicio Final.

Pero conforme nos vamos adentrando en el Siglo XVII vamos percibiendo que en el centro de toda la documentación de que se dispone aparece un elemento de gran importancia ritual al que todos se refieren como la Palabra de Masón (the Mason Word).

LA PALABRA DE MASÓN (THE MASON WORD)

El Ritual de la Palabra de Masón tenía sus orígenes en las costumbres medievales del gremio, y esencialmente giraba en torno a la transmisión de la Palabra que transformaba al Aprendiz en Compañero, convirtiéndolo en miembro de pleno derecho de la Logia. Sin embargo, los testimonios nos permiten apreciar que ya a comienzos del Siglo XVII existía la creencia de que ese ritual conllevaba un tipo de conocimiento que excedía del meramente operativo.

En 1621 el poeta escocés Henry Adamson escribió:

De este modo el Sr. Gall aseguró que así era
y mi buen genio sin duda sabe
que lo que presagiamos no es cosa banal
pues nosotros, los Hermanos de la Rosacruz,
poseemos la Palabra de Masón, y la segunda visión,
y bien podemos predecir lo que acontecerá.


John Stewart
1er Conde de Traquair
(1600 - 1659)
Sin duda a Adamson le gustaba exagerar este tipo de actitudes misteriosas, aunque ese poema nos deja entrever que existía ya cierto conocimiento popular de la Palabra de Masón. Pero desde luego no era el único que adjudicaba a la Palabra de Masón un tinte más allá del estrictamente operativo. En 1637, el Conde de Traquair estableció contactos con la oposición escocesa con el fin de calmar la agitada situación con que se encontraba Carlos I, lo que fue aprovechado por sus detractores para acusarlo de desleal, afirmando que «había traído la Palabra de Masón entre la nobleza». La turbulenta situación que atravesaba Escocia en 1649 –año de la ejecución de Carlos I- era, en opinión del gobernante partido presbiteriano, culpa de los pecados de la propia sociedad escocesa, lo que provocó que la Asamblea General de la Iglesia de Escocia de ese año se plantease, entre otras posibles culpas de la nación escocesa en su conjunto, si la existencia de la Palabra de Masón era parte causante de las desgracias infligidas a Escocia por el Todopoderoso. E igualmente, en 1652, hubo de someterse a discusión teológica por parte del consejo de presbíteros de Minto si se permitía que el candidato James Ainsly fuese elegido como pastor, dado que se hallaba en posesión de la Palabra de Masón.

LA PALABRA DE MASÓN ERA MÁS QUE UN USO OPERATIVO

Tumba del Rvdo. Robert Kirk (1600 - 1692)
En 1691 nos encontramos con el primer texto que define el contenido de la Palabra de Masón más allá de los elementos puramente operativos. El texto fue redactado por un curioso personaje escocés: el Reverendo Robert Kirk. Kirk nació en 1644 y estudió en la Universidad de Edimburgo. Su lengua materna era el gaélico escocés, de modo que en 1684 publicó la primera traducción del Libro de los Salmos al gaélico bajo el título de Psalma Dhaibhidh an Meadrachd, y en 1689 fue llamado a Londres para supervisar la impresión de la traducción gaélica íntegra de la Biblia realizada por William Bedell.

Sin embargo, aparte de su labor pastoral, Robert Kirk era uno de los principales expertos en el mundo feérico escocés, y un año antes de su muerte escribió un libro titulado La Comunidad Secreta, o un ensayo sobre la naturaleza y acciones de los pueblos subterráneos y (en su mayor parte) invisibles, denominados bajo el nombre de faunos, hadas y semejantes por los escoceses de las tierras bajas, tales y como son descritos por aquellos que tienen segunda visión. Libro que, visto desde 2014, puede parecer una excentricidad, pero que aún así sigue siendo muy respetado entre los folkloristas (ha sido editado en español recientemente por Editorial Siruela).

En este texto de 1691, Kirk afirmaba que

La Palabra de Masón se asemeja a una tradición rabínica bajo la forma de comentario en torno a Jakin y Boaz, los dos pilares erigidos en el Templo de Salomón, con el añadido de un signo secreto transmitido cara a cara, gracias al cual se reconocen mutuamente.

Y en la colección de Manuscritos Portland se encuentra una carta de 1697 que reza que

Los Señores de Roslin (...) están obligados a recibir la Palabra de Masón, que es un signo secreto que tienen los masones de todo el mundo para reconocerse entre sí. Afirman que este signo data de los tiempos de Babel, cuando no podían entenderse unos a otros y conversaban por signos; aunque otros sostienen que no es más antigua que Salomón. Sea como fuere, aquel que la posea puede darse a conocer a otro hermano masón sin llamarlo en voz alta y sin que otros perciban el signo.

EL MANUSCRITO DE LA CASA DE REGISTRO DE EDIMBURGO

El Manuscrito de la Casa de Registro de Edimburgo es un documento descubierto en 1930 en el que figura escrito "Algunas cuestiones referentes a la Palabra de Masón, 1696". Consta de dos partes: la primera titulada Algunas preguntas que los masones acostumbran a hacer a aquellos que tienen la Palabra, antes de reconocerlos, y la segunda titulada La forma de dar la Palabra de Masón. Por su interés, vamos a incluir el texto íntegro de este documento. Este texto coincide casi en su totalidad con el ritual que aparece también en el Manuscrito Chetwood Crawley (circa 1700) y es muy parecido a la versión que aparecen en el el Manuscrito del Trinity College de Dublin (1711), pero resulta notablemente distinto al catecismo que aparece en el Manuscrito Graham (1726) o en el Manuscrito Sloane (circa 1700), documentos estos dos últimos que merecen todo un capítulo aparte.

MANUSCRITO DE LA CASA DE REGISTRO DE EDIMBURGO, 1696

- ¿Sois Masón? Responded: Sí.

- ¿Cómo podría estar seguro? Lo sabréis en el tiempo y lugar oportunos. Observad que esta respuesta no debe darse más que cuando estéis en sociedad y no haya Masones presentes. Pero si no hay mucha gente allí donde estéis, podéis responder con los signos, toques y otros puntos de la recepción.

- ¿Cuál es el primer punto? Respuesta: dadme el primer punto y yo os daré el segundo. El primero es oír y callar. El segundo, bajo pena de cortaros la garganta. Por ello debéis hacer este signo cuando decís esto.

- ¿Dónde habéis sido recibido? Respuesta: En una honorable Logia.

- ¿Qué es lo que hace a una Logia justa y perfecta? Respuesta: 7 Maestros, 5 Aprendices, a un día de marcha de una población, de manera que no pueda oírse ni el ladrido de un perro ni el canto del gallo.

- ¿Nada más hace a una Logia justa y perfecta? Respuesta: Sí, 5 Masones y 3 Aprendices recibidos, etc.

- ¿No hay nada más? Respuesta: Cuantos más hay, mayor es la alegría, y cuantos menos, mejor es la carne.

- ¿Cuál es el nombre de vuestra Logia? Respuesta: Kilwinning.

- ¿Cómo está orientada vuestra Logia? Respuesta: de este a oeste, como el Templo de Jerusalén.

- ¿Dónde estuvo la primera Logia? Respuesta: En el atrio del Templo de Salomón.

- ¿Hay Luces en vuestra Logia? Respuesta: Sí, tres, al noreste, al sudoeste y en el paso del este. La primera indica al Maestro Masón, la segunda al Vigilante, la tercera al Compañero Instalador.

- ¿Hay Loyas en vuestra Logia? Respuesta: Sí, tres, una Piedra Bruta, una Piedra Cúbica y un gran Óvalo.

- ¿Dónde podría hallarse la llave de vuestra Logia? Respuesta: A tres pies y medio de la puerta de la Logia, bajo una Piedra Bruta y un montículo verde. También bajo el pliegue de mi hígado, allí donde yacen todos los secretos de mi corazón.

- ¿Cuál es la llave de vuestra Logia? Respuesta: Una lengua bien puesta.

- ¿Dónde está esa llave? Respuesta: En la caja de hueso.

Una vez que los Masones os hayan examinado por medio de todas o de una parte de estas preguntas, y que hayáis respondido con exactitud y hecho los Signos, os reconocerán como Aprendiz. Pero no como Maestro ni como Compañero del oficio. De modo que os dirán: Veo que habéis entrado en la cocina, pero ignoro si habéis entrado también en la sala. Respuesta: He entrado tanto en la sala como en la cocina.

- ¿Sois Compañero del oficio? Respuesta: Sí.

- ¿Cuántos puntos hay en el Compañerazgo? Respuesta: 5, a saber: pie contra pie, rodilla contra rodilla, corazón contra corazón, mano contra mano y oreja contra oreja. Haced entonces el signo del Compañerazgo dando un apretón de manos, y seréis reconocido como un verdadero Masón. Las palabras están en I Reyes, 7, 21, y en II Crónicas, 3, en el último versículo.

FORMA EN LA QUE SE DA LA PALABRA DE MASÓN

En primer lugar debéis coger a la persona que debe recibir la palabra y ponerla de rodillas; y después de un gran número de gestos destinados a asustarle, hacedle tomar la Biblia y poned su mano derecha encima. Debéis incitarle a guardar el secreto amenazándole con degollarle en el caso de que rompiera su juramento, (diciéndole que) el sol en el firmamento dará testimonio contra él, así como toda la compañía presente, lo cual provocará su condenación, debido a la cual no dejarán de asesinarle.

Entonces, después de que haya prometido guardar el secreto, le hacen prestar el juramento como sigue.

Por Dios mismo, y a la espera de que deberéis rendir cuentas a Dios cuando os encontréis desnudo ante Él en el gran día (del Juicio), no revelareis ningún punto de lo que vais a ver u oír hoy, ni de palabra ni por escrito; no lo pondréis por escrito en ningún momento, ni lo trazareis con la punta de una espada o de otro instrumento sobre la nieve o sobre la arena, y no hablareis excepto con alguien que haya sido recibido masón... ¡Que Dios os venga en ayuda!

Después de que haya prestado este juramento, es alejado de la compañía con el último Masón recibido, y una vez se le ha asustado suficientemente haciendo mil gestos y melindres, debe aprender del segundo Masón la manera de hacer en lo que concierne a los Signos y las posturas y las palabras de su recepción, que son como sigue:

Primero, cuando entre de nuevo en el seno de la asamblea, debe hacer un saludo ridículo, después el Signo, y ha de decir enseguida: Que Dios bendiga a esta respetable asamblea. Luego, quitándose el sombrero de una manera verdaderamente excéntrica, que no debe ejecutarse más que en esta ocasión (como por lo demás el resto de los Signos), dice las palabras de su recepción de la siguiente manera:

- Yo vengo aquí, yo, el más joven, el último Aprendiz que ha sido recibido, pues lo he jurado por Dios y por San Juan, por la Escuadra y por el Compás, y por el Juez Universal, a asistir a mis Maestros en el servicio a la honorable Logia desde el lunes por la mañana hasta el sábado por la noche, para guardar las llaves, so pena de que se me corte la lengua por debajo del mentón, y de ser sepultado en la playa en el límite de las mareas, allí donde nadie lo sepa.

Entonces hace de nuevo el Signo trazando con su mano una línea bajo el mentón atravesando la garganta, para significar que ésta le será cortada en el caso de que rompiera su promesa. Después todos los Masones presentes circulan la palabra entre ellos, comenzando de manera que finalmente le llegue al Maestro Masón, quien le da la palabra al Aprendiz que se recibe.

Hay de señalar ahora que todos los Signos y Palabras, como aquellos de los que en otro lugar se habla, pertenecen solamente al Aprendiz recibido (masón). Pero para ser un Maestro Masón o Compañero del oficio, hay algo más que hacer, que se realiza como sigue:

En primer lugar, todos los Aprendices deben ser alejados de la Compañía, y nadie será invitado a quedarse excepto los Maestros.

Entonces, aquel que va a ser recibido como miembro de la Compañía debe ponerse de nuevo de rodillas, y pronunciar otra vez el juramento que se le ha dado, tras de lo cual debe salir de la asamblea con el Maestro más joven a fin de aprender las posturas y los signos del Compañeriazgo; entra después nuevamente, hace el signo de Maestro y dice las mismas palabras que a su entrada, omitiendo solamente lo del juez universal. Luego los Maestros circulan la palabra entre ellos comenzando por el más joven, como antes. Tras esto, el Masón más joven debe avanzar y ponerse él mismo en la postura en la que debe el otro recibir la palabra, y dice en voz baja al Masón más viejo: Los excelentes Maestros y la respetable asamblea os saludan, os saludan, os saludan. Después el Maestro le da la palabra y coge su mano a la manera de los masones.

Esto es todo lo que debe hacerse para hacer de él un perfecto masón.

Masones operativos escoceses fotografiados ante la fachada occidental de la Catedral de Santa María, en Edimburgo, con motivo de su finalización en 1879.

Actualmente queda en una Logia de Escocia un elemento vestigial que probablemente debió haber sido un uso extendido en su tiempo: la Logia Scoon and Peth nº 3 mantiene la ceremonia denominada El Bautismo, en la que el Venerable Maestro derrama agua y whisky sobre la cabeza del nuevo Aprendiz Entrado. Pero más interesante es la costumbre documentada de la Logia de Aberdeen en 1670, donde, tras recibir la Palabra de Masón, se leían ante el Aprendiz Entrado la versión de las Antiguas Obligaciones que aparecen en lo que hoy conocemos como Manuscrito Aberdeen, y tras las Obligaciones se leían también los Reglamentos y Estatutos de la Logia, lo que en conjunto podía llevar casi una hora.

APRENDIZ NO ES LO MISMO QUE APRENDIZ ENTRADO

El lenguaje masónico que empleamos actualmente nos induce al error de considerar que los conceptos de Aprendiz y Aprendiz Entrado son lo mismo; y quizá lo sea en el contexto especulativo actual, pero no lo era en el contexto operativo.

El Manuscrito de la Casa Registro nos muestra que había dos ceremonias definidas: una para Aprendices Entrados, y otra para Compañeros (Maestros).

Hoy nos parece normal que a aquel que acaba de ser iniciado en una Logia se le confíen unos secretos propios del Grado de Aprendiz. Sin embargo, desde el punto de vista de la Masonería operativa, no tenía sentido alguno confiar algo así a un recién llegado que no era nadie en el gremio.

El Estatuto Schaw, de 1598, establecía que el Aprendiz debía someterse a sus lazos de Aprendiz durante un período de siete años, tras lo que cual debía transcurrir otro período de siete años -que con toda probabilidad se correspondería con el período de Aprendiz Entrado- antes de que pudiese aspirar a ser Compañero (Maestro). El mismo Estatuto Schaw prohibía a los Aprendices Entrados tomar un Aprendiz a su cargo, y el registro de Marcas de Dumfries registraba marcas de cantero correspondientes a Aprendices Entrados. Es más, el Estatuto Schaw distingue nítidamente ente recibir a un Aprendiz y entrar a un Aprendiz (cosa que no sucede con el Manuscrito de la Casa Registro).

En general, la documentación muestra que los Aprendices Entrados sí tenían un papel en el gobierno de la Logia, aunque subordinado al de los Compañeros (Maestros). Con toda probabilidad, el origen operativo del Grado de Aprendiz Entrado se deba a la voluntad de las Logias de limitar el número de Compañeros (Maestros), de modo que un Aprendiz Entrado era un artesano de alta cualificación pero que continuaba trabajando de manera subordinada. Esta opción sí justificaría la existencia de un ritual propio de los Aprendices Entrados.

El término "entrar" no se emplea en Inglaterra, sino en Escocia. Habitualmente se ha dicho que su etimología era "entrar en el libro", en el sentido de ser registrado como miembro de la Logia. Pero teniendo en cuenta el contexto casi ágrafo de la Masonería operativa, y las peculiaridades orales escocesas, es más probable que la etimología sera "entire", entero. De este modo un Aprendiz Entrado sería un Aprendiz Entero. Tal y como reza el Artículo XIV del Manuscrito Regius:


..if that the master a prentice have
entirely then that he him teach.

... si el maestro toma un aprendiz
debe enseñarle enteramente.

LEVANTANDO AL MAESTRO: LOS CINCO PUNTOS DE LA FRANCMASONERÍA

Levantando al Maestro, por el pintor italiano Giovanni Francesco Barbieri (1591-1666)

Como hemos visto, la segunda parte del Manuscrito de la Casa Registro de Edimburgo describe la forma de admitir al Segundo Grado, que entonces era de Compañero o Maestro indistintamente. El Aprendiz Entrado era sometido a «muchas ceremonias para asustarle», poniéndosele finalmente de rodillas con el Volumen de la Ley Sagrada entre las manos, y en esa postura pronunciaba su Obligación, que en este documento aparece glosada de un modo relativamente semejante a las Obligaciones actuales, y que consistía esencialmente en mantener el secreto. Fuera de la sala se le enseñaban la Palabra de Paso y los Signos, y a su regreso se le explicaba lo que actualmente denominamos en español «Cinco Puntos de la Maestría», que en inglés se siguen denominando «Cinco puntos del Compañerazgo» (Five Points of Fellowship).

El documento que nos ofrece una mayor información acerca de los Cinco Puntos de la Francmasonería es el Manuscrito Graham (1726). Este manuscrito consta de dos partes, una primera que es un catecismo masónico, y una segunda, que es una Lectura en la que se nos narra una historia legendaria protagonizada por Noé, Besalel y el Rey Salomón. Esta historia mítica finaliza con unas referencias crípticas a la manera en que se transmiten los secretos de los Masones:

(...) los Cinco Puntos de los Francmasones son pie con pie, rodilla con rodilla, pecho con pecho, mejilla con mejilla y la mano sobre la espalda.
(...) de modo que cuando el Templo de Rey Salomón fue concluido, los secretos de la Francmasonería fueron dispuestos como lo son hoy en día, y como deben serlo hasta el fin del mundo por aquellos que los comprenden correctamente. En tres partes, en referencia a la Santísima Trinidad que creó todas las cosas en trece ramas, en referencia a Cristo y los Doce Apóstoles: una rama para la Divinidad, seis ramas para el clero, y seis ramas para la Francmasonería.

Al comparar el Tercer Grado noaquita con el hiramita, lo primero que llama la atención es que, a pesar de tratarse de dos historias de origen distinto (hebrea la primera, osiríaca la segunda), el momento en que se tira de los miembros del difunto, así como los Cinco Puntos de la Francmasonería, permanecen virtualmente idénticos.

Hay tres momentos en la Biblia donde se intenta levantar a un muerto con el propósito de que retorne a la vida:

1) En 1 Reyes 17, 17-24, cuando Elías el tisbita levanta al hijo de la viuda de Sarepta.
2) En 2 Reyes 4, 18-36, cuando Eliseo levanta al hijo de la sunamita.
3) En Hechos 20, 7-12, cuando San Pablo levanta al joven Eutiquio.

Pero en el caso de Eliseo levantando al hijo de la sunamita, el proceso está descrito con detalle:

Cuando Eliseo entró en la casa, he aquí, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señor. Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos sobre sus manos, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calor. Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre él; y el niño estornudó siete veces y abrió sus ojos. Y Eliseo llamó a Giezi y le dijo: Llama a la sunamita. Y él la llamó. Y cuando ella vino a Eliseo, él dijo: Toma a tu hijo. Entonces ella entró, cayó a sus pies y se postró en tierra, y tomando a su hijo, salió.

Eliseo levantando al hijo de la sunamita (1881), por Frederic Leighton.

La identidad entre el vivo y el muerto es puesta en relieve tanto por el hecho de poner boca con boca, ojos con ojos y manos con manos, como por el hecho de que Eliseo se tumba extendido encima del cuerpo del niño. En los tres ejemplos el próposito de levantar al muerto es restaurarlo a la vida. No es inverosímil que los Cinco Puntos de la Francmasonería beban de esta tradición hebrea.

Si volvemos a las leyendas de Noé e Hiram, nos damos cuentas de que en ambos casos no solo se les intenta levantar, sino que se les desentierra a los dos. Esto hoy en día no nos llama la atención, pero en el Siglo XVII no dejaba de ser un acto intrínsecamente nigromántico que probablemente tenga su origen en la tradición antigua que relacionaba a Cam, hijo de Noé, con las artes oscuras en sentido amplio. Otro elemento a tener en cuenta es cuál es el propósito que persiguen los hijos de Noé al desenterrar a su padre: Sem, Cam y Jafet desean descubrir el secreto de su padre que les permite dar órdenes a los espíritus malignos, y cuando se desentierra a Hiram Abiff se persigue también encontrar los secretos del Maestro Masón; pero como no se consigue el objetivo ni en uno ni en otro caso, en ambos se opta por emplear términos sustitutivos. En resumen: tanto en la tradición noaquita como en la hiramita se pretende devolver a la vida a un cadáver para que nos transmita un conocimiento secreto.

Si tenemos en cuenta que las únicas referencias escritas durante el Siglo XVII acerca de la Palabra de Masón, las de Henry Adamson y Robert Kirk, hacen referencia a la segunda visión, todo nos conduce a un tipo de conocimiento de carácter sumamente esotérico. La presencia de elementos sustitutivos en ambos casos sugiere la posibilidad de que hubiese realmente un secreto detrás de esta tradición, con toda probabilidad relacionado con la tradición hebrea. Aunque es una especulación exenta de base, si este misterio hubiese sido el Nombre de Dios hebreo, no habría podido ser plasmado en una palabra, pues no podía ser pronunciado, sino que necesariamente hubiese debido ser transmitido por un signo.


Publicado por Alberto Moreno Moreno